domingo, 20 de mayo de 2018

Sobre las alas del mundo, Audubon

Por mucho que me guste leer (¡y reseñar lo leído!) como hobby, soy bióloga de formación y vocación ante todo así que no desaprovecho las escasas ocasiones en que se me brinda la oportunidad de fusionar ambos placeres. Hace prácticamente tres años que compartí las maravillas de Primates y unos cuantos meses desde que vi Audubon en el catálogo de novedades de Norma y supe que tenía que leerlo. Como siempre, la biblioteca me permite disfrutar de este tipo de obras caras no solo por su precio sino también por el espacio que ocupan. Y, curiosamente (estas coincidencias nunca dejarán de fascinarme), teniendo el volumen en la torre de lecturas pendientes, ha sido anunciado como uno de los nominados para los prestigiosos premios Eisner así que ya no me quedaba ni una sola excusa para no hincarle el diente de forma inmediata.


Al tratarse de una biografía (con licencias y algo de realismo mágico pero biografía al fin y al cabo) creo que carece de sentido escribir una sinopsis para esta obra. Jean-Jacques (o John James) Audubon fue un naturalista, pintor y aventurero (como él mismo se describía) que dedicó varias décadas de su vida a documentar mediante sus acuarelas la diversidad ornitológica de Estados Unidos en el siglo XIX. Es una tarea que le llevó toda una vida completar y su obra es testimonio de su perseverancia.

Los autores de este cómic, Fabien Grolleau y Jérémie Royer, toman como referencia los diarios de Audubon y su obra pictórica para reconstruir la biografía de este personaje célebre avisando desde un principio de que la realidad se mezcla con la fantasía en varias ocasiones con el fin de que la novela gráfica sea una unidad. Entiendo los fines poéticos de esta decisión pero es algo que me ha complicado la lectura ya que en una biografía no busco que todo encaje a la perfección sino poder formarme mi propia idea del tipo de persona que debió de ser Audubon.


Desde el primer capítulo se hacen evidentes su tenacidad y obsesión enfermizas por las aves y su documentación. No solo quiere conocerlas todas de una forma superficial sino que se interesa en sus hábitos, comportamientos, rutas migratorias e incluso por su alimentación. No se conforma con retratarlas sino que las caza y diseca él mismo para así poder lograr pinturas lo más realistas posibles. No obstante, en una época en que todos los desplazamientos se realizaban a caballo o, con suerte, en barco de vapor, la mera intención de querer documentar la totalidad de especies aviares de todos los Estados Unidos, sin contar siquiera con un mecenas, sería juzgada por muchos por poco más que una insensatez.

No sé si la forma en que los autores retratan su relación con su mujer e hijos dista mucho de la realidad pero, en cualquier caso, Audubon emerge como un personaje odioso, egoista, egocéntrico y desagradecido. Desde la primera viñeta se hace patente que este pintor vivía por y para publicar su obra y que cualquier otro aspecto de la vida familiar quedaba relegado a un segundo plano. Sin preocuparse por administrar sus finanzas, criar a sus hijos o velar por su propia seguridad, se entregó a la tarea sin descanso convencido de tener siempre la razón. Su esposa, estoica, aceptó las circunstancias y animó a su marido a emprender su viaje soñado encargándose ella de todo durante años sin tener apenas noticias de él.


Aunque el protagonista no me haya inspirado ninguna simpatía, me parece loable la labor del artista, que seguro que ha tenido que consultar más de un libro de referencia para poder dibujar las decenas de especies distintas que aparecen en esta obra. No sólo eso sino que también se dedicó a hacer sendas versiones de pinturas originales de Audubon (podría haber recurrido a reproducirlas tal cual como hacían, por ejemplo, en Yo, Asesino pero prefirió el camino difícil). Norma cuenta con muchas biografías en su catálogo pero creo que pocas se prestan tanto al formato cómic. Los paisajes, la vegetación, los animales, están todos tan bien dibujados que casi se nos olvida lo mal que nos cae el protagonista.

Además, hay toda una reflexión de fondo sobre el mantenimiento del equilibro en los ecosistemas y sobre el impacto que tiene la actividad humana sobre la biodiversidad. De nuevo, no sé si Audubon reflexionó sobre este tema en sus memorias pero me parece muy acertado que los autores hayan decidido incluirlo en la discusión de la novela gráfica porque, de esta forma, Sobre las alas del mundo va mucho más allá de su propósito biográfico.


Sin duda, lo que más me ha tocado la moral es una licencia "artística" de los autores en que presentan un encuentro ficticio entre Audubon y Darwin en el que, encima, discuten sobre un hallazgo que no se había producido todavía y que ninguno de los dos pudo discutir en vida. Me desagrada en exceso porque creo que no aporta nada, y me parece una forma infantil de compartir un dato curioso que tiene una relación muy tangencial con la biografía de Audubon.

A pesar de que no comulgo con algunas de las decisiones creativas expuestas a lo largo de la obra, creo que Audubon es una lectura más que interesante que permite acercar a los profanos al método científico de hace un par de siglos.

martes, 15 de mayo de 2018

Sunny

Olvidad cualquier cosa que dijese de Chiisakobee porque Taiyo Matsumoto expone el día a día de los niños que viven en una casa de acogida de una forma tan desgarradora que hace empalidecer a todas las obras que traten temas similares. Estoy consternada pensando en lo mucho que he tardado en descubrir a este autor teniendo en cuenta que Glénat lo introdujo en su catálogo hace una década e incluso lo invitó al salón del manga en 2009 (supongo que por aquel entonces no estaba preparada para apreciar su obra...). 


Sei no puede seguir viviendo con sus padres por lo que le acogen en la casa de los niños de las estrellas. Allí conocerá a Haruo, que siempre está gritando y haciendo gamberradas, a Jun, que no se separa de su armónica y tiene las uñas larguísimas, a Megumu, silenciosa y obediente aunque quizá un poco sombría, a Kiiko, escandalosa y quejica... y a tantos otros niños que sobrellevan lo mejor que pueden la separación de sus respectivas familias.

Si Chiisakobee era la adaptación a la actualidad de una novela clásica, Sunny cuenta una historia que podría haber pasado hace cincuenta años o el mes pasado. Y es que una de las primeras cosas que me llamó la atención de este manga es que está ambientado en los años setenta sin explicitarlo en ningún momento. Tardé varios capítulos en darme cuenta ya que la principal pista está en las referencias a canciones de moda y deportistas famosos de la época que se hacen cada vez que encienden la televisión o se ponen a tararear una melodía. Puede parecer un detalle insignificante pero que el autor sea capaz de transmitir la información sin contarla directamente ya evidencia que domina el medio.


Aunque, por supuesto, si Sunny destaca entre otras obras es por su exposición de la infancia. Las bromas, las jugarretas, los mocos, las quejas, los gritos, los motes, las rabietas, los celos, las mentiras... Cada pequeño detalle nos teletransporta a esa etapa en que el mundo adulto parece tan lejano e inalcanzable, cuando todas las emociones se viven intensamente. Los personajes de Sunny se tambalean en esa línea tan fina que separa la bendita ignorancia e ingenuidad infantil de un entendimiento sorprendentemente agudo del mundo que les rodea y las normas que lo rigen. En este sentido, el autor es implacable y nos muestra como, sin que nadie se lo explique ni lo justifique, los niños tienen que adaptarse a sus nuevas circunstancias por ensayo y error. Y lo aprenden muy rápido, os lo aseguro.

Pero, sobre todo, Sunny nos rompe el corazón capítulo tras capítulo al abordar un tema tan cruel como es el del abandono. Una esperaría que los niños que se encuentran en un centro de acogida fuesen todos huérfanos o quizás con padres gravemente enfermos o en prisión. Pero no es así para muchos de los niños de las estrellas que tienen que lidiar con un duelo aún más despiadado: sus padres no pueden/quieren ocuparse de ellos y es por eso que los dejan a cargo de la casa de acogida. Este es el caso de Haruo, Sei o Kiiko cuyo carácter se va resintiendo poco a poco al saberse abandonados voluntariamente.


Cada capítulo está dedicado a un personaje distinto y, aunque los niños repiten en más de una ocasión siendo Sei y Haruo los protagonistas (si es que hay protagonistas en Sunny), también hay espacio para personajes como Kenji, que como es menor de edad sigue al amparo de la casa de acogida aunque haga mucho que dejó atrás su infancia, o Makio, el nieto del dueño, que se podría decir que tiene una vida normal aunque no parezca muy conforme con ella.

El dibujo es sencillamente excepcional, con un grafismo tosco que ahuyentará a los compradores de obras más convencionales pero que sin duda le proporcionan ese halo de experimentación tan bien valorado entre lectores que buscan algo distinto y están dispuestos a pagar (literalmente) por ello (13 euros que cuesta cada tomo a pesar de no tener más páginas que un tankoubon estándar). Taiyo Matsumoto tiene un estilo muy personal, fruto de años de publicación, que se caracteriza por viñetas gigantescas y trazos burdos.


Sunny es la obra con la que he conocido a Taiyo Matsumoto y ahora entiendo por fin por qué había tantas personas recomendándolo encarecidamente en las redes. Es difícil transmitir con palabras la capacidad que tiene el autor para estrujar el corazón del lector.

domingo, 6 de mayo de 2018

Poncho Fue

En mi idilio continuado con la biblioteca, Poncho Fue le ha tomado el relevo a I.D. pasando por delante de varios títulos a los que les tengo ganas desde hace meses como Sadbøi o Audubon. En este caso es La Cúpula la que recupera para el mercado español una obra publicada originalmente en Argentina. Cuando salió a la venta hace cosa de un año, recuerdo ver muchas webs hablando de Poncho Fue, con una labor publicitaria muy activa por parte de la licenciataria. Hay una página en concreto, ocupada en su totalidad por una sola viñeta, que vi numerosas ocasiones; en ella se ve a Lu, la protagonista, empujando a Santi, su pareja, mientras grita un monstruoso «¡¡¡BASTA!!!». Fue esa viñeta la que puso a Poncho Fue en mi lista mental de cómics por leer ya que ponía dos cosas de manifiesto: la primera, que esta obra versaba sobre una relación tóxica; la segunda, que no se trataba de un abuso físico franco sino de algo mucho más complejo.


Lu y Santi se conocen, se enamoran, empiezan a salir juntos. Lu y Santi son inseparables, se complementan, son la pareja ideal. Lu y Santi tienen alguna que otra disputa, pero tras cada desencuentro siempre llega una reconciliación. Lu se siente más y más incómoda a cada día que pasa, y el único factor que es capaz de relacionar con su creciente malestar, es su relación con Santi.

Puede que lo que resulte más abrumador de Poncho Fue es su realismo implacable. La propia autora ha hecho público que este cómic bebe en gran parte de sus experiencias personales aunque salta a la vista sin necesidad de aclaraciones. Cada pequeña discusión entre los protagonistas encoge el corazón por su autenticidad. Creo que es difícil haber tenido una relación romántica lo suficientemente larga y no sentirse identificado con al menos un pasaje de la obra. Quizá lo que da más miedo es reconocer actitudes propias tanto en las acciones de Lu como en las de Santi


Poncho Fue es un catálogo de prácticamente todas las actitudes tóxicas que pueden tenerse en una relación romántica incluyendo la pasivo-agresividad, el gaslighting, la dependencia y, en general, un abuso psicológico flagrante. Es muy fácil leer al personaje de Santi y calarlo enseguida como un imbécil prepotente con complejo de inferioridad pero más sutil puede resultar en la vida real descomponer la inseguridad y la baja autoestima de Lu que la colocan en una posición tan vulnerable dentro de la relación. 

Puede que lo que más miedo da de las más de doscientas páginas de Poncho Fue sean las efusivas reconciliaciones, las idas y venidas, como si de un acordeón se tratase, de una relación que hace aguas por todas partes pero que no se llega a romper. Lu es muy consciente de que muchos de sus problemas personales tienen su origen en las discusiones con Santi, en sus menosprecios, sus gritos y sus reproches y, sin embargo, se dedica con toda su alma a poner tiritas en una relación que hace aguas por todas partes convencida de que debe seguir con él aunque no tenga muy claro el porqué.


Mucho más allá del guión, Sole Otero despliega sus aptitudes artísticas, experimentando con todas las herramientas que están en su mano: colores, trazo, globos de texto... en ningún momento pretende tener un estilo realista sino todo lo contrario, juega con el tamaño de los elementos para plasmar visualmente todos esos matices que no se pueden escenificar de otra forma. Cuando la pareja discute, Lu se va haciendo cada vez más pequeña conforme se queda sin argumentos, cuando los antidepresivos le quitan la energía y la inunda la desidia, tanto su piel como su ropa se vuelven blancas como el papel, cuando se siente mal, la palabra culpa se enmaraña a su alrededor.


Poncho Fue es una lectura intensa, difícilmente dosificable, angustiosa y que seguro que os hace reflexionar. Al basarse en su experiencia personal y la de sus conocidos, la autora ha sabido fotografiar la naturaleza de las relaciones humanas a la perfección.

domingo, 29 de abril de 2018

Kamisama Hajimemashita

Noragami, Blue Exorcist, Inu-yasha, Nura... no sé si habíais reparado en ello pero tengo cierta predilección por las obras de fantasía en las que aparecen seres sobrenaturales. Me valen tanto dioses como demonios y, precisamente, Kamisama Hajimemashita es de las pocas obras que mezcla ambos. Kamisama Kiss para Alemania, Italia, Estados Unidos y otros países anglófonos, Divine Nanami para Francia y "¿shôjo de 25 tomos? venga hombre" para España (le hago ojitos a ECC sin muchas esperanzas pero de ilusión también se vive). Se publicó originalmente en la Hana to Yume (Hakusensha) de 2008 a 2016 recopilando, como decía, 25 tomos.


Por mucho que Nanami sepa que su padre no tiene remedio y que tiene que seguir ocultándole el dinero para que no lo apueste todo, no esperaba que la abandonara dejándola de patitas en la calle estando aún en el instituto. Mientras se resigna a pasar la noche al raso, se encuentra con un hombre muy extraño que, tras besarla en la frente, la insta a acercarse al templo Mikage, donde podrá vivir a partir de entonces y, después de eso, desaparece. Nanami se dirige hacia allí sin mucho convencimiento y, nada más llegar, es atacada por una criatura diabólica. 

Kamisama Kiss es un manga que, en mi opinión, tanto bebe del típico shōnen de aventuras como del tópico shōjo de instituto. Por un lado, tiene varios arcos argumentales que se suceden mientras la trama avanza poco a poco (no olvidemos que raramente* un shōjo alcanza los 25 tomos de publicación), con numerosos enemigos sobrenaturales a los que vencer, metas que alcanzar y un gran villano final que derrotar. Por el otro, se entrelaza el romance imposible entre la protagonista, humana, y su sirviente, demonio, con un desarrollo lento y sosegado, algún que otro malentendido y una visión muy pura y extrema del amor.


En cuanto al desarrollo de la trama, puede que Kamisama Kiss no destaque especialmente debido a lo desiguales que son los distintos arcos. La autora quiere contarnos muchas cosas y darle una profundidad a los hechos que no le permite el ritmo de publicación. Es por eso que la resolución de más de una de las tramas puede parecer prematura, con finales anticlimáticos, como si la autora tuviese prisa por acabar con un determinado arco para poder pasar cuánto antes al siguiente. Lo que alabé en mi reseña de El Juguete de los Niños se convierte en un defecto en una obra coral con tantísimos personajes y un universo tan basto.

El romance entre Nanami y Tomoe es lo que me quita el hipo y me ha enganchado tantísimo a la lectura de todos estos tomos. Es un amor incondicional, puro, radical. Es ese tipo de historia de amor predestinado, que todo lo puede, que no se puede romper, que se convierte en la fuerza motriz de ambos enamorados. Pero se trata a la vez de un amor lento, que germina poco a poco, que evoluciona, que hace crecer a los personajes. Algo que me parece fascinante de los primeros tomos de Kamisama Kiss es que Nanami aprovecha su posición como diosa y obliga a Tomoe a hacer lo que ella quiera para disgusto del primero. Tomoe está asqueado, aborrece tener que obedecerla, la ve como un ser extremadamente frágil, que puede morir a la primera de cambio.


Mucho más tarde, cuando acaba por caer rendido a sus pies y se vuelve celoso y sobreprotector ya me desencanté un poco (bastante) pero se lo perdono (más o menos) a la autora porque es un demonio que ha vivido varios siglos y sus motivos tiene para ser un poco posesivo... pero tampoco habría estado de más una relación un pelín más sana. De hecho, aunque Tomoe es un peligro andante y es de los personajes más posesivos que he leído nunca, casi me molesta más la actitud despreocupada de Nanami, demasiado Mary Sue y con el mismo instinto de supervivencia que tenía Hiyori en Noragami... Me hubiese gustado un epílogo en el que aprendieran a tener una relación adulta más madura la verdad.

Donde brilla Julietta Suzuki es en el diseño y construcción de personajes y en su forma de tejer las relaciones entre unos y otros. Para comenzar, y aunque pueda parecerlo por el plantel de personajes principales, Kamisama Kiss no es un shojo harem. Aparecen diversos dioses (que no parecen susceptibles de experimentar sentimientos tan terrenales) y demonios, prácticamente todos de género masculino, que en ningún caso muestran interés en la protagonista. Al contrario, las relaciones que más entrañables me han parecido son las que van más allá del amor romántico.


Mitsuki es un familiar (no me entusiasma la traducción pero no sé de qué otra forma referirme a este término) de Nanami. La diosa original que le dio vida desapareció al perder todos sus creyentes por lo que estuvo solo durante décadas preservando el espejismo del templo en que convivieron ambos durante siglos. Al conocer su historia, Nanami se apiada de él y decide convertirlo en su familiar para acogerlo en el templo Mikage. Esta decisión la convierte en responsable de Mitsuki ya que, más que una simple amiga o amante, la diosa en prácticas se convierte en una segunda madre para el shikigami.

Aunque quizá sea la amistad inquebrantable entre Tomoe y Akura-ou la que emerge como la más insólita dentro del género, madurando y perdurando con el devenir de los siglos, tras muchas peleas y malentendidos. Akura-ou es el paradigma de la falta de moral, es un ser que desde su omnipotencia no puede comprender a los tan débiles e inferiores seres que son los humanos desde su punto de vista. Lo que me parece precioso de Kamisama es que todos los entes sobrenaturales que aparecen, ya sean yokais o shikigamis, no tienen ningún tipo de moral ni de ética, no son humanos y, por ello, actúan a menudo de forma impulsiva, sin rastro de empatía, con la crueldad y el egoísmo de los niños pequeños.


En definitiva, Kamisama Kiss me ha encandilado por sus personajes. Toma como base infinitos clichés y motivos repetidos sin cesar (aunque nunca hasta la saciedad) en el manga pero enseguida se desmarca con esas relaciones que comento a lo largo de la entrada haciendo de su lectura una experiencia de lo más disfrutable. Si alguna editorial se animase a licenciarlo en España, me lo compraría sin dudar.

*Sí, sé que Akatsuki no Yona lleva ya 26 y ni siquiera está terminada pero estaremos de acuerdo en que la proporción de obras de demografía shôjo licenciadas en España de esta longitud es más bien ínfima.

domingo, 22 de abril de 2018

I.D. de Emma Ríos

Llevo queriendo leer I.D. desde que vi alguna de sus páginas fotografiada en su primera edición como parte de la revista de cómics Island. Incluso llegué a tener algún número de dicha revista en mis manos en una visita a Gigamesh. Pensé en comprar el volumen en inglés cuando supe que Image iba a recopilar todo el material en tomo. No mucho después Astiberri anunció que editaría este título en castellano. Y mis dudas existenciales sobre qué edición comprar desembocaron en que terminara por no comprar ninguna. Si no fuera porque lo encontré hace unas semanas en la biblioteca, supongo que habría seguido perdiéndome su tan estimulante lectura.


En un futuro ficticio, el avance de la ciencia ha hecho posible el trasplante de cuerpo, o de cerebro (según se mire), si se tienen los medios y la determinación necesarios. Con el propósito de someterse a dicha cirugía, Noa, Charlotte y Miguel discuten en una cafetería sobre los motivos que los han llevado a tomar una decisión tan radical. Mientras tanto, una guerra sin cuartel tiene lugar en el exterior y los intereses del centro que lleva a cabo el dudoso procedimiento no están del todo claros...

Voy a empezar la casa por el tejado hablándoos de un artículo que funciona a modo de epílogo firmado por el doctor Miguel Alberte Woodward, que asesoró científicamente a Emma Ríos a la hora de crear un marco teórico coherente en el que fuese factible hablar de trasplante de cuerpo. Se trata de un pequeño alegato en el que expone todos los motivos por los que nunca tendría sentido aplicar una operación como la que se plantea en I.D. Echa por tierra la hipótesis que sustenta al cómic desde todos los ángulos posibles, y lo hace concienzudamente. Con esto en mente, autora y lectora tenemos muy claro que el objetivo de I.D. no es ni predecir el futuro ni tampoco el mero entretenimiento, sino una reflexión extraordinaria sobre la identidad desde un punto de vista que sólo la ciencia ficción podía facilitar.


Cuando empecé a leer una disertación sobre optogenética, virus neurotropos usados como vectores y estereotaxia como marco de referencia no daba crédito. Es una combinación fascinante de elementos que sí se emplean actualmente en investigación y para tratar ciertos trastornos. Sólo por dedicar tanto esfuerzo a que el mecanismo del procedimiento quirúrgico se explicitara y, encima, fuera coherente, ya considero que I.D. sobresale entre otras obras de ciencia ficción que prefieren no detenerse en la lógica interna de lo que plantean.

Pero, como en toda obra del género que se precie, y como ya nos revela el doctor Alberte, el trasplante de cuerpo no es más que la excusa que sirve de telón de fondo a una serie de cuestiones más bien metafísicas sobre la identidad y cómo nuestro cuerpo es la interfaz que nos permite comunicarnos con el mundo exterior y otras personas. La viabilidad de tal procedimiento tendría (especial) sentido en el contexto de enfermedades orgánicas o lesiones graves derivadas de traumatismos pero no es este el escenario de I.D. Los candidatos a la operación que presenta Emma Ríos son privilegiados habitantes con medios suficientes que aspiran a alcanzar la cúspide de la pirámide de Maslow con la enésima invención biotecnológica. No tengo ninguna duda de que si algo así existiese hoy en día, no faltarían voluntarios para someterse a la operación, ya que hay una creciente obsesión con comprar la felicidad.


Noa es un chico trans que no se conforma con una operación de cambio de sexo sino que prefiere reemplazar su cuerpo para así poder sentirse cómodo consigo mismo. Miguel es un expresidiario que prefiere no revelar demasiado de sí mismo. Mientras que Charlotte es una mujer de avanzada edad con ganas de experimentar. Estos tres personajes sólo comparten su deseo de cambiar de cuerpo pero no podrían ser más distintos en todo lo demás. I.D. consiste, precisamente, en todos los intercambios que comparten estas tres personas que, al ser tan opuestas, tanto tienen por discutir. Especialmente brillante me parece el retrato que hace Emma de la masculinidad y la feminidad presentando primero a Noa como un chico que no se siente identificado con su cuerpo femenino y menudo, para introducir más adelante a Miguel como un hombre de lo más corpulento incapaz de usar la violencia mientras que la aparentemente frágil Charlotte es la más autosuficiente del grupo con claras aptitudes para dejar K.O. a cualquier amenaza potencial.

Pero son los destellos fugaces de información entrecortada que se intuye aquí y allá los que acaban de complementar la lectura de esta obra. I.D. tiene lugar en un futuro incierto, me atrevo a aventurar que bastante próximo, en el que los humanos hemos conseguido colonizar con éxito la Luna y Marte. Por supuesto, los avances tecnológicos no han podido con la corrupta naturaleza humana por lo que hay disturbios por doquier, abusos policiales y las triquiñuelas ilegales de grandes corporaciones están a la orden del día.


Es en el apartado gráfico en el que Emma Ríos demuestra su larga trayectoria como artista de varias editoriales de cómic estadounidenses. Tiene muy claro que cada una de sus páginas ha de ser una obra en sí misma y tiene de sobras el talento para lograrlo. Además, para darle un toque aún más personal, opta por el bitono; la elección por el magenta acentúa el carácter íntimo y visceral de la historia. Me encanta la composición de viñetas de casi todas las páginas, aunque el objetivo principal sea transmitir una idea/argumento, I.D. no deja de ser un experimento gráfico con un resultado final excelente.

Puede que el principal defecto del cómic sea su brevedad ya que introduce un mundo tan interesante que el escaso desarrollo que se puede mostrar en 80 páginas podría resultar incluso superficial para el lector. Aunque la historia de Noa es bastante lineal y la de Miguel obtiene un cierto grado de resolución, Charlotte permanece como un absoluto enigma de principio a fin. Quizá el tono sea demasiado desenfadado para la crudeza de lo que cuenta, me hubiese encantado ver al menos un capítulo dedicado tan solo a las secuelas de la operación aunque entiendo que no era ese el objetivo de la obra. Es una idea que no dista tanto de la que se presenta en Altered Carbon pero creo que la de I.D. es más tangible y permitiría explorar aspectos muy interesantes.


Para concluir, os recomiendo encarecidamente la lectura de I.D., tengo claro que lo añadiré a mi biblioteca (cuando decida en qué idioma lo quiero) aunque, por lo pronto, mi prioridad es hacerme con Mirror ahora que sé que conecto al 100% con los mundos que plantea Emma Ríos.

lunes, 16 de abril de 2018

Salón sin firmas

Como es ya tradición, tras mi visita anual al salón del cómic redacto una crónica de la misma para poner en orden mis ideas y, de paso, compartir con vosotros mi experiencia. De la misma forma que el año pasado, sólo he asistido el sábado y, como novedad de este año, he sido una visitante más sin las ventajas que me había venido confiriendo la acreditación de prensa hasta ahora ya que parece ser que mi blog no cumple los criterios de calidad de Ficomic (tened esto en cuenta si notáis cierto resquemor a lo largo de la entrada porque me tenían muy mal acostumbrada estos últimos años).


Decidí comprar la entrada anticipada y, en ese sentido, todo muy bien, ya no cobran gastos de gestión y la cola, a pesar de ser sábado por la mañana, avanzó muy rápida, enseguida estábamos dentro del recinto. Igual que en el salón del manga, no estaba permitido salir y volver a entrar al recinto así que si tenías intención de quedarte todo el día tocaba llevar comida de fuera o bien pasar por el aro de los foodtrucks (estoy adelantando acontecimientos).

Nada más llegar a plaza España me reuní con Fran y Belit (no olvidemos que lo mejor de asistir al salón es la buena compañía) y acompañamos a la segunda al stand conjunto de Fandogamia y Ediciones Babylon donde saludamos a Irene y Laura, de Xian Nu Studio, a tope en el stand con la energía y el buen humor que las caracteriza. Mientras Belit, curtida en esta edición del salón ya que asistía por tercer día consecutivo, iba dirección a Letrablanka a conseguir la enésima firma (le cedo mi título de recolectora de firmas aunque dudo que lo quiera), Fran y yo fuimos a la zona de librerías en busca (sin demasiada esperanza) de alguna oferta interesante. Ni que decir tiene que no encontramos ninguna.

Sinceramente, como la información referente a este salón se hizo pública tan tarde y, además, hace varios meses que no compro cómic no manga (ni americano ni europeo), era bastante difícil que me interesara algún autor por lo que me tomé el día con mucha calma. Si no me interesaban las firmas, y el apartado compras estaba bastante descartado ya, tenía tres objetivos para el día: saludar a conocidos que sólo puedo ver en este tipo de eventos, ver las exposiciones y asistir a las presentaciones de novedades.

Justo al lado de la zona de fanzines y el artist alley (en una situación geográfica privilegiada si se compara con la de las últimas ediciones en que se relegaron a la desértica segunda planta del pabellón) se encontraba el stand del Colectivo Autoras de Cómic, donde pasé un muy buen rato hablando con Marina, Xulia, Nuria, María... además de ver pasar fugazmente a gente muy guay como Emma Ríos (que es mi ídola pero no lo sabe porque no se lo dije a pesar de tenerla a medio metro de distancia), Natacha Bustos o Mai Egurza. En realidad pasé por su stand unas 3 o 4 veces a lo largo del día así que creo que las atosigué un pelín (suerte que iban rotando unas y otras)... Mi desgracia fue que me enamoré de un diario de viaje de Nuria y no lo compré en la primera visita pensando en cogerlo más tarde y... evidentemente, se agotó (OTL). Tres hurras a mi inteligencia suprema por favor.

Al final sólo me compré el mini-fanzine Extra Extra
(featuring el pasatiempo de la revista del salón y el premio por encontrarlo todo)
De tanta cháchara saco dos cosas en claro: (1) que una autora puede pasarse meses (o años) sin sacar ningún cómic a pesar de tener muchísimo talento porque no le da la vida; y (2) que una autora puede pasarse meses (o años) sin sacar ningún cómic a pesar de tener muchísimo talento porque, sencillamente, ha decidido no seguir dibujando de forma profesional. Y que ambas decisiones son totalmente válidas claro. Entendedme, llevo años dando por saco insistiendo a todo el mundo (pero más a mis autoras predilectas) para que sigan creando y publicando historias pero quizá debería ir echando el freno, máxime cuando yo no soy capaz ni de mantener una periodicidad decente en el blog.

Decisiones muy válidas pero Xulia no se libró de mi tortura,
mirad qué cara de sufrimiento tiene la pobre
Y ahora ya sí, turno de exposiciones. Seré sincera y os diré que no me interesaba absolutamente nada ninguna de ellas y fui más arrastrada por Fran que otra cosa. Eso no quita que me gustara mucho la de Javier Rey, que fuera autor revelación en la pasada edición del salón, que incluía páginas de Un maillot pour l'Algérie, Intemperie (muy interesante porque explicaba cómo se las ingenió para traducir toda una novela al lenguaje del cómic) y un corto a todo color precioso en que el artista explica lo que significa para él ser autor de cómic (♥). Deduzco que lo tradujeron rápido y corriendo del francés para la exposición y que por eso tenía alguna falta de ortografía (el tema porque/por que/por qué/porqué es la pesadilla especial de los correctores me parece).


Con la tontería, se nos hizo la una del mediodía así que fuimos a la comodísima sala de actos del Palacio 5: apartada y separada de la habitual cacofonía que se forma en el salón por una puerta divina que nos permitió, más o menos (los problemas con los micrófonos ya son harina de otro costal), escuchar las presentaciones del día sin acabar con migraña. Gracias Ficomic. Allí nos encontramos de nuevo con Belit y, además, con Miya y Flors. Eso sí, no acierto a comprender por qué ECC se obceca en presentar sus novedades y anunciar sus licencias a la una del mediodía, con tan solo media hora de margen, sin soporte power point teniendo en cuenta que es de las mejores editoriales de cómic actuales. Que sí, son unos careros, y sí, qué rabia el puto moiré pero ¿habéis visto las maravillas que licencian? ¡y van a traer a Nagabe al salón del manga! ((que hayan recuperado a Arina Tanemura después de 8 años no tiene nada que ver con mi renovada devoción por la editorial)) (((ahora ya no tengo excusa para no comprar La pequeña forastera)))

Como nos fue imposible pillar todos los títulos anunciados, fuimos varios los que nos acercamos a hablar con la editora que lleva la línea manga de ECC (no sé cómo se llama OTL) por lo que os puedo obsequiar sin ningún tipo de exclusividad con una fotografía que hice de su libreta con el listado completo.


Buchou wa onee, de Nagabe
Nivawa to Saitou, de Nagabe
Killing Morph, de Nokuto Koike
Luno, de Kei Tome (♥)
Showa Ichidai Onna, de Ikki Fujiwara & Kazuo Kamimura
Shikaku Horror Anthology Comic, VV.AA.
Paranoia Star, de Suehiro Maruo
Midori, la niña de las camelias (reedición), de Suehiro Maruo
Girls und Panzer: Little Army
Perfect World, de Rie Aruga (♥♥)
Mushi to Uta, de Haruko Ichikawa
25-ji no Vacances, de Haruko Ichikawa
Wotaku ni Koi wa Muzukashii, de Fujita (♥)
Kimi no Suizou wo Tabetai, de Yoru Sumino & Izumi Kirihara
Idolish, de Arina Tanemura (yo sé que va a ser un mal manga pero ♥♥♥♥♥)

Y ya que estaba allí frente a frente con la editora, aproveché para indagar por qué habían decidido apostar precisamente por un manga basado en un otome con la cantidad de obras que tiene Arina Tanemura inéditas en nuestro país. Resumiendo bastante, ECC no tiene ningún tipo de bagaje publicando shôjo y eso, para los editores japoneses, resulta cuánto menos sorprendente si se hace una oferta en firme por adquirir derechos para publicar a Arina Tanemura en España (máxime cuando Glénat y Planeta ya explotaron bastante su catálogo hace años). Es por eso que pueden permitirse el lujo de exigir que desde ECC comiencen con obras menores de la mangaka antes de negociar licencias para otros títulos. Personalmente, compraré Idolish con el único objetivo de acercar el día en que pueda ver publicadas en castellano sus obras más recientes, que tiene unas cuantas y están en francés/inglés desde hace años.

No puede ser peor que Girls und Panzer... ¿verdad?
Con Flors abrí la veda de compras del salón adquiriendo de segunda mano el tercer tomo de la colección Asumiko Nakamura, Chicken Club, y un tomo único de Kiriko Nananan en francés: strawberry shortcakes. El primero me iba como anillo al dedo porque le hubiese comprado de todas todas y es raro que espere lo suficiente como para que alguien tenga tiempo de decidir venderlo; el segundo es un capricho porque estaba muy bien de precio y es de Kiriko Nananan... demasiado tentador como para no comprarlo.


Al salir de la presentación de novedades de ECC, seguimos con la visita a las exposiciones, nos faltaban por ver aquellas consagradas a Jack Kirby y al Gran Premio del Salón anterior, Josep Maria Martín Saurí. Personalmente, no son estilos que me entusiasmen y no he leído ninguna obra de ninguno de los dos así que... Vistas las exposiciones, Fran, Flors y yo fuimos al stand de ECC donde nos encontramos con Gemma que nos traía varios quilos de manga francés a precio de saldo. 


Por si tenéis curiosidad, compré:
  • Daisy, Lycéennes à Fukushima #1-2 (completa), un manga de instituto sobre las consecuencias del accidente nuclear en Fukushima al que le tenía ganas desde que leí la reseña que le hizo Flors en su blog
  • Born To Be On Air! #1-2, de Hiroaki Samura, un manga actualmente en curso en Japón que hace tiempo que quiero leer porque es de Hiroaki Samura (¿hace falta alguna otra explicación?) 
  • Say I love you #1: tengo un fetiche con este manga desde hace demasiados años. Los que me seguís de hace (mucho) tiempo quizá recordéis que tengo los cinco primeros tomos en ITALIANO porque, en su momento, leí bastantes capítulos por scans y me enamoré del romance entre Mei y Yamato. Al menos ahora está terminado (¡por fin!) en Japón (y en Francia)...
  • Le Monde selon Uchu #1: otro manga que quiero comprar por culpa de Flors pero es que le puso muy buena nota... ¡y solo son dos tomos!
Y, de regalo (porque Gemma es toda amor ♥):
Se iba haciendo tarde y se acercaban las múltiples presentaciones de novedades así que Fran y yo nos fuimos a peregrinar bajo la lluvia con el objetivo de comer algo (que parece ser que fuimos los únicos que no trajimos bocata). ¿Resultado? Una hora de reloj haciendo cola para comprar un triste frankfurt en el único foodtruck sin precios abusivos del todo y que nos perdimos la presentación de Fandogamia (me han dicho que hubo cerveza de por medio).


Y ahora ya sí, fuimos a la presentación de novedades de Planeta en la que no se anunció ningún manga (ni siquiera de Dragon Ball) y encima la editora nos tildó de público soso (sin comentarios). Nada que decir de esta presentación, totalmente obviable y olvidable. Fue en el impasse entre Planeta y Norma que una vez más salimos a cotillear un poco el salón, y a probar suerte en el stand de Ponent a ver si nos hacían algún descuento (que lo de pagar 20€ por tomo no lo llevo demasiado bien) pero no rascamos nada más que el 10% (con la edad pierdo facultades, antes regateaba mejor). De todas formas, difícilmente íbamos a conseguir buen precio con Pink teniendo en cuenta que se agotaron ejemplares (con un poco de suerte es lo suficientemente gafapasta como para ser catapultado a las listas de cómics bien valorados por la crítica publicados durante 2018). Además, cierro ciclo y completo Emanon, ahora solo me falta leer los tres tomos y reseñarlos en el blog.


La presentación de Norma consistió en una tortura de monólogo a tres voces que duró cincuenta minutos y que culminó con el anuncio de cuatro licencias manga que no podrían atraerme menos. Así que me fui con la misma sensación de bajona que al terminar la presentación de Planeta. Reitero que ECC es la única editorial que se salva de la criba (a parte de Tomodomo y MW, que no asisten al salón del cómic). Echamos mucho de menos también el típico show de Leandro... es una lástima que optaran por anunciar sus nuevos títulos vía twitter. Menos mal que entre Miya, Fran y yo estuvimos buscando Gunters y demás en la ilustración de Xulia, Anabel, Nuria y María de la revista del salón. Al menos nos echamos unas risas ;)

A una hora del cierre del salón sólo faltaba despedirse de las chicas en el stand de Autoras de Cómic y hacer una visita relámpago al stand de Norma para comprar las novedades guays del salón (me estoy viciando mucho a Yona, tanto que la cadencia mensual me parece demasiada espera).


Siento haber desaprovechado la ocasión y no haber ido como loca a por las firmas de Tillie Walden, Emma Ríos o el equipo formado por Ricard Ruiz Garzón & Alfredo Borés pero no tenía sus obras compradas (ni leídas claro) y no quería caer en la trampa de comprar un cómic sólo porque el autor está firmando ya que lo disfruto mucho más cuando puedo hablar con él/ella sobre lo que más me ha gustado de la historia (y alguna vez me ha pasado que he leído la obra a posteriori y no me ha gustado, y es una faena tener firmado algo que ni siquiera te convence).

¿Veredicto?

Lo mejor: ARINA TANEMURA, me da igual que Idolish sea bazofia, la adolescente que descubrió que el manga existía leyendo la edición extraña de Kamikaze Kaito Jeanne da saltos de alegría. Y, además, Nagabe para el salón del manga, podré comprar Perfect World en castellano, me reconcilio con ECC post-Children of the Sea, se agotó Pink en el salón. Y la nueva sala de actos para presentaciones y demás. Y haber podido ver a Marina, Xulia, Nuria y Maria

Lo peor: mi ego herido porque me denegaron acreditación, Planeta no anunció nada, lo que anunció Norma no lo conoce nadie, la lluvia, que no te dejen salir a comer fuera (el brasileño T^T) cuando el salón estuvo bastante vacío, ninguna exposición que me llamara realmente la atención, haber subido información relevante del salón con prácticamente nula antelación.