sábado, 4 de julio de 2015

Hipocresía Histórica Holandesa

Ahora que ha empezado el verano, que las vacaciones se acercan irremediablemente y que veo claramente que no voy a poder irme de viaje, me entran ganas de recordar un poco el último. El título es ligeramente demagógico, todo sea para llamar vuestra atención. Vi bastantes cosas en Ámsterdam pero, curiosamente, las que más disfruté tenían todas que ver, de una forma u otra, con la religión. He viajado a Italia dos veces, la primera estuve en Roma y la segunda, como ya sabéis, en Venecia. Italia es la meca del turismo católico, rebosante de iglesias por todas partes y orgullosa sede de la ciudad-estado del Vaticano. Fueron visitas de lo más instructivas y enriquecedoras pero, sencillamente, no tienen nada que ver con lo que uno se encuentra en Ámsterdam.

Fishing for Souls, de Adriaen Pietersz van de Venne
Imagen descargada de: https://www.rijksmuseum.nl/en/collection/SK-A-447
Para comenzar, debería hablaros un poco de los cismas del cristianismo a lo largo de la historia. Es uno de esos conocimientos que una adquiere casi por osmosis después de 13 años en una escuela religiosa y que asumo como cultura general aunque a menudo me sorprendo con la ignorancia de los demás en cuanto a estos temas cuando forman parte imborrable de la historia tanto de Europa como de España. Bueno, así, resumiendo mucho, el cristianismo empezó como una religión unitaria y compacta tras la muerte de Jesús, un momento en el que no podía haber demasiadas desavenencias entre los seguidores puesto que el Nuevo Testamento estaba en proceso de escritura todavía y no habían tenido tiempo de ponerlo en duda. Además, bastante tenían por entonces con luchar por marcar su divergencia de los judíos como para encima tener divisiones internas ya desde el principio. Un milenio después, se produjo oficialmente el gran cisma entre oriente y occidente de dónde surgieron las dos principales ramas del cristianismo: la católica y la ortodoxa. Cinco siglos más tarde, hubo una nueva división, esta vez dentro del catolicismo, gracias a Martin Luther, que dio lugar a todavía más ramas como los calvinistas o, evidentemente, los luteranos, que se enmarcan dentro de la reforma protestante mientras que los "clásicos" cristianos católicos pasaron a ser cristianos católicos apostólicos tras la contrarreforma. Esto me basta para exponer lo que quería en la entrada pero, si tenéis curiosidad, tenéis la wikipedia toda para vosotros solos. Pues bien, todo este tostón introductorio se debe a que quiero hablaros de este edificio:


Ya veis las típicas casas con fachadas estrechas... desde un ángulo bastante terrible porque la acera era muy estrecha y no podía "cruzar" a la de enfrente porque había un canal por en medio y el puente estaba lo suficientemente lejos como para no querer dar toda la vuelta solo para hacer una foto mejor. Quizá penséis que es una fachada lo suficientemente pintoresca como para merecer tanta atención pero la verdad es que un elefante rosa no tiene gran cosa de especial cuando está rodeado por una manada de elefantes rosas. Quizás esté prolongando demasiado el rodeo, lo que en realidad me gustó tanto fue más bien esto:


Anda, una iglesia. Algunos quizá penséis que es una iglesia bonita pero, la verdad es que es un poco rara, así como cutre. Aquí, más que hablar de elefantes rosas, me remito a mis viajes a Italia. Iglesias y Basílicas hermosísimas las he visto a decenas mejores que esta. Pero, entonces, ¿qué tienen en común una clase conjunta de historia y religión, una fachada más bien corriente y una iglesia que no es gran cosa? Quizá su nombre os da alguna pista: Ons' Lieve Heer op Solder. Podría seguir con esta intriga infinita pero mejor os lo traduzco yo misma: "Nuestro Señor del Ático". ¿Lo habéis adivinado ya?

Efectivamente, la Iglesia de Nuestro Señor del Ático fue una iglesia católica clandestina que mandó construir el rico comerciante alemán Jan Hartman entre 1661 y 1663, uniendo las buhardillas de los tres edificios contiguos que compró muy ostentosamente al establecer su residencia en Ámsterdam. Todo este asunto de la clandestinidad se remonta a lo que os explicaba al inicio y un poco más: los Países Bajos se encontraban bajo el reinado español a principios del siglo XVI pero no les hacía demasiada ilusión. En aquella época, el protestantismo se estaba extendiendo por la zona y los reyes españoles católicos lo consideraban herejía con lo que las ya existentes tensiones acabaron explotando en una serie de revueltas que, como siempre, resumiéndolo mucho, desembocaron en la declaración de independencia de los Países Bajos de la corona española en 1581. Tan solo tardaron unos meses en prohibir el culto católico (ojo por ojo, diente por diente) por lo que se hizo necesaria la construcción de iglesias católicas clandestinas (a lo largo de la historia la gente siempre ha encontrado la manera de rebelarse contra lo establecido y defender sus principios).

Detalle de un panel informativo del museo
Fishing for Souls está expuesto en el Rijksmuseum (el museo más grande/importante/visitado/caro de Ámsterdam) y me pasé un buen rato mirando este cuadro, con todos sus detalles y socarronería. El cuadro representa la lucha encarnizada entre religiosos protestantes y católicos por pescar a nuevos creyentes. Por supuesto, la imparcialidad brilla por su ausencia y el pintor se dedicó a hacer burla de los católicos, de todos sus iconos recargados, de su estupidez e incluso monstruosidad con expresiones distorsionadas y maliciosas y rasgos desproporcionados en la orilla derecha.

Y, por si alguien se lo está preguntando todavía, lo de la hipocresía lo decía, sobre todo, por dos motivos. Primero porque, en su momento, debió de ser muy evidente que más de un centenar de personas se escabullía en la misma casa gigantesca todos los domingos por la mañana así que la iglesia, más que secreta, no estaba a la vista, pero poco más. Al fin y al cabo, Hartman era un hombre rico y lo de que el dinero mueve montañas es otra cosa que se ha mantenido a lo largo de la historia. El segundo es que, si tan mal te parece que te prohíban profesar tu culto protestante, quizá no deberías prohibir tú el católico en cuanto llegas al poder.

Ons' Lieve Heer op Solder fue una de mis visitas favoritas de mi viaje a Ámsterdam, viene una audioguía en cuatrocientos idiomas con la entrada gracias a la cual puedes realmente comprender cuál es la importancia histórica y cultural del edificio. Se pueden hacer fotos sin limitaciones, no está demasiado saturada de guiris y la visita dura más o menos una hora por lo que no se hace nada pesada. ¡Muy recomendable si vais a Ámsterdam!

martes, 30 de junio de 2015

Primeras impresiones sobre Aoha Ride

Después de lo que me embelesó Io Sakisaka con Strobe Edge, que es uno de los shôjos más ñoñamente disfrutables que he leído nunca, le iba tocando el turno ya a Ao Haru Ride o, como se conoce por esa gran abreviación, Aoha Ride.

Portadas aburridas pero bonitas
Futaba Yoshioka siempre ha odiado a los chicos. Bueno, a todos menos uno, Kou Tanaka, que no es tan alto, ni tiene una voz tan escandalosa ni actúa de un modo tan infantil como todos los demás chicos de la clase. Y parece que Tanaka se ha fijado en ella también... solo que un malentendido lleva a otro y, al volver de las vacaciones de verano, Futaba descubre que han transferido de instituto a Tanaka por lo que pierde su oportunidad para confesarle sus sentimientos. El instituto se acaba convirtiendo en un periodo de lo más amargo por lo que, al comenzar primero de preparatoria, Futaba ha cambiado radicalmente su forma de actuar a fin de no ser marginada y es justo entonces cuando se topara con un chico que le recuerda mucho a Tanaka, aunque es demasiado alto para ser él y tiene un apellido distinto.

Con un principio tan espectacularmente manido como este da comienzo Aoha Ride que, según la autora, vendría a significar "mi primavera azul" haciendo referencia a la juventud (?). A pesar de que, en ciertos aspectos, Io Sakisaka se mantiene fiel a su esencia, este manga se distancia mucho de su opera prima Strobe Edge. Por un lado, todos los personajes son absolutamente adorables y personas estupendas; por el otro, se aleja bastante de la dulzura e inocencia que caracterizaba a Ninako.

Estoy segura de que, desde vuestras pantallas,
podéis sentir el arrepentimiento infinito de Futaba
Futaba resulta superficial y tosca, sucumbiendo a la presión social, haciéndose amiga de cualquiera con tal de no estar sola y colaborando pasivamente en el acoso y derribo de otra compañera de clase por miedo a las represalias. Hasta aquí no pude evitar pensar más de lo que me hubiese gustado en Ookami Shoujo to Kuro Ouji (por suerte, el paralelismo se circunscribe tan solo al punto de partida). Kou es el típico personaje misterioso cuyo humor fluctúa con el viento, a ratos se muestra amable (con reservas), a ratos es el más borde y cruel del lugar. Aunque se esfuerza por ir por la vida como si nada le importase un comino, es evidente que sí se preocupa por los demás y que Futaba no le resulta precisamente indiferente.

Y si los protagonistas se amoldan tan bien a sus respectivos clichés, los principales secundarios no se quedan atrás: Yuuri Makita es la típica chica dulce y tímida, que a pesar de que aparente fragilidad, oculta una personalidad fuerte que le permite seguir adelante fiel a sus convicciones; Shuuko Murao es la otra cara de la moneda, de lo más seria y formal, algo antisocial y aparentemente madura para su edad; cierra el grupo Aya Kominato, un chico de lo más extrovertido y entusiasta que no tiene problema en evidenciar a menudo y en público el amor que siente por la siempre borde y distante Murao.


Futaba no deja de aferrarse al pasado, al Tanaka que le enamoró a los 13 años, en lugar de centrarse en el Kou de 16 que le resulta demasiado antipático y ambivalente. Y, en general, estos primeros tomos se centran mucho en esa lucha interna del todo justificada por la desaparición imprevista y por el cambio radical efectuado en tan poco tiempo. La autora no se hace de rogar (es una de las cosas que me gustan de la narrativa de Io Sakisaka) y enseguida nos explica (a principios del cuarto tomo) por qué se marchó Kou y por qué se le agrió el carácter de esa manera.

En este sentido, me fascina el egoísmo fulgurante de Futaba que, independientemente de la realidad o los sentimientos de las personas que le importan, solo hace que preocuparse por cuánto sabe ella, cuánto descubre, cuánto se le confía, cómo de cerca está de Kou.


No podían faltar las clásicas subtramas de los amigos de los protagonistas, que están todos enamorados con todos en un poliedro amoroso sinfín en el que nadie será nunca correspondido hasta que se termine el manga y todo el mundo pueda acabar con su poco creíble final conveniente y feliz. No tengo especial simpatía por ninguno de los secundarios y, en eso, creo que Aoha Ride queda por debajo de su antecesora en la que Io Sakisaka supo hacer interesantes e incluso impredecibles a sus personajes secundarios, que resultaban siempre agradables de leer en lugar de generar la clásica reacción de me-dan-igual-los-secundarios-solo-quiero-que-los-protagonistas-se-emparejen-de-una-vez.

A pesar de todo me gusta que se dé tanta importancia, de momento, a la amistad que es un tema que siempre he pensado que le hace ganar enteros a todos los shôjos que van más allá del puro romance de instituto. Sigue fallando en la absoluta ausencia de progenitores pero este es un hándicap al que me acostumbré hace ya mucho así que no me pesa tanto como podría.

Esta escena en realidad es del tomo #5 pero es que
en el #4 todavía no le pillaba ningún buen plano
Termina el cuarto tomo en un punto de inflexión de la historia en el que fácilmente podría haberse precipitado el desenlace. Pero, por supuesto, la autora corre rauda a añadir un segundo personaje masculino, inevitablemente rubio, que restaure un triángulo amoroso que acababa de romperse. Kikuchi encaja a la perfección en el papel de chico majo (y, no lo olvidemos, rubio) que todos sabemos desde que aparece que no se va a comer ni un rosco, si eso lo emparejarán con una de las amigas de Futaba y no es muy difícil adivinar con cual de las dos. Pero sigue sin importarnos la previsibilidad de la trama y la simplicidad de los personajes porque, al fin y al cabo, Futaba y Kikuchi se conocen cuando ella le toca el pene en la biblioteca y eso sí que no nos lo esperábamos.

Ao Haru Ride no tiene absolutamente nada de especial y aún así es una lectura fluida, agradable y entretenida que hará las delicias de los fans del shôjo con escenas inocentes pero divertidas que sin duda enriquecen el catálogo de Ivrea.

miércoles, 24 de junio de 2015

Infinidad de películas (III)

Aprovechando que no estoy viendo muchas películas últimamente, por fin os traigo mis breves comentarios acerca de las que vi desde septiembre hasta diciembre de 2014, con lo que acabo un ciclo. Aviso de que esta va a ser una entrada bien cargada (por eso se ha hecho tanto de rogar).

Adoro a Zoe Saldana
Empiezo con un plato fuerte: Guardians of the Galaxy, una de mis favoritas del año (pasado). De un tiempo a esta parte todos los años he visto una o dos películas del universo Marvel/Avengers. Son entretenidas, tienen toneladas de acción y un humor agradable pero no suelen ser muy coherentes y tienen bastantes altibajos (así generalizando mucho). Guardianes de la Galaxia no tiene nada que ver con este universo. Nos despedimos de la Tierra bastante pronto para dirigirnos a un vasto universo plagado de distintas razas, híbridos, organizaciones diversas y, por supuesto, piratas espaciales. El argumento es lo suficientemente interesante pero no es, ni de lejos, su punto fuerte. Esta es una ficción esencialmente cómica con un elenco de personajes que nos hace reír constantemente desde el tráiler hasta la escena post-créditos. Y tiene muchísimo más mérito del que pueda parecer ya que todos los personajes tienen un trasfondo muy trágico con múltiples familiares muertos o tras haber sido vejados como sujetos de experimentación. Se trata de un grupo con mucha química en una película que te mantiene pegado al asiento de principio a final y que nunca deja de hacerte reír a carcajadas. Tengo curiosidad por ver cómo avanzan con esta rama del universo Marvel y si pretenden fusionarla con las demás.

Dirigid vuestra atención al centro de la imagen.
Lo mío por Moose es amor y lo demás son tonterías.
Cambiando totalmente de término, no se me escapó la última entrega de una saga pésima que sigo con fervor: Step Up All In. De hecho, esta película también os hará reír mucho solo que de una forma bastante distinta. Se trata nada más y nada menos que de la quinta entrega de Step Up y, en este caso, la gracia es que no se introducen nuevos personajes sino que aparece una mezcla de protagonistas de las anteriores películas. Ya solo el punto de partida es espléndido porque se presentan la protagonista de la segunda y el protagonista de la cuarta (que, por si no lo sabéis/recordáis, acabaron felizmente emparejados en sus respectivas historias) con sus vidas tanto personales como laborales bastante echadas a perder así que... por qué no volver al baile y re-emparejarse, así todo queda en familia. Como viene siendo habitual en esta saga hay mucha tensión sexual no resuelta, una competición muy muy importante, una serie de cuestiones acerca del compañerismo y la confianza y un desarrollo predecible que desemboca en el clásico final feliz lleno de éxito y amor aunque, quien sabe, a lo mejor en Step Up... ¿11? vuelven a aparecer los mismos personajes divorciados y son sus hijos los que quieren hacer cualquier performance loca/ilegal en medio de la calle. Es una muy mala película pero al menos es de las películas malas que pueden disfrutarse. Eso sí, a diferencia de las anteriores, me quedé con la sensación de que los bailes no valían gran cosa, que es bastante triste porque se supone que ese es el mayor atractivo de la saga.

Imagen muy poco representativa de la película
Después de infligir tal tortura a mi pareja, escogió ver 127 Hours, una de esas películas basadas en hechos reales: hechos espeluznantes por supuesto. Aron Ralston es un señor al que podéis buscar en wikipedia (si queréis spoilearos la peli) que en 2003 se fue de senderismo solo y sin decir a nadie a dónde iba. La mala suerte quiso que él y una roca enorme se despeñaran juntos en un cañón de manera que, al caer, la roca aplastó su brazo contra la pared impidiéndole moverse. Ralston pasó nada más y nada menos que 127 horas atrapado (de ahí el título) intentando no perder la cordura ni la esperanza ni morir deshidratado (ninguna de las tres cosas fácil). Por lo que el filme es agobiante, y es inevitable que se te revuelvan un poco las tripas. En cualquier caso creo que la película está muy bien dirigida y guionizada y, desde luego, consigue que te pongas en la piel de Aaron. 


Ya iba faltando algo de comedia romántica barata (Step Up no cuenta porque en realidad es de baile). Después del chasco de Juntos y Revueltos (Blended), en la que también sale Drew Barrymore, no sabía qué esperarme de Salvando las distancias (Going the distance) pero la pillé de casualidad en la tele y me llamó positivamente la atención. No es un título que se os vaya a quedar grabado a fuego en la memoria para nada pero, en mi opinión, tiene varios detalles que la convierten en una película que se deja ver y sirve para echarse unas risas una tarde de domingo. El tema principal son las relaciones a distancia (de ahí el título) y todos los problemas relacionados de lealtad, dudas, celos, etcétera que ya se dan en las "parejas al uso" pero que se acentúan cuando debes pasar meses separado/a de tu pareja.


Y he aquí EL BODRIO en mayúsculas de este año 2014 (bueno, uno de los bodrios para ser más exacta pero no adelantemos acontecimientos). Dracula Untold es mala hasta decir basta. Partiendo de una especie de preludio para presentarnos al protagonista en que no se entiende absolutamente nada, la historia nos lleva rápidamente a un conflicto entre cualesquiera que sea el pueblo de Vlad y el imperio turco. A partir de aquí, una serie de decisiones absurdas, estúpidas e incoherentes llevaran a nuestro altruista protagonista a convertirse en un vampiro de pacotilla, cuyos poderes no se definen bien en ningún momento. Con tal de darle originalidad y dramatismo al asunto, los guionistas no hacen más que inventarse incoherencia tras incoherencia hasta convencerte de que lo único que quieren es echarte de la sala (porque sí, pagué por ver esta basura, aún me arrepiento).


Os dejo con este vídeo-reseña de Loulogio que resume bastante bien mi opinión sobre semejante despropósito.


Para quitarnos el mal sabor de boca, fuimos a ver, esa misma semana (era la fiesta del cine), Gone Girl o, como se ha adaptado el título en España, Perdida. Necesito que alguien me explique por qué este peliculón no se ha llevado más nominaciones a los Oscar porque, sinceramente, es impresionante a todos los niveles. Claro que, sin haber leído el libro en que se basa, no sé a quién tengo que aplaudir por el argumento pero, seré clara, Gone Girl es la mejor película que vi en 2014 junto con Dallas Buyers Club. Desde el principio te atrapa y no deja de sorprenderte escena tras escena con algunas de las mayores idas de olla que recuerdo haber tenido el gusto de visionar. Porque no hablamos ni de espeluznantes historias basadas en hechos reales (Argo, Rush, Lo imposible) ni de improbable ciencia ficción (Inception, Pacific Rim, El juego de Ender), sino de simple ficción que podría darse en la vida real. Y eso sí que da miedo. Empezamos con una incertidumbre absoluta, participando casi sin darnos cuenta en el juego de Nick y Amy, perdidos al principio, recelosos después y genuinamente desconcertados al final. No sabéis lo que disfruté viendo esta película, lo entretenida que estuve y lo maravillada que salí del cine, con muchísimas ganas de comentar todo lo que había visto. Por despertarme esa fascinación que andaba olvidada en algún rincón de mi ser, le doy un once sobre diez.


Interstellar puede que fuese la película que más ganas tuve de ver durante todo el año pasado y es que hype no le faltaba. Además, hype por partida doble, triple... El reparto es espectacular con dos actores que me tienen enamorada, el guión ha sido condimentado por un físico teórico de renombre y los efectos especiales son una pasada. Se dan explicaciones muy claras de conceptos muy complicados, se trabaja con varias hipótesis, se da importancia a toda una serie de procesos esenciales que suelen obviarse en blockbusters palomiteros como el simple acoplamiento de una nave a una estación espacial. Refleja estupendamente bien la naturaleza humana, tanto el egoísmo más patético como el altruismo más ridículo. Y marcha muy bien hasta casi el final en que los guionistas escogieron, a mi parecer, bastante mal cómo darle un desenlace a la historia. Es solo por eso por lo que no puedo considerar esta película como una favorita real aunque la disfruté y me fascinó muchísimo en su gran mayoría. 


Después de tanto estreno, nos apetecía recuperar algún viejo título, de esos que todo el mundo ha visto y que todo el mundo alaba. El día que vi Million Dollar Baby fue uno de mis peores días del año pasado: no tenía ni idea de qué es lo que iba a ver y como que no me pude preparar mentalmente acabé hecha trizas. Evidentemente, es una película sobre boxeo y, más concretamente, sobre boxeo femenino. Pero es también una película sobre muchas otras cosas... como el machismo, la pobreza, la familia y la superación personal. Como siempre, Clint Eastwood está espectacular y hace un dúo muy curioso con Morgan Freeman. No me extraña que se convirtiese en una obra aclamada por la crítica. Abriría un debate sobre otros temas que se tratan a lo largo del filme pero no quiero hacer ningún spoiler.


Y aquí tenéis el otro BODRIO en mayúsculas. En la defensa de El corredor del laberinto hay que decir que, hasta donde yo sé (un conocimiento derivado de destriparme la trilogía entera leyendo las sinopsis íntegras de la wikipedia y que espero olvidar pronto), el libro en el que se basa no es que sea la octava maravilla así que tampoco había mucho margen para hacer una buena película. Aún así los fans de los libros aseguran que esta versión para la gran pantalla está medio inventada y que se salta o modifica cosas importantes así que bueno, no sé, quizá cogieron algo malo y lo convirtieron en pésimo. Los actores tienen carisma cero, la trama no se aguanta por ninguna parte, se revuelca en todos los clichés que tiene a mano, no se da ninguna explicación de nada pretendiendo que todo resulte misterioso pero no pasa de increíblemente incoherente. El único personaje femenino de toda la película es ridículo sin más y el protagonista no podría ser más plano y vacío.


Me veo obligada, de nuevo, a recurrir a una crítica de youtube para ilustrar (con muchos spoilers) varios de los motivos por los que opino que esta película es una basura. Y de paso os echáis unas risas.


Y, para acabar el año (y la entrada), el mismísimo 31 de diciembre teníamos una cita ineludible para ver el final de la trilogía de El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos. Fin de ciclo con la demostración definitiva de que no debería poderse transformar un libro infantil en una saga de tres películas que suman, entre todas, ocho horas de divagaciones e invenciones con muchos efectos especiales de lo más guays que para nada suplen el desvariar de Peter Jackson. Se han esforzado tanto por producir una película de acción con mil efectos especiales y luchas imposibles que se supone que deberían dejarte con la boca abierta que han pisoteado la esencia del libro original, Tolkien se estará revolviendo en su tumba con este esperpento. 

Otra entrada eterna que me quito de encima al fin. Este 2015 estoy intentando llevar el blog al día de lo que veo y leo pero me cuesta horrores sacar tiempo para todo...

domingo, 21 de junio de 2015

El Héroe

Hércules. Heracles. Héroe. Y me compré este cómic sin tener ni idea de qué iba, convencida de que me enfrentaría a uno de los héroes venidos a menos que tanto le gusta retratar a David Rubín y, aunque no me equivocaba (del todo), ¡nunca se me habría pasado por la cabeza que fuese una adaptación de la mitología grecorromana! Lo que, por cierto, ha sido una de las sorpresas más gratas que me he llevado con una lectura a ciegas.


A Euristeo y Heracles les une el destino. La suerte decidió que el primero en nacer gobernaría sobre el otro y así fue como Euristeo se convirtió en un rey déspota mientras que Heracles surgió como EL héroe. Aunque no hacía falta ninguna intervención divina para colmar de desgracia y miseria al desafortunado bastardo, Hera no podía asumir la desdicha y la vergüenza en las que la sumió Zeus... y así es como darán comienzo las doce pruebas.

Creo que El Héroe es un cómic que pueden disfrutar mucho y de formas muy distintas todo tipo de públicos: desde verdaderos amantes del cómic americano que asisten a una reinvención de su género predilecto, hasta amantes de la mitología grecorromana que no han abierto un tebeo en su vida, pasando por lectores menos especializados, como yo, que nos contentamos con aprender y esperar expectantes a ver cómo se desarrolla la historia. Irónicamente, a quien no se lo puedo recomendar es precisamente a los niños para los que se destinaron originalmente los cómics clásicos de superhéroes, porque la crueldad, violencia y sexo explícitos convierten El Héroe en una lectura adulta.


Hay centenares de cómics que adaptan otras historias, tanto basadas en hechos reales como en otras ficciones. Estoy casi segura de que debe de haber al menos otro cómic sobre la vida y milagros de Heracles pero dudo que haya ninguno tan brillante como este. David Rubín supo hacer suya la historia y no resulta ni arrogante ni descarado al tomarse ciertas licencias con una historia tan antigua y tantas veces versionada como esta.

Para los que no estéis familiarizados con el tema, la mitología grecorromana suele ser desproporcionadamente cruel. Y David Rubín no ha querido suavizar ni un poquito ese sadismo; al contrario, se ensaña con viñetas violentas y brutales que me revolvieron el estómago durante la lectura íntegra de los dos volúmenes, sobre todo del segundo. Me atrevo a aventurar que el bagaje del autor en el mundo del cómic ha potenciado un encarnizamiento que va más allá incluso de los mitos originales, puesto que el placer morboso de torturar a los propios personajes resulta frecuente en escritores de todos los géneros.


El principal hilo conductor de la historia son las doce pruebas que Euristeo debe imponer a Heracles a fin de que encuentre su muerte y Hera se dé por satisfecha. Pero, por supuesto, no es tan fácil acabar con el hijo de Zeus y, como todos sabemos, Heracles saldrá exitoso de todas ellas. En ese sentido, me sorprende no haber comparado nunca antes a los héroes clásicos con los "súper" héroes modernos, cuando lo comparten todo excepto el medio. Es por eso que el cómic me parece una herramienta inmejorable para volver a contar esta historia y acercarla al público general.

El autor traslada todos los elementos propios de la mitología a un entorno futuro, creando un ambiente de lo más anacrónico. Los monstruos a los que debe enfrentarse Heracles se convierten en cíborgs, las divinidades utilizan la tecnología para llevar a cabo sus milagrosos actos, tanto Heracles como Euristeo juegan desde pequeños con muñecos de Superman y otros superhéroes propios del cómic americano. No hay más que ver el atuendo de Heracles, que emula al traje del tan renombrado héroe en el mundo de los tebeos.


Rubín nos muestra primero un Heracles joven y bondadoso, que no le da muchas vueltas a las consecuencias de su obediencia ciega, ya que así lo decretó la suerte. Pero pronto empieza a ser más inconformista, rebelándose contra el yugo de su monarca e ingeniándoselas para desafiarle sin contradecirle directamente. Sin embargo, con el paso del tiempo no solo se acumulan los años sino también el rencor y la amargura que, una vez más, nos llevarán a uno de los temas principales desarrollados por el autor: la caída de los héroes; cuya reiteración, por cierto, no me cansa, más bien al contrario, me parece un tema de lo más interesante. Máxime cuando esta desazón no puede impedir las grandes hazañas de Heracles, al que siempre le mueve el amor por los demás revelando su naturaleza ineludible como héroe.

Además, ambos volúmenes rebosan de guiños y referencias a nuestra sociedad actual, con una representación hilarante de la acogida que tendría un héroe como Heracles hoy en día. Famoso, imagen favorita para promocionar todo tipo de productos de moda y belleza, con numerosas groupies, portada en todos los periódicos y centro de todos los programas del corazón. No conozco el mercado del cómic americano por lo que estoy segura de haberme perdido muchas referencias pero no se me escapan las más evidentes, como a Snoopy o una viñeta perfecta donde se nos revela la apariencia del temible cancerbero. Desde el mismísimo principio, El Héroe no deja de evocar la pasión que siente su autor por los tebeos, tanto americanos como europeos como japoneses. También a los videojuegos.


El arte es tan brutal como el guión, con ese trazo grueso y negro tan característico de Rubín. Las salpicaduras de sangre que te ponen la piel de gallina, las salvajes escenas de lucha, una representación gráfica y sin tabúes del sexo, ningún complejo ni censura respecto a la desnudez, una composición de viñetas funcional y dinámica que se adapta a las necesidades del guión y que hace que la lectura fluya, y un rescate de las onomatopeyas como elemento esencial integrado en el cómic.

Si el trazo de Rubín ya me encandiló con las aventuras de Aurora West, ahora me doy cuenta de que no era nada en comparación con lo que ya había logrado este autor con anterioridad y, por mucho que siempre se espera y se da por hecho que escritores y artistas evolucionen y mejoren con el paso de los años, me cuesta imaginar una obra más redonda que este Héroe de Rubín. Ojalá me equivoque.

jueves, 18 de junio de 2015

En la misma clase #3

He tardado tanto en escribir esta entrada porque tardé un mes en poder comprar este último tomo en el Fnac (la primera tirada se agotó en un visto y no visto y tuve que esperar a la reposición). Pero ya le hace compañía a los tomos #1 y #2 en un lugar de honor entre mis estanterías (¡y entre mis reseñas!).


Aunque este tomo sigue la dinámica de los anteriores, se podría decir que sus personajes pegan un salto cualitativo importante. Si bien en el tomo #2 la autora ya nos fue preparando de forma más o menos sutil para EL cisma, me sorprende para bien que sea capaz de afrontarlo con tranquilidad alejándose del dramatismo innecesario tan típico del shôjo. Tanto Sajô como Kusakabe son muy agradables de leer porque, aunque parcialmente cumplen con el personaje estereotipado que les ha tocado desarrollar, se quedan en el lado de la "normalidad" y una pelea es dramática hasta cierto punto pero sin necesidad de que se acabe el mundo por discutir con tu pareja.

Lo que quizá me haya gustado más de este tomo es la discusión sobre la aceptación social. Porque a lo largo del manga se hace patente si se lee entre líneas hasta qué punto puede ser tabú una relación homosexual pero no se afronta de forma más o menos directa hasta el final. Y es ese tipo de discusión que tiene consecuencias a muy largo plazo pero que, aunque parezca contradictorio, no se puede aplazar si se quiere evitar dejarse llevar por la inercia y aparcar los problemas para el yo de mañana, cuando sean demasiado grandes como para intentar solucionarlos.


Aquí es cuando los personajes materializan al fin sus preocupaciones más profundas. Sajô necesita ser aceptado por la sociedad, constantemente preocupado por el qué dirán y Kusakabe reniega del concepto de relación a distancia. A su manera, ambos llevan muchos meses dándole vueltas y, en ambos casos, una de las salidas posibles es, por supuesto, la ruptura. Y esto es lo brillante de esta historia, que la autora plasma en las viñetas, casi sin que el lector se dé cuenta, el dilema al que se enfrentan todas las parejas de largo recorrido: escuchar, comprender, sincerarse; exigir, pactar, ceder. Ambos protagonistas han sido capaces de amoldarse el uno al otro, de sacrificarse y de esforzarse con tal de estar juntos. Es un equilibrio espléndido que refleja lo que, a mi parecer, es una relación sana. Y le doy tanta importancia a esta aparente nimiedad porque la representación del amor en la ficción (y, especialmente, en las historias de amor) suele limitarse a cursilerías, ñoñerías, romances idealizados y relaciones superficiales que no profundizan casi nunca en lo que en realidad significa tener una pareja sentimental.

En En la misma clase, asistimos a la evolución de uno de esos amoríos inesperados de adolescencia al tiempo que se convierte en mucho más que eso.


Y, puestos a retratar el primer amor desde todos los ángulos, la autora no se olvida de esa tensión sexual no resulta que dejó suspendida en el aire al final del segundo tomo. Después de haber salido juntos durante tanto tiempo, de haber afrontado juntos muchos momentos delicados y de haber discutido sobre lo que realmente implica para cada uno de ellos el plantearse un futuro compartido, hay suficiente complicidad como para que ambos den "un paso al frente" y aunque quizás esta lentitud sí esté idealizada me ha parecido precioso e hilarante a la vez (es imposible no partirse de risa con Kusakabe, hasta en las situaciones más insospechadas).


Ha sido un viaje corto pero intenso. En la misma clase es uno de los mejores manga que he leído y os lo recomiendo encarecidamente sean cuales sean vuestros gustos porque creo sinceramente que es una historia para todo el mundo que refleja sin adornos ni exageraciones el día a día de una pareja primeriza. Y es muy muy bonito. La principal pega que le pongo es la tortuosa espera por la licencia y publicación de O.B., su secuela que, aunque no es estrictamente necesaria, promete ser espléndida. Y es que una nunca se cansa de leer a Asumiko Nakamura...

domingo, 14 de junio de 2015

El almanaque de mi padre

He tardado muchos años (demasiados) en estrenarme con Jiro Taniguchi y la verdad es que me arrepiento. Acabé comprando El almanaque de mi padre de rebote, en una de mis tan acostumbradas compras masivas de segunda mano de hace años. Y, supongo que precisamente por eso, no le había dado una oportunidad hasta ahora. Que por cierto, ¿sabéis qué es un almanaque? A mí me sonaba remotamente la palabra pero realmente no tenía ni idea de lo que significaba. Según la RAE se trata de un «registro o catálogo que comprende todos los días del año, distribuidos por meses, con datos astronómicos y noticias relativas a celebraciones y festividades religiosas y civiles» que es un significado que, más o menos, es coherente con lo que ocurre en el tomo:


Yoichi descubre que su padre, al que no ve desde hace más de quince años, ha muerto. Para honrar su memoria deberá viajar a su pueblo natal y enfrentarse a los recuerdos de su infancia, casi todos tristes o traumáticos, al rencor de sus familiares y también a su propio sentimiento de culpabilidad por haberse alejado de esa forma de ellos. Conforme se alarga el velatorio, Yoichi irá conociendo a su padre mucho más de lo que lo hizo en vida, reconstruyendo su verdadera personalidad a partir del testimonio de sus seres queridos.

Los lazos familiares tienden a enaltecerse como un vínculo innato, irrompible e indispensable. Los padres siempre querrán a sus hijos, los hijos siempre querrán a sus padres. Y, en algunos casos, por supuesto que es así pero en la ficción se tiende a idealizar la familia como una unidad sagrada en la que no se admiten rupturas bajo ninguna circunstancia. Es un cliché hollywoodiano que siempre me ha disgustado y, en esta obra, Jiro Taniguchi ofrece un relato mucho más realista de lo que creo que es, o puede ser, una familia de verdad.


Puesto que la práctica totalidad del cómic consiste en una serie de flashbacks que se remontan a la infancia y adolescencia de Yoichi, el lector se ve transportado no solo a otro país sino también a otra época. Qué relación había entre estadounidenses y japoneses apenas unos años después de la Segunda Guerra Mundial, cómo afronta la sociedad japonesa una catástrofe como que un incendio arrase una ciudad entera, qué implicaciones tenía ser estéril, qué llevaría a una pareja a divorciarse hace más de cincuenta años, o a un adolescente a marcharse de casa para no volver jamás.

Todos y cada uno de los personajes que aparecen en El almanaque de mi padre son de lo más imperfectos. Unos demasiado egoístas, otros demasiado caprichosos y otros demasiado orgullosos. Es una mala combinación entre estos defectos la que precipita un gran cisma en una familia hasta entonces aparentemente funcional. Y, como suele pasar, todos tienen su parte de culpa en lo que ocurrió y, cuando uno se pone a pensar en lo que hizo y dijo cuando ya es demasiado tarde para arreglar nada, solo queda el arrepentimiento y el pesar. No hay final feliz, tampoco desenlace, tan solo comprensión y amargura.


Jiro Taniguchi fue capaz de representar la dicotomía entre cómo vemos y entendemos a nuestros padres cuando somos pequeños a lo que pensamos de ellos una vez crecemos y les conocemos de verdad. La unidad familiar es un tema que, aunque parezca mentira, suele pasar muy desapercibido en el manga, en el que los familiares de los protagonistas o no aparecen o lo hacen de forma tremendamente superficial y/o alejada de la realidad. Me maravilla el retrato tan fiel que ha hecho Jiro Taniguchi de las relaciones fraternales. Especialmente brillante me parece que, movido por el odio hacia su padre, Yoichi se aleje tanto emocional como físicamente de él, todo para acabar convirtiéndose en su calco.

El dibujo es excelente al igual que el guión. Taniguchi es uno de esos autores que realmente sabe dibujar todo tipo de escenarios, mobiliario, animales, expresiones faciales, edades y evolución de personajes con corrección sin caer en la caricatura ni en la simplificación. En cuanto a la edición, he leído la segunda que tiene este título en España que, actualmente, se encuentra ya descatalogada y reemplazada por la mucho más cara reedición en la línea timo Trazado de Planeta. Me parece un espanto lo que hicieron con la portada original, mucho más bonita que la adaptada y que, además, se mantuvo en las múltiples ediciones de este manga fuera de Japón; excepto en España, claro está.

Por supuesto, recomiendo encarecidamente la lectura de este tomo. No puedo esperar a seguir deleitándome con las obras de este mangaka y tengo la suerte de que hay decenas de ellas publicadas por estos lares.