miércoles, 15 de abril de 2015

Lazos de sangre

Recuerdo con mucho cariño todos los one-shots que leí hace unos años de Satoru Takamiya así que no lo dudé a la hora de comprarme Lazos de sangre, máxime al estar compuesta de tan solo dos tomos.


En un mundo en que los vampiros son alérgicos al factor Rh positivo, los humanos con el Rh negativo (mucho menos frecuentes debido al carácter recesivo de este alelo) son cultivados en granjas dirigidas por los denominados «vampiros protectores». A cambio de donaciones periódicas, los humanos obtienen protección frente a los «vampiros depredadores». Pero no se trata tan solo de donar sangre sino también de perpetuarse... y qué mejor edad que la adolescencia para aprovecharse del revoloteo de las hormonas en favor de algo de sexo casual.

Lazos de sangre me pilló desprevenida y con la guardia baja. Cuando acabé de leer el primer capítulo ya había decidido que me iba a vender el tomo solo por machista. Cuando leí el último me replanteé mi decisión. Hablemos de luces y contrastes.

En el (extenso) bando de los contrastes, tenemos un triángulo amoroso de esos que no se sostienen en ningún momento porque es evidente desde el primer minuto que uno de los dos chicos no tiene ninguna oportunidad con la protagonista (ahora que me lo paro a pensar, esto es tristemente frecuente en lo que a triángulos amorosos se refiere); aunque lo del triángulo no sería tan grave si no fuera por el acusado machismo que comentaba antes. Es una lástima que no haya scans de este manga para que podáis ver con vuestros propios ojos hasta qué punto denigran a Saika apostando su virginidad/el derecho a beber su sangre en una pelea (sin su consentimiento para ninguna de las dos cosas, evidentemente).


Siguiendo con los contras, Satoru Takamiya pretende hacernos creer que, en un mundo que parece relativamente dominado por los vampiros, es secreto de estado que cuando un vampiro bebe directamente de un humano (sin matarlo en el proceso) este empieza a desprender feromonas (o un aroma dulzón, que no sé qué es peor sinceramente) que atrae a humanos y vampiros por igual. También me gustaría saber qué tiene de placentero que te claven un par de colmillos en la muñeca (¿se os ocurre un sitio más doloroso?) y empiecen a chuparte la sangre porque yo lo veo entre asqueroso y aterrador y no calificaría el orgasmo de Saika ni de una cosa ni de la otra. Y ya quizá lo mejor de todo es que un vampiro de 127 años se comporte no ya como un adolescente sino como un niño pequeño.

La parte positiva de esta historia viene cuando uno se la plantea como una comedia. Ni fantasía ni romance, simplemente humor. Aquí os puedo conceder que la autora hizo a sus protagonistas idiotas para que pudieran jugar mejor su papel de trío cómico y, al fin y al cabo, muchas de las inconsistencias de la trama se resuelven con el último capítulo. Y cuando hablo de inconsistencias no me estoy refiriendo a todos los puntos negativos que he detallado antes sino a incoherencias argumentales en las que no me extiendo para no destriparos del todo la historia.


Con las historias cortas se nota muchísimo el cambio de la autora que pasó de un dibujo más mediocre pero con unas historias más amargas a un dibujo más estilizado pero con unas tramas que buscan más la risa que otra cosa. Quizá tenía un tinte demasiado inocente con sus primeros one-shots pero en mi opinión era mucho mejor que su superficialidad actual. Es una lástima... apoyándose en ese sabor agridulce que tanto la caracterizaba podría haber hecho que Lazos de Sangre fuese mucho mejor en lugar de echar a perder todo el potencial de la idea de las "granjas de humanos".

Lo que más me desespera es que la autora dice un montón de banalidades en sus free-talk... Comenta que todo se redujo a un "¿por qué no escribes algo sobre vampiros?" de su editor en una conversación telefónica. Y le quita importancia a todo diciendo que es una comedia... incluso se dedica a tirar piedras sobre su propio tejado comentando que ha hecho unos vampiros muy poco melancólicos que, además, parece que no tienen ningún tipo de problema al caminar (o volar) bajo la luz del sol. En general, los vampiros de Lazos de Sangre pueden hacer de todo y nunca se da ninguna gran explicación de hasta dónde llegan sus poderes aunque parecen bastante omnipotentes e invencibles, como dicta la moda.

Lo único que os puedo decir para acabar esta entrada es que, para la publicación de la misma, ya he vendido ambos tomos. 

lunes, 13 de abril de 2015

Un marzo... robótico

¿Oléis eso? Oh dios mío, pero si parece... constancia. El primer trimestre del año se me ha pasado a la velocidad de la luz y he escrito en el blog muchísimo menos de lo que me hubiese gustado pero, como mínimo, mantengo una de las secciones constante. Y, de momento, estoy consiguiendo más o menos lo de ver una película a la semana. Este mes en concreto, acabe haciendo una maratón accidental de películas sobre inteligencia artificial y es que la cartelera ha estado un poco saturada con robots, tanto antiguos como de lo más nuevos.

11 de marzo: Ex Machina

La primera fue una sorpresa de lo más inesperada con la que casi me di de morros revisando la cartelera. No había visto ninguna clase de publicidad sobre esta película, busqué el tráiler y supe que tenía que verla cuánto antes. En Ex Machina se plantea el dilema de siempre: ¿puede un robot tener conciencia? ¿ser indistinguible de un humano? ¿pasar el test de Turing? En realidad, todas las películas de esta entrada dan vueltas y vueltas sobre este mismo tema pero quizá es en Ex Machina donde tiene más relevancia ya que es la (única) raíz de la trama. Toda la película se construye sobre intrigas, sobre lo que esconde Nathan y sobre lo que no cuenta Ava. Estamos todo el tiempo tan perdidos como Caleb en ese vacío, silencio, inquietud, desconocimiento y, entonces, oscuridad, que se van entremezclando con un ritmo muy lento pero constante que acaba siendo devastador. A algunos les puede parecer una película lenta pero yo simplemente opino que tiene un ritmo pausado, necesario para lo que quiere contar y la que creo que es la mejor forma de hacerlo. De hecho, no se trata de una película especialmente larga, con una duración inferior a las dos horas.

Uno de los puntos fuertes de este filme es que no se entretiene demasiado en explicar cómo está construida/diseñada/programada Ava. Se habla un poco de cómo funciona su cerebro para poder emular la conciencia humana pero es algo tan superficial que como mínimo no me hizo renegar de la película por la falta de rigurosidad, como me pasa tan a menudo: mejor no decir nada a decir algo mal. Alguna de las ideas que se dejan caer me parece brillante, por ejemplo, el hecho de que Ava tenga una apariencia antropomorfa pero que, a la vez, revela su naturaleza artificial. Aunque cuando lo meditara con calma en casa viese lo evidente que era, no me esperaba para nada ese final; salí de la sala sobrecogida pero satisfecha. Si os gustan las películas sobre inteligencia artificial, esta es la vuestra, me parece la más conseguida de la entrada.   

18 de marzo: Blade Runner

Blade Runner es uno de esos clásicos que todo el mundo ha visto y que a mí siempre me da pereza visionar por su antigüedad. Pensé que su reestreno en la gran pantalla era la excusa perfecta para ver esta película al fin, ya que una vez apoquinada la entrada, no me podría escapar de la sala. Y la verdad es que no esperaba para nada lo que me encontré, puedo entender su fama y su culto ya que tiene todos los elementos necesarios: grandes actuaciones, un escenario extravagante difícil de olvidar, una banda sonora inmejorable y, por supuesto, una trama trepidante.

Lo primero que me desconcertó es lo llena que estaba la sala, no recuerdo la última vez que fui al cine y hubo tal pleno (realmente no era consciente de hasta qué punto es esta una película de culto). Pero ya lo mejor fue cuando la gente se puso a aplaudir al empezar a salir los créditos (que, de nuevo, había olvidado que antes salían al principio y no al final). Me hace mucha gracia el matiz de futuro de esta historia, cuya trama tiene lugar en el año 2019, que nos resulta tan tremendamente cercano; de hecho, yo me hubiese esperado otro poco más para hacer el reestreno, que ya no venía de ahí... Aunque más gracioso es saber que en la novela original en la que se basa esta película, ¡ese futuro era el año 1992!


Teniendo en cuenta que el germen de esta historia data de 1968, diría que no hemos prosperado demasiado en lo que a inteligencia artificial se refiere. Quizá ahora se producen películas estéticamente más cuidadas, con diseños muy sofisticados y con un concepto de "futurismo" que ha virado hacia el minimalismo pero la clave sigue estando en ese dilema de «qué nos hace humanos» y cuáles son las consecuencias de serlo o de que uno sienta que lo es. Ya he dicho que las tres películas de esta entrada tratan un mismo tema pero si bien Ex Machina se caracterizaba por enfrentar el dilema de cómo puede una máquina imitar el comportamiento humano, Blade Runner vira más hacia otra idea recurrente de estas ficciones: la esclavitud.

Eso sí, no me esperaba para nada el ritmo de la película, con unas secuencias que me parecieron algo caóticas, probablemente porque estoy acostumbrada al molde clónico que utilizan ahora en todos los taquillazos. A pesar de ser una película de ciencia ficción, el hilo es el de una historia de misterio e intriga. Todo ello en un escenario de lo más peculiar con actuaciones entre mediocres (Harrison Ford) y absolutamente estelares (Rutger Hauer).

25 de marzo: Chappie

Y aquí está una de las peores películas que he visto en mucho tiempo, un fiasco anunciado, y mucho talento desaprovechado por culpa de unos guionistas que parecen incapaces de enfrentarse a la ciencia ficción mínimamente rigurosa. Visto el tráiler imaginaba que sería una película bastante mediocre pero esperaba encontrar algún destello de genialidad. Pero el resultado es mucho peor de lo que podría haber esperado.

La película nos brinda un repertorio aborrecedor: un científico brillante que ha dedicado toda su vida a crear una inteligencia artificial con conciencia y que, aparentemente, lo consigue en una sola noche de trabajo; un ex militar que se dedica al diseño de robots monstruosos inútiles, intangibles y muy poco prácticos y que, por cierto, es un poco psicópata; una CEO fría y calculadora que solo piensa en ganar dinero y que rechaza ideas maravillosas que, de hecho, le harían ganar mucho dinero; un grupo de delincuentes constituido por 1) una especie de drogadicto cruel y más bien corto de luces con un claro problema de manejo de la ira, 2) un hispano que siempre tiene la navaja a punto y 3) una chica de nacionalidad desconocida que no sabemos ni cómo llegó a la banda ni qué aporta en ella pero que le da un toque de color (literalmente) al elenco. De hecho, el único personaje interesante de toda la película es el propio Chappie.


Este es uno de esos despropósitos descomunales que no tienen salvación ninguna porque todos los personajes son idiotas que desaprovechan talento, que no tienen ningún aprecio por sus propias vidas y/o que abandonan su baza más poderosa a una destrucción casi segura. Puedo entender que una pandilla de delincuentes actúe de forma impulsiva/irreflexiva pero no espero lo mismo de ingenieros y ex-militares. Y, evidentemente, los guionistas no podían resistirse a la idea de hablar de la conciencia humana como de algo tangible (aunque reconozco que partiendo de la base de que existiera un casco capaz de interpretar los impulsos nerviosos del cerebro humano, no sería TAN descabellado hablar de un traspaso). Ah, casi se me olvida, el inicio de esta peli es... Robocop!

Por otro lado, si tengo que destacar algo positivo de la película y me obligo a mí misma a no pensar en todas las violaciones argumentales que destruyen la coherencia de cualquier acción tomado desde el principio y hasta el final del filme, podría deciros que me gusta mucho la evolución de Chappie como ser consciente. Y que tiene razonamientos muy bien hallados.

miércoles, 8 de abril de 2015

Nominados a los premios del 33 Salón Internacional del Cómic de Barcelona

Me hubiese gustado mucho hacer una serie de entradas hablándoos un poco del 33 Salón del Cómic de Barcelona pero entre lo ocupada que estoy y la desmotivación parcial de saber que este año no voy a poder ir, mi plan inicial no ha podido tirar adelante.

Una de las entradas que quería escribir era un listado de los nominados a los premios del salón, como ya hiciese el año pasado, pero después de todo un mes con la entrada a medio escribir me he dado cuenta de que es inviable que la termine a tiempo así que he decidido cambiar un poco de estrategia. En lugar de hacer un listado exhaustivo de los treinta y dos cómics nacionales e internacionales, autores noveles y fanzines que han sido nominados en total para el certamen, me dedicaré a hacer comentarios brevísimos sobre los nominados que conozco y sobre los títulos que me faltan en el listado de ficomic.

Mejor obra de autor extranjero publicada en España en 2014

Aama 4: Serás maravillosa, hija mía, de Frederik Peeters: este autor me pareció de lo más prometedor en su ópera prima, Píldoras Azules (que lamentablemente aún no he reseñado). De hecho, ardo en deseos de comprar tanto Koma como Lupus como la obra que me ocupa en este momento, Aama. Pero probablemente espere un poco más por si acaso editan un recopilatorio más económico como ya hicieran con las dos anteriores. No me sorprende en absoluto su nominación.

Aquel verano, de Jillian & Mariko Tamaki: Lo primero que me llamó la atención de este título fue el nombre de sus autoras, por dos motivos: por un lado, la etimología japonesa de los mismos y, por el otro, el hecho de que se trate de dos mujeres que comparten apellido. Sí, esta novela gráfica ha sido co-creada por dos primas, canadienses. Al parecer, ambas adquirieron cierta fama con su obra anterior, Skim, que también ha sido publicada por La Cúpula.

Arsène Schrauwen, de Olivier Schrauwen: Habré leído cien opiniones positivas sobre este título, la crítica lo aplaude, la extraña portada me ha llamado a gritos desde las estanterías de las tiendas en múltiples ocasiones. Y, por uno u otro motivo, he acabado hojeándolo varias veces. Pero nunca lo compro, y nunca lo añado a mi wish-list. ¿Por qué? Porque siempre me encuentro con la misma mezcla psicodélica azul y roja que me hace pensar en cómo luciría el arte contemporáneo versión tebeo. Quizá luego me arriesgo y me encanta pero teniendo una lista de pendientes tan y tan larga... pues no es exactamente una prioridad.



Degenerado, de Chloé Cruchaudet: Este título quizás os suene porque ya lo habíais visto antes por el blog. Es un cómic basado en una historia real sobre un hombre que tuvo que travestirse para sobrevivir y que... quizá le acabó pillando el gusto. Si no lo he comprado todavía es porque me estorba el formato (es enormérrimo).


Hechizo Total, de Hanselmann: "Jajajajajaja, espera, ¡¿la acaba de violar por la oreja?!", "Te ríes mientras lo lees pero cuando lo acabas te deja una sensación de vacío tremenda" testimonio aproximado de autores presentes en el KBOOM que creo que intentaban recomendarme la lectura de un cómic que ha revolucionado la esfera de críticos desde su publicación. A mí no me llamaba nada la atención hasta que empecé a leer este título hasta en la sopa y ya, para entonces, era bastante inevitable añadirlo a la wish-list... Y ahora es un gran momento para comprarlo y solidarizarse con una espléndida editorial como es Fulgencio Pimentel en sus horas más bajas.



Saga, de Brian K. Vaughn y Fiona Staples: uno de los mejores cómics que leí durante el año pasado cuya reseña espera tranquilamente en vista de que la historia sigue abierta. Reconozco que, a menudo, la trama me resulta errática y totalmente aleatoria pero no puedo evitar que me fascine ese aire tan surrealista de tiburones en el cielo y príncipes con pantalla en lugar de cabeza.






¿Qué obras extranjeras me faltan en este top?

Pues bien, aunque reconozco que mi abanico de lecturas del año ha sido un poco pobre, creo que tampoco es como para justificar que ni una sola obra de las que he leído se haya colado entre las nominaciones. Sobre todo me duele la ausencia de Seconds y de La Enciclopedia de la Tierra Temprana. Creo que un cómic no tiene que ser deprimente, trágico, basado en hechos reales, sobre la guerra, costumbrista o, simplemente, raro de cojones, para ser bueno y poder estar bien valorado por lo que es. Por eso me falta en esta lista una apuesta como Seconds que me parece, hasta la fecha, la mejor obra de su autor. En cuanto a la muy prometedora Isabel Greenberg, me pregunto si el desconocimiento global por su obra se debe a que se trata de una publicación de finales de año que no tuvo margen suficiente para entrar en la votación (pero, por el otro lado, Yo, Asesino sí que ha entrado en el top de obras españolas); desde luego, derrocha calidad por los cuatro costados y me cuesta entender su ausencia. 

Mejor obra de autor español publicada en España en 2014

La Mondaine, de Zidrou y Jordi Lafebre: realmente, lo único que puedo decir es que he leído UN tebeo guionizado por Zidrou y que me enamoró así que, eventualmente, espero hacerme con toda su obra lo que, evidentemente, incluye a uno de los nominados del año. 

Murderabilia, de Álvaro Ortiz: de nuevo, se trata de un cómic que no he tenido el placer de catar todavía pero, de nuevo también, me gustó tanto Cenizas (un cómic que, de nuevo, ¡no he reseñado todavía!) que albergo pocas dudas sobre Murderabilia.







Versus, de Luis Bustos: me empiezo a cansar a mí misma con este argumento pero bueno, vi este cómic en la estantería de varias librerías, vi que era de boxeo, lo descarté, leí Endurance, y otro título más a la wish-list.

Yo, Asesino: poco que decir aquí. Os redirijo a mi reseña. Teniendo en cuenta lo que me gustó y que es el único que me he leído de toda la lista... está claro que mi voto va para este título. Ahora que me fijo, si uno presta atención a estos cuatro tebeos, parece que este 2014 han predominado títulos más bien macabros.








Autor/a revelación español del 2014

En esta ocasión es una verdadera pena que no conozca nada más que una de los cinco nominados a esta categoría, y a una segunda de oídas más que de otra cosa. A Mamen Moreu la he leído en Enjambre y en Todas Putas y tiene un estilo y un humor muy personales que no acaban de entusiasmarme. Ana Oncina da vida a la archiconocida pareja formada por Croqueta y Empanadilla, uno de esos cómics que lleva demasiado tiempo en la lista de la compra. Antonio Hitos sé que fue el ganador del Premio de Novela Gráfica organizado por Fnac en 2014 con Inercia. A Miki Montlló y José Ja Ja Ja sí que no los conozco.


A los que echo en falta por aquí son a Javi de Castro, que tras La última aventura espero que aparezca por esta categoría el año que viene, y Ana Galvañ, que se mueve muchísimo por el panorama del cómic tanto español como alemán, estadounidense... ha participado en grandes antologías extranjeras como Nobrow y Vertigo Quarterly pero aquí en España también se le han publicado obras increíbles como Trabajo de clase o Podría ser Peor así que creo que es una pena que pase tan desapercibida por el público especializado.

Mejor fanzine español del 2014

Por último, de entre los fanzines nominados solo puedo hablar maravillas de Oiga, mire: mañana, pues es el único que he leído y cuenta con grandes autores como Xulia, Luis o Ferro y con grandes descubrimientos como el mismo Javi de Castro (que lo caté por primera vez con este fanzine), Adrián A. Astorgano o Nico Naranjo. Es un tomo lleno de gratas sorpresas. Pero eso ya es harina de otra entrada.

domingo, 5 de abril de 2015

La ciudad al atardecer - El país de los cerezos

Es posible y probable que se avecinen muchas reseñas de tomos únicos próximamente porque he dado prioridad a su lectura durante esta semana santa. Es una forma de paliar mis terribles sentimientos de culpa por tener tantos tomos sin leer en casa. En otro orden de cosas, últimamente han pasado varias cosas que me remiten a la obra de Fumiyo Kôno: por un lado, mi querida Filigrana ha defendido vehemente la obra íntegra de esta mangaka en varias ocasiones y me convenció (sin saberlo ella) para que comprara Une longue route (¡en francés! ya llegaré a eso otro día) y cuando varias circunstancias me hicieron decidir que había sido una muy mala compra, ella misma me sugirió (sabiamente) que por qué no leía primero La ciudad al atardecer, El país de los cerezos, que es un tomo único que editó Glénat por estos lares hace ocho años y que yo compré hace bastante también pero que, para variar, había dejado semi-oculto en una de mis estanterías; por el otro (¿otro? sí, llevo en la misma frase desde hace demasiado, mis disculpas), el detonante de esta entrada fue el anuncio por parte de Ponent Mon de la licencia en España de En este rincón del mundo.


Minami es una de las supervivientes al bombardeo nuclear de Hiroshima, han pasado diez años desde la bomba pero los recuerdos de ese día la persiguen todos los días y le impiden llevar una vida normal. Décadas más tarde, los descendientes y familiares de los «hibakusha» aún arrastran el lastre de lo que ocurrió el 6 de agosto de 1945.

De la misma manera que todos situamos Tokio como la capital de Japón, y Fukushima como el centro de un accidente nuclear, todos conocemos el nombre de Hiroshima. Es esa parte de la historia reciente que no podemos obviar aunque quizá no nos machaquen suficiente con el tema. «A todas las personas que aman este mundo en el que se sitúa Japón, en el que se sitúa a su vez Hiroshima», así comienza este manga. Siempre que pienso en la Segunda Guerra Mundial la mente se me va a Alemania, Hitler, los campos de concentración, el holocausto nazi. Como si la realidad no fuera muchísimo más complicada y como si no hubiera habido muchas más consecuencias y partes implicadas. Quizá no nos machacan suficiente.

Aunque la propia Fumiyo Kono, natural de Hiroshima, comenta en el epílogo de esta edición como le da la sensación de que los jóvenes japoneses residentes en Tokyo no están para nada familiarizados con lo que ocurrió. Ella misma se siente desvinculada de la tragedia a pesar de haber nacido y crecido en Hiroshima. Quizá es por esa horrible mentalidad japonesa de meter la mierda debajo de la alfombra y marginar a los hibakusha, como si estuviesen sucios, como si fuese su culpa que les cayera una bomba radioactiva encima, como si no debieran haber sobrevivido para convertirse en un recordatorio de la mayor derrota de Japón en toda la historia.


El caso es que aunque este manga naciera como un encargo que a la autora no le hacía especial ilusión, tiene una fuerza emocional devastadora. En ningún momento se hace un repaso histórico/didáctico de lo que ocurrió, ninguna mención a la guerra, ni a Pearl Harbor, ni siquiera a la bomba, para eso ya están los libros de historia (y wikipedia). La autora se ha limitado a contar, primero, el día a día de una superviviente pocos años después de la tragedia y, segundo, las vicisitudes de una colegiala que ni siquiera sabe de dónde proviene su familia. Es una lectura dura y dulce a partes iguales y me sorprende que alguien pueda conseguir ese equilibrio con este tipo de historia.

En cuanto al dibujo, estoy segura de que a muchos les tirará atrás por su aspecto infantil e incluso anticuado. En realidad se trata de una obra publicada originalmente en 2004 en Japón así que si su dibujo resulta antiguo no es por la propia antigüedad de la obra sino porque las influencias de la autora parecen beber más de los clásicos que de sus contemporáneos. Al principio no me acababa de entusiasmar pero la verdad es que le acabé cogiendo el punto a ese estilo tan inocentón que, sinceramente, es el único que hace soportable la lectura de según qué sucesos sin que se te revuelva el estómago.


Lo único que lamento es haber tardado tanto en leer este tomo porque ya se ha convertido en uno de mis favoritos dentro de mi eterna mangateca. Si lo encontráis por alguna parte (está descatalogado), ¡yo no duraría en comprarlo!

miércoles, 1 de abril de 2015

Fanzines (I): Sobre perras, sandías y críptidos

Año nuevo, vida sección nueva (el borrador primigenio de esta entrada podría datar de enero). Cuando abrí Morphallaxis creo que no había comprado un fanzine deliberadamente en mi vida. Digo esto de deliberadamente porque cuando era joven e ingenua y los fanzineros realmente te acosaban en las esquinas del salón del manga acabé cediendo ante la presión y me compré uno así sin más, solo para que me dejaran en paz. No fue hasta que empecé a descubrir la cantera de autores increíbles que hay en España (gracias, entre otros, a la línea Gaijin de la fallecida EDT y los mangañoles que le siguieron) que me replanteé mis prejuicios hacia los fanzines.

Empecé poco a poco y como algo puntual: "me compro el SupeinGo! porque participan las XianNu", "me compro el Life in a Glasscase porque participan Hanaoka y Ninona", "me compro el Kuro-e porque participa... ¡muchísima gente!" y al final, sin saber muy bien cómo, me acabé gastando más de 300 euros en cómics autoeditados durante el 2014. Como tengo tantos fanzines por leer y por reseñar y tan poco tiempo para ello, he decidido que, a partir de ahora, haré comentarios más breves de varias obras a la vez con tal de poderles dedicar a cada una de ellas un espacio por pequeño que sea. Eso no significa que no vaya a repetir locuras como la del Lis en Fleur de tanto en tanto, solo que no podré hacerlo con todos los fanzines que compro (que es así como físicamente imposible).

Para darle un poco de contraste a la cosa en esta primera entrada incluyo comentarios sobre Solo perras, Sandía para cenar y el quinto número de Clift, dedicado a los críptidos.


La historia de cómo llegué a comprar Solo Perras se remonta, como siempre, a una pequeña historia: en los últimos meses he acabado en el blog personal de Gerardo Vilches The Watcher and the Tower varias veces y he descubierto que suele reseñar fanzines periódicamente así que cuando vi el nombre de Ana Galvañ entre las participantes, no me pude resistir...

Solo Perras es un fanzine muy heterogéneo con un plantel de autoras de diversas nacionalidades. Como era de esperar, me ha gustado especialmente la historia de Ana Galvañ (que parece que va a convertirse en mi favorita de estas antologías) que, como siempre, crea una historia de lo más bizarra sobre una entrevista de trabajo.


Una autora que no conocía pero que me ha convencido es Laura San Román, con un estilo y una narración muy sencillos y limpios y, en general, un tono de lo más dulce. En general, el resto de autoras se van hacia lo psicodélico, lo escatológico y la brutalidad. Miriam Persand, por ejemplo, juega con una referencia bastante famosa, la de los perros jugando al póker y le da un trasfondo perturbador. A las demás participantes en la antología me ha costado más pillarles el punto pero el conjunto te deja como una sensación de desasosiego preguntándote si hay algo que no sea una metáfora... Por último, no me olvido del alegato feminista del prólogo con un enfoque algo distinto al habitual, que creo que da en el clavo. En resumen, Solo Perras es una lectura diferente, con historias mejores y peores, con un dibujo algo alternativo que puede resultar poco atractivo pero que a mí me ha convencido sobradamente.


En este caso la anécdota de cómo acabé comprando (y leyendo) este tomo es algo más rocambolesca. Fue... en el pasado salón del cómic, si no recuerdo mal, cuándo salió a la venta este título. Me lo recomendaron encarecidamente, el autor estaba firmando (aunque no pude pillarlo porque tenía un horario de firmas muy muy ajustado que no asumió cambios de última hora) y me topé inesperadamente con su llamativa portada en cantidades industriales en el GRAF (ese mismo fin de semana) así que me lo compré sin pensármelo ni media vez. Un año he tardado en leerlo, urgida por una nueva sesión de firmas (¡a la que tampoco pude ir!), esta vez en el KBOOM. Pero lo bueno que saco de Murphy es que ahora ya sé por qué mola tanto Javi de Castro.

En Sandía para Cenar asistimos a la metamorfosis de... una sandía-fruta a una sandía-persona. Pero se trata de algo que carece de importancia en el propio mundo de la historia así que el lector tiene que intentar ignorar ese surrealismo implícito y centrarse en conocer al verdadero protagonista, Rubén. Y lo cierto es que es fácil simpatizar con él enseguida, veintitantos, independizándose, medio pillado todavía de su ex y bastante majo en general. Me encanta lo cotidiano que resulta todo con discusiones aleatorias sobre si el tomate es una fruta o una verdura, padres eternamente preocupados por sus hijos adultos y esa incertidumbre tan odiosa e implacable que parece un sentimiento obligatorio de nuestra generación (nuestra, la mía y la de Javi, me permito la licencia porque solo nos llevamos un año, y aunque el protagonista sea ligeramente mayor creo que también se le aplica).


Y si la historia es ya perfecta, con un final redondo, no sé qué deciros de la composición de las viñetas. Javi juega mucho con la superposición significativa de escenas, con la repetición para maximizar el efecto, con la oscuridad fragmentada para ponerte los pelos de punta y todo con el sempiterno verde que va a juego con Santi y con esa premisa sinsentido que aceptamos desde el principio. Lectura recomendadísima.


Por último, el clift #05, dedicado a los críptidos, que compré en el Gutter Fest del año pasado encandilada con la temática. Que, por cierto, es otra lectura que he postergado prácticamente un año porque el próximo es de aquí a un mes! En cualquier caso, compré este fanzine sin tener mucha idea de que se trataba de una publicación periódica que se centra en las temáticas más peculiares pero ver un cómic sobre criptozoología pudo conmigo. ¡Cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que más que un tebeo era un libro! Es una mezcla entre ensayo histórico de lo más interesante, relatos cortos más o menos fantasiosos, ilustraciones extrañas y un solo cómic de dos páginas justo en el centro (que fue lo que me engañó en el momento de su compra).


Como suele pasar con este tipo de obras colectivas, el nivel es muy irregular y hay algunas aportaciones que me han enamorado por su rigor (Introducción monstruosa, Asalto a lo veraz, El abominable hombre de las nieves) mientras que otras me han parecido de lo más subjetivas e innecesarias (Los monstruos coleguis). Las ilustraciones en general no son santo de mi devoción aunque conforman una unidad bastante coherente dentro del fanzine. De las historias personales me ha gustado bastante Pan por la narración alterna y Babolett por su desarrollo aunque me estorba un poco el sentimentalismo padre-hijo. Más fría me ha dejado La abominable. Los "sabías que" y la anécdota sobre el Celacanto, muy curiosos. El cómputo global es que ha sido una buena lectura aunque quizá con una calidad demasiado discontinua como para recomendar su lectura abiertamente.

domingo, 15 de marzo de 2015

New Girl (first season)

Quizá por primera vez en mi vida me he puesto a ver una serie yo sola (hasta ahora siempre le he tenido alergia a ver series sola en casa) por iniciativa propia sin que nadie me la hubiese recomendado antes (que recuerde). Todo empezó uno de esos días que estaba yo saltando de enlace en enlace en imdb. De 500 días juntos al perfil de Zooey Deschanel y, de ahí, a New Girl (tv series). Y no, no fue entonces cuando empecé (o decidí empezar) a verla. Ni siquiera me la apunté en la wish-list. Pero archivé el título en la memoria. Y cuando meses después me puse mala y me tuve que quedar un par de días encerrada en casa sin capacidad para concentrarme en nada que requiriera un mínimo de esfuerzo mental (como leer), llegó el momento de New Girl. Un jueves me puse a ver el primer capítulo y al jueves siguiente me di cuenta de que llevaba ya media temporada (por qué será que últimamente no encuentro nunca el momento para escribir reseñas...).


Jess ronda la treintena y, después de una relación sentimental de seis años, descubre que su pareja la ha estado engañando. Así es como acaba compartiendo piso con tres chicos: Nick, Schmidt y Winston. Desde el principio, la presencia de Jess será decisiva para cambiar el rumbo de las vidas de los tres pero, sobre todo, dará pie a muchísimos momentos surrealistas e hilarantes.

Cuando empecé a ver New Girl pensé que era una especie de refrito pobre de How I met your mother (serie que nunca acabé de reseñar por cierto): un grupo de treintañeros viviendo juntos y haciendo un poco el tonto. Y, de hecho, los primeros capítulos son algo erráticos y no queda muy claro hacia dónde va la trama. Pero la cosa enseguida empieza a coger ritmo y las personalidades de los protagonistas se van definiendo: Jess es una soñadora, cursi, ingenua, inocente y optimista, además de peculiar y un poco freak; Nick es un vago, inconstante, borde, pesimista y fracasado pero, a pesar de todo, muy buena persona; Schmidt es pedante, pagado de sí mismo, obsesionado con el orden, la limpieza y la belleza y el mujeriego del grupo; por último, Winston es incluso más narcisista que Schmidt, egocéntrico y quizá algo fracasado como lo es Nick pero con talento para las cosas más insospechadas. Cierra el elenco Cece, la mejor amiga de Jess que, aunque no vive en el piso, aparece tanto como todos los demás y le da el contrapunto a la protagonista encarnando a una mujer fuerte y segura de sí misma.

Adoro la amistad entre estas dos
Como no podía ser de otra manera, esta serie tiene dos pilares: la amistad y el amor. Los problemas sentimentales, laborales, existenciales y banales dirigen cada una de las subtramas. New Girl no tiene nada que no tengan cientos de series. Salvo Jess; Zooey Deschanel parece un hada salida de un cuento pero los guionistas la convirtieron en una chica tan friki, rara, peculiar, cursi e infantil que consiguieron hacerle creer a la audiencia que da igual lo bonita que seas, si estás loca te seguirá costando encontrar pareja.

Personalmente preferiría que se apostara por escoger elencos más variados de artistas, con actrices más gordas, o bajas, o "demasiado" altas, o que no se maquillen para estar por casa, o que tengan pecas o, en definitiva, que resulten más reales. Pero no deja de hacerme mucha gracia que en esta serie se enfoque desde el lado opuesto: al final, si pretendes pasar el resto de tu vida con otra persona, el exterior es bastante irrelevante.


Evidentemente, en esta primera temporada se habla mucho del amor y se hacen y se deshacen muchísimas parejas por muchísimos motivos de lo más dispares. Pero el motor de la serie es el humor. Niños que hacen bullying a sus profesores, mujeres hechas y derechas que son incapaces de pronunciar la palabra pene, discusiones absurdas entre amigos de toda la vida, peleas entre gallos y personas, y demás estupideces sin sentido o con un humor fácil y ridículo pero más que efectivo, ideal para cuando se quiere desconectar del universo.

Y no me olvido de apariciones estelares de actores que no esperaba ver aparecer por aquí. Especial mención a Ryan Kwanten (Jason en True Blood) y Stephen Amell (Oliver Queen en Arrow), respectivos ligues fugaces de Jess y Cece que hacen exactamente el mismo papel que en las series en las que se hicieron famosos.


Como veis, New Girl no es nada del otro mundo. Es una serie así como a caballo entre el slice of life y la comedia romántica, con personajes muy carismáticos a los que se coge cariño enseguida. A mí me ha hecho reír muy despreocupadamente durante dos semanas seguidas, que es lo que me hacía falta así que si buscáis algo para relajaros, esta es vuestra serie.