domingo, 30 de agosto de 2015

Películas primaverales

A partir de abril tuve que renunciar a lo de ver una película a la semana pero eso no significa que la única que haya visto desde entonces fuese Inside Out.


Encabeza la entrada Don Jon, dirigida, guionizada y protagonizada por Joseph Gordon-Levitt, actor al que puede que le esté siguiendo la pista después de ver Inception y (500) días juntos. De hecho, creo que ese fue el único motivo por el que decidí verla porque ni siquiera sabía de qué iba. Pues bien, me fui a encontrar con un cani y una choni de esos de manual. Jon reparte su tiempo entre el gimnasio, la iglesia, el porno, la limpieza y la discoteca. Así tal cual. Está tan acostumbrado a masturbarse mientras imagina que una de las chicas perfectas de los vídeos porno que tanto le gustan le hacen una mamada que es incapaz de disfrutar con el sexo real. Nunca se cansa de acostarse con una mujer diferente cada noche y siempre escoge a la más atractiva, la que tiene las tetas más grandes, el culo más firme, el maquillaje mejor colocado. Pero lo que realmente le ayuda a desfogarse es masturbarse todos los días, sin fallar nunca a su cita, ni siquiera cuando acaba de acostarse con su último ligue.

Al margen de que discute sin cesar con sus padres y de que su obsesión podría considerarse patológica, su rutina le hace feliz y no tiene ningún problema serio al respecto hasta conocer a Barbara (la choni de la que hablaba al principio).

Aquí Joseph Gordon Levitt se la saca haciendo una crítica bestial de las películas románticas que típicamente gustan tanto a las mujeres porque les hacen llorar, sufrir, suspirar y anhelar romances idealizados de otra época, una que probablemente nunca existió ni existirá más allá de la ficción. Hasta donde yo sé, el actor/guionista/director es un reconocido feminista (o alguien que sabe lo que verdaderamente significa este término porque estoy bastante segura de que todos los hombres que leéis mi blog lo sois también) y en esta película hace un despliegue de feminismo encomiable en que carga contra las mujeres machistas sin ninguna piedad a la par que se jacta de la publicidad machista y de la sexualización y objetificación de la mujer en los medios de comunicación


Desde que se estrenó, el número uno de mi lista de pendientes era Samba, que me brindaba una oportunidad ideal para ir habituándome al francés (con subtítulos claro). Además, Intouchables me encantó en su momento con lo que esperaba bastante de sus directores en este nuevo estreno. Como siempre, las expectativas jugaron en mi contra. Debo confesar que no estaba nada familiarizada con la realidad de los inmigrantes en Francia (a veces parece que España es un desastre para todo y que los países más al norte sean fantásticos y maravillosos pero todos acabamos teniendo los mismos problemas o muy parecidos). No sé hasta qué punto me parece un desperdicio que la película esté enfocada como una comedia cuando, en realidad, todo lo que ocurre es bastante dramático. De acuerdo que el sentido del humor es importante y que tampoco es plan de ir al cine a llorar pero con tanto chiste uno se arriesga a ridiculizar un tema muy serio. El romance... pues no sé, me parece demasiado conveniente. De hecho, diría que toda la película en general es demasiado conveniente, cruzando la raya invisible de lo que yo personalmente considero asumible. Os echaréis unas risas (al menos yo lo hice), si os contentáis o no con el final ya es costa vuestra.


A la semana siguiente de su estreno fuimos a ver la nueva entrega de Avengers, Age of Ultron. Como siempre, entretenida e incoherente a partes iguales. Aún así, y si la evalúo en el contexto de la última tanda de películas de Marvel, creo que prevalece entre todas las demás. Como siempre también, me lo pasé muy bien viéndola, se me pasaron las más de dos horas de rodaje sin darme cuenta. Una de las cosas que me gusta mucho de las películas Marvel es que no suele haber una división clara de "buenos" y "malos". Es decir, es evidente que hay héroes y villanos pero no es un todo o nada. Y la división interna entre los vengadores que, de hecho, se hizo patente desde el principio, es cada vez más evidente, supongo que sentando las bases para la civil war que está por venir (¡el año que viene!). El tema central de esta entrega es precisamente la inteligencia artificial, muy explotada en el mundo cinematográfico, y cómo esta podría interpretar la actualidad mundial y actuar en consecuencia. Al margen del tema de estos robots, que puede estar mejor o peor llevado, mi parte favorita de la película es el hecho de que todos los vengadores deban lidiar con sus miedos más profundos. Además, profundiza en los dos personajes menos explotados hasta ahora de la franquicia: Ojo de Halcón y Viuda Negra, cuyos flashbacks e historias paralelas me sorprendieron para bien; creo que hacían mucha falta. Una película muy disfrutable que deja con las ganas de la siguiente, como siempre.


Recuperando el ritmo de meses anteriores, retomamos las nominadas (y ganadoras) a los Óscar con Still Alice, título muy mal adaptado en España como Siempre Alice (que, en mi opinión, desvirtúa totalmente el mensaje de la película). Si bien la actuación de Julianne Moore como Alice es excelente, la película deja mucho que desear. Nada más comenzar, nos encontramos con síntomas subclínicos de las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer. El diagnóstico aterriza como un meteorito desde la introducción y, como espectadores, asistimos a las reacciones de marido e hijos. Curiosamente, la película (e imagino que el libro en que se basa también) ignora el conflicto que conlleva ser genéticamente diagnosticado con esta enfermedad cuando ni siquiera ha debutado y se centra únicamente en Alice y en su rotunda negación a aceptar lo que le ocurre. Me parece un personaje magnífico, no así su familia, bastante poco comprensiva. Se dan algunas pinceladas de la etiopatogenia del trastorno y de la falta de tratamiento. Es protagonista el conflicto interno de Alice que, a mi modo de verlo, se resuelve de la peor de las maneras dejando un regusto amargo cuando desfilan los créditos. 


De nuevo con los estrenos, pude gozar de la que probablemente sea la mejor película (hasta ahora, que a finales de año empezarán con la maratón de peliculones para los Óscar) de 2015: Mad Max - Fury Road. Estuve mordiéndome las uñas durante semanas después de leer docenas de tweets que la ensalzaban como el mejor filme del año y muchos artistas que la honraban con fantásticos fanarts. Como siempre, tenía cierta inquietud de que el hype fuese injustificado (como en tantos otros casos) pero no, Fury Road es genuina.


No quiero ser repetitiva ni elogiar algo que debería ser la norma y no la excepción pero esta secuela es casi una reivindicación del feminismo y no lo necesitaba para ser un peliculón pero es ambas cosas y es magnífica. Los guionistas juegan con un escenario post-apocalíptico en el que se desarrollan el lavado de cerebro, el monopolio y la esclavitud bajo una tiranía extrema. La película es descarnada, con muchas escenas e implicaciones crueles y sádicas que se suceden una tras otra sin darle un respiro al espectador. Mad Max es una orgía de violencia explícita, persecuciones y pura locura que solo puede dejarte pegado a la silla con la boca abierta durante dos horas. Las distintas tribus, los rituales, los vehículos, las localizaciones, las ropas, las armas, las enfermedades, todo está cuidado hasta el último detalle. Por otro lado, aunque sí es cierto que los principales tiranos son personajes demasiado planos, el resto de personajes vive continuamente en un conflicto interior, donde cualquier elección tiene repercusiones negativas y entran en juego sentimientos más complejos como el orgullo, la ambición, la venganza o el mero instinto de supervivencia. No me quiero alargar más con mi comentario... vedla, merecerá la pena.


Y, aunque no me enorgullezco de ello, contribuí para que Jurassic World se haya convertido en una de las películas más taquilleras de la historia (y subiendo). La trama, por llamarla de alguna manera, es un insulto a la inteligencia de los tele-espectadores. Ni siquiera se molestan en explicar cómo es posible que el parque tirara adelante después de todo lo que ocurrió en las entregas anteriores de la franquicia. Los personajes no tienen ninguna clase de carisma, componen el elenco un crío insoportable, un adolescente retrasado, una de las mujeres más inesperadamente estúpidas, ingenuas y ridículas de la historia del cine, un ecologista con complejo de héroe, un multimillonario inconsciente y demagogo, un señor militar mezquino y tonto y un científico brillante y frío. Son tantos clichés poco desarrollados en tan poco tiempo que uno empieza a temer por su salud mental. Pero ya, si a una le da por autoflagelarse con la rigurosidad científica es harto difícil evitar múltiples bufidos de indignación en la sala (no profundizo en este tema para no hacer spoilers). Por último, añadir que no hace falta haber visto las tres primeras entregas de la franquicia para darse cuenta de que los guionistas no dejan de apelar a la nostalgia colectiva así que puedo entender todos esos récords de taquilla si pienso en lo que representó en su momento Jurassic Park... pero nada más. La película en sí misma no se sostiene por ninguna parte y, de hecho, parece que se recree en la ignorancia y la incoherencia.


Y, ya para terminar, me vuelvo a mi lista de pendientes con un título que ha pasado bastante desapercibido en la cartelera: Nightcrawler. Después de esperar tantos meses para verla mi expectación fue creciendo sin que me diese cuenta y, como suele pasar en estos casos, me ha decepcionado terriblemente. Mi desilusión no me impide reconocer que es una buena película, con un guión interesante y bien hilado. Es solo que esperaba algo mejor. Por un lado, tiene un ritmo demasiado pausado para mi gusto, alargando los minutos de metraje hasta las dos horas. Por el otro, creo que se ha exagerado en exceso la personalidad psicópata del protagonista distanciando mucho al espectador de lo que ocurre y exhibiendo unos diálogos que tanto podría calificar de brillantes como de anodinos. Aun así, la magnífica crítica subyacente, la cínica venta de tragedias ajenas, la manipulación de la verdad en pos de la audiencia y un conjunto de obsesiones enfermizas construyen en su conjunto un filme muy recomendable. Una película curiosa para acabar con esta tanda.

martes, 25 de agosto de 2015

Patata

Para variar un poco, hoy vengo a hablaros de un webcómic activo que, por difícil que parezca de creer, se actualiza con regularidad. Patata comenzó como parte del reto MeInDiCo'15, en el que los autores participantes se proponían publicar una página de cómic diaria durante el mes de marzo. Gurrupurru cumplió con el total preestablecido de 30 páginas el 1 de abril pero, para entonces, ya se había encariñado lo suficiente de su nueva obra como para no estar dispuesto a colgar los lápices ahí. A día de hoy, hay ya 80 tiras publicadas repartidas en 9 capítulos y la historia, lejos de degenerar, es cada vez más interesante.


Penélope vagabundea por un desierto sinfín en un mundo arrasado del que parece la única superviviente. Un buen día, se encuentra con Patata, una especie de híbrido entre humano y pájaro, con alas y patas de pato. Al principio, la ignorará convencida de que es producto de su fantasía pero pronto empatizará con su soledad, que ambas comparten y que pueden ayudar a mitigar la una a la otra.

Cualquier cosa que diga de este webcómic no le va a hacer justicia porque está impregnado de una dulzura que es difícil de reflejar en una reseña. Aunque el autor nos sitúe en un mundo post-apocalíptico, Patata es una historia íntima donde adquieren especial relevancia los sentimientos, anhelos y arrepentimientos de las protagonistas. Por lo tanto, el lector se encontrará conversaciones casuales sobre qué es la soledad o qué puede motivar a una persona a seguir viviendo (o a dejar de hacerlo). Otro tema recurrente es el de la maternidad aunque, por encima de todo, diría que Patata es un cómic sobre amistad y confianza.


Y, como siempre, los personajes de Gurrupurru se caracterizan por una mezcla entre inocencia e inusitada introversión que le da un toque especial (extra) a esta historia. Hasta el momento, las protagonistas y únicos personajes del webcómic son Penélope y Patata: ambas comparten una soledad inconmensurable pero la primera lidia con ella con estoicismo y pragmatismo mientras que la segunda la afronta con un optimismo algo delirante.

En cuanto al arte, en esta ocasión el cómic está teñido de una tonalidad sepia que muta a tonos azules para los flashbacks y a un color espectacular para los sueños. Como podéis ver en las viñetas que he utilizado para ilustrar la entrada, el estilo de Gurrupurru es sencillo e infantiloide, pero el grosor de las líneas no le impiden dotar de detalles a sus páginas y, en especial, de expresiones muy bien caracterizadas que evocan de forma sobresaliente alegría, tristeza, preocupación, interés, enfado... Encuentro el dibujo mucho más refinado que en El artista y la musa.

Pene es muy buen personaje pero Pata se la come todo su protagonismo
A poco que os llame la atención, yo de vosotros no dudaría en darle una oportunidad. Se lee en un santiamén y está disponible gratuitamente en subcultura. Eso sí, yo no puedo esperar a que Gurrupurru se anime a editarlo en papel... es de esas historias que no me importa pagar un pico a cambio de poder añadirlas a la estantería.

lunes, 24 de agosto de 2015

Los Guardianes del Louvre

Tras descubrir tardíamente a Jiro Taniguchi con su obra El almanaque de mi padre, no podía esperar a seguir ampliando mi mangateca con otros de sus múltiples títulos. Y acabé rindiéndome ante su novedad más reciente, difícilmente obviable en las estanterías de cualquier librería especializada entre su tamaño, las páginas a color y... ¡el Louvre!


Me resisto un poco a escribir una sinopsis para este manga porque se trata de un encargo que realizó directamente el Museo del Louvre al mangaka Jiro Taniguchi. Evidentemente, que una obra nazca como fruto de un encargo no excluye la posibilidad de que esta tenga una trama susceptible de ser resumida pero en este caso... no creo que haya un argumento claro por lo que no puede haber tampoco sinopsis. Este tomo único funciona a modo de catálogo, divagación e historia sobre el museo. El protagonista no es más que un observador que comparte con nosotros sus descubrimientos y conocimientos pero su historia personal, además de tratarse de forma desmesuradamente superficial no es más que una excusa de Taniguchi para dar algo de linealidad al tomo que, en mi opinión, resulta innecesaria.

Los verdaderos protagonistas son, precisamente, los guardianes del Louvre, liderados por Niké de Samotracia que aunque se quiere quitar honores hablando de La Gioconda y la Venus de Milo es una de las obras insignia de este museo, siempre rodeada de una legión de turistas. La estructura de este volumen es bastante heterogénea con capítulos muy bien diferenciados pero no demasiado bien hilados. Jiro Taniguchi nos ofrece una breve introducción al viaje y al museo, con una representación muy fiel a la marabunta de gente de todas las nacionalidades que se agolpa a las puertas del museo y que abruma sin lugar a dudas a un visitante primerizo. Aunque más abrumadora aún resulta la cantidad de obras expuestas (¡y no expuestas!) en este museo que obligan al viajero o bien a dedicarle varios días a su visita o bien a renunciar a una parte importante de su catálogo.

Overbooking
Una vez pasada esta breve pero necesaria introducción, nos adentramos en la historia particular de un pintor francés del siglo XIX, Jean-Baptiste Camille Corot, admirado por el escritor japonés Roka Tokutomi, el cual leyó el protagonista años atrás. Pero esta retahíla de nombres nuevos no acaba aquí, Taniguchi sigue haciéndonos saltar de época y lugar, de pintor en escritor y de nuevo a otro pintor para seguir la huella que unos artistas imprimen en otros a través de los siglos y los distintos países encadenando finalmente el trabajo de un pintor francés del siglo XIX que, a su vez, estaría influenciado por otros, al de un escritor japonés del siglo XX.

Llegados a este punto, a parte del grandísimo sesgo que conlleva hablar solo de autores favoritos supongo que a título personal, me indignó encontrarme con un capítulo entero dedicado a Vincent van Gogh que jamás ha visto su obra expuesta en el Louvre ya que pertenece a los movimientos de vanguardia, por lo que su obra en París está expuesta en el Museo de Orsay (y eso sin contar claro con que la mayoría de sus cuadros, bocetos y grabados se encuentran en el visitadísimo Museo Van Gogh, en Ámsterdam, ya que el famoso pintor era neerlandés).


Para mí, el mejor capítulo sin duda alguna es el que trata sobre el monumental desalojo que tuvo lugar en el museo durante la ocupación nazi, en un recrudecimiento de la segunda guerra mundial cuando los alemanes invadieron Francia. Creo que nunca le había dedicado un segundo pensamiento a la expoliación artística que tuvo lugar durante la guerra y a lo que eso pudo suponer para los verdaderos amantes del arte, como desde luego fue Jacques Jaujard, el entonces subdirector del Museo Nacional de Francia.

Como veis, Los Guardianes del Louvre actúa a modo de catálogo muy sesgado de algunas obras célebres (y otras no tanto) expuestas en el museo, también sobre su historia (enfatizando lo sucedido durante la segunda guerra mundial) y se convierte en una pasarela por la que desfilan personajes célebres amantes del arte en cualquiera de sus formas que estuvieron relacionados de una u otra forma con el Louvre o con la pintura francesa en algún momento de su vida. Personalmente, esta aleatoriedad me molesta y mi decepción se acentúa debido a la superficialidad imperante a lo largo del tomo: Taniguchi quiere abarcar mucho en muy poco espacio y al final ni consigue hablar de muchas cosas (como reflejo de lo inmenso que es el catálogo del Louvre) ni tampoco mucho de ninguna de ellas. Y, por si eso fuera poco, gran parte del tomo se centra en localizaciones y artistas que poco tienen que ver con el museo que da nombre al cómic.


No niego que ha sido una lectura instructiva que incluso me ha emocionado en algunos momentos pero tampoco puedo evitar pensar que el autor no supo encarrilar esta petición tan inusual con lo que quiso mezclar toda una serie de preferencias personales con una historia ficticia superflua y algo de rigurosidad histórica en un argumento muy mal hilado.

domingo, 23 de agosto de 2015

Tokio Blues (Norwegian Wood)

Teniendo en cuenta que escogí este libro como siguiente lectura totalmente al azar, me preocupa el listado infinito de paralelismos entre esta novela y Jardín del Edén. Incluso se repite el nombre de Rodrigo Fresán aunque, esta vez, en la contraportada y no en el prólogo (que, por otro lado, no tiene (gran reflexión: ¿sólo los libros antiguos tienen prólogo? ¿cuál es el requisito para ello? ¿que el autor esté muerto?)). Hay un pequeño lapso de tiempo entre las dos novelas aunque ambas coinciden en que sus respectivos autores las ambientaron en el pasado reciente. Hay varios elementos en común como el reiterado trastorno mental o el significativo y atrevido corte de pelo. Aunque lo que me sigue sorprendiendo es una flagrante falta de pudor en cuanto al sexo.


Al aterrizar el avión, se escucha por los altavoces la melodía de Norwegian Wood y a Watanabe le invade la tristeza. No puede evitar pensar en todo lo que le sucedió cuando estaba en su segundo año universitario... Recuerda a su mejor amigo, Kizuki, y a la novia de este, Naoko, y a todas las personas que se cruzaron en su vida en esa época para dejar una huella indeleble en su pasado.

Watanabe es un personaje que se hace querer enseguida a pesar de sus espantosas elecciones y de su pasividad habitual. En esto me recuerda un poco a Nick, el narrador de El Gran Gatsby, una novela que Murakami no deja de citar reflejando el interés mutuo tanto de su protagonista como el suyo propio por la obra de Scott Fitzgerald. Es aquí cuando el escritor se jacta de sus lectores diciéndonos que no deberíamos leer sus libros al poner en boca de uno de los personajes más despreciables del libro la creencia de que solo vale la pena leer libros de autores que hayan muerto hace más de treinta años, puesto que si se han mantenido famosos hasta ahora después de ese lapso es porque realmente valen la pena.

Había leído/escuchado varias veces que Murakami resulta muy repetitivo en su ristra infinita de novelas publicadas. Habiendo leído solamente After Dark y ahora Tokio Blues, reconozco que destilan un aura similar, por decirlo de alguna forma pero de ahí a decir que es repetitivo hay un trecho. Tengo que leer más novelas suyas para llegar a una conclusión (algo que no tendré ningún reparo en hacer teniendo en cuenta que ambas lecturas me han sido muy gratas) pero, de todas formas, me parece algo natural que los libros de un mismo autor se asemejen ya que eso revela que el escritor tiene un estilo definido a la par que predilección por ciertos temas.
Entonces en esas escenas a todos los presentes se les levanta. ¡Zas!, treinta o cuarenta penes poniéndose tiesos a la vez. Al pensarlo se tiene una sensación muy extraña, ¿verdad?
Uno de los motivos recurrentes a lo largo de toda la historia es el sexo, que se trata de forma muy desangelada. La sociedad japonesa siempre se ha caracterizado por ser conservadora, tradicional, machista y reprimida en exceso. Estos prejuicios, unidos a una noción personal de que el pasado suele asociarse con un cierto retraso cultural y social, han hecho que me sorprendiese encontrarme con niñas de trece años en el Japón de los años sesenta que masturban a sus novios o, mejor aún, a sus profesoras. Al margen de esta precocidad insospechada, la visión que se da del sexo sigue una dicotomía muy clara: los hombres, infieles, viven para los ligues de una noche, acostarse con desconocidas en love hotels y despreciarse (o no) por ello; en cambio, las mujeres o son unas frígidas o están muy reprimidas sexualmente y la única que parece consciente de esto y lo combate a base de ser muy políticamente incorrecta juega con una ambigüedad muy peligrosa. Por si esto fuera poco, se da por sentado que el hombre en una relación debe alcanzar el placer sin que importe lo más mínimo el de la mujer... cuya mayor preocupación suele ser que no la abandone su pareja.

Relacionado con el sexo está el amor, sobre el que los personajes divagan con ahínco. En lugar de centrarse en la visión ñoña y utópica donde todo son corazones y flores por doquier, el autor ha optado por adentrarse en temas espinosos como la dependencia y el "hacer lo correcto". Desde que, con quince años, terminara la trilogía Memorias de Idhún, de Laura Gallego, le he dado vueltas al asunto de si se puede o no amar a dos personas al mismo tiempo. Y me satisface la visión que da el autor donde aunque se vende la idea de que sí se puede, la verdad es que queda muy claro en qué momento uno empieza a querer a una segunda persona pero sigue con la primera por una cuestión de responsabilidad, fidelidad, obligación y hasta cariño pero no por amor romántico y el conflicto personal que esto conlleva.
Lo que quiero es simple egoísmo. Un egoísmo perfecto. Por ejemplo: te digo que quiero un pastel de fresa, y entonces tú lo dejas todo y vas a comprármelo. Vuelves jadeando y me lo ofreces. «Toma, tu pastel de fresa», me dices. Y te suelto: «¡Ya se me han quitado las ganas de comérmelo!». Y lo arrojo por la ventana. Eso es lo que yo quiero.
Como adelantaba al principio, otro de los temas principales es la enfermedad mental y, en especial, el suicidio. Murakami le da un enfoque muy interesante contándonos como hay personas a las que les cuesta más encajar en la sociedad, como los fármacos no son suficientes para mitigar los síntomas y, lo más importante, como las personas que se etiquetan con un trastorno psiquiátrico pueden funcionar perfectamente y, de hecho, ayudar a otras, tanto con trastornos como sin ellos, no son ceros a la izquierda, ni dementes, ni psicópatas. Y aunque le da tantísima importancia (como, en efecto, tiene) al ambiente, también le reconoce su papel a la genética y a la agregación familiar de estas condiciones. Pero el autor no pone el foco exclusivamente en la psiquiatría sino también en otras enfermedades, terminales, que desembocan en resultados muy similares: seres queridos que se tuercen, que se rompen, que se ven obligados a cambiar y a moldearse a partir de la muerte de una madre, un amigo o una novia.
¿Por qué te gusta siempre este tipo de gente? Todos somos personas que nos hemos doblado en algún punto, que nos hemos torcido, que no hemos podido mantenernos a flote y nos hemos hundido deprisa. ¿Por qué no te gusta la gente corriente? A mí no me da esta impresión. No me parece que estéis «torcidos». La gente que a mí me parece «torcida» pasea por la calle tan campante.
Norwegian Wood es una lectura adictiva, de esas que te hacen pensar un poco dejándote una sensación agridulce al girar la última página. Todos los personajes importan, todos están trabajados y uno no puede evitar simpatizar con ellos incluso cuando toman decisiones erróneas.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Primates

¿Recordáis cierto tributo de google a Dian Fossey hace ya año y medio? Ha pasado bastante tiempo pero por fin he podido comprar y leer la versión original de este cómic en su fantástica edición en tapa blanda que acaba de salir a la venta.


Primates nos permite asomarnos a las vidas e investigaciones de tres mujeres que dedicaron y siguen dedicando sus vidas al estudio y conservación de los chimpancés, gorilas y orangutanes. Esta obra nos acerca a todas las dificultades que debieron afrontar: un clima implacable, aislamiento perpetuo, horas y horas de observación inmóvil...

Jane Goodall


En 1960, Jane, sin ninguna clase de estudios sobre la materia más que su afición por las ficciones de Tarzán, se fue a estudiar el comportamiento de los chimpanzés en Gombe, Tanzania. Por supuesto, no fue muy bien vista por sus coetáneos por muchísimos motivos: su polémico mecenas, su falta de estudios, su aparente falta de objetividad científica... ¡hasta le puso nombres a los chimpancés! Visto con retrospectiva parece mentira que pudiesen hacerle burla por algo tan humano y útil como es ponerle nombre a aquello que estás estudiando en lugar de referirte numéricamente a los ejemplares. Una de las grandes contribuciones de Jane a la primatología fue la observación de chimpancés utilizando ramas (a modo de herramientas) para extraer termitas de sus nidos subterráneos. En los años sesenta, el hombre se definía como aquella especie que utilizaba herramientas por lo que este descubrimiento causó bastante revuelo (y avance científico).

Dian Fossey


En 1967 fue Dian la siguiente aventurera sin estudios que impresionó a Louis Leaky con su pasión por los gorilas. A sus 31 años, Dian pidió un crédito para poder irse de viaje a Nairobi, donde esperaba ver sus apreciados gorilas en directo. Fue durante este viaje que conoció a Louis Leakey, en unas circunstancias que la hacían bastante inolvidable tras haberse torcido un tobillo en la excavación y vomitar sobre un fósil recién descubierto. Tres años después, el destino quiso que Dian y Leakey se reencontraran en Estados Unidos, momento en el que Leakey le propuso investigar los gorilas a Dian. Por aquel entonces, Dian tenía ya 34 años y era terapeuta ocupacional con lo que la promesa de una investigación a largo plazo en África quizá sonaba demasiado utópica para ser verdad. Apuesto a que no fue una decisión fácil de tomar y los autores lo reflejan muy bien en el cómic. Una vez en Ruanda, además de observar a los gorilas, Dian luchó con fiereza contra los cazadores furtivos, un hostigamiento que probablemente fue el que le acabó costando la vida en 1985.

Biruté Galdikas


Finalmente, ya en 1971, la recién licenciada Biruté viajó a Borneo junto con su marido para estudiar los orangutanes. En este caso, Biruté le dejó muy claro a Leakey que, por poca importancia que le diese él a los méritos académicos, no pensaba enrolarse a la otra punta del mundo hasta haber acabado su máster. Una vez en Indonesia se encontró, como ya les ocurriese a sus predecesoras, con un clima implacable y unas condiciones de vida de lo más precarias, con el añadido de un montón de enfermedades infecciosas de las que contagiarse (y de las que se contagió). Sin embargo, no por esto decayó su determinación y, de hecho, inició su interacción con los orangutanes de forma prematura a base de adoptar a las crías que se comercializaban como mascotas en las ciudades cercanas pero que sus dueños abandonaban en cuánto crecían un poco y las fue reintroduciendo poco a poco en las poblaciones salvajes.

Louis Leakey


No me cabe duda de que Jane, Dian y Biruté se hubiesen salido con la suya con o sin la ayuda de este señor pero nadie pone en duda que el instigador de sus carreras en el campo de la primatología fue Louis Leakey. Este famoso arqueólogo y paleoantropólogo estaba convencido de que el estudio de los primates era clave para comprender nuestra propia especie y de que las mujeres eran mejores en el estudio del comportamiento animal que los hombres ya que tenían más paciencia, intuición y resultaban menos hostiles para las distintas especies de primates. Es por eso que dedicó sus esfuerzos en conseguir financiación para poder enviar a las que algunos mencionan como «los ángeles de Leakey» a lugares recónditos y aislados de todo el mundo.

Primates

Does anyone see the irony here?
Si os soy sincera, no creo que hubiese descubierto la labor de estas tres investigadoras de no ser por este magnífico cómic. Tanto Jim Ottaviani como Maris Wicks le han puesto muchísimo cariño a esta obra y su lectura evidencia la cantidad de horas que debieron dedicarle ambos autores a la búsqueda de bibliografía, su análisis y la elección de qué incluir y qué dejar fuera del guión. Al fin y al cabo estamos hablando de una novela gráfica de tan solo 133 páginas para resumir la vida y hallazgos de tres personas cuando cada una de ellas por separado ofrecería información suficiente como para hacer correr ríos y ríos de tinta.

De hecho, al final de todo hay un listado de la bibliografía revisada para la creación de este cómic que incluye múltiples libros escritos por las mismísimas Jane, Biruté y Dian y la correspondencia que mantuvieron durante años además de biografías hechas por terceras personas. Esta información ha permitido a los autores poner las palabras de cada uno de los protagonistas de esta historia en primera persona y es que estoy convencida de que hay más de una cita textual, el abundante material bibliográfico probablemente lo permita. Evidentemente, también se han basado en los artículos que aparecieron en National Geographic sobre las investigaciones de estas tres primatólogas y algunas viñetas tienen referencias más que claras a fotografías que se publicaron en esta revista.

Algo que me ha gustado mucho de esta novela gráfica es que no se limita a hablar de las investigaciones en sí sino también de la vida personal de las que las llevaron a cabo ya que me parece información esencial para entender mejor todo lo que ocurrió. Me sorprendió bastante saber que ni Jane ni Dian habían ido siquiera a la universidad y que aún así Leakey las recibió con los brazos abiertos, es algo que hoy en día sería impensable... y da que pensar. Ottaviani ni siquiera se centra en sus descubrimientos sino en las penurias que tuvieron que pasar para llegar a ellos que da una idea de lo que representa en realidad dedicarle tu vida al trabajo de campo. En su conjunto, me parece una lectura refrescante, dinámica y didáctica que le recomiendo a todo el mundo aunque no tenga un interés previo en los primates.


Visualmente, el cómic es una delicia. Tiene un estilo infantil, como el que nos podríamos encontrar en un cuento o en una película de Disney, que casa a la perfección con la didáctica narración y que seguro que acerca esta lectura a los más pequeños también. Además, el hecho de que sea infantiloide no significa, ni mucho menos, que carezca de detalles ya que los tiene a raudales. Maris Wicks se ha documentado a la perfección sobre la anatomía de todos los primates que aparecen en el cómic y ofrece densas representaciones de los bosques y junglas en los que se enmarca la aventura.


Me despido con una foto de las tres valientes. Desgraciadamente, Dian Fossey fue asesinada en 1985, cuando sólo tenía 53 años, 18 de los cuales los había pasado entre gorilas; se cree que su agresor fue un cazador furtivo vengativo pero nunca se le atrapó. Jane Goodall y Biruté Galdikas han continuado con su labor hasta el presente, luchando por los derechos de chimpancés y orangutanes. La Dian Fossey Gorilla Fund vela por los de los gorilas.

lunes, 17 de agosto de 2015

Deseos imposibles 19

¿Pensabais que esta sección había llegado a su fin? ¡Ni mucho menos! Tanto buscar imágenes de Inside Out para ilustrar su correspondiente reseña me acabé encontrando con las pops de cada una de las cinco emociones de Riley


Creo que debería tener a Tristeza, Asco e Ira en el recibidor de mi casa para preparar a mis invitados de lo que les avecina tras cruzar el umbral.


Y, ya que estoy hablando de pops, añado a la lista de deseos imposibles la pop de Go Go Tomago, el personaje más molón de Big Hero 6. Parece mentira la de cientos y cientos de pops que han hecho en poquísimo tiempo. Y pensar que al principio me parecían horrendas...