domingo, 15 de marzo de 2015

New Girl (first season)

Quizá por primera vez en mi vida me he puesto a ver una serie yo sola (hasta ahora siempre le he tenido alergia a ver series sola en casa) por iniciativa propia sin que nadie me la hubiese recomendado antes (que recuerde). Todo empezó uno de esos días que estaba yo saltando de enlace en enlace en imdb. De 500 días juntos al perfil de Zooey Deschanel y, de ahí, a New Girl (tv series). Y no, no fue entonces cuando empecé (o decidí empezar) a verla. Ni siquiera me la apunté en la wish-list. Pero archivé el título en la memoria. Y cuando meses después me puse mala y me tuve que quedar un par de días encerrada en casa sin capacidad para concentrarme en nada que requiriera un mínimo de esfuerzo mental (como leer), llegó el momento de New Girl. Un jueves me puse a ver el primer capítulo y al jueves siguiente me di cuenta de que llevaba ya media temporada (por qué será que últimamente no encuentro nunca el momento para escribir reseñas...).


Jess ronda la treintena y, después de una relación sentimental de seis años, descubre que su pareja la ha estado engañando. Así es como acaba compartiendo piso con tres chicos: Nick, Schmidt y Winston. Desde el principio, la presencia de Jess será decisiva para cambiar el rumbo de las vidas de los tres pero, sobre todo, dará pie a muchísimos momentos surrealistas e hilarantes.

Cuando empecé a ver New Girl pensé que era una especie de refrito pobre de How I met your mother (serie que nunca acabé de reseñar por cierto): un grupo de treintañeros viviendo juntos y haciendo un poco el tonto. Y, de hecho, los primeros capítulos son algo erráticos y no queda muy claro hacia dónde va la trama. Pero la cosa enseguida empieza a coger ritmo y las personalidades de los protagonistas se van definiendo: Jess es una soñadora, cursi, ingenua, inocente y optimista, además de peculiar y un poco freak; Nick es un vago, inconstante, borde, pesimista y fracasado pero, a pesar de todo, muy buena persona; Schmidt es pedante, pagado de sí mismo, obsesionado con el orden, la limpieza y la belleza y el mujeriego del grupo; por último, Winston es incluso más narcisista que Schmidt, egocéntrico y quizá algo fracasado como lo es Nick pero con talento para las cosas más insospechadas. Cierra el elenco Cece, la mejor amiga de Jess que, aunque no vive en el piso, aparece tanto como todos los demás y le da el contrapunto a la protagonista encarnando a una mujer fuerte y segura de sí misma.

Adoro la amistad entre estas dos
Como no podía ser de otra manera, esta serie tiene dos pilares: la amistad y el amor. Los problemas sentimentales, laborales, existenciales y banales dirigen cada una de las subtramas. New Girl no tiene nada que no tengan cientos de series. Salvo Jess; Zooey Deschanel parece un hada salida de un cuento pero los guionistas la convirtieron en una chica tan friki, rara, peculiar, cursi e infantil que consiguieron hacerle creer a la audiencia que da igual lo bonita que seas, si estás loca te seguirá costando encontrar pareja.

Personalmente preferiría que se apostara por escoger elencos más variados de artistas, con actrices más gordas, o bajas, o "demasiado" altas, o que no se maquillen para estar por casa, o que tengan pecas o, en definitiva, que resulten más reales. Pero no deja de hacerme mucha gracia que en esta serie se enfoque desde el lado opuesto: al final, si pretendes pasar el resto de tu vida con otra persona, el exterior es bastante irrelevante.


Evidentemente, en esta primera temporada se habla mucho del amor y se hacen y se deshacen muchísimas parejas por muchísimos motivos de lo más dispares. Pero el motor de la serie es el humor. Niños que hacen bullying a sus profesores, mujeres hechas y derechas que son incapaces de pronunciar la palabra pene, discusiones absurdas entre amigos de toda la vida, peleas entre gallos y personas, y demás estupideces sin sentido o con un humor fácil y ridículo pero más que efectivo, ideal para cuando se quiere desconectar del universo.

Y no me olvido de apariciones estelares de actores que no esperaba ver aparecer por aquí. Especial mención a Ryan Kwanten (Jason en True Blood) y Stephen Amell (Oliver Queen en Arrow), respectivos ligues fugaces de Jess y Cece que hacen exactamente el mismo papel que en las series en las que se hicieron famosos.


Como veis, New Girl no es nada del otro mundo. Es una serie así como a caballo entre el slice of life y la comedia romántica, con personajes muy carismáticos a los que se coge cariño enseguida. A mí me ha hecho reír muy despreocupadamente durante dos semanas seguidas, que es lo que me hacía falta así que si buscáis algo para relajaros, esta es vuestra serie.

domingo, 8 de marzo de 2015

Akuma to Love Song

Mi historia con Akuma to Love Song empezó hace unos cuatro años, en pleno apogeo del foro de ProShôjoSpain, cuando se hablaba de shôjos no licenciados en España (todavía) y conocía títulos nuevos. Fue así como probé suerte por scans con Akuma y me enamoré de la (que en su momento me pareció) carismática Maria. Me bastaron uno o dos capítulos para decidir que tenía que comprar ese manga sí o sí (acaba siendo un problema que me incomode leer por scans) y acabé con el primer tomo en inglés días antes de que Ivrea anunciara su licencia. Pero en el momento en el que escribo estas líneas ya me he deshecho de mis trece tomos de Akuma to Love Song... (aunque siempre tendré el primero en inglés supongo). Veamos por qué.


Maria Kawai es una alumna de instituto que siempre dice la verdad sin florituras y, por ello, se gana la enemistad de todos sus nuevos compañeros nada más ser transferida de instituto. Se rumorea que la echaron del colegio privado al que asistía por pegar a una de las monjas. Por si eso no fuera suficiente para hacerla destacar, es increíblemente atractiva y tiene una voz angelical (aunque solo la use para criticar a los demás) con lo que se gana rápidamente el odio de todas las chicas de la clase a la par que intimida a los chicos.

En un principio, la premisa de una chica demasiado sincera me parecía muy interesante ya que Maria siempre era capaz de sobreponerse a la adversidad y de enfrentarse al gilipollas de turno. El problema es que tan pronto como se acaba el primer arco argumental (mera presentación de personajes) todo empieza a caer por su propio peso. En mi opinión, se suceden cuatro grandes arcos argumentales, los dos primeros justificados por sendas antagonistas insoportablemente malas y crueles porque sí, el tercero por la aparición de un tercer chico que se añade al (in)existente triángulo amoroso y el cuarto que sería la conclusión de la historia con un desenlace poco menos que terrible.

Esta viñeta de cuando Akuma to Love Song valía la pena
refleja a la perfección lo que sentí cuando dejó de hacerlo
Si Maria parecía una protagonista fuerte y con carácter al principio, con el paso de los tomos se vislumbra que no era más que un robot y que, desde el momento en que empieza a "humanizarse" gracias a la ayuda de sus nuevos amigos, se convierte en una suerte de mártir que no hace más que autoflagelarse, ruborizarse y dar rienda suelta a una lista infinita de problemas de autoestima. Y no solo eso sino que la chica de los primeros tomos que era tan avispada y receptiva que era capaz de leer el interior de las personas a los cinco minutos de hablar con ellas, pasa a ser totalmente incapaz de interpretar los sentimientos de nadie, empezando por los suyos propios.

Dejando de lado a la protagonista (hablaría del resto de personajes pero son desde el principio y hasta el final tan planos en su presentación y escasa evolución que creo que no vale la pena), las distintas subtramas se vuelven cada vez más y más aburridas y repetitivas pasando por 1) la compañera de clase que odia a Maria por ser guapa, 2) la nueva compañera de clase que odia a Maria por llevarse bien con el guaperas de turno y 3) la antigua compañera del antiguo instituto (¿en serio?) que odia a Maria porque... nunca me quedó muy claro por qué Ana odiaba a Maria la verdad. A este cóctel insulso le añadimos un profesor irrealmente mezquino y ruin y un pervertido medio acosador insoportable que le acaba cayendo bien a todo el mundo no se sabe muy bien por qué tampoco. En general no esperéis que los personajes de este manga actúen como seres humanos normales porque... en fin, no sé qué se le pasa a Miyoshi Tomori por la cabeza.


Pero, si ahora mismo estáis pensando que ya no queréis leer/comprar/darle una oportunidad a este desencanto de shôjo, esperad a leer lo mejor. Llegado cierto punto en la trama, y sin entrar en detalles porque no os merecéis spoilers gratuitos, se aborda el tema de la violación. Varias veces. Desde varios ángulos. Ocurren ciertas cosas que solo puedo calificar de indignantes e incluso de denunciables. Me sorprende que un editor le diera el OK a tal desarrollo argumental porque es vomitivo e insultante para las víctimas de una lacra de nuestra sociedad como es la violación. Y que dicho desarrollo provenga de una mujer y esté destinado a chicas adolescentes me parece deleznable.

Hasta aquí con la parte argumental, en cuanto al dibujo, sucede un fenómeno bastante frecuente en el shôjo: el dibujo me pareció casi espléndido al principio, con un diseño de personajes principales (que, al final, transciende solo a la protagonista) muy bonito y llamativo pero tremendamente descuidado para los secundarios. Esta dejadez se ve especialmente acentuada cuando aparecen adultos o personas mayores e incluso afecta a los protagonistas a veces.


Evidentemente, no os recomiendo la lectura de esta obra. No voy a negar que tiene un principio más que prometedor que me encandiló lo suficiente como para mantenerme atada a un primer tomo en inglés que nunca me sacaré de encima. Pero eso no hizo más que acrecentar mi decepción cuando empezó a alargarse cual chicle, haciendo acopio de tópicos insulsos narrados de forma aún más insulsa para desembocar en un final que espero que sea fruto de la improvisación y no de un planteamiento meditado desde el inicio de la obra.

lunes, 2 de marzo de 2015

Un febrero de cine

No es más que el segundo mes del año y ya he acabado con mi propósito de ver una película por semana. En realidad, el miércoles pasado iba a caer Nightcrawler pero me puse mala y al final no pudimos ir al cine *llora internamente* pero, sin más dilación, paso a comentar las tres películas que he podido ver, todas en el cine.

1 de febrero: The Hunger Games: Mockingjay - Part 1

Imagino que Mockingjay Part 1 habrá sido bastante taquillera porque aún yendo a verla en febrero, seguía en cartelera. Que no es algo que me extrañe teniendo en cuenta la FAMA en letras mayúsculas de la saga claro. Y... ¿qué os voy a decir? Cierto es que Sinsajo era la parte más pesada de la trilogía pero también lo es que es la más coherente (al menos al principio que, en cualquier caso, es lo que se adapta en esta película). Y esa coherencia viene de una realidad cruda y desprovista de adornos, sin acción pura sino más centrada en el estrés post-traumático. Curiosamente, los guionistas han conseguido convertir la paranoia de Katniss en una película con un porcentaje nada despreciable de acción, centrado en la publicidad rebelde. Evidentemente, no se deja de lado ese cariz deprimente y opresivo del libro pero en un tono muy rebajado. Esto me parece, por un lado, todo un logro, ya que hace que el espectador salga satisfecho de la sala, de hecho, he visto a más de uno preferir la película al libro en este tramo. Pero, por el otro, me parece hasta insultante que se obvie tan descaradamente la inestabilidad mental de Katniss, su desasosiego y su trauma. Estoy pasmada con lo poco que sale Finnick en toda la película, espero que le den más metraje en la segunda parte porque me parece un personaje imprescindible al final de la saga. Por último, si a vosotros también os parece que Prim es retrasada mental por subir a por el maldito gato, mostrad vuestra solidaridad hater en los comentarios.

18 de febrero: Whiplash

Si Whiplash seguía en cartelera a mediados de febrero fue, más probablemente, por sus múltiples nominaciones a los Óscar (que, como veis, siguen avasallando las primeras películas vistas este año). No voy a decir eso de que es una de las mejores películas que he visto en mi vida porque luego me decís que soy una pretenciosa (pero). Miles Teller encarna a Andrew Neiman, un estudiante que acaba de entrar en el conservatorio Shaffer y que aspira a convertirse en el batería del grupo de jazz dirigido por Terence Fletcher, sabiendo que eso le abrirá todas las puertas del mundo de la música profesional. Toda la película gira en torno a la fijación de Andrew, rayando la obsesión enfermiza, por ser el mejor. Y por demostrar que lo es. Sacrificando cualquier aspecto de su vida en pos de la música. Yo me pasé toda la película sintiendo una mezcla entre fascinación y horror por el protagonista. Whiplash transpira locura por todos sus poros pero no por ello resulta irreal. Quizá ligeramente exagerada en una o dos escenas pero nunca imposible. Puede que algunas personas puedan interpretar que transmite un mensaje más que enfermizo pero, personalmente, opino que refleja hasta dónde tienes que llegar, hasta dónde tienes que dar, para conseguir ciertas cosas. Ciertas cosas que son una mezcla entre bendición y maldición endémicas de nuestra sociedad en que se da importancia a cosas que quizá no deberían tenerla o que quizá deberían tenerla toda. Y lo mejor de todo es que la película también muestra la contrapartida, la incomprensión de amigos y familiares, la incapacidad para entender qué tiene de especial tocar la batería gratis en el grupo de un tal Fletcher. Es sencillamente brillante. Y todo acompañado de una banda sonora alucinante, vibrante y unas actuaciones estelares. Salí maravillada del cine, después de haber estado en la más absoluta de las tensiones durante minutos y hasta el mismísimo final. Espectacular. Os la recomiendo.

22 de febrero: American Sniper

Esta sí, la misma semana en que la estrenaron fuimos a verla que ha habido demasiado hype con American Sniper. Sí, demasiado. Tampoco es que la construcción "demasiado hype" deba sorprenderos mucho per se a estas alturas. Generar expectativas tan altas suele suponer más perjuicio que beneficio. El francotirador es una película basada en una historia real (algo que yo desconocía hasta que llegaron los créditos), en una historia real reciente para más inri. Clint Eastwood consigue que, aunque sea solo por un segundo, te pongas en la piel de un soldado estadounidense. Pero no es más que eso, un segundo sesgado de realidad. No he visto muchas películas sobre guerra porque es una temática que me revuelve las tripas mientras me abrazo a mí misma en mi pequeño mundo de hipocresía. Desde mi limitada visión del campo, creo que American Sniper es una buena película, muy coherente, y que se centra en otra persona que, en cierto modo, también lo sacrificó todo por su obsesión. Es una buena película pero me temo que está demasiado empapada de patriotismo encubierto como para que haya podido disfrutarla. Claro que este tipo de obra solo se puede contar desde un punto de vista pero me parece que se ignora de forma demasiado flagrante todas esas historias que hay detrás de todos los enemigos. Y claro que se dejan ver puntos de vista mucho más moderados que el del protagonista en algunos de los secundarios pero creo que es difícil quitarse de encima ese soldado perfecto que no siente ninguna clase de remordimiento por lo que ha hecho, solo por lo que no ha podido hacer...

viernes, 27 de febrero de 2015

El shôjo en España no ha muerto (¿aún?)

Hace poco más de un año que comentaba indignada la poca repercusión que tuvieron (en ese momento) las nuevas licencias (shôjo) de Ivrea. ¿Ha cambiado en algo la situación de un año para otro? Yo diría que estamos igual; igual de mal.

Las únicas editoriales que han licenciado algo de shôjo en este último año han sido dos: Planeta e Ivrea. Y ambas se han dedicado a rescatar a autoras del fondo de su catálogo.


Ivrea apuesta por 1) la prolífica Mayu Shinjo ya que, por muy dudosa que sea la calidad de sus obras, es indiscutible que vende (o que vendía); 2) otro tomo único de Nana Shiiba; y 3) aprovechan el filón de Strobe Edge trayendo uno de los shôjo más demandados del momento: Ao Haru Ride (para el deleite de las aficionadas y aficionados al shôjo que subsistimos en este país). Sinceramente, no tengo ninguna intención de criticar a esta editorial (no se muerde la mano que te da de comer) PERO tampoco pienso alabarla. A Ivrea se la ha machacado bastante en el pasado por traer, ojo al dato, demasiado shôjo (me río solo de recordarlo) y, desde PSS, recuerdo haberla defendido a capa y espada por apostar por un mercado tan dejado de lado en este país. Bien, las tornas han cambiado, Ivrea es, actualmente, la editorial española que saca más volúmenes manga al año y la mayoría de ellos son shônen y seinen. Echo de menos que se arriesguen con autoras nuevas, como lo hicieron en su día con numerosas mangakas que acabaron convirtiéndose en autoras insignia de la editorial.


A este respecto, y viendo que ya no hay ninguna editorial japonesa que se resista a la argentina, creo que, actualmente, hay muchos títulos interesantes que encajarían en el catálogo de Ivrea. Puedo mencionar de pasada algunas obras de autoras que ya han probado como Anata ni Hana Sasagemashou de Tomu OhmiSuki desu Suzuki-kun!! de Go Ikeyamada o quizá alguna obra cortita de Kaco Mitsuki. Pero prefiero centrarme en los top ventas actuales: Sukitte ii na yo de Kanae Hazuki (del que ya disfrutan en los mercados estadounidense, francés e italiano y que encajaría a la perfección con el catálogo de la editorial), Tonari no Kaibutsu-kun de Robico y, sobre todo, Ore Monogatari!! de Kazune Kawahara y Aruko, que debería tener todas las papeletas para ser licenciada porque se han publicado (en Japón) dos historias cortas con sendos crossovers entre este laureado shôjo, Nisekoi y Ao Haru Ride. Dicho de otra forma, soñar es gratis.


Planeta lleva AÑOS con la misma cantinela: "2012 será el año del shôjo en Planeta", "2013", "2014"... y ahora no sé si por traer un par de obras aleatorias de Wataru Yoshizumi (Marmalade Boy 2.0 y un tomo único cualquiera) pretenden hacernos olvidar que hace cuatro años que no sacan ni un mísero tomo de temática shôjo, teniendo en cuenta que podrían haber seguido expandiendo su catálogo con autoras como Arina Tanemura o, sencillamente, retomando espléndidas obras como Hana-Kimi, Llegando a ti u Otomen (que ahí siguen, en el limbo). Y aún tenemos que dar las gracias porque se dignaron a acabar Lovely Complex. Es que es ridículo.


No menos lamentable es que editoriales grandes como Norma o Panini ignoren el género. Norma hace papelones como ignorar que la precuela de Levi (Ataque a los Titanes) es shôjo o sacar Life con una periodicidad anual. Panini parece haber olvidado su época dorada, en la que trajo algunos de los mejores títulos de esta demografía que hemos podido ver por estos lares. Más entendible pero igual de triste es que, en un momento en que el mercado manga está virando lentamente hacia títulos alternativos que van más allá de los topicazos y de lo comercial (en gran parte gracias a las nuevas editoriales que han surgido), se siga dando al shôjo de lado. En este sentido, tenemos el pequeño respiro que nos da Tomodomo con algo aun más inusual, josei y BL de calidad.

Pero mi conclusión es que el panorama para este género, ahora mismo, es desolador.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Titanes y básquet


Después del ligero desengaño del noveno tomo he tardado algo más de la cuenta en retomar la lectura de este superventas. Eso sí, el tomo #10 de Ataque a los Titanes me enganchó de tal forma que esa misma semana me compré los dos siguientes para devorarlos. Menudo frenesí de batallas, de alianzas, de secretos medio-desvelados y de nuevas preguntas. Porque aunque estos tomos han sido mucho más animados que los anteriores, el autor se las apaña para seguir sin responder ni una sola pregunta, más bien añade unas cuantas a la lista.

Se empieza a intuir que los misterios que subyacen la existencia de los titanes son realmente complejos y que hay toda una estructura jerárquica, o varias, implicadas en una intrincada red. Y, en medio de todo este caos, está el ingenuo Eren que lo único que sabe hacer es gritar y lanzar puñetazos al aire. Por un lado creo que es extremadamente cansino pero, por el otro, me cuesta imaginar cómo avanzaría este manga si no tuviese a este tipo de protagonista estereotipado. Aunque, eso sí, lo que distingue la historia no es precisamente un protagonista irreflexivo, buenazo y que ha llegado donde está (más o menos) a base de esfuerzo y sacrificio (o unos cuantos de ellos) sino personajes como Mikasa o Armin (que no dejan de ser prototípicos pero al menos algo más interesantes) que le dan vidilla a la trama.


Aun así, me da algo de miedo qué pasará a partir de ahora. Preveo uno o dos tomos de calma y, con algo de suerte, de alguna que otra explicación (que nos haga poner la cara que tiene Eren en la portada del tomo #15). En especial en lo que se refiere al muro y a Christa. No estaría mal contar alguna cosa de aquellos personajes que se van separando del grupo principal pero imagino que el autor preferirá mantenernos en la ignorancia.

No sé si es porque cada vez estoy más metida en la historia, porque me estoy volviendo tolerante o porque realmente ha mejorado pero le voy pillando el humor extraño a la historia y los últimos tomos hasta puede que me hayan sacado alguna que otra sonrisa.


Y me sigo leyendo los tomos de Slam Dunk de tres en tres (y de cinco en cinco también pero tengo que dosificar un poco en las entradas que total, estoy a punto de quedarme sin tomos para seguir leyendo). Con el inicio de los cuartos de final del campeonato intercolegial de Kanagawa, empieza de verdad este spokon. En primer lugar el Shohoku debe enfrentarse al Shoyo, uno de los favoritos para la final. Después de ser expulsado en todos los partidos anteriores del campeonato, Sakuragi está totalmente obcecado con conseguir destacar en este. Y, aunque le cueste, el caso es que lo consigue. Y, como va siendo habitual en mis comentarios sobre este manga, aplaudo de nuevo a Takehiko Inoue por hacer vencer a Hanamichi dentro de una derrota.

Acto seguido, viene el enfrentamiento contra el Kainan, el vencedor imbatible de Kanagawa. Me hace mucha gracia esa idea de "crecerse ante la adversidad" porque, aunque quizá suene como la típica exageración muy del shônen, creo sinceramente que es algo que ocurre de verdad en muchos ámbitos, no necesariamente deportivos. Haces las cosas con más ganas cuando te suponen un reto y no una obligación, ¿qué pensáis vosotros?

Y ya, hacia el final del tomo #10, parece que el autor quiere virar un poco hacia Rukawa que aunque es un pilar tanto del equipo como de la historia, apenas está desarrollado... Algo que realmente no esperaba es que los partidos se me fueran a hacer tan cortos. De acuerdo que el autor les dedica bastante espacio y que quizá eterniza un poquitín algunos minutos pero la impresión general con la que me quedo al acabar un partido es que ha sido bastante rápido. Supongo que tardo menos en leer un par de tomos de Slam Dunk que en ver un partido de verdad.

lunes, 23 de febrero de 2015

La Enciclopedia de la Tierra Temprana

Probablemente acabo de leer uno de los mejores cómics que en mi humilde, amateur, subjetiva y limitada opinión se ha publicado en España (y no, no voy a acotar esa frase con un "a lo largo de 2014" porque no es a eso a lo que me refiero). Isabel Greenberg es una autora novel (o al menos lo era cuando se publicó The Encyclopedia of Early Earth hace un par de años) que convirtió una breve historia de cuatro páginas (con la que ganó el Observer Jonathan Cape Graphic Short Story Prize en 2011) en la obra que vengo a reseñar hoy:


Cuando tres hermanas encontraron un bebé abandonado enseguida se dieron cuenta de que serían incapaces de compartirlo. Así es como empieza la primera historia de Narrador, el hombre que una vez fue tres (o cuatro) y que decidió partir más allá del Mar Helado en busca de nuevas historias que contar.

Quizá sea Isabel Greenberg la primera persona en mezclar con impunidad las mitologías judeocristiana y grecorromana. Y quizá tiene sentido que la primera en hacerlo sea una chica recién salida de la universidad. O quizá me equivoque y esta no es más que otra de esas fórmulas que se han utilizado múltiples veces desde hace décadas y es solo que es la primera vez que, personalmente, encuentro una narración de estas características.


La mitología propia de la Tierra Temprana nace en gran medida de la tradición judeocristiana con múltiples referencias al Antiguo Testamento: el génesis, el diluvio universal, la torre de Babel e incluso la historia de Jonás. Pero, como comentaba más arriba, también bebe de la mitología grecorromana a la vez que su imaginario recuerda al de la mitología egipcia o la nórdica, con sendas referencias a la Odisea, los dioses pájaro o el árbol Yggdrasil.

Lo que me entusiasma es que los tan distantes y variados pueblos de la Tierra Temprana difieren en prácticamente todos los aspectos culturales posibles excepto en su religión ya que todos reconocen al Dios Águila, Hombre-Pájaro como su dios. Sin embargo, le atribuyen distintos méritos, lo que me hace pensar en las grandes religiones monoteístas que, partiendo de la misma base, se han ido dividiendo a lo largo de los siglos y milenios.

Estas son las cuatro primeras viñetas del cómic
Pero aunque desde mi punto de vista esta mitología sea el pilar principal de la trama (no olvidemos que estamos ante una historia sobre cómo contar historias), es la esencia de este cómic la que convierte su lectura en indispensable. Los personajes son genuinamente amorales. Todos ellos se caracterizan por tomar decisiones increíblemente importantes de forma absolutamente irreflexiva, lo que resulta de lo más desconcertante. Todos los personajes son lábiles y temperamentales como niños lo que, a mi parecer, los hace peligrosos y despiadados muy a menudo.

Y esto no se aplica solo a los personajes humanos sino también a los dioses. Creo que la autora tuvo muchísimo acierto al dibujar a los dioses cuervos con picos postizos. Los infantiliza tanto como al resto de personajes (si no más). De hecho, es en este aspecto en el que me hace pensar más en la mitología griega al representar a dioses tan vengativos y pueriles que solo piensan en castigar a las criaturas que ellos mismos han creado. Y aquí es donde brilla Isabel Greenberg. Me ha noqueado con la indolencia de sus personajes que parecen incapaces de sentir culpa, arrepentimiento o pesar. No digo con esto que sean autómatas ya que sí que los ha dotado de la capacidad de amar, lamentarse o divertirse pero todo queda a un nivel muy... como decía, infantil. No hay más que leer las primeras viñetas del cómic (arriba) para darse cuenta de que los humanos de la Tierra Temprana no son como nosotros. Y quizás ese es el encanto de la obra o quizás Isabel los hizo así precisamente para reflejar una inocencia previa a todas las racionalizaciones que hacemos en pleno siglo XXI. Es difícil de decir.


Me reitero mucho en la idea de lo infantil que resulta la narración y es que, en ciertos aspectos, recuerda muchísimo a un cuento o, en todo caso, a un compendio de cuentos (un poco a lo Hans Christian Andersen). Sin embargo, esa amoralidad de los personajes que comentaba antes convierte esta novela gráfica en una lectura recomendada para adultos ya que creo que un niño no comprendería varios capítulos.

El dibujo es sencillo pero efectivo, con los toques de color sobre el blanco y negro muy bien utilizados: azul para el agua, rojo para la sangre y amarillo para la luz y para todo aquello que resulte místico, religioso, mágico o sagrado. Incluso la tipografía es acorde con la narración cuando recuerda a la letra de las profesoras de primaria, redondita e hilada.


En resumen, estoy encantada con esta lectura. Me alegro muchísimo de haberle dado una oportunidad tan impulsiva y a ciegas y os lo recomiendo a todos. No os dejará indiferentes (creo).