lunes, 8 de febrero de 2016

Vivir da cáncer

Hace unos meses todos los portales de noticias se llenaron de titulares alarmistas sobre cómo la OMS había decretado que la carne procesada es cancerígena mientras que la carne roja probablemente causa cáncer. Aquella semana los periódicos se llenaron de noticias sobre el tema de la índole más diversa incluyendo la opinión de expertos y de personas que se ganan la vida con la industria cárnica.


Como con tantas otras noticias, la atención mediática sobre el tema desapareció tan abruptamente como llegó pero a mí me gustaría dedicarle unas líneas al asunto. He tardado tanto en publicar esta entrada porque esperaba a la publicación del volumen monográfico de la International Agency for Research on Cancer (IARC) con el informe completo pero en vista del retraso que parece llevar esta institución respecto a la publicación de dichos volúmenes en su página web, he acabado por perder la paciencia (y si sigo esperando estoy bastante segura de que olvidaré que quería escribir esto).

¿Qué quiere decir que algo provoca cáncer?

Tengamos un poco de sentido común, para los profanos, la terminología científica puede resultar increíblemente confusa pero, aunque pueda parecer contradictorio, afirmar que la carne procesada provoca cáncer no quiere decir que todos aquellos de vosotros que os hayáis comido un frankfurt alguna vez en vuestra vida vayáis a tener cáncer. Es decir, si vivís lo suficiente, cáncer vais a tener seguro, pero no por haberos comido el frankfurt. No todo el mundo que fuma acaba con cáncer de pulmón y no todo el mundo que tiene cáncer de pulmón es o ha sido fumador.


Os voy a poner un ejemplo que espero que sea muy claro. Poned que tenemos una muestra de la población general de 100 sujetos. Por simplificar la cuestión a un "mundo ideal" como el de los problemas de física, vamos a decir que 50 de ellos son veganos y los otros 50 son obesos mórbidos que comen una barbaridad de carne procesada cada día. Si esperamos a que estos 100 sujetos envejezcan y mueran, podemos registrar cuáles de ellos han tenido cáncer y resulta que, entre los 50 veganos, 17 han tenido cáncer, de cualquier tipo mientras que de los 50 obesos mórbidos, han sido 19. Una diferencia como esta, a priori irrisoria, podría ser fruto del azar pero, si se replica en subsecuentes estudios y se observa que siempre se mantiene esta diferencia, podemos extrapolar que, si en lugar de 100 sujetos, hubiésemos estudiado un millón, esa diferencia de 2 personas se convertiría en una de 20.000. Es en una situación como esta cuando hablamos de que una sustancia es definitivamente cancerígena o, dicho de otra forma, cuando afirmamos sin miedo a equivocarnos que la carne procesada provoca cáncer.

Pero, ¿cómo es la investigación en realidad?

En la vida real, los estudios no pueden llevarse a cabo en estas condiciones. Primero, hay que tener en cuenta que todos los participantes en los distintos estudios que se han tenido en consideración para llegar a la polémica conclusión, consumían tanto carne procesada como carne roja en mayor o menor medida. Es decir, ya no hablamos de que consumir carne procesada cause cáncer sino de que consumir mucha carne procesada provoca cáncer.


Pero aún hay más, por mucho que nuestra variable de interés sea el consumo de carne procesada, no podemos pretender que las personas que comen mucha o poca sean absolutamente idénticas en cualquier otra característica. Otro ejemplo: imaginaos que os preguntáis si el consumo de café provoca cáncer de pulmón. Visto así, sin hipótesis biológica de fondo ni nada, lo esperable es que encontraseis que no, que beber café no incrementa el riesgo de padecer cáncer de pulmón pero bueno, preguntas más inverosímiles se han hecho, se hacen y se harán en ciencia. Pues bien, si lleváis a cabo dicho estudio vuestro resultado principal va a ser con casi total seguridad que, efectivamente, el consumo de café aumenta la incidencia de cáncer de pulmón. Pero, cosas de la vida, hay varios estudios epidemiológicos que afirman que el consumo de café está correlacionado con el consumo de tabaco con lo que, a mayor consumo de café, mayor el número de cigarrillos al día. Es decir, con este tipo de estudios uno nunca está seguro al 100% de su resultado puesto que, y atención que esto es importante, la correlación no implica causalidad.


Ni siquiera hace falta que vayamos al ejemplo extremo en que comparaba veganos con obesos mórbidos. En una población normal, no me parece una locura esperar que aquellas personas que consumen más carne procesada tiendan a ser más sedentarias, a comer menos verdura, a fumar más, etcétera etcétera. Aunque los métodos estadísticos son de lo más refinados y permiten la inclusión de covariables en el estudio (esto es, decirle al ordenador que además de analizar si el consumo de carne procesada y la incidencia de cáncer están o no relacionados, introduzca el consumo diario de verdura como un factor que podría interferir y adulterar nuestro resultado), no podemos tenerlo en cuenta todo, de la misma manera que hay variables que, sencillamente, ni siquiera somos conscientes de que existen.

Sin ir más lejos, hablar de "carne procesada" o de "carne roja" es simplificar en exceso un problema de lo más complejo, se están equiparando un gran número de alimentos (en ambas categorías) que se pueden cocinar de formas muy variadas (no es lo mismo comerse un filete a la plancha que uno rebozado y frito) y es precisamente durante su procesamiento cuando se cree que se generan los compuestos químicos que, en última instancia, son los causantes de los procesos cancerígenos. En una nota de prensa publicada en The Lancet Oncology hace unos meses ya se confesó que la evidencia mecanística que justifica que la carne procesada aumente el riesgo de padecer cáncer es moderada. Es decir, hay que ser muy prudente con el dictamen de la IARC y la OMS y tener todo esto en cuenta a la hora de ajustar nuestra dieta.

¿En qué cambian nuestras vidas tras el rimbombante titular?

En nada. Por pura casualidad, tuve visita con mi doctora de cabecera el mismo día que tuvo lugar la polémica y aproveché para preguntarle su opinión personal sobre el asunto. Ni siquiera se había enterado pero, cuando se lo conté, no le sorprendió en absoluto. Hace años que "se sabe" que consumir carne procesada en exceso no es bueno para la salud y los nutricionistas siempre recomiendan una dieta sana y equilibrada. Lo mismo ocurre con el ejercicio, los médicos advierten de los peligros de una vida excesivamente sedentaria, y aconsejan subir las escaleras en lugar de coger el ascensor o ir andando al trabajo en lugar de coger el coche para todo. 


Es decir, un comité de expertos se ha reunido para determinar que las evidencias científicas existentes son suficientes para afirmar con certeza que el consumo de carne procesada provoca cáncer pero es una idea que ya estaba presente desde hace años y, de hecho, es por eso que la IARC decidió profundizar en el tema, para poder emitir un comunicado oficial porque, aunque parezca absurdo, hasta que no se demuestra científicamente, no se puede afirmar nada por obvio que parezca. Es por eso que hacen falta estudios epidemiológicos que demuestren, por ejemplo, que sufrir maltrato infantil aumenta el riesgo de padecer trastornos mentales en la vida adulta. A muchos les parecerá obvio (¡lo es!) pero, para todos aquellos que creen que son tonterías (que los hay), hacen falta estos estudios que no dejen ningún resquicio, que no den lugar a dudas.

De todas formas, y aludiendo directamente al título de la entrada, nuestra vida actual y todas las comodidades de las que disponemos suelen tener una cara menos amable. Hay gran cantidad de compuestos a los que nos vemos ineludiblemente expuestos todos los días que también se han clasificado como carcinógenos, solo que no fueron noticia en todos los periódicos hace unos meses. Claro que es buena idea reducir el consumo de carne procesada pero no por la dudosa amenaza de tener cáncer en unas décadas sino por el riesgo, más a corto plazo, de padecer aterosclerosis u otras complicaciones médicas de lo más abundantes en el primer mundo.  

Lecturas adicionales (para quién le interese le tema)
  • Bouvard V, Loomis D, Guyton KZ, Grosse Y, El Ghissassi F et al. Carcinogenicity of consumption of red and processed meat. The Lancet Oncology. 2015 Dec; 16(16): 1599-1600.
  • Maurage P, Heeren A, Pesenti M. Does chocolate consumption really boost Nobel Award chances? The peril of over-interpreting correlations in health studies. The Journal of Nutrition. 2013 Jun; 143(6): 931-933.
  • Chan DSM, Lau R, Aune D, Vieira R, Greenwood DC et al. Red and processed meat and colorectal cancer incidence: meta-analysis of prospective studies. PLoS One. 2011; 6(6): e20456. Lo podéis leer (en inglés) aquí.

domingo, 7 de febrero de 2016

Necronautas

Soy consciente de que tengo a los fanzines muy abandonados en el blog. Y la verdad es que me da entre rabia y pena porque creo que se trata del campo en el que más puedo aportar; habrá cientos de reseñas de cualesquiera de los cómics que pueda leer pero, en cambio, la presencia de los fanzines en los blogs de opinión es bastante limitada. Tras un mes de leer cómics de la biblioteca con fruición (y, por ende, ahorrar bastante) decidí volver a pagarle una visita a una tienda de cómics de Barcelona muy particular, Fatbottom, donde podéis encontrar todo tipo de rarezas autoeditadas, en varios idiomas, junto con cómics de referencia como el mismo Shenzhen de Guy Delisle.

Irónicamente, os suelto este rollo sobre los fanzines cuando Necronautas ha sido publicado por Ultrarradio que, a todas luces, es una editorial (independiente, eso sí) por lo que debería calificar esta obra de cómic. Sin embargo, estaréis de acuerdo conmigo en que no se trata, precisamente, de un título que encontraríais en Fnac o en cualquier librería de barrio al uso por lo que, tratándose de un cómic tan alternativo, mi párrafo introductorio también aplica; estoy encantada de poder hablar de una recopilación tan buena a la que me he tirado de cabeza sin haber leído ninguna crítica previamente, puesto que no la he encontrado. A vosotros ya no os pasará lo mismo.


Durante más de dos siglos, la familia Szczepanski ha destacado en el campo de la biología y la nanotecnología. Sin embargo, se sospecha que el actual heredero, M. Szczepanski  es en realidad K. Szczepanski, vivo desde hace más de 300 años, tras haber descubierto el secreto de la inmortalidad en una de sus investigaciones. Con el objetivo de desentrañar el mecanismo que le permite burlar a la muerte de forma continuada, un grupo de científicos se introduce en su cuerpo para estudiar su fisiología desde el interior. Sin embargo, poco después del inicio de la misión, M. Szczepanski muere y todos los equipos deben realizar la evacuación del cadáver en un máximo de nueve días para evitar que el cuerpo putrefacto se colapse con todos los investigadores en su interior.

Como augura la sinopsis, Necronautas es una recopilación de ciencia ficción con tintes de lo más escatológicos. Aunque cada autor tuvo libertad para escoger una parte del cuerpo en la que centrarse, los testículos, la próstata y el ano resultan de especial interés para varios autores, que prefieren jugar con lo que resulta repulsivo o soez a desarrollar tramas más complejas que difícilmente pueden llegar a buen puerto dada la limitación de espacio. Otro favorito es el cerebro, el único órgano escogido por varios autores para explorar la memoria, las alucinaciones... y optar por el misticismo.

Bajando, de Buba Viedma
Por no comentar las más de veinte aportaciones una a una, me voy a centrar en mis historias favoritas que, ya sea por grafismo, documentación o guión, son las que hacen que para mí valgan la pena los diez euros que cuesta esta recopilación. Nada más empezar me llamó la atención la participación de Zer, un catálogo muy bien detallado de los distintos tipos de receptores y glándulas que se encuentran en la piel junto con una breve ficha informativa de las características principales de este órgano. Especialmente acertada me ha resultado también la historia de César Esteban, que nos habla de cáncer, apoptosis y regeneración celular con bastante acierto y que es, quizá, uno de los escasos autores que le reservan un futuro optimista a sus protagonistas. Puede que sea el único que ha querido desentrañar el misterio que da pie a este recopilatorio, en lugar de recurrir a la comedia anecdótica o a discusiones metafísicas, algo que echaba en falta en este volumen y que he agradecido al encontrar su historia casi al final.

En cuanto a las aportaciones humorísticas, dos favoritas. La primera, de tan solo dos páginas, cierra Necronautas y nos ofrece un humor de lo más negro de parte de Alexis Nolla, autor que conocía de nombre pero del que aún no había leído nada. Y, como no podía ser de otra forma, la segunda viene firmada por Cinta Villalobos, artista que ya conocía de antemano por su fanzine Y contra el viento, que os recomiendo encarecidamente ya de paso. Ella se decanta por el apéndice, que predice desaparecido de aquí a unos cien años (en una apuesta demasiado arriesgada y sin base pero que casa con el tono de su aportación), poniendo en la boca del lobo a una becaria desencantada que hará descubrimientos de lo más inesperadas. Y, lo mejor de todo, podéis leer la historia íntegra en su blog personal.

Viñetas de Cinta Villalobos
Evidentemente, hay alguna que otra historia que no me ha gustado lo más mínimo o que, directamente, no he atinado a comprender pero, a estas alturas, una se acostumbra a la naturaleza de estas colaboraciones desinteresadas en recopilaciones con un listado de autores numeroso y un reparto de páginas por cabeza más bien limitado, que impide que ninguno de los colaboradores pueda desarrollarse al máximo de sus capacidades (aunque siempre hay ases en las historias cortas).

A ratos la obra puede resultar un tanto caótica, por la diversidad de autores, estilos y planteamientos. Aunque todas las historias ocurren en un mismo lapso de tiempo (9 días de descomposición) y en un mismo lugar (el mismo cadáver) son todas independientes las unas de las otras creando cierto solapamiento a priori inviable. Pero, a diferencia de un cadáver exquisito, en Necronautas es lógico que unas historias no se hilen las unas con las otras (aunque hubiese sido espectacular si se lo hubiesen propuesto) ya que ocurren de forma simultánea. Quizá mi único gran pero es que algunos autores parecen no haber asimilado del todo la consigna de inicio, con lo que varían sobremanera en detalles técnicos como cuántos días hace que empezó la investigación, en qué momento murió Szczepanski o si deben o no saberlo.

Ilustración de Carla Berrocal
De forma complementaria y repartidas a lo largo del tomo, aparecen cinco ilustraciones del cadáver de Szczepanski, mostrando distintos estadios de descomposición, que muestran muy gráficamente la evolución del tiempo y que le dan cierta unidad a este título tan dispar.

A pesar de la heterogeneidad (inevitable) a todos los niveles (dibujo, guión, temática, enfoque, incluso longitud) que caracteriza a este recopilatorio, no dejo de recomendaros su lectura. Si bien es inevitable que alguna de sus historias no os convenza, es prácticamente seguro que otra os encante y probablemente descubráis algún autor al que seguirle la pista a partir de ahora. Personalmente, estoy de lo más satisfecha con su lectura que, a ratos, me ha recordado a algunas de las clases más interesantes de la carrera.

De la aportación de César Esteban
PD: la "n" de Szczepanski se escribe en realidad con tilde (que no con la virgulilla de la "ñ") pero no he sido capaz de conseguir dicha combinación con el teclado de mi ordenador y mis muy limitados conocimientos de informática.

PD2: como soy muy fan de las definiciones y delimitaciones artificiales, tengo curiosidad, ¿qué consideráis vosotros que es un fanzine?

miércoles, 3 de febrero de 2016

El Fantasma de Anya

Este cómic juvenil me llamaba la atención desde que lo vi por primera vez en una librería e, igual que le ocurrió a Arsénico, la cita de Neil Gaiman en la portada acabo de convencerme para darle un lugar definitivo en mi lista de cómics por leer.


Anya se enfrenta a la adolescencia en todo su esplendor: su única amiga es bastante ceniza, el único chico que le hace un poco de caso es un empollón repelente, el amor de sus sueños sale con una chica que parece una barbie y encima saca buenas notas, esos kilos de más le hacen sudar la gota gorda en educación física y nadie es capaz de decir en voz alta su impronunciable apellido ruso. Es por todo esto que decide saltarse las clases e irse a fumar al parque con tan mala suerte que se cae en un hoyo... ¡en el que hay un esqueleto! Por si la situación no fuese ya bastante espeluznante, de dicho esqueleto emerge el fantasma de Emily, que tras una muerte nada apacible fue incapaz de descansar en paz...

El Fantasma de Anya me ha hecho pensar constantemente en la típica novela juvenil, solo que reconvertida en cómic (un medio que me parece idóneo para esta historia por cierto). La autora aprovecha la premisa sobrenatural para abordar todos los temas típicos del género: falta de autoestima, egocentrismo y egoísmo, inseguridad, amor ciego, inconformismo y una marcada propensión al dramatismo.


En ese sentido Anya se presenta como la típica adolescente, tan típica es que resulta demasiado perfecta en su papel de «adolescente del montón». En general, la lectura de este cómic es muy amena pero no va más allá de la trama del mismo, ni te hace reflexionar ni te emociona. Diría que es una lectura óptima para adolescentes que seguro que la disfrutarían mucho más de lo que lo he hecho yo y que quizá puedan obtener una o dos moralejas como que no se puede abusar de la confianza de los demás, que hay que serle leal a los amigos (si aspiras a conservarlos), que hay que respetarse a uno mismo y que no está de más tratar a la gente con tacto y ser amable sin esperar un beneficio ulterior.

El dibujo es una monada. Muy personal y muy alejado a lo que estoy acostumbrada últimamente, con líneas redondeadas, trazos gruesos y un diseño de personajes infantiloide que es sencillamente encantador. Otra de las características del grafismo son las tonalidades azuladas, más que grises, que le acaban de dar un toque personal a la obra en su conjunto. A pesar de exhibir un estilo tan naif, Vera Brosgol le da un giro de tuerca hacia el nudo y desenlace de la historia, en que consigue escenas bastante terroríficas sin que su estilo se vea por ello desvirtuado, siendo coherente gráficamente de principio a fin.


El Fantasma de Anya es un cómic extremadamente sencillo en su concepción que no satisfará a los lectores más exigentes pero que puede ser la opción ideal para los más jóvenes, que encontrarán un relato trepidante y moralizante.

lunes, 1 de febrero de 2016

Dios en persona

Me encontré este título trasteando en algún listado de "mejores cómics" o en algún blog especializado o en ambos quizá. Y más tarde lo encontré en mi cada vez más adorada biblioteca. Empecé a leerlo con unas expectativas muy altas que decayeron un poco ya en la primera página pero que se recuperaron a lo largo de la lectura hasta el punto de que creo que a partir de ahora seré yo una de las contribuyentes a que el hype de Dios en persona siga aumentando.


Dios se presenta en la Tierra sin previo aviso y la opinión pública oscila entre la incredulidad, la conmoción, la devoción y, finalmente, el recelo. Como fenómeno de masas, Dios se convierte a la vez en salvador, en héroe, en ídolo, en escritor... pero también en infame, traidor y villano. El mundo entero se vuelca en un debate milenario sobre si la existencia de Dios puede o no probarse y, en el caso de que así sea, cuáles son sus verdaderos atributos. De lo único de lo que no hay duda alguna es de que todo el mundo tiene en boca a Dios.

Marc-Antoine Mathieu nos presenta un documental que, a posteriori, narra la reencarnación de Dios y todos los efectos colaterales que se derivaron durante su estancia terrenal. Desde los prodigios que realizó para demostrar su divinidad hasta las obras literarias y programas televisivos que se originaron de su inesperada visita. La obra cubre tantas alternativas que no tiene sentido enumerarlas todas aquí, al contrario, prefiero que cada uno las vaya descubriendo en su lectura. Aunque en general he disfrutado mucho de todos los escenarios imaginados por el autor no puedo dejar de comentar que alude al maldito mito de que los humanos utilizamos tan solo un 10% del cerebro, lo cual es falso.

La deformación profesional siempre me acaba
impidiendo disfrutar de ciertas obras
Especial relevancia tiene sin embargo «el juicio», en que millones de personas denuncian al supuesto Dios Todopoderoso por haberles abandonado a su suerte y, por lo tanto, lo culpan de todas las desgracias que han asolado a la humanidad desde que se tiene constancia. Inevitablemente, el juicio se acaba convirtiendo en un debate teológico que el autor ilustra ingeniosamente con citas reales de multitud de pensadores de todas las épocas incluyendo a Descartes, Sartre y Einstein, entre otros.

Este juicio resulta a la vez surrealista y superrealista ya que si bien se trata el tema de forma exagerada, reduciendo la cuestión al absurdo, no deja de resultar un desenlace previsible tanto si atendemos a la sociedad actual como a la de hace dos mil años, en que la primera encarnación de Dios en la Tierra ya fue debidamente juzgada con las consecuencias que todos conocemos.


El esfuerzo que realiza el autor con tal de inventar una personalidad para este Dios es notable, creando un personaje de lo más misterioso, del que nunca llegamos a ver la cara (e ingenia muy buenos recursos para ocultarla sin que resulte aparatoso) y del que nunca sabemos realmente qué se le pasa por la cabeza. Más interesante que el personaje en sí, sin embargo, es la reacción de cuántos le rodean, tanto la de los detractores como la de los fervientes seguidores, entre los que se cuentan oportunistas dispuestos a beneficiarse económicamente de la situación a toda costa.

Quizá sea el humor el que da su toque distintivo a la obra en su conjunto, con continuas alusiones a lo divino y a la religión cristiana tanto en los nombres de periodistas y otros testimonios (insuperable el Matías con su «¡Gracias a Dios, basta con verlo para creerlo!») como en las expresiones hechas, en un juego lingüístico continuo desde la primera hasta la última página.


Si algo he echado en falta en este cómic es una visión más amplia de las repercusiones que tendría un acontecimiento de estas dimensiones ya que, si bien se ilustra muy bien la revolución científico-cristiano-social que tendría lugar, deja totalmente al margen el resto de religiones y no me queda duda de que judíos, musulmanes, budistas, etc. tendrían mucho que decir al respecto. Es más, creo que entrarían en juego intereses políticos en la cuestión pero entonces se perdería totalmente la esencia del cómic.

Como adelantaba antes, Mathieu sobresale no solo en el guión sino también en el dibujo, muy detallado, con un despliegue especialmente rico en el capítulo logos así como en la muestra del cómic perteneciente a las obras derivadas de la reencarnación de dios, que se diferencia claramente del resto de páginas.


En resumen, se trata de una lectura más que recomendable para todo el mundo, de la que creo que disfrutarán especialmente ateos y agnósticos. A pesar de algún que otro batacazo argumental y de la absoluta ausencia de explicación del punto de partida, ha sido una lectura sublime que, sin duda, repetiré.

lunes, 25 de enero de 2016

Yuna

Ya sabéis que tanto la ciencia ficción como la inteligencia artificial como los relatos intimistas como los tebeos en general son mi debilidad así que cuando me encontré todo esto reunido en Yuna, supe que tenía que darle una oportunidad.


Héctor es el único tripulante humano de una nave espacial, embarcado en una misión incierta. Para aliviar la fría soledad del espacio, viaja con una androide programada para quererle, Yuna. La curiosa pareja aguarda el devenir de los días con rutina y monotonía hasta que su viaje se ve interrumpido por un gigante cuerpo celestial que a pesar de su magnitud parece una nave... pero para averiguar de qué se trata, ambos deberán adentrarse en el coloso de metal.

Cuando empecé a leer Yuna no pude dejar de establecer paralelismos con Solaris, un libro de ciencia ficción que leí hace unos meses (y que no he tenido ocasión de reseñar) en que se abordan temas similares: por un lado, qué características debemos encontrar en alguien, o algo, para poder desarrollar sentimientos amorosos hacia él, ella o ello; por el otro, la vida en el espacio, en la que es inevitable alienarse. Es decir, aunque se trate de un cómic de ciencia ficción, en esencia se trata de una obra intimista.


Héctor es humano y Yuna una androide pero es él quien sufre ante la perspectiva de perderla y es él quien admite sin pudor necesitarla. Los humanos somos seres sociales por naturaleza y, de hecho, hemos evolucionado para que nuestro cerebro se adapte a la perfección a la vida en comunidad. Por lo tanto, la soledad que ofrece el espacio no es, en ningún caso, una alternativa viable. Pero entonces, ¿qué diferencia hay entre estar solo y convivir con un ordenador con forma humana? Como siempre, entra en juego la noción de conciencia y de inteligencia artificiales que, más que inferiores (o superiores) a las nuestras, son llanamente distintas.

Como augura el título, Héctor es una excusa, es un efecto colateral, la protagonista es Yuna y es su historia la que cuentan en este cómic Santiago García y Juaco Vizuete. Gracias a sus conversaciones con otra androide conocemos tanto su pasado como sus inquietudes y su forma de entender el mundo o, en este caso, el universo. Su incapacidad para entender ciertas pautas emocionales humanas (inexistentes), su aprendizaje progresivo a base de experiencias y su característica moralidad son el motor del cómic.


El dibujo es entrañable, Juaco Vizuete se decanta por una representación difusa de la tecnología que rodea a la pareja en lugar de optar por el típico arte frío y cuadriculado al que se suele recurrir en las obras de ciencia ficción. Así, no renuncia a un grafismo más europeo que americano, que se centra en los personajes más que en el fondo que, al fin y al cabo resulta superfluo en este contexto. Especialmente encomiable me parece su labor en el coloreado, con tonalidades mayoritariamente rojizas que le dan un aspecto sombrío e incluso espeluznante en ocasiones.

Para mí, uno de los grandes peros de este cómic es el formato de la edición, apaisada. Sin embargo, imagino que esta particularidad obedece al guión y no al revés por lo que supongo que dicha decisión fue tomada por el guionista (o el dibujante, o la conjunción de ambos). Las páginas apaisadas de este volumen obligan en muchos casos a que una página entera se convierta en una viñeta gigante. Utilizar este recurso de forma puntual no me parece mal pero que ésta sea la tónica imperante de todo el volumen ya no me convence tanto. Al tratarse de una obra íntima donde ni siquiera el dibujo pretende reflejar una tecnología concreta, las viñetas gigantes no aportan más detalles y se convierten en fotogramas por los que nuestro ojo desfila en menos de un segundo. Teniendo en cuenta que los diálogos son para mí el mayor atractivo de Yuna, las decenas de páginas dedicadas a ponernos en situación me parecen prescindibles e incluso un estorbo que no hace otra cosa que darle grosor al volumen y acabar encareciendo el precio final del tomo.


Empecé la lectura de esta novela gráfica con muchas ganas y, si bien creo que resulta interesante y que enfoca desde puntos de vista muy originales algunos temas cruciales dentro del género, esperaba más de este cómic y creo que se podría haber contado lo mismo en una tercera parte de las páginas.

domingo, 24 de enero de 2016

Psiconautas

Siguiendo con mis exploraciones a la biblioteca, esta vez decidí empezar por el final de la sección dedicada a los cómics y, en la "V" me fui a encontrar a Psiconautas, obra de Alberto Vázquez. Resulta que este título llevaba en mi subconsciente desde hace años, cuando vi su portada rebuscando en un Fnac y me recordó remotamente a la estética de Tim Burton y de los Skelanimals (unos peluches que compraba con devoción hace unos años). Lo que empezó como una portada atrayente enseguida se convirtió en algo más cuando lo hojeé un poco en diagonal y me encontré las recomendaciones de uso de varios psicofármacos y un elenco de personajes anegado en diversos trastornos mentales.


Birdboy es un adolescente retraído, incapaz de afrontar la realidad, de volar, de relacionarse con los demás, de desintoxicarse de la cantidad creciente de drogas que toma. Dinki también tiene muchos problemas al no sentirse a gusto ni consigo misma ni con su familia, constantemente asqueada pero, a la vez, rebosando un ímpetu del que Birdboy carece. A pesar de que los caminos de ambos se crucen de forma puntual, cada uno tiene su propia historia y su camino para lidiar con sus respectivos problemas...

La lectura de Psiconautas es absolutamente desmoralizadora. Alberto Vázquez nos sitúa en un entorno decadente, gris, donde abundan los árboles raquíticos y deshojados y donde se amontonan las cruces del cementerio. Los protagonistas viven, así mismo, una pesadilla repleta de abusones y absurdos cánones de normalidad cuyas consecuencias se agravan ante la total ausencia de cualquier figura de apoyo.


Encontraréis entre las páginas de este cómic una gigantesca metáfora. Por mucho que los protagonistas tengan el aspecto de un pajarillo y una ratoncita, aquello que cuenta no podría asemejarse más a la realidad. En un mundo que solo parece más descarnado que el nuestro porque no hay hipocresía que valga para quedar bien, los personajes aquejados por la enfermedad mental (ya sea depresión, trastorno bipolar o esquizofrenia) son señalados con el dedo y excluidos de la sociedad por el mero hecho de tener una condición médica cuyos síntomas principales se circunscriben a la identidad de cada uno. En este contexto, solo algunos familiares o personas realmente próximas pueden alcanzar a comprender que se trata de seres inofensivos que, como todo el mundo, tienen deseos y ambiciones.

Esta exclusión social no hace más que acentuar la gravedad de los trastornos. Debido a este estigma, la única alternativa para los protagonistas es reunirse con otros en su situación formando un caldo de cultivo excelente para que se dé una retroalimentación negativa sin fin, en un entorno marginal, donde el consumo de drogas es la norma y no la excepción.


La batalla que desempeñan tanto Birdboy, para vencer su trastorno y su adicción, como Dinki, para escapar de su hogar como solución a sus recuerdos tristes, conduce la trama pero la riqueza de esta tragedia, más que en el argumento está en los detalles macabros que nos brinda continuamente el autor. Pájaros con muy malas intenciones, mascotas perturbadoras y objetos inanimados que experimentan viajes psicodélicos dan cuerpo a la historia, enriqueciendo el imaginario siniestro de la obra en su conjunto.

El dibujo es fantástico. Como se puede observar en las viñetas de muestra, los personajes se caracterizan por un antropomorfismo caricaturesco. La simplicidad del trazo no impide al autor dotar a sus animalillos de todo tipo de expresiones de tristeza, desconsuelo y frustración. Creo que es un estilo que casa muy bien con la historia, posibilitando una ambientación de lo más lúgubre. Especialmente loable me resulta que el autor se valga únicamente del blanco y negro puros sin que por ello le reste calidad o detalles a las páginas.


En cuanto a la edición tiene una particularidad tan obvia que no puedo dejar de comentar: las esquinas de las páginas son redondeadas. Por nimio que pueda parecer este detalle es la primera vez que me lo encuentro en un cómic/libro y parece mentira lo que llega a diferenciar la edición. Como curiosidad, os comento que Alberto Vázquez ha realizado un cortometraje, Birdboy, y un largometraje, Psiconautas, de animación, basados ambos en este cómic. El primero lo encontraréis fácilmente por la red (tanto en youtube como en el blog del autor), del segundo solo he visto el tráiler de momento. Y por si no os acabase de convencer la idea de colocarlo en vuestra estantería, os informo de que podéis adquirir la versión digital en la web de Astiberri por 4€.

No esperéis encontrar moraleja porque no os hayáis ante un cuento, Psiconautas es una alegoría grotesca de ciertas facetas de nuestra sociedad, con especial énfasis en la (falta de) salud mental, en especial de los jóvenes, que afrontan el día a día sin esperanza ninguna por un futuro que se adivina gris.