lunes, 2 de marzo de 2015

Un febrero de cine

No es más que el segundo mes del año y ya he acabado con mi propósito de ver una película por semana. En realidad, el miércoles pasado iba a caer Nightcrawler pero me puse mala y al final no pudimos ir al cine *llora internamente* pero, sin más dilación, paso a comentar las tres películas que he podido ver, todas en el cine.

1 de febrero: The Hunger Games: Mockingjay - Part 1

Imagino que Mockingjay Part 1 habrá sido bastante taquillera porque aún yendo a verla en febrero, seguía en cartelera. Que no es algo que me extrañe teniendo en cuenta la FAMA en letras mayúsculas de la saga claro. Y... ¿qué os voy a decir? Cierto es que Sinsajo era la parte más pesada de la trilogía pero también lo es que es la más coherente (al menos al principio que, en cualquier caso, es lo que se adapta en esta película). Y esa coherencia viene de una realidad cruda y desprovista de adornos, sin acción pura sino más centrada en el estrés post-traumático. Curiosamente, los guionistas han conseguido convertir la paranoia de Katniss en una película con un porcentaje nada despreciable de acción, centrado en la publicidad rebelde. Evidentemente, no se deja de lado ese cariz deprimente y opresivo del libro pero en un tono muy rebajado. Esto me parece, por un lado, todo un logro, ya que hace que el espectador salga satisfecho de la sala, de hecho, he visto a más de uno preferir la película al libro en este tramo. Pero, por el otro, me parece hasta insultante que se obvie tan descaradamente la inestabilidad mental de Katniss, su desasosiego y su trauma. Estoy pasmada con lo poco que sale Finnick en toda la película, espero que le den más metraje en la segunda parte porque me parece un personaje imprescindible al final de la saga. Por último, si a vosotros también os parece que Prim es retrasada mental por subir a por el maldito gato, mostrad vuestra solidaridad hater en los comentarios.

18 de febrero: Whiplash

Si Whiplash seguía en cartelera a mediados de febrero fue, más probablemente, por sus múltiples nominaciones a los Óscar (que, como veis, siguen avasallando las primeras películas vistas este año). No voy a decir eso de que es una de las mejores películas que he visto en mi vida porque luego me decís que soy una pretenciosa (pero). Miles Teller encarna a Andrew Neiman, un estudiante que acaba de entrar en el conservatorio Shaffer y que aspira a convertirse en el batería del grupo de jazz dirigido por Terence Fletcher, sabiendo que eso le abrirá todas las puertas del mundo de la música profesional. Toda la película gira en torno a la fijación de Andrew, rayando la obsesión enfermiza, por ser el mejor. Y por demostrar que lo es. Sacrificando cualquier aspecto de su vida en pos de la música. Yo me pasé toda la película sintiendo una mezcla entre fascinación y horror por el protagonista. Whiplash transpira locura por todos sus poros pero no por ello resulta irreal. Quizá ligeramente exagerada en una o dos escenas pero nunca imposible. Puede que algunas personas puedan interpretar que transmite un mensaje más que enfermizo pero, personalmente, opino que refleja hasta dónde tienes que llegar, hasta dónde tienes que dar, para conseguir ciertas cosas. Ciertas cosas que son una mezcla entre bendición y maldición endémicas de nuestra sociedad en que se da importancia a cosas que quizá no deberían tenerla o que quizá deberían tenerla toda. Y lo mejor de todo es que la película también muestra la contrapartida, la incomprensión de amigos y familiares, la incapacidad para entender qué tiene de especial tocar la batería gratis en el grupo de un tal Fletcher. Es sencillamente brillante. Y todo acompañado de una banda sonora alucinante, vibrante y unas actuaciones estelares. Salí maravillada del cine, después de haber estado en la más absoluta de las tensiones durante minutos y hasta el mismísimo final. Espectacular. Os la recomiendo.

22 de febrero: American Sniper

Esta sí, la misma semana en que la estrenaron fuimos a verla que ha habido demasiado hype con American Sniper. Sí, demasiado. Tampoco es que la construcción "demasiado hype" deba sorprenderos mucho per se a estas alturas. Generar expectativas tan altas suele suponer más perjuicio que beneficio. El francotirador es una película basada en una historia real (algo que yo desconocía hasta que llegaron los créditos), en una historia real reciente para más inri. Clint Eastwood consigue que, aunque sea solo por un segundo, te pongas en la piel de un soldado estadounidense. Pero no es más que eso, un segundo sesgado de realidad. No he visto muchas películas sobre guerra porque es una temática que me revuelve las tripas mientras me abrazo a mí misma en mi pequeño mundo de hipocresía. Desde mi limitada visión del campo, creo que American Sniper es una buena película, muy coherente, y que se centra en otra persona que, en cierto modo, también lo sacrificó todo por su obsesión. Es una buena película pero me temo que está demasiado empapada de patriotismo encubierto como para que haya podido disfrutarla. Claro que este tipo de obra solo se puede contar desde un punto de vista pero me parece que se ignora de forma demasiado flagrante todas esas historias que hay detrás de todos los enemigos. Y claro que se dejan ver puntos de vista mucho más moderados que el del protagonista en algunos de los secundarios pero creo que es difícil quitarse de encima ese soldado perfecto que no siente ninguna clase de remordimiento por lo que ha hecho, solo por lo que no ha podido hacer...

viernes, 27 de febrero de 2015

El shôjo en España no ha muerto (¿aún?)

Hace poco más de un año que comentaba indignada la poca repercusión que tuvieron (en ese momento) las nuevas licencias (shôjo) de Ivrea. ¿Ha cambiado en algo la situación de un año para otro? Yo diría que estamos igual; igual de mal.

Las únicas editoriales que han licenciado algo de shôjo en este último año han sido dos: Planeta e Ivrea. Y ambas se han dedicado a rescatar a autoras del fondo de su catálogo.


Ivrea apuesta por 1) la prolífica Mayu Shinjo ya que, por muy dudosa que sea la calidad de sus obras, es indiscutible que vende (o que vendía); 2) otro tomo único de Nana Shiiba; y 3) aprovechan el filón de Strobe Edge trayendo uno de los shôjo más demandados del momento: Ao Haru Ride (para el deleite de las aficionadas y aficionados al shôjo que subsistimos en este país). Sinceramente, no tengo ninguna intención de criticar a esta editorial (no se muerde la mano que te da de comer) PERO tampoco pienso alabarla. A Ivrea se la ha machacado bastante en el pasado por traer, ojo al dato, demasiado shôjo (me río solo de recordarlo) y, desde PSS, recuerdo haberla defendido a capa y espada por apostar por un mercado tan dejado de lado en este país. Bien, las tornas han cambiado, Ivrea es, actualmente, la editorial española que saca más volúmenes manga al año y la mayoría de ellos son shônen y seinen. Echo de menos que se arriesguen con autoras nuevas, como lo hicieron en su día con numerosas mangakas que acabaron convirtiéndose en autoras insignia de la editorial.


A este respecto, y viendo que ya no hay ninguna editorial japonesa que se resista a la argentina, creo que, actualmente, hay muchos títulos interesantes que encajarían en el catálogo de Ivrea. Puedo mencionar de pasada algunas obras de autoras que ya han probado como Anata ni Hana Sasagemashou de Tomu OhmiSuki desu Suzuki-kun!! de Go Ikeyamada o quizá alguna obra cortita de Kaco Mitsuki. Pero prefiero centrarme en los top ventas actuales: Sukitte ii na yo de Kanae Hazuki (del que ya disfrutan en los mercados estadounidense, francés e italiano y que encajaría a la perfección con el catálogo de la editorial), Tonari no Kaibutsu-kun de Robico y, sobre todo, Ore Monogatari!! de Kazune Kawahara y Aruko, que debería tener todas las papeletas para ser licenciada porque se han publicado (en Japón) dos historias cortas con sendos crossovers entre este laureado shôjo, Nisekoi y Ao Haru Ride. Dicho de otra forma, soñar es gratis.


Planeta lleva AÑOS con la misma cantinela: "2012 será el año del shôjo en Planeta", "2013", "2014"... y ahora no sé si por traer un par de obras aleatorias de Wataru Yoshizumi (Marmalade Boy 2.0 y un tomo único cualquiera) pretenden hacernos olvidar que hace cuatro años que no sacan ni un mísero tomo de temática shôjo, teniendo en cuenta que podrían haber seguido expandiendo su catálogo con autoras como Arina Tanemura o, sencillamente, retomando espléndidas obras como Hana-Kimi, Llegando a ti u Otomen (que ahí siguen, en el limbo). Y aún tenemos que dar las gracias porque se dignaron a acabar Lovely Complex. Es que es ridículo.


No menos lamentable es que editoriales grandes como Norma o Panini ignoren el género. Norma hace papelones como ignorar que la precuela de Levi (Ataque a los Titanes) es shôjo o sacar Life con una periodicidad anual. Panini parece haber olvidado su época dorada, en la que trajo algunos de los mejores títulos de esta demografía que hemos podido ver por estos lares. Más entendible pero igual de triste es que, en un momento en que el mercado manga está virando lentamente hacia títulos alternativos que van más allá de los topicazos y de lo comercial (en gran parte gracias a las nuevas editoriales que han surgido), se siga dando al shôjo de lado. En este sentido, tenemos el pequeño respiro que nos da Tomodomo con algo aun más inusual, josei y BL de calidad.

Pero mi conclusión es que el panorama para este género, ahora mismo, es desolador.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Titanes y básquet


Después del ligero desengaño del noveno tomo he tardado algo más de la cuenta en retomar la lectura de este superventas. Eso sí, el tomo #10 de Ataque a los Titanes me enganchó de tal forma que esa misma semana me compré los dos siguientes para devorarlos. Menudo frenesí de batallas, de alianzas, de secretos medio-desvelados y de nuevas preguntas. Porque aunque estos tomos han sido mucho más animados que los anteriores, el autor se las apaña para seguir sin responder ni una sola pregunta, más bien añade unas cuantas a la lista.

Se empieza a intuir que los misterios que subyacen la existencia de los titanes son realmente complejos y que hay toda una estructura jerárquica, o varias, implicadas en una intrincada red. Y, en medio de todo este caos, está el ingenuo Eren que lo único que sabe hacer es gritar y lanzar puñetazos al aire. Por un lado creo que es extremadamente cansino pero, por el otro, me cuesta imaginar cómo avanzaría este manga si no tuviese a este tipo de protagonista estereotipado. Aunque, eso sí, lo que distingue la historia no es precisamente un protagonista irreflexivo, buenazo y que ha llegado donde está (más o menos) a base de esfuerzo y sacrificio (o unos cuantos de ellos) sino personajes como Mikasa o Armin (que no dejan de ser prototípicos pero al menos algo más interesantes) que le dan vidilla a la trama.


Aun así, me da algo de miedo qué pasará a partir de ahora. Preveo uno o dos tomos de calma y, con algo de suerte, de alguna que otra explicación (que nos haga poner la cara que tiene Eren en la portada del tomo #15). En especial en lo que se refiere al muro y a Christa. No estaría mal contar alguna cosa de aquellos personajes que se van separando del grupo principal pero imagino que el autor preferirá mantenernos en la ignorancia.

No sé si es porque cada vez estoy más metida en la historia, porque me estoy volviendo tolerante o porque realmente ha mejorado pero le voy pillando el humor extraño a la historia y los últimos tomos hasta puede que me hayan sacado alguna que otra sonrisa.


Y me sigo leyendo los tomos de Slam Dunk de tres en tres (y de cinco en cinco también pero tengo que dosificar un poco en las entradas que total, estoy a punto de quedarme sin tomos para seguir leyendo). Con el inicio de los cuartos de final del campeonato intercolegial de Kanagawa, empieza de verdad este spokon. En primer lugar el Shohoku debe enfrentarse al Shoyo, uno de los favoritos para la final. Después de ser expulsado en todos los partidos anteriores del campeonato, Sakuragi está totalmente obcecado con conseguir destacar en este. Y, aunque le cueste, el caso es que lo consigue. Y, como va siendo habitual en mis comentarios sobre este manga, aplaudo de nuevo a Takehiko Inoue por hacer vencer a Hanamichi dentro de una derrota.

Acto seguido, viene el enfrentamiento contra el Kainan, el vencedor imbatible de Kanagawa. Me hace mucha gracia esa idea de "crecerse ante la adversidad" porque, aunque quizá suene como la típica exageración muy del shônen, creo sinceramente que es algo que ocurre de verdad en muchos ámbitos, no necesariamente deportivos. Haces las cosas con más ganas cuando te suponen un reto y no una obligación, ¿qué pensáis vosotros?

Y ya, hacia el final del tomo #10, parece que el autor quiere virar un poco hacia Rukawa que aunque es un pilar tanto del equipo como de la historia, apenas está desarrollado... Algo que realmente no esperaba es que los partidos se me fueran a hacer tan cortos. De acuerdo que el autor les dedica bastante espacio y que quizá eterniza un poquitín algunos minutos pero la impresión general con la que me quedo al acabar un partido es que ha sido bastante rápido. Supongo que tardo menos en leer un par de tomos de Slam Dunk que en ver un partido de verdad.

lunes, 23 de febrero de 2015

La Enciclopedia de la Tierra Temprana

Probablemente acabo de leer uno de los mejores cómics que en mi humilde, amateur, subjetiva y limitada opinión se ha publicado en España (y no, no voy a acotar esa frase con un "a lo largo de 2014" porque no es a eso a lo que me refiero). Isabel Greenberg es una autora novel (o al menos lo era cuando se publicó The Encyclopedia of Early Earth hace un par de años) que convirtió una breve historia de cuatro páginas (con la que ganó el Observer Jonathan Cape Graphic Short Story Prize en 2011) en la obra que vengo a reseñar hoy:


Cuando tres hermanas encontraron un bebé abandonado enseguida se dieron cuenta de que serían incapaces de compartirlo. Así es como empieza la primera historia de Narrador, el hombre que una vez fue tres (o cuatro) y que decidió partir más allá del Mar Helado en busca de nuevas historias que contar.

Quizá sea Isabel Greenberg la primera persona en mezclar con impunidad las mitologías judeocristiana y grecorromana. Y quizá tiene sentido que la primera en hacerlo sea una chica recién salida de la universidad. O quizá me equivoque y esta no es más que otra de esas fórmulas que se han utilizado múltiples veces desde hace décadas y es solo que es la primera vez que, personalmente, encuentro una narración de estas características.


La mitología propia de la Tierra Temprana nace en gran medida de la tradición judeocristiana con múltiples referencias al Antiguo Testamento: el génesis, el diluvio universal, la torre de Babel e incluso la historia de Jonás. Pero, como comentaba más arriba, también bebe de la mitología grecorromana a la vez que su imaginario recuerda al de la mitología egipcia o la nórdica, con sendas referencias a la Odisea, los dioses pájaro o el árbol Yggdrasil.

Lo que me entusiasma es que los tan distantes y variados pueblos de la Tierra Temprana difieren en prácticamente todos los aspectos culturales posibles excepto en su religión ya que todos reconocen al Dios Águila, Hombre-Pájaro como su dios. Sin embargo, le atribuyen distintos méritos, lo que me hace pensar en las grandes religiones monoteístas que, partiendo de la misma base, se han ido dividiendo a lo largo de los siglos y milenios.

Estas son las cuatro primeras viñetas del cómic
Pero aunque desde mi punto de vista esta mitología sea el pilar principal de la trama (no olvidemos que estamos ante una historia sobre cómo contar historias), es la esencia de este cómic la que convierte su lectura en indispensable. Los personajes son genuinamente amorales. Todos ellos se caracterizan por tomar decisiones increíblemente importantes de forma absolutamente irreflexiva, lo que resulta de lo más desconcertante. Todos los personajes son lábiles y temperamentales como niños lo que, a mi parecer, los hace peligrosos y despiadados muy a menudo.

Y esto no se aplica solo a los personajes humanos sino también a los dioses. Creo que la autora tuvo muchísimo acierto al dibujar a los dioses cuervos con picos postizos. Los infantiliza tanto como al resto de personajes (si no más). De hecho, es en este aspecto en el que me hace pensar más en la mitología griega al representar a dioses tan vengativos y pueriles que solo piensan en castigar a las criaturas que ellos mismos han creado. Y aquí es donde brilla Isabel Greenberg. Me ha noqueado con la indolencia de sus personajes que parecen incapaces de sentir culpa, arrepentimiento o pesar. No digo con esto que sean autómatas ya que sí que los ha dotado de la capacidad de amar, lamentarse o divertirse pero todo queda a un nivel muy... como decía, infantil. No hay más que leer las primeras viñetas del cómic (arriba) para darse cuenta de que los humanos de la Tierra Temprana no son como nosotros. Y quizás ese es el encanto de la obra o quizás Isabel los hizo así precisamente para reflejar una inocencia previa a todas las racionalizaciones que hacemos en pleno siglo XXI. Es difícil de decir.


Me reitero mucho en la idea de lo infantil que resulta la narración y es que, en ciertos aspectos, recuerda muchísimo a un cuento o, en todo caso, a un compendio de cuentos (un poco a lo Hans Christian Andersen). Sin embargo, esa amoralidad de los personajes que comentaba antes convierte esta novela gráfica en una lectura recomendada para adultos ya que creo que un niño no comprendería varios capítulos.

El dibujo es sencillo pero efectivo, con los toques de color sobre el blanco y negro muy bien utilizados: azul para el agua, rojo para la sangre y amarillo para la luz y para todo aquello que resulte místico, religioso, mágico o sagrado. Incluso la tipografía es acorde con la narración cuando recuerda a la letra de las profesoras de primaria, redondita e hilada.


En resumen, estoy encantada con esta lectura. Me alegro muchísimo de haberle dado una oportunidad tan impulsiva y a ciegas y os lo recomiendo a todos. No os dejará indiferentes (creo).

sábado, 21 de febrero de 2015

En la misma clase #2

Seré clara: no os compréis En la misma clase. A NO SER que ya sea abril, en cuyo caso, seré aún más clara: comprad YA los tres tomos de En la misma clase, no dudéis, no os decepcionará (o sí).


Empieza el invierno y la graduación se acerca inexorablemente. Sajô y Kusakabe están saliendo de forma más o menos oficial pero aun tienen problemas de confianza e inseguridades propias de la edad. Con un futuro amenazador e incierto en el horizonte, la pareja afronta los últimos meses de instituto con trivialidades varias.

Si ya quedé encantada con el primer tomo de este BL, el segundo no ha hecho más que mejorarlo. Sigue en la misma línea que el anterior, centrándose en todo lo bueno y todo lo malo que tiene empezar a salir con alguien. Las mariposas en el estómago, una felicidad radiante y la más absoluta de las desdichas se van intercalando a cada página retratando muy fielmente el primer amor.


Cualquier diría que una autora japonesa inventándose una historia de amor entre japoneses homosexuales no podría conseguir, de ningún modo, que una lectora española se sintiera tan y tan identificada con sus personajes. Esto ya lo comenté en mi última mini-reseña del primer tomo y no sé hasta qué punto contribuye la espléndida traducción, la naturalidad y falta de tabúes de Nakamura, o si es una mezcla entre ambas.

De nuevo este tomo trata varios temas que son de lo más usuales en los romances de instituto como, por ejemplo, los celos o la indecisión respecto al futuro. Pero, también de nuevo, la autora lo baña todo con una dosis de realismo que se aleja de los malentendidos dramáticos, la sumisión femenina o las oportunidades de trabajo poco realistas tan habituales en el shôjo.


Este tomo es en esencia costumbrista ya que se compone de muchas historias cortas sobre el día a día de la pareja mientras que su relación es tan solo un telón de fondo en el transcurso de sus vidas, como individuos, que es lo que realmente tira de la trama. También hay algo de tensión sexual no resuelta que ya veremos si llega a buen puerto al final pero, desde luego, no es el motor de la historia.

Me fascina la personalidad de ambos protagonistas, que se me antojan "personas de carne y hueso" con reacciones muy tontamente humanas: rebotes (por tonterías), cabreos (irreflexivos), sonrojos (inoportunos), nervios (innecesarios), etc. Un poquito de todas esas emociones que son especialmente marcadas en la adolescencia, aunque creo que nunca nos abandonan del todo, en todo caso aprendemos a esconderlas mejor (como Hara). De hecho, si hay algo que sigue sin gustarme es este profesor que creo que no se merece tantas páginas... preferiría más espacio dedicado a Sajô y Kusakabe.


Me despido mordiéndome las uñas esperando a que salga a la venta el tercer tomo (en el despiadado mes de abril). Y, recordad, ¡no os compréis este tomo a no ser que queráis morir con el cliffhanger!

martes, 17 de febrero de 2015

Tomodachi no Hanashi

Ya sabéis que no me entusiasma leer por scans pero, a estas alturas, también sabéis que cada cierto tiempo se me cruzan los cables y me pongo a leer tomos únicos aleatorios como si no hubiera mañana. Tomodachi no Hanashi lo descubrí, como de costumbre, hurgando entre los filtros de mangaupdates. Y, en mi línea, me lo empecé a leer en desorden (sin querer), que yo ya creo que tengo una tara mental porque no es la primera vez que me pasa pero en fin.


Tsuchida se enamora perdidamente de Moe, una de las chicas más populares del instituto. Moe está muy unida a su mejor amiga, Eiko, por lo que exige a cualquier chico que le pida salir que pase tiempo con las dos y que, de hecho, priorice a Eiko y no a la propia Moe. Eiko se siente un cero a la izquierda que es incapaz de decir que no a nadie y que se pasa la vida pidiendo perdón. Por su parte, Narugami es el mejor amigo de Tsuchida y está convencido de que toda la historia de Moe y Eiko no es más que una mentira que va soltando Moe para poder cortar con cualquier chico a placer.

Así a priori el argumento no parece gran cosa. Entre el cuarteto protagonista están todos los ingredientes necesarios para obtener un shôjo cualquiera: una chica demasiado guapa que no sabe tratar con la gente, una chica no tan guapa pero mucho más agradable con la que te puedas identificar, un chico perfecto y otro que podríamos calificar de tsundere. Así que, ¿hay algo que convierta a este tomo único en una lectura digna?


Lo primero es su guionista, Kazune Kawahara. Quizá os suene, quizá no. Yo soy una ferviente admiradora de su trabajo desde que leí High School Debut (Koko Debut) y me muero de ganas de comprar Ore Monogatari!! (si no lo he hecho todavía es por la puta subida de precios de bookdepository). Si habéis leído algo suyo imagino que me entendéis: ella sabe darle un toque de no-idealismo a sus historias, con personajes que no son ni patitos feos que se convierten en cisnes ni caballeros de ojos azules en su brillante armadura.

La gracia de este tomo es que aunque la trama es lineal y avanza, lo hace desde distintos puntos de vista. Primero conocemos la relación de Eiko y Moe de manos de esta primera. Después damos un salto al ángulo de Narugami que está dolido por el daño que le ha causado Moe a su mejor amigo, Tsuchida. Y, finalmente, cuál es el punto de vista de Moe.


Los cuatro protagonistas tienen formas de pensar totalmente opuestas e incompatibles. Para Tsuchida, Moe es una princesa preciosa y afable mientras que él, sencillamente, no es suficiente para una chica como ella. En contraposición, Narugami odia a todas y cada una de las mujeres sobre la faz de la tierra, sin excepción; si no son unas harpías es que son tontas de remate y así es como ve la desigual relación entre la abusiva Moe y la dócil Eiko. Eiko es terriblemente abnegada, hace cualquier cosa con tal de contentar a los demás y siempre piensa bien de la gente. Moe es demasiado honesta y demasiado atractiva, una combinación que siempre la ha convertido en una marginada calificada de "cara bonita" por lo que, una vez conoció a Eiko, no se ha separado nunca más de ella, ni tiene intención de hacerlo por algo tan nimio como un novio.

Algo que aprecio mucho es que Eiko no es ni un bellezón ni tampoco algo como una belleza escondida/diamante en bruto. No es más que una chica del montón, con el pelo un poco ondulado que se le alborota con facilidad, los ojos pequeños y una personalidad ligeramente anodina. No es que sea súper buena ni genuinamente pura, solo es una adolescente vergonzosa y tímida, a la que le cuesta decir que no y que tiene sus momentos sanamente egoístas. Pero todo eso no significa que no pueda atraer a un chico porque lo que realmente cuenta es que es amable, que no tiene prejuicios y que valora la amistad por encima de todo.


Esta no es una historia romántica. Es un manga sobre la amistad. Primero se centra en la relación entre dos chicas, Moe y Eiko. Las exigencias de Moe a todos los chicos que le piden salir con ella son completamente irrazonables y tan exageradas como solo podrían serlo en un manga. Pero es que es verdad que cuando empiezas a salir con alguien, al menos al principio, dejas bastante de lado a todos tus amigos porque tu pareja te absorbe (y tú le absorbes a él/ella recíprocamente) así que contextualizando el pasado de Moe, no es tan descabellado ser tan exigente a la hora de buscar partido (sobre todo cuando se puede permitir elegir).


Y, sorpresa, también queda reflejada la amistad entre chicos. Tsuchida y Narugami se aprecian mutuamente y aunque su relación no se describa tan profundamente como la de las chicas (probablemente, porque las autoras no dejan de ser mujeres y retratar una amistad realista entre chicos no es tan fácil), sí que se prioriza a los posibles intereses amorosos que puedan tener.

De hecho, si tuviese que encontrarle algo malo a este tomo sería lo poco que se profundiza en el cuarto personaje, Tsuchida, que no deja de ser el origen de la historia y, a la vez, el personaje más plano, predecible y aburrido. Tampoco me entusiasma que ambos sean tan guapos porque un mal endémico del shôjo es que todos los chicos parecen salidos de una pasarela de moda (igual que las chicas de los shônen parecen salidas de revistas porno).


Además de esta historia, que abarca unos 4/5 del tomo, hay una historia corta extra al final: Sonokare, Shirabemasu. Aquí, de nuevo, tenemos a una protagonista algo rara, Miwako es borde en la forma en que lo era Moe pero a la vez dulce como Eiko. Su ausencia de experiencia con chicos más allá de lo que cuentan sus amigas de sus respectivas parejas hace que no tenga demasiado interés en el género masculino por lo que es la candidata ideal para espiar al novio de una de sus amigas y averiguar si le pone o no los cuernos.

Evidentemente, acabará acosando al novio de su amiga acompañada de un misterioso chico que... ¿es amigo del novio? ¿está enamorado de la amiga? ¿se conocen de algo? y que es muy atento y agradable y caballeroso (cómo no). Lo compensa siendo bastante pesado y algo acosador él también. Pero bueno, tampoco voy a dinamitar una buena historia porque casi todos los chicos que aparecen en ella rozan la perfección (exterior e interior).

Decidme que vosotros también tenías conversaciones así en el instituto
Hay alguna que otra reflexión en esta historia de apenas 50 páginas más que interesante. Se trata el tema de la infidelidad, y de lo que estás dispuesto a soportar con tal de conseguir lo que quieres o qué es lo que hace que acabes saliendo con alguien (y la ineludible carga del azar en todos nuestros encuentros y desencuentros).

Para concluir esta reseña, solo me queda recomendaros fervientemente la lectura de este tomo a poco que os apetezca leer un shôjo cortito o que estéis cansados de los males endémicos de este género porque creo que Tomodachi no Hanashi los esquiva casi todos y sale airoso en su valoración. Y, si no, ¡pues leedlo de todas formas! Que no es más que un tomo único y se lee en un momento.