viernes, 29 de agosto de 2014

Principales cambios en el XX Salón del Manga de Barcelona

Con ocasión de la vigésima edición del Salón del Manga de Barcelona y debido a la creciente afluencia de público a este evento, en esta edición se realizarán algunos cambios que no cabe de más recordar:


El cambio que, para mí, es más significativo es la ampliación tanto del horario como del espacio. Los palacios 1 y 2 de la Fira de Montjuïc junto con la plaza Univers suman un total de 50.000 metros cuadrados en comparación con los 35.000 del año pasado. Por otro lado, y por primera vez desde que asisto al salón, este abrirá, todos los días, a las nueve de la mañana en lugar de a las diez. Con esto, del jueves 30 de octubre al domingo 2 de noviembre, el salón estará abierto al público durante un total de 46 horas.

Otro cambio significativo es la necesidad de registro en la web si se quiere entrar el viernes de forma gratuita por llevar cosplay. Durante las pasadas ediciones no era necesario este paso por lo que los asistentes hacían directamente la cola para entrar y los encargados dejaban pasar a todos aquellos con un disfraz reconocible. En su dossier correspondiente, Ficomic especifica que aquellos asistentes que se inscriban para entrar disfrazados el viernes de forma gratuita deberán ir caracterizados de forma integral (y no parcial) de personajes manga, anime o videojuegos japoneses.


Además, y como motivo de esta XX edición, el cartel del salón del manga no se ha sometido a concurso sino que su diseño fue expresamente encargado a Ken Niimura, mangaka de nacionalidad hispano-japonesa que resulta una elección idónea en el Año Dual España Japón en que se conmemoran los 400 años de relaciones entre ambos países.

De hecho, Ken Niimura es uno de los artistas invitados al salón, Norma anunció recientemente las licencias de Henshin (ya publicado) y Traveling (cuyo lanzamiento coincide con las fechas del salón) y contará con una exposición, Chez Niimura, que repasa toda su obra hasta ahora con más de cincuenta originales.

Para más información sobre el salón, los horarios, accesos, precios, autores invitados, etcétera, os recomiendo que le echéis un vistazo a la web de ficomic.

jueves, 28 de agosto de 2014

El hogar de los juguetes rotos

El hogar de los juguetes rotos es una historia corta a todo color guionizada e ilustrada por Lolita Aldea, autora que quizá os suene por ser la dibujante de El síndrome del hilo enredado.


Alan es el dueño de una juguetería artesanal en bancarrota que está a punto de dar por perdido su sueño. Ante el inminente cierre de la tienda, decide arreglar los últimos juguetes que le quedan pendientes. Es entonces cuando Valerie, una de las muñecas rotas, se levanta como por arte de magia e insta a Alan a seguirla al mundo de los juguetes...

El hogar de los juguetes rotos es un cuento agridulce. Como muchos cuentos tiene un inicio abrupto y un protagonista voluble que tiene tan poco apego por su vida que ni siquiera duda a la hora de atravesar un espejo sin ninguna clase de explicación previa (no bromeo, Valerie ni siquiera se digna a decirle a dónde van).


Una vez en el mundo de los juguetes, Alan se reencontrará con todos los juguetes rotos que le quedaban por arreglar en la juguetería (que, pensándolo bien, no tiene demasiado sentido que se fueran voluntariamente a un lugar donde ya sabían de antemano que estarían en peligro) y no tardará mucho en descubrir las intenciones ocultas de Valerie al arrastrarlo allí.

Mientras que Alan me resulta cargante por su indecisión y su prácticamente nulo carácter, Valerie es un personaje fuerte y adorable a la vez con claroscuros que la hacen mucho más interesante que su compañero juguetero. Esta pareja debe cargar con todo el peso de la historia ya que los secundarios son tremendamente prescindibles por lo que quizá un protagonista más carismático que Alan le hubiera dado más chispa al cómic.

Al margen de que esté más o menos en desacuerdo con el desarrollo de la historia, la moraleja final es una preciosidad porque concluye que todas nuestras imperfecciones son las que nos hacen ser quienes somos, las que nos confieren una identidad, de la misma manera que nuestras grandes vivencias dejan una marca imborrable en nuestra personalidad. Sin embargo, esto mismo resulta atroz ya que Alan se ha pasado su vida arreglando juguetes y, por lo tanto, destruyendo sus identidades.


El hogar de los juguetes rotos es un cuento original, con un diseño de personajes alucinante, un dibujo precioso y un coloreado de lo más vívido; sin embargo, peca de simplista y se lee en un suspiro. Creo que esta brevedad no le beneficia en absoluto ya que, a mi parecer, quedan demasiados cabos sueltos que requerirían de una mayor explicación para hacer la historia más redonda. 

miércoles, 27 de agosto de 2014

Infinidad de películas (I)

Agárrense a sus asientos. Para hacer esto de la forma más indolora posible voy a intentar ser breve. En esta primera tanda tengo la intención de sintetizar mis opiniones sobre las ocho películas que vi entre los meses de mayo y junio (en la próxima irán las de julio y agosto).


Como esperaba, la versión animada de Divergente me gustó mucho más que el libro ya que, teniendo las mismas carencias argumentales, goza de mucho más dinamismo en las peleas. Lo que me sorprendió de veras es que los detalles que modificaron tienen mucho más sentido en la versión inventada de la película que en el libro original (el tema de las simulaciones). Por lo general, se trata de una adaptación muy fiel que disfruté mucho. Si tenéis curiosidad por esta saga pero os da pereza leer los libros (gracias, en parte, a mis reseñas) os recomiendo que le echéis un vistazo a la película.


Yo... no había visto todavía La vida es bella... y... aunque la vi hace ya tres meses... todavía tengo el corazón hecho añicos... Por lo general, soy muy reacia a ver películas antiguas, definiendo como antigua cualquier película producida durante el siglo XX con lo que estoy segura de que me pierdo muchísimas obras de arte pero, aún así, me siguen dando mucha pereza. Pero si suelo evitar ver películas viejas, les tengo verdadero pavor a las películas sobre la guerra y, muy especialmente, a las películas sobre la segunda guerra mundial. Fue horrible, sí. Se cometieron muchas atrocidades, sí. Es algo que debemos recordar ya que forma parte de nuestra historia y que no puede repetirse. Pero de ahí a dejar los ojos secos a base de ver historias personales totalmente descorazonadoras hay unos cuantos pasos. Pero aquí estoy, he visto La vida es bella, he llorado como nunca, se me ha puesto la piel de gallina y admito que es una película preciosa que se merece toda la fama que tiene y más. La manera de enfocar tantísima miseria con tanto humor es sencillamente brillante.


Hace años que prometí que vería Resident Evil y su visionado fue inmediatamente posterior al de La vida es bella. Qué puedo decir. No me gustó nada de nada en ningún aspecto y no pienso volver a verla ni tengo intención de dar una oportunidad a sus múltiples secuelas. Muerte y destrucción, sangre por todas partes, monstruos y bichos desagradables, sustos, dolor y una desesperanza absoluta. Es que no salvo nada de la película. 


Cambiando de tercio, revisioné El ilusionista, un filme que me dejó muy buen sabor de boca cuando lo vi por primera vez hace siete años. Aunque para mí ha perdido un poco al verla por segunda vez y se me hizo algo más lenta de lo que recordaba, la trama me sigue pareciendo fascinante. Una trama que es una historia de amor y de misterio al mismo tiempo, ambientada en la Viena de hace un siglo, con Edward Norton atrapando toda nuestra atención con sus trucos. Es de esas películas con un encanto especial y un final redondo (y no muchos títulos pueden presumir de contar con un buen desenlace). 


Y aun me quedaba otro clásico por ver: Pearl Harbor. No tenía ni idea de los derroteros que tomaba esta película al margen de contar, con lo que parece una gran veracidad, una pequeña parte de la historia mundial reciente. Por un lado, es entretenida, informativa y con un triángulo amoroso interesante. Por el otro, es endemoniadamente larga y demasiado hinchada de patriotismo estadounidense por lo que no pasará a la posteridad, al menos no en mi lista personal de películas que valen la pena.


Todos sabemos que Quicksilver es lo mejor de toda la película. X-Men: Days of Future Past vincula la trilogía original de X-Men con la reciente precuela First Class. Sinceramente, la película es una gozada, entretenida, espectacular y con unos efectos especiales inmejorables pero es mejor no pensar demasiado si uno quiere disfrutar de ella. La tecnología de los centinelas es totalmente irreal para ser un proyecto iniciado en los años sesenta teniendo en cuenta que Watson y Crick, gracias a los datos proporcionados por Rosalind Franklin, describieron la estructura del ADN en 1953. Y digo solo esto porque si me pongo a discutir todos los avances científicos conseguidos a raíz de experimentar con mutantes esta entrada no tendría fin. Por otra parte, las historias que juegan con viajes en el tiempo no suelen acabar muy bien y siempre fallan en la coherencia interna. De momento, tengo mis esperanzas puestas en Apocalypse.


Y ahí va otro revisionado. Es la tercera vez que veo Wall·E y sigue pareciéndome una de las mejores (si no la mejor) películas de Pixar. El equipo de producción se cubrió de gloria tanto con la idea como con el desarrollo. Teniendo en cuenta que se trata de una supuesta película infantil introduce infinitos conceptos muy serios que creo que puede disfrutar mucho más un público adulto: la Tierra destruida por culpa de la actividad humana, una capa de basura cubriendo el planeta, la dominación de los robots, la obesidad mórbida en el lejano espacio, la ley del mínimo esfuerzo... Y todo esto por no hablar del apartado gráfico donde consiguen dotar de expresividad a dos robots y hacer que una cucaracha resulte mona. De mis favoritas de Pixar.


Por último, si empecé con un estreno acabo con (casi) otro. Pude ir al cine a ver Her gracias a la promoción ¿Te la perdiste? de Cinesa. Her es perfecta en tanto que siendo una película intimista y a la vez de ciencia ficción, nunca da detalles sobre el mundo o la tecnología en que se basa el argumento. Así no puedo indignarme por idas de olla o avances imposibles porque, simplemente, no explican nada y así se aseguran no decir ninguna tontería. Ya que la coprotagonista, Samantha, es una inteligencia artificial, casi todo el peso recae en Theodore, que resulta un hombre de lo más interesante. Her es un largo diálogo, un debate, una discusión, una reflexión continua. Sobre la importancia que le damos (o no) a lo tangible, sobre la soledad, sobre las aspiraciones, sobre el creciente aislamiento en el que nosotros mismos nos adentramos cada vez más en esta sociedad. Y en un futuro próximo en que puedes encargarle a alguien que escriba una carta de amor por ti, el caso es que existe al menos una persona capaz de hacer que revoloteen las mariposas de tu estómago y otra persona capaz de conmoverse con ello. Muy muy bonita, tengo ganas de volver a verla.

martes, 26 de agosto de 2014

Fundación

Con tanto máster, tanto salón del manga y tanto viaje a Madrid parecía imposible sacar algo de tiempo para leer. Tras hacer mis pinitos con Ursula K. Le Guin y Orson Scott Card, ya iba siendo hora de conocer a Isaac Asimov. Y aquí os traigo la reseña de la primera parte de su trilogía de La fundación. Es terriblemente difícil hacer una sinopsis de este libro ya que es bastante cambiante a lo largo de los capítulos (y para cuando redacto esta reseña ya hace mucho que acabé de leer la trilogía entera) así que me limito a hacer un pequeño preámbulo al primer capítulo, el de los psicohistoriadores.


Hari Seldon predice la caída del imperio gracias a la ciencia de la psicohistoria. Desde ese momento, pondrá en marcha un complejo plan para reducir todo lo posible el periodo de caos y oscuridad que sucederá inevitablemente entre la destrucción del primer imperio y la creación del siguiente. Para ello, cree necesaria la redacción de una Enciclopedia Galáctica que recopile toda la información relevante del progreso científico efectuado durante el Imperio para su posterior uso por los habitantes de todos los planetas.

Quizá uno de los aspectos que más llama la atención de Fundación es la poca continuidad temporal. El libro contiene cinco partes que tanto pueden estar separadas entre ellas por setenta años como siete. Dentro de cada parte hay varios capítulos que pueden suceder minutos unos después de los otros o bien meses enteros y hasta años. A Asimov no le gusta recrearse en detalles sin importancia sino que va saltando de acontecimiento en acontecimiento para que el lector conozca solo la parte más imprescindible de una historia que, claramente, es demasiado compleja y que, explicada en detalle, podría ocupar miles y miles de páginas.

Pero eso no quita que no haya muchísimos detalles. De hecho, me imagino a su autor creando primero una galaxia (vasta e inconmensurable) y luego contando su historia sobre ella mencionando solo de pasada aquellos detalles que resulten relevantes o necesarios para explicar una escena en concreto. Como si la elección de qué cuenta y qué no fuera totalmente accidental o azarosa. Y así nos va hablando de la energía atómica o los campos de protección conforme la historia así lo demanda.
La apariencia de fuerza no es más que una ilusión. Parece tener que durar siempre. No obstante, señor abogado, el tronco del árbol podrido, hasta el mismo momento en que la tormenta lo parte en dos, tiene toda la apariencia de sólido que ha tenido siempre. Ahora la tormenta se cierne sobre las ramas del imperio. Escuche con los oídos de la psicohistoria, y oirá el crujido.
Sin embargo, lo que creo que me dejó más patidifusa de esta primera entrega de la trilogía sci-fi más famosa de todos los tiempos es la idea de crear una religión cimentada sobre descubrimientos científicos maquillados de milagros sagrados. Es que ¿qué clase de mente maquiavélica daría con la idea de usar la ciencia para sumir a la gente en la ignorancia y la fe ciega en algo que no existe? Es decir, nuestra historia demuestra que las religiones siempre se han inventado para explicar aquello que "no se puede explicar", en otros tiempos fue que lloviera o tronara, ahora es cuál es el propósito de nuestra existencia. La sola idea de pensar que es más práctico inventarse una religión a explicar al pueblo los principios que rigen la ciencia es... en fin, una maravilla argumental en sí misma. Asimov fue, sin lugar a dudas, un escritor fuera de serie que diría que debería ser lectura obligada en los colegios sino fuera porque así solo conseguiría el odio de millones de alumnos desmotivados.

A la zaga de la religión inventada está el concepto de la psicohistoria que me parece una idea fascinante. Que un libro escrito hace más de medio siglo me sorprenda de esta manera (es decir, en un aspecto más... científico) es, cuanto menos, asombroso. Está repleto de ideas brillantes y encima es extremadamente denso en ese sentido: Asimov no aprovecha una buena idea para darle un desarrollo eterno, te la explica y pasa a la siguiente, no fuera a ser que te cansases de ella.
Si has nacido en un cubículo y crecido en un pasillo, y trabajado en una celda, y pasado tus vacaciones en una habitación solar llena de gente, es lógico que la salida al aire libre y el panorama del cielo por encima de tu cabeza te ponga nervioso. Obligan a los niños a subir aquí una vez al año, desde que cumplen los cinco. No sé si les hace algún bien. En realidad, no disfrutan mucho de ello y las primeras veces gritan como histéricos. Tendrían que empezar en cuanto aprenden a andar y venir aquí una vez por semana. 
Coruscant me va como anillo al dedo porque está inspirada en Trántor
Algo que me gusta mucho de Fundación es que Asimov no se anda con preámbulos, no te lo da todo masticadito y te introduce con calma en su universo. Al contrario, te deja caer en Trántor y confía en que te las sabrás apañar. Bien pensado, este estilo narrativo es quizá algo típico de la ciencia ficción o de las novelas de hace cincuenta años ya que recuerdo que al empezar a leer La mano izquierda de la oscuridad (libro que os recomiendo MUCHO y que tengo que releer y reseñar debidamente) tuve la misma sensación de desorientación momentánea. O quizá es solo casualidad.

Y luego están los personajes (infinitos) y sus reacciones (genuinamente humanas para que puedan incluirse en algoritmos psicohistóricos). Por supuesto, dando saltos de varias décadas de capítulo a capítulo o de parte a parte son muchos los personajes que Asimov se ve obligado a ir presentando para luego retirar para siempre en apenas un puñado de páginas. Y a todos dota de una mezcla entre personalidad (que los identifique) y humanidad (que los haga creíbles) aunque solo vayan a aparecer en una o dos páginas debido a su minoritario rol. Le da igual que tal sacerdote o tal reina vayan a quedar sumidos en el olvido para siempre por su nula importancia, él los construye de forma concienzuda.
Cuando Holk, después de dos días de trabajo ininterrumpido, logró eliminar las declaraciones sin sentido, las monsergas vagas, las salvedades inútiles, en resumen, todas las lisonjas y la paja, vio que no había quedado nada. Todo había sido eliminado. Lord Dorwin, caballeros, en cinco días de conversaciones, no dijo absolutamente nada, y lo hizo sin que ustedes se dieran cuenta. Éstas son las seguridades que han recibido de su precioso imperio.
Por supuesto, tratándose de una historia tan poco íntima (en el sentido de que los sentimientos de los personajes, aunque existen, no suelen aportar nada a la trama) sino más bien descriptiva y trepidante, Asimov no muestra apego por ninguno de sus personajes y dispone de ellos tal y como se lo exige cada nuevo giro en el argumento. Quizá una nueva muerte deje al lector bastante indiferente pero le satisfará en tanto que será coherente, necesaria y justificada. Porque en Fundación hay una dosis de realismo insospechada en una historia de ciencia ficción.

Sinceramente, me podría pasar horas y horas hablando de este libro y, en especial, de la trilogía pero lo resumiré en que Fundación es una lectura imprescindible para los amantes ya no de la ciencia ficción sino de la buena lectura. Encontraréis naves especiales y un sinfín de mundos pero también intrigas político-religiosas en una trama que se sostiene sobre diálogos engañosos y una mezcla de mentiras y verdades a medias que no se descubren hasta el último momento.

sábado, 23 de agosto de 2014

Pandora Hearts #1-8

Medio año y un máster después, al fin me pongo con parte de la lectura de mi reto. Recuerdo múltiples comentarios de lo lioso que resulta leer este manga de forma bimestral, al ritmo de su publicación en España, así que esperé más o menos deliberadamente a acumular varios tomos para poder leerlos del tirón y reconozco que, aunque lo he seguido todo bien, tiene que ser difícil con una lectura más pausada (y una tortura capítulo a capítulo...).


En la ceremonia de mayoría de edad del conde Oz Vessalius, varios miembros de la familia Baskerville le condenan por su mera existencia a caer en el abismo. Para salir de allí hará un contrato ilegal con una cadena, Alice, sin saber las consecuencias a largo plazo de dicho trato... Al volver al mundo real, Oz deberá lidiar con Pandora, una organización que regula el acceso al Abismo y que desea controlar su voluntad.

Pandora Hearts introduce una cantidad de personajes, parentescos, conceptos, intrigas, bandos, líneas temporales que se entrecruzan y ambigüedades que la convierten en una historia más que entretenida. La lectura de este manga es trepidante a la vez que densa y el nulo carisma de los protagonistas o el humor absurdo que parece inherente al cómic de origen japonés se suplen con la complejidad de la trama.


Oz es el típico adolescente demasiado maduro para su edad, inteligente pero débil, sin ninguna cualidad más especial que su apellido y su sangre que lo hacen el recipiente de la voluntad de un antiguo héroe; es un zalamero que pretende que nada le importa y su preocupación vital es no causar molestias a nadie. Alice es una niña malcriada con un agujero negro en el estómago que se pasa el día gritando, pataleando y comiendo (en cualquier orden) cuyo supuesto objetivo es recuperar sus recuerdos (a qué me recuerda esto, a qué). Gilbert es un lacayo leal, obsesionado con su lealtad en realidad, cuya única misión en la vida es proteger a su amo (Oz) a cualquier precio y con un pasado bastante turbio. Como veis, el trío protagonista es terriblemente plano y carente de carisma, lo que da lugar a varias situaciones tópicas y aburridas sin más.


Por otra parte, hay un sinfín de personajes misteriosos pertenecientes a todos los bandos como Fye Xerxes Break, Vincent Nightray o el conde Rufus Barma, todos los cuales gozan de sendas miradas taimadas e incontables secretos en su haber. Tampoco faltan ni la clásica lolita desprovista de voluntad, Echo, ni la clásica lolita psicópata, Lotti. Además, en estos primeros ocho tomos (un tercio del total) aparecen tres de los tópicos que he comentado en el blog: tuertos, huérfanos y gemelos. Tres en uno.

A pesar de la absoluta falta de originalidad en el diseño de los personajes, la historia, su trasfondo y la compleja trama de ambiciones, venganzas e identidades ocultas convierten la lectura de este manga en algo sobresaliente. Por una vez, me da la sensación de que el autor sí ha explorado todas las posibilidades que le ofrece el universo que ha creado proporcionando misterios, respuestas y nuevos misterios a buen ritmo mientras la trama se retuerce cada vez más.

De momento, tengo muchas ganas de llegar al obligado flashback de cómo se conocieron Jack y Glen y qué pasó exactamente en Sabrie. Y eso por no hablar de Alice... quién fue, quién es y quién será. En estos ocho tomos se han sucedido unos seis arcos argumentales completos: los primeros se centraban en la presentación de personajes, conceptos y trama principal con el hecho desencadenante de toda la historia y algo de ambientación; los posteriores se adentran rápidamente en multitud de flashbacks, secretos y revelaciones que van ensanchando el panorama general con una cantidad de matices que no se apreciaban al principio. Con un tercio leído es demasiado pronto para una sentencia definitiva pero, a priori, recomiendo la lectura de Pandora Hearts. 

jueves, 21 de agosto de 2014

Imaginoterapia

Hoy vengo a haceros publicidad de un proyecto que sigo desde que se propuso su creación en octubre del año pasado. Imaginoterapia será un libro de ilustraciones en el que participan 41 artistas españoles bajo la coordinación del staff de Revista Inari cuya recaudación será destinada a la Asociación Juegaterapia, una fundación benéfica cuyo objetivo es distraer a los niños con cáncer mediante la donación de consolas, portátiles, tablets, videojuegos y, desde el año pasado, con la construcción de parques infantiles en las azoteas de los hospitales (aquellos con áreas de oncología infantil).


Ayer mismo dio comienzo la campaña de crowdfunding mediante la plataforma Verkami para que este libro de ilustraciones salga adelante. Podéis encontrar información sobre este proyecto mediante la etiqueta "Proyecto Juegaterapia" en el blog de la Revista Inari. Aquí os dejo el listado (creo que definitivo) de autores que participan:

Angye Fernández
Arhiee
AT Studio
Blanca Lieuttenant
Brighan Cernunnos
CharlieArt
Dark Musli
Elypsia Project
Ernest Sala
Eva Trullà
HarTCoco
Helarte
Irina Hirondelle
Isabella A.M.
Isaky
Juan Pablo Jara
Kaoru Okino
KawaiiDream
Laura Kjoge
Lolita Aldea
Manu López
Mer Hidalgo
Mintonia
Miriam Barea
Miriam Bonastre
Mónica N. Galván
Natakoes
Nessa Ninona
Pablo Kitten
Palo Stark
Rikku Hanari
Sara Cuervo
Sebas Riera
Sha
Studio Kawaii
Susy Broullón
Vampirneko
Vargasni
Yshiara Lohein
Yuzuki
♥ Unicornias que enamoran ♥
No me alargo más en esta entrada porque creo que tanto el elenco de dibujantes participantes como el objetivo benéfico de la creación de este artbook son argumentos más que suficientes para animaros a participar. Yo me muero de ganas de tener mi ejemplar en las manos.