viernes, 24 de junio de 2016

Prophecy

Yo fui una de esas pocas personas que sabía de la existencia de Prophecy antes de que Planeta anunciase su flamante licencia. ¿Cómo? Su publicación en el mercado estadounidense coincidió con una época en que me daba por chequear los últimos lanzamientos de Vertical (tras grandes aciertos como Utsubora, uno de esos títulos que adquirí en inglés antes de que MW existiese siquiera, o In Clothes Called Fat) en bookdepository. De hecho, me planteé seriamente comprar este manga en inglés, sólo eran tres tomos... pero no me corría prisa y llegó el anuncio de su licencia en España. Esto me hizo entrar en mi clásico dilema entre gastarme el dineral que cuesta ahora hacerte con una edición USA de un manga o sucumbir al monstruo planetario hacia el que tanto odio profesaba (con tanto shôjo prometido para 2017 podría decirse que les he dado tregua). Y, finalmente, un año después os traigo mis opiniones sobre la lectura de su edición española.


Shinbunshi, o el hombre del periódico, ha comunicado su nueva profecía: darle su merecido a una empresa alimentaria que provocó una intoxicación masiva pero que salió ilesa del incidente debido a un vacío legal. No es ni la primera ni la última profecía de este cariz que sube Shinbunshi a la red y los internautas aguardan con expectación si cumplirá con lo prometido. Debido a la popularidad de este terrorista, el caso rápidamente se deriva al grupo de ciberdelincuencia de la policía metropolitana, liderado por la joven inspectora Yoshino que no acierta a comprender los motivos por los que los criminales atentan contra la ley.

Como quizá hayáis percibido en la sinopsis, por mucho que se trate de un manga de delitos informáticos que emulan el modus operandi de grupos terroristas, no puede decirse que Shinbunshi encaje realmente en ese perfil. En lugar de atacar a los causantes primeros de los problemas que azotan a la sociedad, se centra en los propios ciudadanos, aquellos que valiéndose de las redes y de la impunidad que ofrece el anonimato se dedican a predicar sus mensajes llenos de odio sabiéndose seguros en sus casas. Se recrea así el protagonista en un sentimiento de venganza casi pueril, y penaliza a inconscientes bravucones que no han hecho nada malo, yendo a por los perros ladradores en lugar de a por los mordedores. Es precisamente por este patrón que ni la policía, ni los seguidores ni el propio lector, comprenden cuál es el verdadero propósito del hombre del periódico hasta el final. 


En cuanto al desarrollo de la trama, ya he visto por ahí alguna comparación con Death Note. No porque aparezcan shinigamis ni otros seres sobrenaturales sino por la naturaleza del conflicto entre criminal que cree que su causa es la correcta aunque deba sumergirse en la ilegalidad para defenderla y policía brillante que le va a la zaga. Sí que es cierto que todo el peso de la trama recae en la batalla intelectual entre Shinbunshi y la inspectora Yoshino pero diría que la complejidad de sus estrategias no le llega ni a la suela del zapato a la que orquestó en su momento Tsugumi Ohba. De hecho, me parece que tiene demasiadas lagunas (algunas de las cuales comenta la propia Yoshino en el último tomo lo que no sé si calificar de acierto atrevido o más bien de un irreflexivo acto de tirarse piedras sobre el propio tejado). Evidentemente, la longitud de la obra (tres tomos) es un aviso muy explícito de que, en algún momento, la trama se va a suceder a un ritmo vertiginoso y, como era de esperar, ese momento es el final, en el que la trama se precipita a una conclusión forzada algo decepcionante aunque con un desenlace cerrado que no admite interpretaciones libres, lo cual se agradece.

En lo que respecta a los personajes, me parecen el aspecto menos trabajado de la obra, tirando en todo momento de clichés y de diseños que permitan gags humorísticos que no me han hecho ninguna gracia. Hay un único personaje femenino en toda la obra, una especie de súper mujer que, de alguna forma, se las ha apañado para ser inspectora de la policía a unos tiernos 26 años (que no aparenta), tiene tal determinación por hacer justicia y tal incapacidad para comprender o intentar imaginar qué motivos llevan a una persona a cometer un crimen que casi diría que es una personificación del honor japonés, más que un personaje real. Por supuesto, es muy atractiva (no os preocupéis que el resto del elenco, constituido únicamente por personajes masculinos ya sean otros policías, delincuentes o personas que pasaban por allí, nos lo recuerdan constantemente con comentarios del estilo "qué guapa es"), asertiva y algo kamikaze también presentando su renuncia varias veces por no haber desempeñado su trabajo como debiese (?). Vamos, un estereotipo con patas. A parte de ella, hay unos 6 o 7 personajes importantes entre los que destacar policías que pertenecen al grupo de ciberdelincuencia que parecen no tener ninguna clase de conocimiento informático y unos cuantos asociales sin trasfondo ninguno que no parecen tener ningún reparo en cometer actos atroces y desproporcionados liderados por un desequilibrado con ínfulas de grandeza. Ningún personaje tiene el más mínimo trasfondo así que es imposible establecer un vínculo emocional con nadie.


Sin embargo, le reconozco a Prophecy la acertada crítica social poniendo de manifiesto muchos de los efectos colaterales que ha tenido el acceso global a internet en la sociedad. Las viñetas se nutren de capturas de pantalla en las que tanto pueden aparecer una retahíla de tweets o un montón de comentarios en youtube. Se muestra cómo el anonimato y el efecto de grupo promueven que se digan verdaderas barbaridades llegando a desearle la muerte (literalmente) a personajes públicos. Vivimos en una sociedad en que lo normal es que cuando surge un terrorista o un asesino en serie haya un sector de la población que le ensalce como a un ídolo de masas aplaudiéndole todos sus crímenes. E incluso le da tiempo al autor a meterse con los políticos oportunistas y los medios de comunicación sensacionalistas que manipulan la opinión pública como quieren.

Prophecy tiene tanto virtudes como defectos pero, haciendo balance global, diría que es un manga más que recomendable, con una duración muy apetecible y una trama interesante que os hará pasar las páginas con interés.

martes, 7 de junio de 2016

Las calles de arena

Vaticino el efecto que puede tener decir esto nada más empezar la reseña pero... cualquier cosa que os cuente sobre el argumento de este cómic os va a estropear, aunque sea parcialmente, la aventura de leerlo. Es por eso que he decidido no escribir una sinopsis sobre la obra; digamos que la historia trata, simplemente, de un chico que está un poco perdido. Pensaba (reconozco que muy ingenuamente) que tenía calado a Paco Roca después de haber leído su célebre Arrugas y en vista de la línea que ha seguido con otros títulos como Los surcos del azar o Viñetas de Vida pero nada más lejos de la realidad.


Si bien en sus obras posteriores Paco Roca consigue llamar la atención sobre realidades denunciables del tercer mundo (la precariedad en Mauritania), poner el acento en ciertos acontecimientos de la historia reciente de España o apelar a nuestros orígenes, Las calles de arena es una obra eminentemente fantástica que funciona a modo de cómic de autoayuda no reconocido. Y con esto quiero decir que no vais a encontrar ni consejos explícitos ni frases tan grandilocuentes como la vida es chula pero sí una moraleja (o varias) gigantesca. Paco Roca trabaja con la exageración y la reducción al absurdo, caricaturizando nuestros pequeños pecados del día a día en personajes condenados a vivir un bucle infinito que parece sacado de Las metamorfosis de Ovidio.

Describir las obsesiones y compulsiones de los habitantes del hotel La Torre equivaldría a destriparos la obra entera así que os dejo tan sólo un pequeño fragmento en el que el protagonista descubre que la cartera, muda, sólo reparte cartas que ella misma escribe y que sólo responde a aquellos que se comunican con ella por escrito, por mucho que los tenga enfrente. Como ella, todos los inquilinos se buscan su propia ruina ejerciendo este tipo de comportamientos paradójicos y absurdos que no llevan a ninguna parte. Me hace pensar en aquello que decía la Reina Roja de que hay que correr mucho para seguir en el mismo sitio (de hecho, volviendo a hojear el cómic veo que el mismo autor cita Alicia en el País de las Maravillas como preámbulo a lo que vamos a encontrar en las calles de arena, y como pista de hecho).


Las calles de arena tiene mucho de cuento, de fábula, de mito. Una no sabe discernir claramente las influencias del autor mientras creaba la obra aunque son unas más evidentes que otras; por ejemplo, es clara la similitud del hotel con la controvertida torre de Babel, por mucho que todos los personajes hablen el mismo idioma es más que evidente que no se entienden, que no saben cómo comunicarse: unos no escuchan, otros no hablan, otros no quieren oír y otros no quieren ver. Y, volviendo a esa autoayuda, claro que no somos vampiros que viven, literalmente, una eternidad acumulando objetos en lugar de experiencias, claro que no dormimos en un ataúd esperando lenta y pacientemente a que la muerte venga a buscarnos. Pero quizá sí que pensamos periódicamente en lo que no podemos hacer en lugar de plantearnos cómo hacerlo; quizá no somos capaces de expresar de forma clara y directa aquello que queremos; quizá estamos tan convencidos de tener razón que no nos molestamos en escuchar los argumentos de los demás... En cualquier caso, lo que está claro es que el autor no ha dejado nada al azar en esta obra.

Y, si no queréis darle tantas vueltas a los detalles, os podéis dejar sumergir en la historia y disfrutar con las ocurrencias de Paco Roca, preguntándoos cómo se las va a apañar el protagonista para salir de una casa de locos digna de aquella tarea hercúlea aparecida en Las 12 pruebas de Astérix (que imagino que estará adaptada en alguna otra cosa aunque no forme parte del mito original...). Que esté ambientado en un mundo onírico no lo hace menos cómic de aventuras, con archienemigo incluido, entretenido para un amplio abanico de públicos distintos.


Perdiéndome un rato en las calles de arena he descubierto a un extrañamente viejo y nuevo Paco Roca: una contradicción que sólo podía obedecer a las normas del hotel cuyos inquilinos parecen querer hacerlo todo al revés. Difícil que no os guste si disfrutáis de los personajes cercanos, las metáforas y los universos personales que sólo se pueden visitar en la ficción.

domingo, 5 de junio de 2016

Soufflé

Muy animada con su nominación como autor novel y con sus extraordinarias participaciones en el primer número de Voltio, mi última lectura patrocinada por la biblioteca de Mataró ha sido Soufflé, creación de Cristian Robles, por la que desfilan todo tipo de amputaciones, alucinaciones y atrocidades varias.


El soufflé es la droga de moda. Y, como todas las drogas, tiene efectos perniciosos para la salud... aunque sean un poco más extremos e inmediatos de lo habitual, como la pérdida de extremidades u otros miembros. Así, las víctimas de la droga son fácilmente reconocibles por la ausencia de brazos, ojos... perspectiva que no desanima a los más jóvenes a seguir tomando cantidades ingentes de las extrañas bolas amarillas. Es el caso de Daniel, Gross, Andy y Bea, un grupo de amigos que sufrirá las consecuencias del soufflé en sus propias carnes. 

Estoy bastante segura de que hay tantas interpretaciones de Soufflé como personas que lo hayan leído y quizá ninguna se corresponde con la del autor. Para mí, es una especie de metáfora o exageración de la sociedad actual. Invita a la reflexión, si existiese de verdad una droga como el soufflé, ¿la tomaría alguien? La respuesta más obvia es negarlo con contundencia pero claro, si una piensa en los efectos dramáticamente perjudiciales que tienen muchas drogas actuales, legales e ilegales, que toman millones de personas, el asunto se vuelve más pantanoso. Lo único que diferencia el soufflé del cannabis, el tabaco, la cocaína o el alcohol es que los efectos secundarios son evidentes desde el primer o primeros consumos.


Se narra como los distintos personajes destrozan sus vidas por haberse aventurado a tomar la droga y el autor lo enmarca todo en un mundo casi onírico donde pesan más los elementos de ficción pero las peleas embriagadas, los accidentes, la sobredosis, son todas consecuencias que vemos en las noticias de forma regular. Todo ello encarnado por personajes jóvenes, egocéntricos, acomplejados, decepcionados, hastiados que sólo buscan la interacción interpersonal, por tóxica que pueda resultar, con tal de huir de la soledad en pos de sentirse aceptados por otras personas patológicamente idealizadas. No creo que sea trivial que el único personaje adulto (o mayor) que aparece en la historia esté absolutamente perturbado, atormentado por la culpa, y sea el causante de muchos de los problemas que se dan en la cuadrilla de amigos. 

A nivel gráfico es increíble. Cristian Robles tiene un estilo muy particular aunque no me atrevería a decir que reconocible ya que no deja de mutar y sus distintas obras podrían pasar perfectamente como títulos de distinta autoría si hubiese utilizado alias. En Soufflé en concreto se despacha a gusto con la sangre, los gusanos, y una miríada de escenas repulsivas que no os recomiendo leer ni antes ni poco después de haber comido (a no ser que tengáis un estómago de hierro claro). El dibujo es... malrollista, con cierta predilección por las formas geométricas y los engendros amorfos, que se complementan a la perfección en sus páginas. Y todo ello con unos colores y tonos muy bien escogidos que contribuyen a esa sensación de desasosiego continuo.


Sinceramente, no puedo decir que haya disfrutado de la lectura de Soufflé, demasiado sádica y descorazonadora desde la primera página para mi gusto. Sin embargo, estoy segura de que es una historia que hará las delicias de todos aquellos a los que os van las historias más psicodélicas y perturbadoras, con paranoia final incluida (y hasta aquí puedo leer). Eso sí, no me amedrenta para nada que el tema de las drogas no me haya entusiasmado, espero con ganas Mameshiba y aún tengo que echarle el guante a Ikea Dream Makers.

lunes, 30 de mayo de 2016

Wrecked Hearts

As you may already guessed, since I discovered crowdfundings and, specially, Kickstarter, I've been wasting a substantial amount of money backing several comics now. However, this is the first time I've decided to review one of them here... why would that be? Well, it is actually the first crowdfunded comic I've backed to date that has arrived in its physical edition within the estimated delivery schedule. It happens to be also the only crowdfunded comic I've backed that I've actually read once on my hands. And, last but not least, it is just incredibly amazing.


Wrecked Hearts includes two independent stories whose only connection is that they are both set on the outer space. First, Luca Oliveri introduces The Real Thing where Fio has an erotic dream with a classmate. Nothing so special about it except that Fio is a girl and in her dream she was a boy. Still, that wouldn't be that remarkable either if it weren't for the nature of Fio, whose father is an alien and who can actually metamorphose into anything, the opposite sex included! Unfortunately, she has been strictly forbidden to transform into anything nor anyone than her true nature, which gets her too frustrated. Finally, she decides to transform into a guy in the upcoming school trip, in order to get close to Roman (her crush) and materialize her fantasies. You will have to buy and read the comic to find out if she accomplishes it!

The Real Thing perfectly fits into the classical shôjo structure while introducing a bunch of extra features such as sci-fi jargon and setting and a hermaphrodite teen protagonist with ambiguous sexual orientation. The universe created for this story is interesting itself, with space hockey played over the frozen surface of some uninhabitable satellite and casual references to current human history and culture such as Gundam and health issues of present astronauts. The concept of an alien species with the ability to metamorphose is not that innovative, the fact that the author fuses both of them into a romantic teen comedy makes this story so hilarious and enjoyable. Fio is so reckless it makes the reader laugh and the art is really gorgeous, clearly influenced by manga aesthetics but with a notable European background too. Furthermore, this story is in full-color! I didn't really know before opening it (or maybe I just forgot but the surprise was the same) so it was great to discover.


The main cons of this first comic would be it is way too short (only 40 pages), precipitate and with an open end, which reminds me of one-shots or yomikiri, which typically give rise to longer and serialized stories in the same magazines. Continuing with the Japanese dynamics, the onomatopoeias are written in Japanese which makes no sense to me but maybe was made in purpose to resemble manga even more. But what upset me the most was the lacking consequences of Fio's deception, since she hurt Roman (resulting in the first wrecked heart) and not only did she not apologize but was Roman who did it. Also, the whole story is so innocent that it hurts me to actually write it down but one of the scenes gets dangerously close to sexual abuse, even if it's intriguing to watch gender's cliches switched. Of course, The Real Thing is a comic about boundaries and their ambiguity so no wonder Luca decided to tackle not only theoretical ones but physical ones too.

Later on, Mathilde Kitteh presents Dark Energy where the goddess who created the universe is tired of passively observing how every living creature falls in love and has its happily ever after with its loved one so she decides to become human in order to be gifted too by the feeling of love. Of course, being immortal, she will encounter lots of love but also lots of sadness as she goes losing everyone she loves to the point she forgets who she actually is. At this point she locks into a space ship where only plants keep her company. That's when the semi-android journalist Mikael meets her, in order to visit her greenish ship and write a book about it afterwards.


Astrée (which, by the way, comes from the French astre, which means star, with an additional "ée" ending which typically transform nouns into feminine adjectives) and Mikael are the loveliest of the bizarre outer space futurist supernatural couples. Although the main plot would be the romantic one as part of the Wrecked Hearts topic, there is room for sci-fi unfolding same way as Luca developed in his story. Instead of cool futuristic adaptations of current sports, Mathilde prefers alien and technology-driven speciation including androids (as the male protagonist), ever-farting clouds and a range of tiny talking plants with witty names. Here, Astrée has to confront her inner demons and accept who and what she is. Although Dark Energy is considerably longer than the former, the story also feels dramatically hasty with a marked sprint at the end that rapidly results in bitter closure.

Both stories are clearly influenced by Japanese comics in terms of structure, sequential narrative, drawing style, with The Real Thing echoing shôjo and BL frameworks while Dark Energy kind of resembles Ghibli universe as the protagonist reminds me of classical anime heroines as Nausicaä, Chihiro or Princess Mononoke in their characteristic alienation from humanity, broken heartedless and genuine kindness, which they all share with Astrée.


I have really enjoyed discovering the outer space diving into these intimate tales, overflowing with human conflicts from a slightly romantic coded view. I definitely recommend Wrecked Hearts to all shôjo and sci-fi lovers and I hope Peow Studio will continue to rely on Luca's and Mathilde's talents in further publications! I am positive I would back them again. 

domingo, 29 de mayo de 2016

El Hombre sin Talento

Muchísimos meses después de la última, hoy os traigo una reseña genuina de manga. De un tomo único sí pero hay mucha tela que cortar, no os preocupéis. Además, es este un título que ha atraído a un público mucho más amplio que el de los aficionados al manga sino también a los del cómic europeo, habiendo sido uno de los nominados a los premios de Ficomic donde suele ser difícil que se cuele un título japonés.


Sukezo Sukegawa se dedica a vender piedras que ha encontrado a la orilla del río Tama en la misma orilla del río. ¿Qué sentido tiene vender algo que cualquiera puede recoger del suelo? Sukezo es un estudioso del suiseki, un arte caído en el olvido que consiste en admirar la belleza natural de las piedras. Aunque antes se dedicaba a la reparación y venta de cámaras de segunda mano... Y antes aún era en realidad autor de manga. El problema es que allá donde vaya no consigue nunca ganarse la vida como dios manda porque parece no tener talento para absolutamente nada.

Cuando compré este tomo esperaba encontrarme la historia de un hombre desdichado al que le ocurrían muchas desgracias. En su lugar, encontré un hombre que se hizo desgraciado a sí mismo y eso, desde luego, no es un tópico habitual del cómic. Porque no es lo mismo que tengas un accidente o que tu mujer te sea infiel o que nadie quiera contratarte a que seas tú el que se obstine en no avanzar, en no sacrificarse, en no aceptar las oportunidades que te son dadas.


Sukezo es el típico anti-héroe, un protagonista cuyas vivencias están basadas en la vida del propio autor, siendo esta una historia con tintes autobiográficos. El protagonista se muestra siempre melancólico, fiel a unos valores obsoletos, incapaz de enfrentarse a la verdad, ni siquiera de mirar a los ojos a su mujer. Se obstina por vivir del Suiseki, que considera honorable y erudito, a pesar de que ya nadie lo valora, y no del manga, carente de honor y valor a sus ojos, dejándose arrastrar por un orgullo que, sin embargo, no le impide más adelante cargar personas sobre su espalda, en taparrabos, vadeando el río de una a otra orilla por cuatro perras.

De hecho, el autor sumerge a sus personajes en paisajes anodinos, una vida llena de penuria y miseria, donde la industralización y las influencias occidentales típicas de la era Showa son patentes en todo momento en contraposición al deseo expreso del tándem autor/protagonista de fundirse con la naturaleza, idealizando el aislamiento social y la extrema pobreza en que vivieron antiguos monjes, ahora célebres. Es Sukezo un magnífico hipócrita en ese sentido, enriqueciendo así su personaje, con tantas contradicciones internas como, probablemente, su autor: duda entre extremos, aspira a conseguir fama y riqueza por su (inexistente) talento y a la vez se deja llevar por un anhelo casi nihilista, peligrosamente próximo a la ideación suicida.


Por supuesto, se trata de un personaje tremendamente egocéntrico, que se cree el ombligo del mundo y que tan solo mira por su propio bien. Ajenas le son las responsabilidades que implica tener una familia y es su mujer la que se sacrifica para criar a su hijo. Aunque la relación entre marido y mujer apenas se toca de puntillas en la narración, resulta muy interesante ver como en un primer momento llegaron a saltar chispas entre ambos, que se enfriaron ante los delirios de grandeza de él y la incapacidad de abandonarlo de ella a pesar de todas las disputas y decepciones. En una época en la que los divorcios eran un tema tabú, queda muy bien reflejado qué motivos ataban al matrimonio a seguir adelante a pesar de que la llama llevara años extinguida.

Me gustaría poder decir que El hombre sin talento traspira situaciones que son impensables hoy en día pero más bien me parece un preámbulo de la época decadente, en ciertos aspectos, que nos ha tocado vivir. Con la exaltación del individualismo, que tanto critica Sukezo a pesar de desear tener éxito él como individuo continuamente, muchas personas se obsesionan con lograr esa excepcionalidad que los desmarque del rebaño y, al no conseguirlo, se desesperan, se enfrascan y se enredan en sueños irrealizables que, más que dar alas, las cortan, estancando a estos soñadores durante años en empresas imposibles. Yoshiharu Tsuge logra un efecto genuinamente patético con varias de las ideas que se le pasan por la cabeza a Sukezo, cuando se frustra por no poder aprovechar algo tan abundante y barato como el vello corporal, ¡qué lástima que uno no pueda lucrarse del mismo!


Si queréis regocijaros en la miseria, la hipocresía y la ineptitud humanas, este es vuestro cómic sin duda. Ni qué decir tiene lo hilarante que resulta leer a un autor de manga revelándose a su público con un manga autobiográfico en el que reniega del manga como medio para comunicarse...

sábado, 28 de mayo de 2016

Maldita Tesis

Hay ciertos términos con los que estaréis familiarizados. Uno es «amor a primera vista» que, en su origen, hacía referencia a la capacidad para enamorarse de alguien por su mero aspecto, sin necesidad de mediar palabra. Actualmente, es un concepto que se traspasa con facilidad también a enamorarse de algo, siendo incluso frecuente la pregunta ¿qué cómic/libro has comprado sólo por su portada? Pues bien, yo hoy os hablo de un cómic que me compré por el título, así, sin mirar atrás, sin dudar ni un instante. Hablemos de Maldita Tesis.


Jeanne Dargan es profesora sustituta en un instituto francés pero su sueño es ser doctora en literatura. Es por eso que, cuando el excelentísimo profesor Karpov la anima a realizarla con él a pesar de no contar con financiación, no se lo piensa dos veces, coge una excedencia en el trabajo, pide un préstamo al banco y se dispone a acabar la tesis en tres años. Empieza con mucha motivación pero, con el paso de los años, verá como va cayendo en todas las trampas de las que ya la habían avisado antes de embarcarse de nuevo en la universidad...

Maldita Tesis es una crítica ocurrente sobre el sistema académico y universitario donde quedan reflejadas todas sus carencias: la burocracia absurda y descorazonadora, las constantes batallas de egos, la competitividad entre doctorandos, la irresponsabilidad de los directores de tesis, la falta de aplicación de muchas de las investigaciones que se llevan a cabo, en especial las de letras, el desvío de fondos universitarios para pagar entrecots... y un largo etcétera.


Pero la autora no se queda ahí claro, también aborda lo que representa hacer la tesis a nivel personal. La tortura que representa escribir un email formal a tu supervisor, reescribiéndolo mil veces, la falta de confianza, el perfeccionismo patológico que impide finalizar nada. El pánico a la primera presentación en público, el pavor a las posibles preguntas y... ¡lo que es peor! a que no te hagan ni una porque eso quiere decir que o no han entendido nada o que les has aburrido tanto que ni siquiera te han escuchado...

Y aunque podría haberse limitado al doctorado, Tiphaine va aún más allá, augurando aquello que se avecina tras la defensa de la tesis: la incertidumbre, la revelación de que todo lo que has hecho puede haberse precipitado al vacío sin más. La falta de salidas, de vacantes, el exceso de doctores en líneas de investigación en vías de extinción. Se ríe la autora de todo el sistema, que se construye sobre el espíritu investigador, la utopía de buscar sin saber lo que se quiere encontrar y lo enfrenta a la realidad, a la hipocresía, la corrupción, la búsqueda desesperada de fondos públicos que cada vez son más restrictivos en su dispensación, ¡para queja y manifestación de los estudiantes y docentes! A pesar de que se trate de una medida de lo más razonable, necesaria ante el panorama.


Y, por supuesto, otro motivo principal de la narración son las relaciones interpersonales: amigos, familiares y pareja, todo se ve trastornado por la tesis en curso. Los amigos con los que nunca tienes tiempo de quedar y a los que atormentas explicando hasta el último detalle de tu investigación en curso. La familia que nunca entiende qué estás haciendo ni para qué sirve ni por qué tardas tanto en acabar. La pareja que te soporta con paciencia y amor pero que necesita un diálogo de tanto en tanto entre tanto monólogo reiterado...

Si bien es cierto que la protagonista realiza su tesis en literatura, concretamente en la obra de Kafka, y que, por lo tanto, se distancia mucho de cualquier cosa a la que yo pueda estar familiarizada en ciencias, hay muchos patrones que se repiten, anécdotas que nunca pensé que pudiesen estar tan generalizadas. A veces me pregunto si no saca la Universidad (por dentro ojo, son cosas invisibles para los estudiantes de grado/máster) lo peor de nosotros.


Al final de todo comenta la autora que ella misma comenzó la tesis (lo cual explica muchas cosas) pero que no la acabó y cita un rico listado de webs para que los doctorandos de todo el mundo compartan sus penas (como la célebre PhD Comics, referente del mundillo) por si como lector de Maldita Tesis estás en proceso de hacer la tesis. Es fascinante que las situaciones psicodélicas que vivimos los doctorandos sean equiparables en países tan distintos como Francia, España y Estados Unidos.

Muy muy divertido, si estás haciendo la tesis o la has hecho o intentaste hacerla, te gustará seguro. Y si te llama la atención ver los entresijos del mundo universitario de puertas para adentro, también. Yo se lo recomendaría a todo el mundo porque me ha encantado pero claro, si no te interesa en absoluto el tema no sé hasta qué punto se le puede sacar el jugo.