martes, 24 de enero de 2017

Cerezas y setas

Como de momento no os estáis quejando de esto de reseñar los tomos de un mismo manga de tres en tres en lugar de de uno en uno o de, simplemente, esperarme a terminarlo para hacer una reseña completa, voy a seguir con el experimento mientras se me acumulen tantos tomos seguidos... Total, de uno en uno no suelo saber qué decir y acabo escribiendo aburridas sinopsis con un mínimo de opinión personal y si me esperara a que terminase un manga para hablar de él en el blog publicaría todavía menos que ahora y se me olvidarían muchos pequeños detalles...


Siempre que hablo de Pequeñas Mentiras Piadosas acabo diciendo lo mismo: que si la trama no avanza, que si ya van muchos tomos, que si los protagonistas están siempre discutiendo, que si son todos como críos... Y sí que es verdad que la autora se lo sigue tomando todo con mucha calma, dilatando innecesariamente una historia que se podría haber contado con la mitad de tomos, dando bandazos con una narración no-lineal que no aporta nada a parte de confundir al personal. Y sí, los protagonistas son insufribles, Aki es un niño prodigio crecidito sin autoestima ni empatía y celoso hasta decir basta, Shinya es un amargado asocial demasiado orgulloso que no sabe lo que quiere, Seta es desesperadamente ingenua e infantil... y paro aquí para no darle un repaso a todos los personajes porque no se salva ni uno.


Pero, a pesar de todas sus carencias, no os puedo negar que me lo paso bien leyendo los tomos de este shojo, que no puedo evitar encariñarme con los personajes a pesar de todos sus defectos, que Seta suele arrancarme alguna sonrisa con su idealismo. Aunque Seta y Aki no avancen ni a tiros, sí hay otras relaciones interpersonales que se desarrollan inusitadamente en estos tomos como, por ejemplo, el turbulento romance entre Shinya y Nagahara o la complicada relación entre Shinya y Aki que se respetan profesionalmente pero cuyas circunstancias personales siempre les han impedido forjar una amistad.


Quizá porque el final empieza a acercarse, la trama también da un salto cualitativo a muchos niveles. Lo más importante de todo es que nos deshacemos ¡al fin! de Terada (So no sigas saliendo con ella por favor que no podría ser más tóxica), que llevaba haciéndoles la vida imposible a Mush & CO desde hace varios (demasiados) tomos. Lo que más me ha gustado del asunto es la confrontación directa de Seta con ella, es raro ver una protagonista femenina tan segura de sí misma, y más especialmente, en el terreno profesional. Aunque lo que más me ha sorprendido es la frialdad con la que la tratan los miembros de Crude Play, que incluso hablan de su potencial suicidio como si no fuera la cosa con ellos.


Y algo que ya se había empezado a desarrollar en tomos anteriores y que cada vez toma más relevancia es el evidente abismo entre aquellos personajes que tienen un talento natural para la música como Seta o Aki y los que, por muy amigos, amables y/o guapos que sean, no (casi todos los demás). Y la clave de esto está en que la autora lo desarrolla de forma paralela tanto para Mush & Co como para Crude Play. Sus integrantes menos habilidosos con sus respectivos instrumentos tienen que enfrentarse a la realidad y asumir que deberán abandonar el mundillo o resignarse al playback hasta que su carrera musical termine y se vean sin estudios con una mano delante y la otra detrás. Ya que no avanza mucho con los protagonistas al menos se agradece que desarrolle un poquitín a secundarios de Crude Play y que no los tenga ahí sólo de relleno porque si no no sería una boy band...

Ahora que sé que el manga terminará en unos pocos tomos (unos siete más creo, que parecen muchos pero como no pasa nada nunca...) los leo con muchas más ganas; aunque no con más esperanza porque la historia no muestra signos de ir a mejorar. Aún me sorprende la variabilidad de Kotomi Aoki entre la genialidad de Secretos del Corazón, la atrocidad de Lazos Prohibidos y esta copia barata, superficial e insulsa de Nana que es Pequeñas Mentiras Piadosas.

martes, 17 de enero de 2017

La música de Marie

Usamaru Furuya es un mangaka relativamente prolífico cuya obra parece estar en auge en el mercado español al haberse anunciado en los últimos meses cuatro de sus títulos repartidos en tres editoriales distintas: Autasasinofilia y la tantas veces rumoreada 51 maneras de proteger a tu novia por parte de Ponent Mon; Innocents Shônen Juujigun de manos de ECC; y, por último, la que me ocupa en la reseña de hoy: La música de Marie, en una flamante (¡y dorada!) edición integral de Milky Way Ediciones. Ya comenté cuando leí El club del suicidio que ni me atrae Hikari Club ni me gustó la adaptación de la película; fue por eso que ni me acerqué a Happiness, que, por otra parte, tampoco cosechó muy buenas críticas... Pero con Singing Music of Marie ha sido totalmente diferente. Ya desde que anunciaran la licencia me llamó la atención por la extraña temática y entre las viñetas sueltas en la red y sus recomendadores acérrimos me acabé de decidir.


Pippi y Kai viven en la ciudad industrial de Gil, en la Tierra de Pirito, habitada casi exclusivamente por técnicos e inventores. Pirito sólo es una más de las múltiples islas del mundo, cada una de las cuales se especializa en un tipo de producción o industria. Los habitantes de Pirito se dedican a la producción de máquinas y otros ingenios, no conocen ningún sentimiento negativo y viven en un estado de alegría constante gracias a la música de Marie, una diosa mecánica que orbita el mundo y apacigua los corazones humanos. Kai es célebre entre los habitantes de la ciudad industrial de Gil debido a su capacidad auditiva sobrehumana que le permite detectar e identificar el más nimio sonido, habilidad que explota para localizar vetas subterráneas y depósitos naturales de agua. Pippi está absolutamente encandilada con Kai desde que se conocieron de niños pero el chico no parece prestarle la más mínima atención... al menos no cuando Marie está a la vista suspendida en el cielo.

La música de Marie es un manga con muchísima enjundia ofreciendo una lectura densa y repleta de detalles al lector. Usamaru Furuya da rienda suelta a su imaginación y se despacha a gusto creando un mundo multifacético en el que no faltan ni folclore, ni religión, ni vestimentas, ni costumbres particulares que identifiquen a los habitantes de Pirito. Dejando momentáneamente de lado la trama principal, que es una maravilla, este manga resultaría una lectura interesante meramente por todos esos detalles que caracterizan el mundo de la obra. Está este cómic repleto de todo tipo de artilugios dibujados con mimo y precisión. En mi línea, he disfrutado sobremanera de todas las descripciones que se ofrecen sobre el sistema de trueque establecido entre las islas, de las distintas concepciones del matrimonio y la familia que tienen lugar en cada una y, sobre todo, de la (no) diversidad religiosa. Está Furuya especialmente acertado en la visión que los habitantes de cada isla tienen de lo divino, al abarcar tantas formas de entender una misma religión, de forma similar a cómo ocurre en nuestra realidad pero yendo más allá.


La relación entre Pippi y Kai es turbadora y se va enrareciendo conforme avanza la trama. Desde el principio, la excentricidad de Pippi y la indolencia de Kai no parecen combinar muy bien, estando su relación continuamente eclipsada por la sombra gigantesca de Marie. Pippi es tremendamente infantil y toda su vida parece girar en torno a su amor obsesivo por Kai mientras que éste recorre las calles de Gil como un fantasma sin acabar de integrarse nunca del todo en la ciudad obsesionado a su vez por la diosa todopoderosa. El resto de personajes no tienen apenas protagonismo y figuran por las páginas de La música de Marie tan sólo como pretextos para ilustrar las costumbres de Pirito y las distintas instalaciones de la ciudad industrial. De hecho, me ha sorprendido mucho la ausencia casi total de personajes femeninos en toda la obra; a excepción de Pippi (la carismática protagonista) y Marie (que no sé si considerar o no como personaje) tan sólo aparecen dos mujeres más, la madre de la primera y una chica aleatoria simplemente porque el autor quería ilustrar cómo son las bodas en Pirito. Me ha herido especialmente este hecho al estar escenificada la trama en la isla especializada en ingeniería ya que no dejan de salir inventores por todas partes, todos hombres por supuesto. De hecho, Pippi parece ser el único personaje que no tiene oficio ni beneficio... 

... a parte de dar la nota digo
De la trama en sí no quiero revelar demasiado para que podáis disfrutar tanto de ella como lo he hecho yo que, en realidad, me lancé sin tener ni idea de lo que me iba a encontrar (como siempre vaya). Como quizá hayáis deducido, no se trata de una obra eminentemente de acción, y con tantas explicaciones de cómo funcionan las cosas (que el autor no ha intentado camuflar de ninguna manera) la lectura puede hacerse farragosa. Lo mismo digo del ritmo narrativo, ralentizado por la voluntad contemplativa de Kai y anécdotas salteadas que son necesarias para sentar los pilares del argumento pero que alargan la difusa introducción. Eso sí, dejar el tomo a medio leer se convierte en una ardua tarea una vez propasado el ecuador de la historia, avisados estáis.

El arte de Furuya contribuye definitivamente a esa lectura inquieta, con una imaginería a caballo entre el arte medieval —puntiagudo, oscuro, exagerado y rígido—, y el surrealismo, con composiciones estrafalarias que (me) recuerdan a las esferas flotantes de Magritte. Me da la sensación de que le pone muchas ganas a los artilugios pero que los fondos se le resisten y, más que otra cosa, que es muy difícil plasmar en el papel las ocurrencias imposibles que se le pasan por la cabeza al entrar en el terreno de lo onírico y lo sobrenatural. Mención a parte se merecen los ropajes de los personajes y sus trajes ceremoniales, a cada cual más estrafalario aunque con inevitables reminiscencias a la moda actual. No quiero acabar la reseña sin felicitar a la excelente edición ya que no era para nada consciente de las páginas a color, sobrecubierta con tintes dorados, casi el triple de páginas que un tomo estándar y el consabido punto de libro (sólo si se compra online directamente en la tienda de MW) que me iba a encontrar por tan sólo 15€.


La música de Marie me parece una lectura para recomendar a todo el mundo. Los que no hayáis querido catar antes a Furuya por su fama como forofo del gore, no os preocupéis porque no encontraréis nada de eso aquí. En un tomo único (grueso, eso sí) el autor explora la amistad, el amor romántico, la sexualidad, la religión, la moral, la diversidad, la libertad... es un abordaje completo de... no sé, la humanidad. Dadle una oportunidad y, si lo hacéis, ¡decidme qué os ha parecido! Personalmente, estoy muy satisfecha, así que aprovecho para darle las gracias a Javi por la recomendación.

sábado, 7 de enero de 2017

Yuri!!! on Ice

Ya sabéis que no soy muy dada al anime, hace más de cinco años que empecé con el blog y en todo ese tiempo sólo he visto Madoka Magica y Baccano! (que no, no he reseñado porque soy una hereje), sin contar películas de animación. No vi Free! ni Haikyu!! ni ningún anime basado en manga que me gusten mucho como Akagami no Shirayuki-hime (lo de los signos de exclamación en los títulos de anime me parece, cuanto menos, preocupante). Pero el fenómeno Yuri!!! on Ice ha sido TAN masivo, sufrí TAL aluvión de inputs sobre esta serie que después de ver ciertos (falsos) spoilers de algo que (no) sucede en el séptimo capítulo (y que he incluido con toda maldad al final de la entrada así que si por algún milagro os habéis librado hasta ahora de los millones de gifs de este anime que pululan por todas las redes sociales... quizá mejor no leer la reseña) ya no me pude resistir más... convencida de que no era queerbait ni delirio de fujoshi que ve a un hombre preocuparse por otro y ya asume que son pareja. Y aquí viene la pregunta del año ¿es queerbait Yuri!!! on Ice?


Yuri Katsuki es el mejor patinador sobre hielo de Japón. Sin embargo, tras quedar en última posición en el Grand Prix, se viene abajo y decide volver a su ciudad natal, Hasetsu, tras pasar varios años entrenando en Estados Unidos. A pesar de no sentirse con fuerzas para seguir compitiendo en un campo en el que siente que ha fracasado estrepitosamente, el patinaje sobre hielo sigue siendo su mayor pasión así que por muy en baja forma que esté, prácticamente lo primero que hace al regresar a su hogar es irse a patinar a las tantas de la noche. Con lo que no contaba al emular a su ídolo y mejor patinador del mundo Victor Nikiforov en la pista de hielo, es que le grabaran en secreto y filtraran el vídeo a las redes sociales... iniciando una cadena de eventos de lo más surrealista.


Porque este anime es eso: surrealista. Que no por ello ha dejado de gustarme pero creo que es necesario dejarlo claro desde el principio. Entendedme, los anime nunca se han caracterizado, ni lo harán, por su verosimilitud pero Yuri on Ice hace un compendio demasiado completo de todas las idas de olla de las que tanto gustan los animadores nipones. Empezando por personajes que no tienen ningún tipo de sentido común y/o profundidad. Los únicos personajes con un mínimo desarrollo son los dos Yuri, ni siquiera me atrevo a mencionar a Victor aquí porque su conducta, diálogos y decisiones siempre me parecen de lo más erráticos.



Yuri!!! on Ice tiene muchas cosas que me han hecho seguir el anime semana a semana con ganas. La primera es muy obvia: trata sobre patinaje artístico sobre hielo. Que es un deporte que nunca he seguido (igual que no sigo ningún deporte) pero que siempre me ha llamado la atención. He disfrutado mucho con las coreografías, saltos y estrategias varias en función de los puntos fuertes y débiles de cada patinador. Que, por cierto, está muy bien teniendo en cuenta que casi toda la temporada consiste en las actuaciones de cada personaje una detrás de la otra, capítulo tras capítulo, salvo contadas excepciones. Además, por mucho que se trate de un spokon (anime centrado en un deporte), se aleja notablemente de las normas que suelen regir este género al no ser el patinaje un deporte de equipo, sino en solitario, dónde tu mayor enemigo eres tú mismo... y el nivel de autoexigencia es demencial. Aún así, o precisamente por ello, la competitividad entre los distintos patinadores es súper sana y eso siempre saca una sonrisa (¡Phichit!).


A conjunción con el tema central del patinaje viene la maravillosa banda sonora, que tengo favoriteada en Spotify desde que vi el primer capítulo. Estoy especialmente enamorada de los temas que forman parte del programa de Yuri (Katsuki); de hecho, Yuri on Ice (la melodía, no la serie en sí) la tengo en la playlist que uso para correr. Todas las melodías que suenan en este anime tienen muchísima energía contenida y evocan un montón de emociones... ayudan a vivir cada una de las performance que aparecen, incluso aunque hayas visto la misma coreografía ocho veces ya, te sigue emocionando como la primera vez. Y lo mismo puedo decir del opening y el ending, que son los típicos minutos de más que los espectadores se saltan para ir directamente al episodio en sí y que, en este caso, podría ver en bucle durante un buen rato sin cansarme.


En cuanto a lo que va más allá del patinaje... el trastorno de ansiedad es un protagonista más de este anime. Existen artículos de opinión online donde se desgrana paso a paso el trastorno de Yuri, cómo lidia con él, y cómo el hecho de que, en general, sea él el narrador de los acontecimientos, desdibuja la realidad y nos incita a hacernos una idea equivocada de lo que sucede. Yuri está sometido a mucho estrés, se toma muy en serio su profesión, ha alcanzado una edad peligrosa en el mundo del patinaje competitivo (25 años) y no se conforma, ni mucho menos, con ser finalista de un campeonato mundial, él aspira a ganar, a ser el mejor. Los guionistas se han esmerado en reflejar cómo su inestabilidad mental es su mayor hándicap, mucho más que los requerimientos físicos o técnicos de las coreografías que le diseña Victor. Por eso precisamente necesita apoyo emocional, de su familia, de sus amigos y de su entrenador también claro.


Dicho todo esto me toca volver a la pregunta ¿retórica? que me hacía al principio de la entrada: ¿es queerbait Yuri!!! on Ice? Pues yo diría que sí, aunque no con mucho convencimiento. La serie es tan ambigua con el tema que las opiniones de los fans van desde la creencia firme de que Victor y Yuri son pareja de facto, que su relación es canon y que está claramente representada en múltiples ocasiones a los que defienden que esas no son más que interpretaciones muy libres de ciertas escenas en las que nunca llega a haber ninguna representación explícita de un posible romance entre entrenador y patinador. La escena más controversa al respecto es la que, de hecho, me hizo animarme en su momento a probar suerte con un anime después de tantos años en vista de que parecía una representación sin peros de una relación homosexual en un anime de deporte nada menos.


¡O un abrazo/placaje!
Esta escena es inmeditamente posterior a la de arriba y la veo mucho más amorosa
La serie da suficientes indicios como para que quede muy claro que hay una relación pero, si la hay, es una relación fantasma, que existe pero no se ve. Los personajes se van de compras juntos (podrían ser amigos), viven "juntos" (Yurio también vive con sus entrenadores), bromean sobre casarse (¡bromean!), se pasan el día abrazándose (no vamos a ser tan retrógrados como para decir que si dos hombres se abrazan son gays, ¿no?) y Yuri se llena la boca enseguida hablando del amor y cómo "quiere" a Victor (eso ya es más evidente) pero ninguna de estas es reflejo fidedigno de una relación (por mucho que nos duela) y, en cualquier caso, excepto cuando Yuri trata de seducir a Victor (¿o a la audiencia y los jueces?) con su Eros, nunca dan ninguna señal de sentirse romántica o sexualmente atraídos el uno por el otro (a diferencia de Chris, todo sea dicho de paso). Vamos, soy del parecer que es muy evidente que algo hay entre ellos pero es un algo tan difuso que sólo puede corresponderse con el concepto de queerbait... y es que los guionistas han hecho todas las trampas del mundo para dar a entender muchísimas cosas sin que ninguna suceda de facto en los escasos minutos de cada episodio.


Y ahora, los contras. La animación es espantosa. Pero espantosa hasta tal punto que existe una cuenta de twitter sólo para recopilar capturas de pantalla donde las proporciones anatómicas dan risa. Hay algunas escenas de relleno mostrando al público de las distintas competiciones que copian y pegan varias veces en casi cada capítulo que da vergüenza ajena. Hay escenas ridículas. La mayoría de personajes son una caricatura. Un imbécil que no ha superado la ruptura con su novia y que la stalkea por las redes sociales convencido de que él es el único e inigualable príncipe que se la merece. Un italiano con complejo incestuoso, enamorado de su hermana, posesivo hasta decir basta. Uno que patina meneando el culo y empalmado, dando a entender que se corre cada vez que actúa. Otro que es mero ego con patas.


Pero, aún y con todo, el patinaje, la ansiedad, las competiciones y el romance con muchas comillas dejan siempre paso al humor. Dos tipos de humor, o quizá uno sólo que a veces funciona y otras no tanto. Hay escenas de descarado fanservice (más hacia el principio que hacia el final) donde vemos a Victor innecesariamente desnudo con fuentes estratégicas censurando sus intimidades mientras se da un baño. Los caricaturescos comportamientos que repasaba antes deberían ser graciosos aunque a mí no me lo parezcan. En cambio, las bromas continuas sobre el (sobre)peso de Yuri al empezar la serie o la cena en que se emborrachó para después olvidarlo todo que no se nos revela hasta el décimo episodio se llevaron más de una carcajada por mi parte. 


Yuri!!! on Ice me ha dado gratos momentos de F5 los miércoles por la noche, scrolls muy entretenidos por mi TL, dos o tres canciones para guardar durante mucho tiempo, un renovado interés por el patinaje artístico sobre hielo (Javier Fernández es lo más de lo más y ojalá viviera en Madrid) y muchísimas ganas de llegar a ese próximo nivel que será la segunda temporada dónde no sólo no espero que no la caguen sino que me den todos esos detalles que no me ha dado esta primera... aunque no tenga muchas esperanzas.


PD: Sé que me he pasado con los screenshots y gifs (que harán que esta entrada no se cargue nunca para los que me leéis desde el móvil confiando en los datos que os queden este mes) pero los necesitaba todos y cada uno de ellos para ilustrar la reseña.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Terminando manga

Qué mejor entrada para terminar el año que una en la que recopilo diversos títulos manga que he terminado de leer durante el 2016. Evidentemente, va a contener spoilers hardcore de todos los títulos que comento, ¡avisados estáis! Tristemente, dos de las cinco obras me decepcionaron tanto que decidí no conservarlas, espero que sus nuevas dueñas las disfruten más que yo...


El primer título que se fue directo al mercadillo fue Aoha Ride, lo cuál no creo que sea ninguna sorpresa para nadie porque hacía varios tomos que los personajes estaban empezando a cabrearme más de lo tolerable. De hecho, puede que este último tomo sea de los mejores del manga ya que no se centra en los insufribles protagonistas, cuya trama quedó zanjada en el penúltimo tomo, sino en secundarios como Murao y Kominato aunque tampoco es que estos dos lo arreglen mucho. Por supuesto, la autora se sentía culpable por lo que le hizo a Kikuchi y le buscó pretendiente rápidamente... aunque parece que Tanaka (senior) no se merecía esa deferencia (así siempre puede colar un capítulo extra de Aoha Ride en su próximo shôjo). Es la historia de siempre, sólo puedes ser feliz si tienes pareja potencial (aunque sea una niña que no conoces de nada). En realidad lo mejor del tomo es el capítulo extra donde la autora retoma a los protagonistas de Strobe Edge, que siguen tan adorables como siempre (lo cuál es un soplo de aire fresco después de tantos tejemanejes entre Futaba y Ko). Aoha Ride me ha dejado tan fría que no tengo nada más que comentar, ni bueno ni malo, así que no esperéis una reseña global de la serie porque no la habrá.

¡Y culpable tienes que sentirte!
Tres cuartos de lo mismo con Life. Desde que hice la primera maratón con este manga que había algo que no me acababa de encajar y, en lugar de solventarse con el paso de los tomos, ha ido a más. La propia autora lo reconoce al finalizar la obra en una especie de carta a los lectores: como su objetivo era llamar la atención sobre el bullying, decidió que su retrato del mismo en Life fuese deliberadamente exagerado, mostrando situaciones límite que no son, ni de lejos, las habituales en la mayoría de casos de acoso escolar. Si el secuestro, intento de violación y la huida del edificio en llamas ya me parecieron dramatizaciones innecesarias, el intento primero de asesinato y luego de suicidio de Manami convierten este falso retrato en una burda parodia. El acoso escolar per se ya es dramático cuando estudiantes de secundaria le hacen el vacío a otro por ser diferente, cuando lo humillan, lo insultan y le hacen la vida imposible por el puro placer de sentirse superiores. No hace falta alentar a unos gamberros a violar a una compañera para que sea algo peligroso y denunciable.


Por si esto no fuese poco, después de diecinueve malditos tomos de sufrimiento continuado de Ayumu parecía que la autora por fin le iba a dar algo de tregua y ¿qué se le ocurre? separarla de Miki de forma indefinida, de su único apoyo, de su mejor amiga, de su rayo de luz. Puedo entender que la autora quiera dar a entender que Ayumu ha madurado con todo lo que le ha pasado y que por fin es capaz de valerse por sí misma, se ha recuperado del acoso y está preparada para convertirse en la luz de otra persona. Pero no hacía ninguna falta separarla de Miki de esa forma, ya no porque sea cruel hacia la protagonista sino hacia la propia Miki, que a la pobre le ha pasado de todo también, ha llevado una vida incluso más dura que la de Ayumu y la autora nunca se ha apiadado realmente de ella, ni siquiera al final.

Encantada de haberse conocido
De traca me parece ya que sea Manami la que le tenga que pedir a Ayumu que la denuncie y, ENCIMA, Sako se va de rositas después de haber sido el personaje más rastrero y miserable del manga, incluso más que Manami. Otra cosa que me repatea es el papel que juegan los adultos en este manga; todos son desalmados o egoístas o incompetentes o irresponsables... o todo a la vez. Que vale que los adultos no son, ni mucho menos, perfectos pero es que en Life no hay ni uno medio decente como ser humano. De verdad, Life trata un tema muy serio y transmite una serie de mensajes muy importantes pero, por otro lado, la puesta en escena de la autora me parece tan desproporcionada que al final resulta ridícula. ¿Qué mensaje final quería transmitir Keiko Suenobu con un desenlace tan anticlimático? ¿Que la vida es una mierda? ¿Que la justicia no existe?


Pero no todo han sido decepciones, empezando por orange cuyo final me sorprendió muy gratamente ya que tenía mis reservas acerca de si la autora sería capaz de salir airosa del berenjenal en el que se había metido ella solita. Por supuesto, no hay una explicación plausible para la existencia de las cartas (creo que a estas alturas ya nadie esperaba una) y casi que agradezco que sea un tema que se obvie a que se intente inventar una (mala) razón pseudocientífica para un fenómeno sobrenatural. A cambio, nos ofrece por fin la visión del Kakeru que se suicidó, el que no fue capaz de sincerarse con Naho, ni con nadie, el que no supo soportar la carga de la muerte de su madre. Es más, el poso de esa tristeza patológica no se elimina por mucho que todo el grupo intente ayudar en ciertas cosas contando con las cartas como guía; no es tan sencillo, saberte querido no elimina un trastorno tan severo por arte de magia. De hecho, la depresión como tal raramente se representa con verosimilitud en la ficción y creo que Ichigo Takano está muy acertada en orange respecto a este tema. En otro orden de cosas, parece ser que la autora ha publicado algunos capítulos adicionales tras la finalización de la serie, ¡ojalá los recopilen en un tomo extra que sea susceptible de ser licenciado por Tomodomo en el futuro... (como el Bonus Track de Sakamichi)! La verdad es que hubiese preferido que vinieran de material extra en cada tomo en lugar de los capítulos de Astronauta en Primavera (soy consciente de que hubiese sido físicamente imposible por el ritmo de publicación japonés) que cada vez me han ido cansando más y más.


La que probablemente haya sido la mejor lectura manga del año, o una de ellas al menos, no es otra que Kids on the Slope. Como siempre, es un trágico accidente de tráfico el que precipita el final (no me canso de lamentarme repitiedo que este es uno de los tópicos más explotados en el manga y que es una lástima que no pueda escribir una entrada sobre el mismo sin incurrir en tantos y tan graves spoilers)Sen ha desaparecido dejando a Bon absolutamente bloqueado, tanto como para que se le crucen los cables y pretenda desahogarse con la santa de Ricchan. Que no lo estoy excusando, es que de todos los personajes que aparecen en este manga, del último que me hubiera esperado algo así es precisamente de Bon... En un claro proceso de duelo, decide distanciarse de todo y todos, se marcha a Tokio a estudiar medicina y corta casi de raíz con todos los amigos que tanto le había costado hacer. De hecho, me sorprendió un montón que al final siguiera con los designios de la familia porque en ningún momento muestra el más mínimo interés por dicha profesión... y esperaba el típico giro de guión tan manga de mandarlo todo a la mierda para haber acabado ejerciendo de músico de jazz o algo por el estilo. En ese sentido, el final es triste pero supongo que realista (para contrarrestar lo demás que no lo es tanto). Es esta época de distanciamiento la que le ayuda a valorar qué es lo realmente importante en su vida, haciendo gala del típico "no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes". Yuki Kodama nos tenía reservado un final redondo, para poner punto y final a una historia que no ha decaído en ningún momento. Y, para todos los que nos quedamos con ganas de seguir leyendo las aventuras de este trío, nos queda todavía el compendio de historias cortas que también licenció y publicó Milky Way bajo el título de Bonus Track.

No sería un buen tomo si no viésemos llorar a Bon por última vez
La quinta obra en discordia es A silent voice, controvertida como pocas, de aquellos títulos que parece que sólo puedas adorar u odiar. Ishida despierta al fin del coma con lo que se ve obligado a enfrentarse a la realidad. En contraposición a lo que criticaba antes sobre Life, lo que me gusta de este manga es, precisamente, que encara situaciones que son moralmente ambiguas. Sin ir más lejos, Ishida fue acosador y acosado por lo que despierta animadversion y pena a la vez. La autora no tira por la vía fácil de estereotipar a sus personajes y hacerlos o malos (a los acosadores) o buenos (a las víctimas) sino que los hace humanos y complejos y eso nunca tiene una lectura fácil, especialmente en un tema tan peliagudo como es el acoso escolar. Pero el mensaje de este último tomo es muy claro: independientemente de las cosas malas que te hayan pasado o que hayas hecho tú mismo, la vida sigue y nadie puede permitirse el lujo de quedarse estancado en el pasado. Otro tema clave en A silent voice es el perdón. Ishida es un personaje de lo más errático, aunque fue él el que dio el paso de reencontrarse con Nishimiya en primer lugar, no es hasta este último tomo que reúne el valor para pedirle perdón por lo mal que se lo hizo pasar en el colegio. Porque disculparse de corazón implica reconocer los errores y ser consciente del daño provocado y esa es una verdad muy incómoda con la que vivir.


Como quizá hayáis deducido a estas alturas yo soy de esas personas a las que A Silent Voice les ha encantado de principio a fin. Lo único que lamento es que este tomo no vaya más allá, que no haya un epílogo para que podamos ver qué tal les ha ido a todos dentro de uno años pero en algún sitio hay que terminar la historia. ¡Y en algún momento tenía que terminar la entrada!

viernes, 23 de diciembre de 2016

Children of the Sea

The fact that I decided to write this review in English must seem ridiculous to most of you taking into account that Children of the Sea has been already published in Spanish by ECC. However, the Spanish edition is smaller than the English one, with poorest quality, printing mistakes and kinda expensive. Furthermore, the publisher has largely ignored their readers' complaints about the moiré effect and continues to print the volumes without any significant improvement. Thus, I've decided to buy it, read it and, of course, review it in English. If you don't agree with me in this decision I am sure you will find plenty of Spanish reviews in other blogs. This said, I can't wait to share with you my impressions on this bizarre but marvelous manga. I am not going to write a synopsis though, since I think it is pointless for such a strange story.


Since I read Witches (Majo or Hechiceras), I knew I would like everything or almost everything Daisuke Igarashi had ever created and it seems like I wasn't wrong. He has a very unique sensitivity which makes all his manga different from everything else I've read so far. Although this story is 100% supernatural, it has so many (accurate!) scientific information about topics ranging from marine biology to astronomy. I already knew several things but there were also a lot which I didn't! I just enjoy learning so much it was impossible I didn't like Children of the Sea. Biology simply fascinates me, the fact that every single being is necessary and has its own niche to colonize, that any (innatural) perturbation can be fatal for the whole ecosystem while the most (natural) violent event, such as a typhoon, is required to keep balance. And I am positive Daisuke Igarashi must love biology too judging by all his works (not just this one).

Actually, this manga appears as an incredibly rellevant read nowadays when there are so many signs that something's wrong in the ocean (well, also in the whole planet but the ocean covers most of it, so...). There are so many marine creatures that are massively dying with little or directly no explanation. Coral is going white everywhere. Chinese are chopping sharks' fins to make soup thus condemning amputated sharks to die in the bottom of the ocean. Marine biodiversity is decreasing dramatically and is expected to continue to do so in the next years. And, at the same time, new research efforts allow to unravel for the first time some of the secrets the ocean still keeps from us. A ghost shark has been filmed swimming for the first time ever, mysterious sea blobs have been genetically identified, underwater animal pollination has been described, submarine structures thought to be human-made have been now discovered to be the result of methane-consuming microbial activity and the the most recent new who directly resonates with Children of the Sea would be the identification of a really weird metallic sound accidentally recorded as a whale call.


Back to the actual manga, Children of the Sea is... just weird. As I said, it is a supernatural fiction where superhuman abilities, extinct creatures and atypical ghosts are its main protagonists. It is mystic, it is philosophical, do not expect a piece full of action and romance because you will not find (almost) any. It is more of an ensemble of monologues about life, and death, and what is in between. The duality formed by Sea and Sky (Umi and Sora), between Earth and Outer Space, marine creatures versus land creatures, how the role organs play within humans may be compared with the role humans play within the Earth and the one Earth plays within the galaxy. And then, it all goes semi-religious going back to the myths of creation, so different and so similar across cultures, with the ocean always playing a primordial role somehow.

As you may be suspecting at this point, Children of the Sea is not a conventional read at all, at first it seems like there is a plot, like that is a beginning, like it will develop following a somewhat predictable/logic/coherent manner. But don't let the author fool you, once you surpass volume two, it all goes so abstract and mystical, any shadow of a plot you could have thought you saw vanishes through the awesome panels depicting all sorts of marine fauna over and over and over again (the fifth and last volume has over 150 mute pages, you get the idea, right?). And that is one of the appeals of this manga, the countless animals the author bothers to draw in each and every one of the volumes, you'll see whales, killer whales, whale sharks, sharks, dugongs, turtles, dolphins, shrimps, nautilus, mantis shrimp, manta rays, krill, eels, and a ton of different species of fish.


Although the characters themselves are so in the background of the real story, that does not mean you won't absolutely fall in love with impetuous Ruka, a troubled girl with social issues who does not adjust with the other kids; sweet Umi, an ever-smiling boy who would rather do whatever he feels like doing before talking too much about it; and elusive Sora, an arrogant and spooky lad with no survival instinct who only seems to care about Umi. This childish trio is further complemented with weird old Dehdeh, crazy old Jim and crazy genius Anglade, who all have their own interests on the children of the sea... and their own personal views of humanity. The thing is that here is absolutely no character who you would rate as minimally sane; thus, empathy is difficult to be found across its pages but that alienation helps with the immersive experience to the fucked up world of Children of the Sea.


Children of the Sea is ultimately a philosophical piece; an essay about what does it mean to be born and what does it mean to die and whether they are so opposite as they seem or they are actually the exact same thing. Just keep in mind the author will only pose the questions, perhaps even develop them a bit, but he will never answer them.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Un Zoo en Invierno


Hamaguchi entró a trabajar a una empresa textil nada más acabar el instituto pero no acaba de sentirse cómodo. La escogió pensando que podría contribuir en el diseño de los motivos de las prendas pero su trabajo real dista mucho de lo que tenía en mente y después de que lo utilicen como perro guardián de la hija del jefe se acaba hartando y decide irse a Tokio a trabajar como ayudante de un reconocido dibujante de manga. Desde el momento en que entra por primera vez en la oficina se verá irremediablemente atraído por un nuevo mundo en la gran ciudad, rodeado de gente de todo tipo y de muchas maneras de entender la vida.

Con la mente en El almanaque de mi padre, iba con grandes expectativas para leer este tomo único pero la verdad es que Un zoo en invierno ni se ha acercado a cumplirlas. De hecho, no fui capaz de leerlo del tirón de lo aburrida que me resultó su lectura. Sin ir más lejos, el protagonista, Hamaguchi, es desesperadamente insulso, tiene siempre la misma cara de amargado, y parece que su única función en la trama sea limitarse a observar como desfila su vida ante sus ojos. En ese sentido, el guión es mucho más manido de lo que esperaba: un chico joven con grandes aspiraciones pero sin experiencia ninguna que descubre la vida adulta casi a golpes, una historia familiar suficientemente turbia y un primer amor idealizado. Es como un Bakuman versión reducida, versión seinen, versión costumbrista (ironías de la vida, ambos manga empezaron a publicarse en Japón el mismo año, 2008).

No me juzguéis por mi nula habilidad haciendo fotos
En su defensa reconozco sin embargo la verosimilitud con la que Taniguchi imprimió la naturaleza humana en sus emociones más reveladoras, en especial la envidia. Creo que es un pecado capital que se suele representar de forma caricaturesca, como si los autores pretendieran convencernos de que se trata de un sentimiento reservado a los villanos, en los que aparece de forma exacerbada. La envidia de Hamaguchi es tan real que casi duele sentirse tan identificado cuando se es incapaz de alegrarse por la felicidad ajena, todo lo contrario, no hace más que poner de manifiesto la propia mala fortuna (o ineptitud en este caso). Otro de esos pequeños detalles que siempre se agradecen es el momento en que Hamaguchi dibuja por primera vez un desnudo y no sólo siente vergüenza y le cuesta mirar fijamente a la modelo para tomar referencias sino que tiene una erección. De nuevo una verdad quizás incómoda que raramente queda reflejada en la ficción. 

Este manga me ha resultado dolorosamente encorsetado, repleto de clichés que me exasperan, como el de la japonesita delicada de salud (cuya supuesta enfermedad nunca se especifica) desde siempre. Muchas de las situaciones que se narran hacen gala de una mentalidad que me cuesta mucho comprender, ya no sé si porque es japonesa, porque es de los años sesenta o del tiempo de post-guerra o por qué. El caso es que no acierto a comprender la motivación de los personajes, todos se me antojan entre vacíos y balas perdidas. Tanto es así que por mucho dramatismo que Taniguchi pretendiese imprimir a sus personajes, no podría haberme dejado más fría.


No dejo de estar sorprendida ante mi decepción ya que he disfrutado mucho de obras con un corte similar. En El Gran Gatsby también es protagonista un joven pasivo que deja que la vida tome su rumbo, y no al revés, pero la narración no tiene nada que ver. En Solanin también se encuentra el dilema del joven adulto que debe incorporarse al mercado laboral rechazando aquello que realmente le llena, pero los personajes tienen muchísima más personalidad, el dibujo es una delicia y la narración evoca una barbaridad de emociones. Las encuentro alternativas mucho más disfrutables a este zoo invernal.