jueves, 14 de julio de 2016

Paradise Kiss

Hace SIETE años que tengo este manga en mi poder. En cierto momento me obsesioné con que debía leer Historia de un vecindario (Gokinjo Monogatari) antes, al tratarse Paradise Kiss de una secuela de la misma. Una vez adquirí esta, me pregunté si no sería mejor leer primero ParaKiss ya que se publicó en España primero, siguiendo la cronología de las lectoras de aquí. Acabé preguntando en el ya extinto foro de PSS y obtuve respuestas contradictorias que tanto me decían de empezar por A, por B, o que lo mismo daba. Pues bien, me bastó leer el primer tomo (de cinco) de Paradise Kiss para darme cuenta de mi tremendo error... debí haber comenzado por Historia de un vecindario. Dejando de lado mi tremenda pena, vamos a ver qué os cuento de Caroline sin hacer ningún spoiler...


Yukari Hayasaka cursa su último año de secundaria en el prestigioso instituto Seiei, dedicando todo su tiempo a estudiar sin descanso para entrar en una buena universidad. Apresurándose hacia la academia, se topa con un chico de lo más extraño, con pintas de macarra, que empieza a perseguirla en medio de la calle. A pesar de este primer encuentro más bien desastroso y del conflicto personal que le supone, Yukari pronto se dejará seducir por el equipo del Paradise Kiss, prestándose a ser su modelo para el festival escolar.

Ai Yazawa es más conocida por la célebremente inconclusa Nana. En España tenemos mucha suerte de que se convirtiese en una de las autoras fetiche de Planeta, ya que esto nos ha permitido disfrutar de casi todas sus obras. De hecho, una de las licencias shojo previstas para 2017 es precisamente Marine Blue. Aunque da la casualidad que la obra que me ocupa en esta reseña es la única de la autora publicada en España por otra editorial, Ivrea, en sus primeras andaduras editoriales además. Es un manga que ha envejecido increíblemente bien (se empezó a publicar en 1999), en el que se hacen muy patentes los temas que va a desarrollar la autora en Nana, como si de un ensayo en tono cómico se tratara. 


Paradise Kiss es uno de los mejores manga que he leído por muchos motivos. Uno de ellos es la crítica, nunca suficiente, a la sociedad actual, en especial la japonesa, en que se decide el valor de las personas por sus resultados académicos más que por su talento, sus sueños o cualquier otra característica genuina que puede diferenciarlas del resto. Yukari tiene un grave conflicto con su madre, toda su vida la ha dedicado al estudio obsesivo para lograr satisfacerla y nunca se ha molestado en buscar su propia felicidad. Para ella, conocer a los chicos del atelier es como si la hubiesen arrastrado fuera de la caverna de una sacudida, toda su vida adquiere un nuevo significado bajo esta nueva luz. Sin embargo, Ai Yazawa no es tan idealista como puede parecer a simple vista, no se cansa de recordarnos que hay ciertas oportunidades que, simplemente, no se presentan a todo el mundo. Ni todo el mundo ha nacido en una familia rica, ni el público general tiene la misma visión del arte que un genio, ni se pueden aprobar los exámenes de ingreso a la universidad sin haber estudiado... Los milagros no existen. Es quizá esta falta de ingenuidad infantil la que hace más patente que nos encontramos ante un josei, y no un shôjo, ya que en realidad los protagonistas no dejan de ser estudiantes de instituto.

Por supuesto, el amor juega un papel muy relevante mostrando sus facetas más crudas: la relación desesperadamente tóxica de Arashi y Miwako (como para revolverme las entrañas), las infidelidades continuas del padre de George, y los devastadores celos y el insaciable anhelo que siente Yukari por George, totalmente envenenada por el primer amor tangible y correspondido. Es George de hecho un personaje muy complejo del que la autora apenas nos deja atisbar nada, prefiere que no entendamos en absoluto sus acciones, a cambio de entender mejor la frustración continua de Yukari. Esa necesidad por recibir la aprobación del otro, la incapacidad de dejar de pensar aunque sea durante cinco minutos en el ser amado, la obsesión absurda en los detalles más ridículos y el significado que puedan tener y, sobre todo, la ira, la decepción, la rabia, la tristeza, la frustración y la pena. Yukari no puede ni vivir con George, ni sin él. Si hacen el amor se siente una muñeca de adorno, si no lo hacen se siente abandonada y sola. Siempre jugando a ser una mujer firme y segura de sí misma con tal de impresionarle para después ponerse a llorar a la primera de cambio porque no sabe qué hacer para conquistarlo.


Sin embargo, algo que hace definitivamente única a esta historia no son ni sus personajes, ni la trama, ni siquiera el dibujo o la temática. Se trata del recurso tan frecuentemente utilizado por la autora de hacer que los personajes dialoguen directamente con el lector, como si pudiesen tener consciencia de que no son más que los personajes de un cómic y que todo lo que les ocurre lo dicta la voluntad de Yazawa. Se suceden las bromas respecto a las casualidades imposibles que sólo podrían suceder en una obra de ficción o que George sólo tiene más espacio que los otros miembros del atelier porque es el interés romántico de la verdadera protagonista, es decir, Yukari. De la misma forma, las referencias a Gokinjo Monogatari son continuas y hay una relación de parentesco muy particular entre muchos de los personajes de este manga y su secuela, con muchísimos cameos. 

Como quien no quiere la cosa, incorpora Ai Yazawa un coprotagonista bisexual y un personaje principal, aunque secundario, transexual. Y no le da ninguna importancia, no hace falta ninguna explicación, ningún trauma del pasado, ningún matiz negativo relacionado con pertenecer al colectivo LGTB. Parece mentira que ella consiguiera crear dos personajes e integrarlos con tanta normalidad en su historia sin hacer (prácticamente) ninguna mención explícita a su orientación o identidad sexual hace casi 20 años con la controversia e infrarepresentación que hay en la ficción actual.


A pesar de estar algo devastada por el final, os recomiendo encarecidamente la lectura de esta obra... (quizá que echéis un ojo a Historia de un vecindario primero aunque yo no la haya leído todavía). Mientras tanto, me voy a buscar un shôjo cuqui con el que vomitar arcoiris para compensar. 

lunes, 11 de julio de 2016

March Story

As a result of the to-read list I published not so long ago, I finally decided to give March Story a second chance before selling it without even reading it trough to the end. Here, I am talking about a manga I bought four years ago, back on the days blogger was full of recommendations of brand-new volumes of titles just licensed in USA. 


When an inanimate object gets impregnated with strong human emotions a demon called Ill possesses it. It doesn't matter whether it is an art piece or a pair of worn shoes, if anyone gets seduced by the whisperings of an ill, he or she will find a bitter and untimely closure. In order to stop them, there are some gifted people who fight the ill and annihilate them, they are called the Ciste Vihad. March is one of them although his mysterious hood may hide some thorns... are those the same that characterize the ill?

As if they were an ill themselves, I was allured by the gorgeous covers of this manga... only to get disappointed by the simplistic characters and the ambiguous plot. March Story is the typical procedural series where most of its chapters are independent from each other with a background story (March's story actually) that gets slowly developed in the first volumes only to become the main plot at the end. I don't really enjoy this kind of stories where dozens of characters are briefly introduced to be dispatched in a few pages ahead since the authors tend to play with extreme caricatures of over-exploited clichés as the rich evil psychopathic tyrant, the spiteful women obsessed with eternal youth or the jealous lad grieving from unrequited love.


On top of that, all of the stories share something in common: endless cruelty and suffering for all characters involved. There is no balance, no rest, no justice... Even the happy endings are bittersweet at the very least. Very appropriately, an explicit content alert is printed in all covers as blood, violence, torture and nudity are all explicitly portrayed in all volumes, with some really sadistic scenes. 

March and Jake being the main characters, they are the only ones with some (very tragic) background stories so the readers can feel pity about them but other characters which I'd say are protagonists as well (or very important characters at the very least, like Rodin) have no development at all... with some really abrupt revelations at the end of the story that felt as meaningless as the side-stories of non-recurrent characters. As I said, everything's so utterly sad, the enormous amount of suffering can only render the readers unfeeling. 


Talking about character development I am jumping to inner coherence and plot development as well, as the issue of the ill is so vaguely introduced and poorly addressed. Ill are presented as blood-thirsty demons that only want to make people suffer and die but there is quite a bunch of these demons that are clearly kind-hearted and akin to humans and there is no explanation whatsoever about why there are such remarkable differences between creatures of allegedly identical nature... which honestly feels like a deep plot hole to me.

Although, as I've already introduced, it was the art style which firstly encouraged me to buy this series, I was fairly disappointed by the inner drawings as they are irregular and disproportionate with some really nice close ups but with so many characters where it is obvious that the artist didn't care too much... clearly illustrated by the ridiculously enormous design of Jake who is supposed to be a charismatic character but whose dimensions were distracting me through her whole story. The artist seems to be influenced by several places and studies, with a kind of European setting, with castles and so on, characters and scenes that strikingly resemble some famous productions from Ghibli Studio too; this random mix makes me wonder how inexperienced was the artist when creating this story as everything seems so arbitrary. He gets so lost with precious objects and their details although, when thought about it, they are just unpractical. Furthermore, battle scenes are so difficult to follow and always end prematurely with remaining scars as the only testimony that any damage was done (mostly scars that don't fit the actual weapons used in the battle...).

Air dancing by Sophie and Howl set in Venice
In summary, I was pretty excited with the idea of reading these series and I don't understand what it is that made it popular: not the art style, not the plot, not the characters. If you deliberately want to suffer, it may suit you. If not, just stay away from it!

sábado, 9 de julio de 2016

La parodia del héroe


Está bien que me tome el tiempo de escribir una entrada sólo sobre One Punch-Man porque me permite reflexionar sobre aspectos que pueden pasar desapercibidos con facilidad... o al menos a mí me ocurrió en mi primera lectura, muy rápida, atenta sólo a la acción. Los autores se han construido un mundo literalmente monstruoso donde a pesar de que la población es equiparable a la nuestra (a la japonesa en concreto), la aparición de monstruos abominables que destruyen ciudades enteras y matan sin piedad alguna a cientos de personas representa el pan de cada día de sus habitantes. La indiferencia que muestran pues los ciudadanos a los continuos altercados me ha hecho pensar en Dragon Ball. En ese sentido lo veo hasta un homenaje ya que me transmite la misma aura inocentona que el clásico, salvando las distancias claro.


Siendo literalmente invencible, Saitama al final no es más que la excusa para que desfilen a lo largo de las viñetas héroes (y monstruos) de lo más variopintos, de todos los niveles, con objetivos y ambiciones de lo más diversos. Las propias portadas ya reflejan este carácter secundario que adquiere a menudo su protagonista con apariciones estelares de un Saitama relajado e indolente, no importa cuál sea la situación.


Precisamente porque parece que Saitama, sencillamente, suda absoluta de todo, me ha sorprendido mucho (para bien) que en el quinto tomo se preocupe en dejar en buen lugar a sus compañeros aunque sea a costa de ganarse una mala reputación él mismo. No deja de sorprenderme lo buenazo y simple que es como personaje, frustrado porque no hay nada en su vida que lo emocione y, a la vez, terriblemente perezoso, sin ningunas ganas de tener un aprendiz, obsesionado con su calvicie y las ofertas del supermercado... un superhéroe a la japonesa diría yo.


Otra de las genialidades de este manga es la asociación de héroes, con los autores tomándose muy en serio el tipo de organizaciones que se estructurarían en un mundo asolado por monstruos, proporcionando alicientes a aquellas personas dispuestas a combatir a estos seres, con un ranking, varias categorías, diferente remuneración, un jurado de expertos, grupos de héroes que recuerdan a mafias... y un montón de interesados dispuestos a aprovecharse del sistema para intentar ganar puntos haciendo lo mínimo posible. Muy ingenioso.

Me compré One Punch-Man porque eráis todos muy insistentes con que era el mejor shonen del mundo mundial y, la verdad, teníais razón. Mejor compra a ciegas desde... ¡Kids on the Slope!

miércoles, 6 de julio de 2016

Últimas lecturas

Aunque mi última entrada sobre lecturas manga data de marzo, lo cierto es que no he dejado de comprarlo/leerlo estos meses... Es sólo que no he tenido mucho tiempo para ponerme a escribir. Pero no os preocupéis que mi TOC subclínico me obliga a seguir reseñando tomo a tomo todos aquellos títulos que introduje en Morphallaxis en algún momento, véase:


Lo mío con Ataque a los Titanes es inaudito. En una época en que cada vez trago menos el manga, como medio en general, y a pesar de que recuerdo haberme dicho a mí misma cuando empecé a leerlo que si no atajaban lo de la llave y el sótano en... qué sé yo, los primeros diez tomos, me indignaría mucho con el autor, lo cierto es que no lo estoy, para nada. También esperaba cabrearme por la profusión de preguntas y por las explicaciones pseudocientíficas en lo que respecta al origen de los titanes, pero nada, que sigo con la lectura tan feliz. Estos dos tomos han sido el típico intermedio entre luchas, con mucho politiqueo primero y estrategia después. Lo llamo intermedio porque no deja de ser un shônen con monstruos que se comen a gente pero la verdad es que es por estos interludios que disfruto del manga. Y, entrando más en spoilers de los tomos #17 y #18, aunque me enfadó un poco que Hange sobreviviese al impacto en la batalla contra el cuerpo anti-persona de la policía militar, no me imaginaba a Levi lanzándose sobre Reiner sin piedad alguna clavándole ambas hojas a la vez. Es por estas cosas que me encanta Ataque a los Titanes. Que por cierto, tanta historia con si Eren es o deja de ser especial y los flashbacks de su madre queriéndole tal y como es me han recordado muchísimo a Naruto. Eso me daría para una entrada extra de mis abandonados tópicos manga: las madres fallecidas de los protagonistas de los shonen.


Ni sé cuánto tiempo después, nos ha llegado al fin a España un nuevo tomo de Blue Exorcist donde por fin se da punto y final al arco del Kyubi. No me malinterpretéis, puede que haya sido mi arco favorito del manga hasta ahora pero ya iba siendo hora de cerrar el asunto y pasar a otra cosa. Por otra parte, todo lo que ocurre con Shima está más allá de mi entendimiento. Por un lado entiendo que la autora no quisiese deshacerse de un personaje tan carismático como parte del grupo principal y reconozco que su desarrollo es de lo más original porque seguro que ningún lector esperaba algo parecido... el problema es que no resulta creíble, se mire por dónde se mire. Está por ver qué giros toma la trama a partir de ahora a ver si la autora se sabe desenvolver del enredo en que se ha metido...


Me muero de ganas de ver un cara a cara entre Mephisto y Lucifer aunque me temo que aún quedan muchos tomos para eso... Teniendo en cuenta la periodicidad de este título cualquiera diría que no debería durar muchos tomos más (por no torturar en exceso a los fans) pero la verdad es que la historia tiene cuerda para rato.


Ya no sé qué más deciros respecto a Sakamichi. ¡Leed Kids on the Slope ya! Que es muy bonito y va sobre la amistad y el amor y la música y la juventud... Y por fin nos cuenta la autora qué le pasó a Jun en Tokyo para que volviese tan y tan trastornado. Es más, me encanta esa visión de que en la política (y en los movimientos sociales) lo que cuenta para liderar es siempre el carisma y la labia más que la implicación o fe en la causa. Ya no es solo que aproveche para retratar una etapa muy turbulenta de Japón en que había barricadas constantes en las universidades sino que lo liga todo a la subtrama de Yurika, niña bien que debe acatar sin rechistar los designios de sus progenitores... que tienen derecho hasta de decidir con quién debe casarse.


Esta situación hace que las tramas de Sen, Bon y Ritsuko den un salto cualitativo hacia delante que van aprendiendo que los sentimientos son mucho más complejos y cambiantes de lo que parecía en un principio. Creo que la evolución es muy natural, con una trama amorosa que se va desenrollando poco a poco, evocando las de cualquier shôjo que se precie (¡hasta tenemos unos guantes tejidos a mano!). Eso sí, una vez que la autora ha solventado todos los problemas que parecía haber presentado hasta ahora, vuelve al pasado de Sen y a sus problemas familiares, con todo un señor cliffhanger... Veremos que me deparan los dos últimos tomos.


Para terminar la entrada, le toca el turno al cuarto y penúltimo tomo de orange. Después de la decepción que supuso para mí el tercer tomo, me ha aliviado reencontrarme con una buena trama en esta cuarta entrega. Una de las dudas existenciales que tenía era cuántas cartas recibía cada personaje y en qué momento y es algo que se aclara nada más empezar. Y bueno, sigo sin entender por qué $*%&@¡ Naho y Kakeru siguen sin salir juntos cuando es evidente que ambos quieren hacerlo pero en fin, la autora todavía tiene un tomo de margen para solucionarlo. Al margen del principio la verdad es que es un tomo muy tranquilo donde lo único que ocurre es el festival escolar, típico tópico de los manga de instituto (no importa la demografía)... aunque están todos tan pendientes de Kakeru, vigilando para que sea feliz y no se deprima etcétera etcétera que lo que asombra es que el mismo Kakeru no sospeche nada raro. Si a mí me trataran como si fuese de cristal todo el rato, a parte de que creo que me daría cuenta, diría que no me sentaría especialmente bien...


El otro gran avance de este tomo (el único real en realidad) es que no sé muy bien cuántos meses después, Kakeru, por fin, se sincera con sus amigos y les cuenta que su madre está muerte. Era este otro asunto que me tenía con la mosca detrás de la oreja desde hacía muchos capítulos, imaginad que tenéis una situación familiar así de complicada... ¿seríais capaces de ocultar sistemáticamente algo tan importante a los que se supone que son vuestros amigos y, aún más, a la persona de la que estáis enamorados? Justo hacia el final introduce la autora un tema igual de peliagudo, el papel determinante de Suwa en salvar a Kakeru a base de sacrificar su futuro entero. El último tomo promete muchísimo. Astronauta en primavera no me ha dicho gran cosa... el primer capítulo creo recordar que tuvo su gracia, quizá el segundo también pero creo que la historia no daba para tanto y es bastante prescindible.

sábado, 2 de julio de 2016

Botchan

Siempre dispuesta a sorprenderos retomo una etiqueta desgraciadamente olvidada durante prácticamente un año. Mi falta de tiempo, desgana y eterna lista de lecturas comiqueras pendientes me han mantenido apartada de los libros durante meses pero un encuentro fortuito con una oferta de una novela cuyo autor me atrae desde hace años, para más inri publicada por una editorial que me enamora, de una longitud más que moderada, y con una mención a El guardián entre el centeno en su contraportada, fueron el cóctel perfecto para que me tirara a los brazos de Botchan.

Cogí este libro con un poco de incertidumbre; desde que terminase de leer Solaris (reseña eternamente pendiente de una obra increíblemente recomendable a los amantes de la ciencia ficción) a principios de curso he fracasado estrepitosamente en todos mis intentos por acercarme de nuevo a la literatura (La pianista, de Elfriede Jelinek; La señora Dalloway, de Virginia Woolf; y The Other Side, de Alfred Kubin; todo libros que tengo que recomenzar...) por lo que no descartaba que me ocurriese lo mismo con Botchan. Cuál fue mi sorpresa cuando lo terminé dos días después de haberlo comprado, interrumpiendo mi frenética lectura de manga de las últimas semanas. Me voy a esforzar en escribir una sinopsis decente pero si no lo han conseguido los editores del libro, dudo que lo consiga yo:

Después de gastar todo su dinero en obtener una educación, un tokiota recién graduado no duda mucho en aceptar suplir una plaza como profesor sustituto por mucho que sea en un pueblo de mala muerte perdido en Shikoku. Si hubiese sabido las consecuencias de su impulsiva decisión, quizá se lo habría pensado dos veces... Alumnos, profesores y vecinos: no está el joven a salvo de ser juzgado y confundido por todos, aprovechándose siempre de su inexperiencia e ingenuidad. Con simplicidad, nos cuenta en primera persona su breve estancia en el pueblo de provincias, incapaz de comprender los absurdos valores que rigen a todos sus habitantes y el ridículo código moral que se supone que debe llevar allí para dar ejemplo.


Debido a la narración en primera persona y al escaso de lapso de tiempo que en realidad transcurre a lo largo de la novela (sin contar el primer capítulo, introductorio y retrospectivo, apenas pasa un mes), no nos encontramos una historia dónde el foco de interés sea lo que ocurre sino más bien lo que se dice y, sobretodo, lo que piensa el narrador y protagonista. Es Botchan (aunque no sea ese su nombre me parece un poco artificial hablar todo el tiempo de "el protagonista" o "el narrador") una persona tan ridículamente honesta, crédula y sincera que todos aquellos con los que se encuentra no pueden hacer otra cosa que mofarse de su ingenuidad. Introduce así Natsume Soseki como quien no quiere la cosa la contradicción flagrante que impera (o imperaba) en las instituciones japonesas enfrentando unos valores ancestrales de rectitud, honor y dedicación frente a la vil y rastrera naturaleza humana que corrompe a todo aquel que ostenta poder... o que lo ansía.
¡Sería mejor quitar las clases de ética de la escuela y dejar de decir a los niños que no se debe mentir! Es más, las mismas escuelas deberían enseñarte a mentir mejor, a desconfiar de los demás y  a tomarle el pelo a la gente. ¿No sería mejor así? 
Esta paradoja se evidencia a cada capítulo, cuando el protagonista no deja de manifestarse contra unas normas y unas actitudes que le parecen entre hipócritas y absurdas sin más. En su mentalidad pueril, realmente espera que los demás actúen como lo haría él en su situación con lo que no dejan de sorprenderle con mentiras y embustes, hasta el punto de que él mismo se pregunta si hay alguien de quién pueda fiarse en todo el pueblo. Botchan transmite un único mensaje, y es muy claro en su ofensiva: la sociedad y la moral japonesas están corrompidas desde los cimientos hasta las altas esferas. Y aunque es un poco atrevido hacer conjeturas tan a la ligera, me pregunto si no pensaría el autor que era en realidad la Era Meiji la culpable latente de esta inmoralidad, trayendo valores extraños de Occidente que no podían de ninguna forma ser compatibles con los rectos valores japoneses.

Al haber leído el libro con tanta ansia quizá no he disfrutado lo suficiente de los diálogos y las reflexiones de Botchan, espero que os hagáis una ligera idea con las citas que he seleccionado, por mucho que no sean mis pasajes favoritos sino los que me han gustado más al hojear de nuevo el libro una vez terminado (voy a tener que llevar un lápiz del Ikea en el bolsillo para marcarme las grandes citas en el momento en que las leo que si no se me olvida). Pero, más que cualquier cosa que os pueda explicar sobre la trama o las reflexiones del protagonistas o mis caóticas divagaciones, os diré que me he reído con este libro. He descubierto en Natsume Soseki un humorista nato, capaz de escribir una historia muy seria formada tan solo por escenas cómicas.
Si el mundo era así, solo me quedaba encerrarme en mí mismo, e intentar que no me engañaran. Pensándolo bien, si vivir del robo es la única manera de poder comer tres veces al día, hay que preguntarse si merece la pena vivir. Por otra parte, quitarse la vida cuando se goza de buena salud es un deshonor para tus ancestros, además de muy negativo para la propia reputación. Cuanto más lo pensaba, más me parecía que debía haber usado los seiscientos yenes para hacerme lechero o algo parecido, en vez de matricularme en la Escuela Superior de Ciencias Físicas para aprender algo tan inútil como las matemáticas.
La edición es exquisita, como todas las de Impedimenta. Eso sí, guardaos de leer la introducción y la nota del traductor (al principio) si no queréis que os destripen toda la obra. Suerte que a estas alturas yo ya he medio aprendido mi lección y sólo caí con la nota del traductor (en la que inocentemente esperaba que no se hiciese ninguna referencia al último capítulo del libro).

De rebote me ha servido este libro para descubrir que existe un manga Bocchan no Jidai o La época de Botchan, guionizado por Natsuo Sekikawa e ilustrado por Jiro Taniguchi que publicó Ponent Mon íntegramente en España hace una década. Espero poder hacerme con él próximamente.

Por supuesto, os recomiendo a todos la lectura de esta novela tan corta y fácil de leer, que parece ser la favorita de los jóvenes japoneses desde hace décadas.

viernes, 24 de junio de 2016

Prophecy

Yo fui una de esas pocas personas que sabía de la existencia de Prophecy antes de que Planeta anunciase su flamante licencia. ¿Cómo? Su publicación en el mercado estadounidense coincidió con una época en que me daba por chequear los últimos lanzamientos de Vertical (tras grandes aciertos como Utsubora, uno de esos títulos que adquirí en inglés antes de que MW existiese siquiera, o In Clothes Called Fat) en bookdepository. De hecho, me planteé seriamente comprar este manga en inglés, sólo eran tres tomos... pero no me corría prisa y llegó el anuncio de su licencia en España. Esto me hizo entrar en mi clásico dilema entre gastarme el dineral que cuesta ahora hacerte con una edición USA de un manga o sucumbir al monstruo planetario hacia el que tanto odio profesaba (con tanto shôjo prometido para 2017 podría decirse que les he dado tregua). Y, finalmente, un año después os traigo mis opiniones sobre la lectura de su edición española.


Shinbunshi, o el hombre del periódico, ha comunicado su nueva profecía: darle su merecido a una empresa alimentaria que provocó una intoxicación masiva pero que salió ilesa del incidente debido a un vacío legal. No es ni la primera ni la última profecía de este cariz que sube Shinbunshi a la red y los internautas aguardan con expectación si cumplirá con lo prometido. Debido a la popularidad de este terrorista, el caso rápidamente se deriva al grupo de ciberdelincuencia de la policía metropolitana, liderado por la joven inspectora Yoshino que no acierta a comprender los motivos por los que los criminales atentan contra la ley.

Como quizá hayáis percibido en la sinopsis, por mucho que se trate de un manga de delitos informáticos que emulan el modus operandi de grupos terroristas, no puede decirse que Shinbunshi encaje realmente en ese perfil. En lugar de atacar a los causantes primeros de los problemas que azotan a la sociedad, se centra en los propios ciudadanos, aquellos que valiéndose de las redes y de la impunidad que ofrece el anonimato se dedican a predicar sus mensajes llenos de odio sabiéndose seguros en sus casas. Se recrea así el protagonista en un sentimiento de venganza casi pueril, y penaliza a inconscientes bravucones que no han hecho nada malo, yendo a por los perros ladradores en lugar de a por los mordedores. Es precisamente por este patrón que ni la policía, ni los seguidores ni el propio lector, comprenden cuál es el verdadero propósito del hombre del periódico hasta el final. 


En cuanto al desarrollo de la trama, ya he visto por ahí alguna comparación con Death Note. No porque aparezcan shinigamis ni otros seres sobrenaturales sino por la naturaleza del conflicto entre criminal que cree que su causa es la correcta aunque deba sumergirse en la ilegalidad para defenderla y policía brillante que le va a la zaga. Sí que es cierto que todo el peso de la trama recae en la batalla intelectual entre Shinbunshi y la inspectora Yoshino pero diría que la complejidad de sus estrategias no le llega ni a la suela del zapato a la que orquestó en su momento Tsugumi Ohba. De hecho, me parece que tiene demasiadas lagunas (algunas de las cuales comenta la propia Yoshino en el último tomo lo que no sé si calificar de acierto atrevido o más bien de un irreflexivo acto de tirarse piedras sobre el propio tejado). Evidentemente, la longitud de la obra (tres tomos) es un aviso muy explícito de que, en algún momento, la trama se va a suceder a un ritmo vertiginoso y, como era de esperar, ese momento es el final, en el que la trama se precipita a una conclusión forzada algo decepcionante aunque con un desenlace cerrado que no admite interpretaciones libres, lo cual se agradece.

En lo que respecta a los personajes, me parecen el aspecto menos trabajado de la obra, tirando en todo momento de clichés y de diseños que permitan gags humorísticos que no me han hecho ninguna gracia. Hay un único personaje femenino en toda la obra, una especie de súper mujer que, de alguna forma, se las ha apañado para ser inspectora de la policía a unos tiernos 26 años (que no aparenta), tiene tal determinación por hacer justicia y tal incapacidad para comprender o intentar imaginar qué motivos llevan a una persona a cometer un crimen que casi diría que es una personificación del honor japonés, más que un personaje real. Por supuesto, es muy atractiva (no os preocupéis que el resto del elenco, constituido únicamente por personajes masculinos ya sean otros policías, delincuentes o personas que pasaban por allí, nos lo recuerdan constantemente con comentarios del estilo "qué guapa es"), asertiva y algo kamikaze también presentando su renuncia varias veces por no haber desempeñado su trabajo como debiese (?). Vamos, un estereotipo con patas. A parte de ella, hay unos 6 o 7 personajes importantes entre los que destacar policías que pertenecen al grupo de ciberdelincuencia que parecen no tener ninguna clase de conocimiento informático y unos cuantos asociales sin trasfondo ninguno que no parecen tener ningún reparo en cometer actos atroces y desproporcionados liderados por un desequilibrado con ínfulas de grandeza. Ningún personaje tiene el más mínimo trasfondo así que es imposible establecer un vínculo emocional con nadie.


Sin embargo, le reconozco a Prophecy la acertada crítica social poniendo de manifiesto muchos de los efectos colaterales que ha tenido el acceso global a internet en la sociedad. Las viñetas se nutren de capturas de pantalla en las que tanto pueden aparecer una retahíla de tweets o un montón de comentarios en youtube. Se muestra cómo el anonimato y el efecto de grupo promueven que se digan verdaderas barbaridades llegando a desearle la muerte (literalmente) a personajes públicos. Vivimos en una sociedad en que lo normal es que cuando surge un terrorista o un asesino en serie haya un sector de la población que le ensalce como a un ídolo de masas aplaudiéndole todos sus crímenes. E incluso le da tiempo al autor a meterse con los políticos oportunistas y los medios de comunicación sensacionalistas que manipulan la opinión pública como quieren.

Prophecy tiene tanto virtudes como defectos pero, haciendo balance global, diría que es un manga más que recomendable, con una duración muy apetecible y una trama interesante que os hará pasar las páginas con interés.