domingo, 4 de noviembre de 2018

Tintubre (2018)

En parte porque no me da tiempo de escribir una reseña para esta semana, en parte porque desde que empezó octubre tenía ganas de hacer esta recopilación, la entrada de hoy la dedico a mis artistas predilectas que se han embarcado en la titánica tarea de hacer un dibujo al día en el ya célebre inktober, o tintubre si lo adaptamos al castellano.


En primer lugar, un clásico, el tándem formado por Xulia Vicente y Núria Tamarit, ya consagradas no solo como ilustradoras sino también como autoras de cómic, que desde hace años deciden una temática común para realizar sus ilustraciones y recopilarlas en un librito. Este año decidieron dedicar sus inktobers al deporte por lo que entre ambas han abarcado 62 deportes distintos desde el baloncesto o el ciclismo hasta el ajedrez mágico (sí, el de Harry Potter). Los originales que siguen a la venta los podéis comprar en su web Gota de Calo.


Marina Vidal, conocida por su labor como portadista pero también por sus aportaciones al cómic underground con excelentes historietas autoconclusivas en varios fanzines, destacando las que forman parte del nominado fanzine Medievo:Medievo, se propuso el reto de dibujar cada día una ilustración de un personaje del juego Soul Calibur embarcándose así en la difícil tarea de adaptar a su estilo unos diseños algo bizarros. El toque rosa en todos los dibujos es su sello para esta edición. Podéis comprar los originales que siguen disponibles contactándola vía twitter.


Otra artista que, en mi opinión, ha destacado inevitablemente entre las demás ha sido Irina Hirondelle que le ha dado una vuelta de tuerca al concepto de inktober al añadir una historia que contar con cada nueva imagen. Concretamente, historias curiosas acontecidas en España de lo más variopintas. No me extraña que haya tenido tanto éxito ya que es la primera vez que veo que alguien quiere más allá con el tintubre aprovechando para contar algo.


Otra autora consagrada en este país es Ana Oncina, conocida por su cómic Croqueta y Empanadilla, que ha focalizado su inktober en personajes de ... iba a decir personajes de manga, luego añadir que también de anime, quizá una cierta predilección por Ghibli pero en realidad también aparecen personajes de libros, series y películas. Pensé en cambiarlo a clásicos modernos pero incluso los protagonistas de Over the Garden Wall aparecen así que lo voy a dejar en que Oncina ha seleccionado sus personajes (supongo que) favoritos de ficción. Y le ha quedado una selección inmejorable por cierto.


Y me he dejado para el final mi ilustradora favorita de este año, diría que ha sido un descubrimiento pero en realidad ya le compré una postal hace años en un Graf... hablo de Cristina Serrat, una jovencísima artista que escogió como tema para este inktober ilustrar distintos seres mitológicos femeninos de todo el mundo. Los que me seguís por twitter sabéis que la he retwitteado con devoción durante todo el mes y espero con muchas ganas a la recopilación física de todas las ilustraciones.


Evidentemente, hay decenas, cientos y miles de artistas más que se han embarcado en este reto durante todo el mes de octubre. Esta entrada no es más que una síntesis de mis favoritas. ¿Cuáles han sido los vuestros?

domingo, 28 de octubre de 2018

[Nuevas Lecturas] El león de marzo

Puede que el nombre de Chica Umino resulte familiar a más de uno gracias a la publicación por parte de Panini de Honey & Clover, uno de los pocos joseis que hemos tenido la suerte de leer en castellano (aunque hace tiempo que desistí en la temible batalla acerca de las demografías). Diez años después, contra todo pronóstico, fue ECC quien protagonizó el retorno de esta mangaka al panorama de publicación manga en España con la licencia de El león de marzo (3-gatsu no Lion). Esta obra, en publicación en Japón desde 2007, ha acumulado múltiples nominaciones y premios a lo largo de su paulatina serialización, incluyendo un Taishô en 2011 y el Gran Premio del Premio Cultural Osamu Tezuka de 2014.


Rei Kiriyama no tiene más que 17 años pero eso no le impide tener independencia económica y pagarse un alquiler en Rokugatsuchô con lo que gana como jugador profesional de shogi. Obsesionado con no resultar una carga para nadie e incapaz de relacionarse con los que le rodean, se aísla de la sociedad y dedica toda su existencia a perfeccionar su juego. A raíz de un encuentro fortuito con Akari, una mujer llena de vida, y sus dos hermanas pequeñas, Hina y Momo, irá abriéndose poco a poco y aprendiendo a confiar en los demás.

Personalmente, creo que el factor que ha catapultado El león de marzo a capitanear las listas de mangas más vendidos y reconocidos de Japón en la actualidad reside en que la trama gire en torno al shogi, un deporte muy bien valorado en el país nipón. Sin embargo, en mi humilde opinión, lo que hace que este manga sobresalga entre todos los demás es precisamente todo lo que no tiene que ver con el juego en cuestión.


Empezaré por el protagonista, Rei. Desde el primer tomo es evidente que sufre una depresión y que estar totalmente solo no le ayuda en nada a salir de ella. Los múltiples pasajes de introspección son de lo más agobiantes y es difícil que sus pensamientos asfixiantes no arrastren al lector con él. Chica Umino desempeña un trabajo sublime retratando lo dañina que es la soledad y la manera que tiene de incapacitarte como persona. Además, profundiza en la autoexigencia patológica y la competitividad malsana que caracterizan las altas esferas en cualquier ámbito, con ecos a Whiplash simplemente porque para mí es el paradigma en esta materia.

Aunque una no puede reseñar El león de marzo sin mencionar a las hermanas Kawamoto, que le hacen el contrapunto perfecto al protagonista. Akari, Hina y Momo no tienen padres pero se tienen las unas a las otras y siempre están dispuestas a acoger a quien sea en la familia, ya sea un gato hambriento o un adolescente incauto. La autora las utiliza constantemente de puente narrativo, son indispensables para la trama en tanto que Rei por sí solo es inmutable y estático y son sus interacciones con las tres hermanas las que le hacen cerrar capítulos desagradables de su pasado a la par que enfocar su futuro con algo más de optimismo.


Los tomos de este manga son increíblemente densos y pesados de leer. No lo digo con una connotación de aburrimiento sino de conmoción. Todos ellos contienen pasajes cargados de angustia, con un impacto emocional devastador. Mientras los leía tenía una sensación muy extraña, de profundidad, que no suelo experimentar con el manga, algo que siempre he atribuido a su periodicidad frenética. Al ver que los 13 tomos publicados hasta la fecha en Japón de El león de marzo son el resultado de once años de serialización, comprendo algo mejor este peso que tiene cada capítulo. Puede que no sea más que el peso del tiempo. Pero, entre tanto drama existencialista, la mangaka sabe introducir escenas humorísticas que alivian la tensión acumulada y permiten que tanto los personajes como los lectores puedan darse un respiro.

Pero si he dicho que la fama de este título en Japón se debe al shogi, será que algo de protagonismo tiene, ¿no? Pues bien, uno de los motores de la trama son, efectivamente, los distintos torneos en los que participa Rei y de los que, por cierto, dependen sus ingresos mensuales. Es un tema que se me atragantó bastante antes de empezar a leer Sangatsu porque no tengo ni idea de las reglas por las que se rige este juego (y lo de que es una especie de ajedrez pero más complicado no me sirve porque no he jugado nunca al ajedrez) y temía no ser capaz de seguir las "batallas". Por eso me sorprendió y alivió a partes iguales que la autora no hiciese ningún tipo de esfuerzo en explicar cómo se juega en los primeros capítulos. Tampoco alarga las partidas, ni las describe con todo lujo de detalles. Más adelante termina por hacer una breve iniciación al juego pero, en definitiva, El león de marzo en ningún momento tiene el objetivo de enseñar a nadie a jugar. El interés de esta obra está, como decía, en la construcción y evolución de los distintos personajes, tan dolorosamente humanos.


Eso no quita que este seinen sí sea toda una fuente de anécdotas sobre los entresijos del mundillo que, para mí, son mucho más interesantes que el funcionamiento del juego en sí. A este fin, Chica Umino cuenta con la colaboración de Manabu Senzaki, un kishi (profesional) que la asesora en materia de shogi para que todas las partidas y jugadas que aparecen (que son muchas) sean reales y coherentes. No solo eso sino que en los interludios entre capítulos cuenta con una columna propia en la que se centra en uno u otro aspecto del juego como cuáles son los torneos más prestigiosos, cuánto dinero se puede llegar a ganar si se es lo suficientemente bueno, o el nivel de estudios que suelen tener los jugadores. Es gracias a él que la historia se asienta sobre bases sólidas y que Chica Umino puede dar vida a sus atormentados personajes en un contexto realista.

No puedo hacer otra cosa que instaros a leer El león de marzoChica Umino es una bestia, una mangaka que merece sobradamente el reconocimiento que ha conseguido y que os oprimirá el corazón sin piedad una y otra vez. Una de mis mejores lecturas del año, sin lugar a dudas.

domingo, 7 de octubre de 2018

[Nuevas lecturas] Música de Acero

Tras el frenesí generado en las redes respecto al reciente lanzamiento tanto de Atelier of Witch Hat como de La Balada del Viento y los Árboles que, además, se anunciaron de forma simultánea, me da la sensación de que Música de Acero (Tetsugaku Letra) es una novedad que ha quedado de alguna forma camuflada a pesar de su encanto.


Kimitaka jugaba al baloncesto desde muy pequeño por lo que al empezar la secundaria contaba con ser el as del equipo; sin embargo, al poco tiempo de empezar el instituto se dio cuenta de que su conocimiento y experiencia no podían competir con la complexión y habilidad física de sus compañeros de clase y pronto tuvo que abandonar el deporte por no estar a la altura. Rabioso, decidió deshacerse de sus zapatillas nuevas, que le acababan de regalar. En ese momento la casualidad quiso que se encontrara con Fujimoto, una antigua compañera de clase que se encontraba en una situación parecida: a pesar de lo mucho que le gustaba la danza española era demasiado desgarbada para poder bailar con gracia y también pensaba renunciar a su sueño tirando sus flamantes zapatos rojos. A raíz de este encuentro, ambos adolescentes harán un intercambio, tanto de calzado como de objetivo pero, ¿serán capaces de triunfar en su nueva ambición?

Mizu Sahara, también conocida como Yumeka Sumomo, entre otros alias, ya había sido publicada con anterioridad en España con sendos tomos únicos, Añorado Rozione (Planeta, 2007) y Voces de una estrella distante (Planeta, 2016) con un éxito más bien escaso. Mientras que el primero era una recopilación de historias cortas bastante extrañas (aunque recuerdo haberlas disfrutado muchísimo en su momento), el segundo era una adaptación del OVA homónimo de Makoto Shinkai que dejaba mucho que desear. De hecho, Mizu Sahara cuenta en su haber con gran número de historias cortas (recopiladas o no) y títulos en los que comparte autoría con diversos guionistas.


Es por lo tanto Música de Acero una excepción en su bibliografía que nos permite por primera vez juzgar la capacidad de la autora para desarrollar una historia larga. Por si esto fuese poco, se trata de la primera incursión de la mangaka en la demografía shonen, habiéndose publicado originalmente Música de Acero en las páginas de la revista Gessan (Monthly Shônen Sunday), de Shogakukan; para que tengáis una referencia, es la misma revista en la que se serializaron tanto Q&A como Mix, las obras más recientes de Mitsuru Adachi.

Puede que me haya quedado un preámbulo más largo de lo normal pero me parecía necesario para entender por qué Música de Acero es una rara avis. El punto de partida podría ser el de cualquier shonen de superación personal: un protagonista del montón en todos los aspectos, tirando a taciturno, que no destaca en nada, que hace una promesa que terminará cambiando su vida. Mientras tanto, la estética y estructura obedecen a un canon más típico del shôjo, ya que lo que prima en la narración son las reflexiones introspectivas del protagonista.


Música de Acero podría incluso encuadrarse dentro del marco del spokon puesto que uno de los ejes argumentales reside en la danza española y en su aprendizaje por parte de Kimitaka. En el primer volumen, muy introductorio, la autora no tiene espacio para desarrollarlo pero ya a partir del segundo empieza a entrar en materia y a mostrar una pequeña parte de este tipo de danza centrándose en las figuras de la señora Morino y su nieto. Y aquí está, para mí, una de las claves de este manga y es que los personajes de edad avanzada tienen un papel importante en la trama. Se trata de una de las muchas rarezas de este manga, en que Mizu Sahara no desaprovecha la oportunidad de darle un rol a los abuelos y abuelas de los distintos protagonistas.

Aunque la principal peculiaridad de esta obra es sin duda la inversión de roles que deriva de la promesa inicial y el intercambio de zapatos*. Fujimoto le traspasa sus zapatos de baile a Kimitaka y una vez él se decide para tirar adelante con un sueño otorgado por otra persona, se aferra a ese calzado hasta tal punto que decide que no sólo va a aprender danza española sino que va a bailar con esos zapatos de tacón. Como quien no quiere la cosa, la autora introduce un dilema para todos sus personajes que terminarán debatiendo sobre si es respetuoso o no permitir que un chico baile con zapatos de mujer y se pone en tela de juicio su calidad como persona.


Pero, por supuesto, la obra va mucho más allá y profundiza en un tema también conflictivo como es el acoso escolar. Y lo hace sin basarse en ninguna de las tramas anteriores sino que constituye un nuevo pilar de la narración. Comentaba antes que Kimitaka es un chico del montón, algo taciturno, cualidades que, sumadas a un pasado algo turbio, le alejan del resto de compañeros de clase... mientras le acercan a otros marginados que, por uno u otro motivo, están tan apartados del resto como él. No contenta con esto, la mangaka va un paso más allá y sigue desarrollando el tema del bullying con la hermana pequeña del protagonista, que tiene su propia historia paralela que en nada desmerece a la trama principal.

Como veis, Mizu Sahara no desaprovecha ni una viñeta para dotar a su obra de capas y más capas de significado, acompañando las vicisitudes con la danza de su protagonista con incontables matices que enriquecen la obra. Así que ya sabéis, no permitáis que Música de Acero pase desapercibida entre tanta novedad jugosa. A diferencia de sus obras competidoras, es un manga terminado con seis tomos así que no tendremos que esperar eternamente para conocer su desenlace.


*Fujimoto, la chica, no tiene mayor problema ya que prueba suerte con el baloncesto femenino en el club de su instituto. Sin embargo, no quería dejar de comentar lo extraño e inusual que me resulta encontrar una obra publicada en una revista destinada mayoritariamente a un público masculino que se centre en un deporte femenino sin objetificar a ninguno de sus personajes (de hecho, ¿existe alguna más o es esta la excepción que confirma la norma? os animo a sugerirme manga de estas características en los comentarios).

sábado, 29 de septiembre de 2018

Oscuridades Programadas

He vuelto a recurrir a la biblioteca para poder leer otro título de «esos que salen en las listas» y, como siempre, lo cogí sin tener ni idea de qué iba pero con la tranquilidad relativa de que Oscuridades Programadas se ha publicado en España bajo el sello de Salamandra Graphic. En la portada aparecen cuatro personas en una azotea, una figura central rodeada por tres personas: un cámara, una entrevistadora y, al fondo, una mujer que parece tomar notas de todo con discreción. Crónicas de Turquía, Siria e Iraq es el subtítulo que quizá pueda pasar desapercibido pero que nos da la última pista que nos hacía falta; en efecto, Sarah Glidden nos ofrece una novela gráfica sobre un viaje a Oriente Próximo que realizó acompañando a sus amigos periodistas Sarah Stuteville y Alex Stonehill junto con el ex-marine Dan O'Brien.


En apenas trescientas páginas la autora nos narra dos meses de viaje incluyendo tanto las entrevistas con decenas de refugiados de varios países y culturas como las conversaciones privadas (todo lo privada que puede ser una conversación que está siendo registrada para aparecer posteriormente en varios reportajes y en una novela gráfica bien lozana) con sus compañeros sobre el viaje en sí y el periodismo como profesión. Por lo tanto, Oscuridades Programadas no es un reportaje propiamente dicho sino la crónica de un viaje a partir del cual se desarrollaron (o no) varios reportajes. Al seguir un orden cronológico y meramente descriptivo, las historias que se presentan lo hacen sin ton ni son, entremezclándose unas con otras en contraposición a la sucesión coherente de sucesos inevitablemente impregnada de la opinión del periodista que encontraríamos en la prensa. 

El peso de la no ficción se hace patente desde el principio convirtiendo la obra en una lectura densa y difícil de digerir que, de hecho, me ha durado meses (tuve que renovar el préstamo de la biblioteca). Evidentemente, siendo uno de los temas principales la situación de los refugiados y la guerra, se trata de un compendio de historias tristes llenas de sufrimiento. Pero, además, retrata la compleja realidad que viven kurdos y árabes en Iraq y Siria, resultado de conflictos que se remontan a hace décadas.


Prácticamente todos los entrevistados tienen una cosa en común: su estatus de refugiados. A este respecto, la obra incluye entrevistas con dirigentes de UNHCR (que quizá os resulte más familiar por sus siglas en castellano, ACNUR) muy interesantes en las que se explica un poco en qué consiste entrar en el sistema de los refugiados y los pasos que se tienen que seguir desde que se solicita hasta que te lo conceden y todo lo que viene después incluyendo campamentos temporales y reasentamientos en otros países (un proceso largo y complicado siendo muy pocos los que consiguen emigrar).

Desde un punto de vista periodístico, el reportaje se centra más en las dificultades del día a día a las que deben hacer frente los refugiados ya que, si bien en Siria por ejemplo la escolarización de los niños es obligatoria y gratuita, una vez terminados los estudios primarios, los refugiados jóvenes se encuentran atrapados sin posibilidad ni de continuar con sus estudios superiores ni de trabajar con lo que aumenta su frustración y, finalmente, la violencia y delincuencia.


Pero, como ya avanzaba, el viaje de dos meses permite a los integrantes de la cuadrilla abordar el asunto desde un sinfín de puntos de vista distintos siendo uno de los elementos centrales del relato el testimonio de Sam Malkandi, un refugiado iraquí que logró la ciudadanía estadounidense para ser deportado más adelante por irregularidades durante el proceso de reasentamiento. Puede que esta historia sea central en Oscuridades Programadas simplemente porque el equipo de periodistas tenía como objetivo a priori entrevistar a Sam y realizar un documental.

Su interés y su protagonismo están intrínsicamente ligados al atractivo que ofrece su historia para un público potencial. Y creo que ahí radica parte de la importancia que ha tenido para mí la lectura de esta obra y es que como periodista tu labor no es sencillamente la de informar sino la de escoger qué parte de la verdad debes presentar y cómo hacerlo para conseguir despertar el interés del lector. Puede sonar rastrero o ilegítimo pero esta visión práctica permite hacer un buen trabajo y lograr el objetivo primordial que es hacerse eco de las injusticias que se han cometido y se cometen con una población masiva y heterogénea que no deja de crecer.


Otro de los objetivos de Sarah Stuteville al invitar a su amigo de la infancia Dan O'Brien era poder hacer un reportaje sobre cómo volver al mismo territorio en el que fue destinado pero, esta vez, como un simple civil más podía cambiar su visión de la actuación militar de Estados Unidos durante la guerra de Iraq. Con este abordaje pretende conectar con el pueblo americano con un protagonista y un relato que resulte más atractivo a la audiencia que en última instancia va a consumir su historia.

Como avanzaba, uno de los temas de fondo de Oscuridades Programadas es precisamente el significado y objetivo del periodismo. Así, Sarah Glidden nos explica la trayectoria de su amiga periodista, su búsqueda vocacional, sus primeros pinitos en el medio, múltiples conversaciones sobre el tema revelando datos curiosos como que se trata de la segunda profesión más odiada según los ciudadanos estadounidenses. Estos testimonios, de boca de jóvenes nacidos en Estados Unidos, con el mundo y la vida de cara, son la última pata de una obra que se revela como una lectura robusta que desde luego se merece estar en múltiples listas de indispensables.


Para terminar, la autora comenta al final de la obra que en su página web personal ha hecho una recopilación de enlaces de todas las noticias mencionadas a lo largo de Oscuridades Programadas así como de todos los reportajes realizados por el equipo del Seattle Globalist derivados de este viaje.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Une Vie au Zoo

Une Vie au Zoo (Kemono Michi) es un josei de Saku Yamaura publicado recientemente en Francia que jamás hubiese descubierto si no fuera por la recomendación de Flors que, no contenta con eso, acabó por venderme ella misma sus tomos. Lamento mucho deciros que se trata de una obra inédita en España que difícilmente encontraréis en un idioma inteligible (a no ser que sepáis francés claro) ya que ni siquiera está disponible en inglés.


Tras su último despido, Haruko decide probar suerte en el modesto zoo de Hidamari, que necesita personal con urgencia. Para su sorpresa, es contratada de inmediato a pesar de no tener ni formación ni experiencia como cuidadora, al responder con entusiasmo a la pregunta ¿te gustan los animales? que le hace el gerente. Pronto descubrirá que no es oro todo lo que reluce, que la naturaleza es salvaje y despiadada y que trabajar como cuidadora va mucho más allá de dar mimos a los animales...

Para la sinopsis he obviado un elemento clave de la trama revelada en el primer capítulo ya que su importancia se va diluyendo a lo largo de los capítulos pero veo necesario advertiros de todas formas. Haruko tiene una especie de don o habilidad especial que la hace diferente a los demás trabajadores del zoo: es capaz de percibir emociones con el olfato. Así, el taciturno gerente del zoo, hijo del anterior dueño, le irá imponiendo retos cada vez más difíciles a la protagonista, que resolverá con su olfato y empatía infalibles. Curiosamente, conforme se aproxima el final, la autora parece obviar este detalle ya que pasa de recurso ubicuo a desaparecer sin dejar rastro. Personalmente, agradecería que no apareciese desde el principio ya que no creo que sea necesario para que la trama avance.


Esta obra está catalogada como josei por lo que, en su concepción, se trata de una historia destinada, mayoritariamente, a un público femenino adulto. Si bien es cierto que aborda varios temas apenas explotados en el manga en general como son el mundo laboral (y la protagonista no trabaja ni en unas anodinas oficinas de propósito incierto ni en una editorial) o el mobbing, toda la obra desprende un optimismo patológico. A pesar de poner de manifiesto situaciones conflictivas que pueden darse en un parque zoológico, el mantra de casi todos los capítulos podría sintetizarse en algún mensaje motivacional barato del estilo "querer es poder".

Personalmente me parece algo insultante este tono despreocupado ya que estoy segura de que la autora podría haber elegido dar una representación más realista a su obra sin abandonar por ello un toque optimista. De hecho, la edición francesa incluye una pequeña nota de la mangaka detallando todos los libros que consultó durante la serialización de la obra incluyendo varios títulos que versan sobre el propósito de los zoos y las tareas específicas de las que deben ocuparse sus trabajadores. Para mí esto demuestra que a pesar del tono infantil, la autora reflexionó sobre qué mensajes quería transmitir a sus lectores y no tomó ninguna decisión a la ligera.


Son las partes amargas de la narración las que me han parecido más interesantes ya que Saku Yamaura desarrolla también, aunque en menor grado, la vertiente cruel pero evidente de los zoos. Los animales están enjaulados, privados de su libertad, obligados a ser separados de sus crías a menudo, mientras que la intervención humana, por mucho que sea bienintencionada, puede tener consecuencias irreversibles sobre algunos de ellos.

Siendo honesta con vosotros, de pequeña (y de no tan pequeña) quise trabajar en un zoo y cuando voy de viaje suelo visitarlos si tengo oportunidad (he estado en los de Viena y Praga, fui a una reserva de orangutanes cuando estuve en Borneo además de haber estado tanto en el zoo como en el acuario de Barcelona varias veces). Con esto os quiero decir que no solamente le tenía muchas ganas a Une Vie au Zoo sino que he disfrutado mucho de su vertiente didáctica/rigurosa. Sin embargo, Haruko me parece una protagonista infantil, ingenua e inconsciente, que pone su propia vida y, lo que es más grave, la de los visitantes en peligro. No contenta con eso, contradice las órdenes directas de sus superiores de forma reiterada, acto que la autora presenta como hazaña loable y no me parece un buen mensaje para transmitir a los lectores.


En definitiva, se trata de una obra correcta, sin grandes pretensiones, sin duda diferente a lo que una está acostumbrada a leer por estos lares. Si no fuese por sus resoluciones propias de cualquier película de Disney, lo recomendaría con más énfasis.

domingo, 16 de septiembre de 2018

KBOOM! 2018

Por motivos laborales, este año no he podido asistir ni al GRAF ni al Gutterfest por lo que cuando vi que las fechas del KBOOM! no me coincidían con ningún viaje no daba crédito. Por si esto fuese poco, el cambio de fechas ha venido acompañado de la mudanza a les Cotxeres de Sants, un espacio idóneo para acoger el crecimiento que han experimentado estas jornadas de cómic y autoedición en apenas 5 años, siendo esta la sexta edición. Fran y yo nos plantamos ante les Cotxeres poco después de las diez de la mañana del domingo pasado, cuando empezaba la segunda jornada del evento.


Mi idea era ir con tiempo pensando en la sesión de firmas ya que, según las instrucciones subidas a la web/redes sociales, se repartía número quince minutos antes de cada sesión ¡y no quería quedarme sin! Esperamos con alguna que otra incauta desde las 10:43 por el susodicho turno. Pues bien, no fue hasta las 11 pasadas que me dieron un misterioso papelito con el número #2 (huelga decir que yo era la primera persona esperando para Ana Galvañ) y por allí no habían aparecido ni los organizadores ni los autores (algunos pululaban por la zona desde hacía rato pero se les veía más o menos igual de perdidos que a los que hacíamos cola). Con todo, conseguí mi firma hacia las 11:20h (al final resultó que el chico con el número #1 llevaba una acreditación de staff colgando del cuello...). En fin, dejémoslo en que la organización se puede mejorar. Hablé brevemente con Ana, con la que no coincidía desde hacía años, mientras me firmaba mi ejemplar de Pulse Enter para Continuar y me prometía que su próxima obra sí será una historia larga en lugar de una recopilación de relatos cortos. ¡La espero con muchísimas ganas!


Firma en mano, nos dispusimos a darle una vuelta a todo el recinto y nada más empezar ya encontramos a mi adorada Marina Vidal, a la que raptamos sin piedad como todos los años. Me da la vida hablar con ella, ojalá nos pudiésemos ver más a menudo... De tanta charla me llevo como siempre alguna que otra noticia en primicia (top secret!) y la promesa de que seguirá al 350% para sacar adelante todos los proyectos que le rondan la cabeza. Lo que me sabe mal es no haberle comprado nada... pero hace años que me auto-prohibí (muy a mi pesar) comprar prints porque luego no sé qué hacer con ellas. Espero la siguiente entrega de Marina y sus cosas, ¡con los intentos frustrados de abrir la puerta de la oficina incluidos!

Si es que sólo sabe hacer cosas bonitas
Ahora sí, tenía la intención de dar la vuelta completa al recinto cuando me encontré, a escasos metros de Marina, a Sara Cuervo, otra autora e ilustradora con la que coincido de Pascuas a Ramos que siempre tiene una sonrisa para mí. Le pregunté, como siempre, por Seven Souls (es una especie de día de la marmota entre ella y yo) y me respondió, como siempre, que tiene intención de continuarla en cuanto la vida se lo permita. Mientras tanto, para aligerar la espera, le compré un ejemplar de Nocturnos, Bajo la Luz de Casiopea, que ha creado en colaboración con el guionista Eugenio M. Como estaba desentrenada y el ejemplar venía ya enfundado en su plástico, olvidé completamente pedirle a Sara que me lo firmase aunque no me arrepiento demasiado ya que las guardas son negras y, a no ser que llevara algún rotulador de tinta blanca/plateada encima, ¡hubiese sido misión imposible firmar!

Precisamente en el stand contiguo estaba Laura Méndez con todo un surtido de prints, pegatinas y demás preciosidades de esas que tengo (auto)vetadas. Me reafirmó en mis sospechas de que el KBOOM! ha ganado enteros con su nueva localización, con un espacio abierto, más grande y luminoso, y buena afluencia. Nerea estaba dando una vuelta cuando pasamos y no la pude saludar pero sé que nos volveremos a ver en menos de dos meses para el salón (♥).


Siguiendo con el itinerario terminamos ante el stand compartido entre Randt y Ulises, que se llevan para mí mención de honor en este KBOOM! ya que creo que no desaprovecharon ni un segundo para dibujar. No fue hasta después de unos largos segundos de mirada fija (a punto estuve de hacerles una foto) que levantaron tímidamente la mirada y Ulises empezó a promocionar el nuevo material con sus entrenadas labores de márketing. Además de comprar el Justice TV (¡con meses de retraso!) no desaproveché la oportunidad de insistirle también a él acerca de la continuidad de Art, uno de los cómics de producción nacional que más he disfrutado en los últimos años y que más lamento no poder leer con mayor regularidad. Como el resto de autoras hasta entonces, también le vi muy seguro de retomar el proyecto en cuanto la vida se lo permita y con eso me conformo para seguir esperando con paciencia. Esta vez sí recordar pedir una firma:


Y a partir de aquí ya vinieron lo que yo denomino las clásicas compras espontáneas no planificadas de los eventos de autoedición. Si bien me prohíbo (creo que sólo es la tercera vez que lo repito en esta entrada) a mí misma prints, stickers, pines, bolsas de tela, y demás maravillas gráficas que se pueden encontrar a tutiplén en este tipo de eventos, me cuesta mucho más resistirme a las grapas y cómics autoeditados ya que valoro por encima de todo a los autores que quieren contarme una historia.

Entre dichas compras compulsivas se cuentan Too Much Pink, de Marta Garatea, un breve compendio grapado de ilustraciones cuquis y tiras cómicas humorísticas en las que aparecen unicornios y monerías varias por doquier. Además de ser muy vistoso con ese rosa chicle, cada ejemplar tenía una portada personalizada dibujada a rotulador. Resumiendo, que lo hojeé antes de comprarlo casi por pudor porque sólo con la portada ya me había encandilado... y eso que la autora ni siquiera estaba en el stand cuando pasé yo.


Otro descubrimiento fue la biografía de Vidal Balaguer, en una edición impoluta, bilingüe, que busca explorar los límites de un BD guionizado por Zidrou, con Oriol a los lápices, publicado por Norma el año pasado: Naturalezas Muertas. No he leído Naturalezas Muertas y no sabía de la existencia de este apéndice autoeditado pero no fui capaz de resistirme ni a la ocurrencia ni a la labia de Oriol y sus compañeros de stand. Ahora no tengo excusa para no leer la obra principal... Mientras tanto disfruto de mi firma:


Y cuando ya había decidido echarle el candado a la cartera, apareció el último capricho. Un prólogo, a todo color, con un dibujo cautivador, de un webcómic en publicación actualmente en Tapas: The Traveler. Por supuesto, también había merchandising precioso en el stand que contribuyó a guiar mi mirada hacia su mesa pero puede que fuese lo agradable que me resultó Wydes lo que me dio el empujoncito final para comprar su obra.


Por supuesto, me quedé con las ganas de haber comprado mil cosas más pero con la edad me veo obligada a priorizar. Me gustaría enseñaros todas las ilustraciones de las que me enamoré pero bastante mal me supo no comprar nada como para encima andar haciendo fotos súper detalladas en cada stand... En uno vendían pegatinas de nuevos diseños para las galletas Dinosaurios (FETÉN la idea, de verdad) e ilustraciones de dinosaurios integrados en paisajes urbanos, precioso todo. Desgraciadamente no os las puedo enseñar porque no he sabido encontrarlas en redes así que termino con la foto del botín.


No pude asistir a la primera por no estar en Barcelona pero, si tenéis curiosidad, publiqué en el blog sendas crónicas de las ediciones de 2014, 2015, 2016 y 2017 de KBOOM! en las que se aprecia la evolución del evento. Veremos con qué nos sorprende el equipo organizador de cara a la próxima edición; de momento, está claro que al evento le queda una larga y sana vida por delante.