martes, 6 de mayo de 2014

Blacksad: Amarillo

Cuatro meses después, por fin pongo mis zarpas sobre la quinta entrega acerca del detective felino más famoso que ha surgido de las viñetas de un cómic: John Blacksad. No me voy a enrollar sobre los premios que acumula esta saga porque ya todos debéis saber que es uno de los cómics de autores españoles que más reconocimiento internacional ha acumulado en los últimos años. Su éxito está totalmente justificado:


Tras tantas desgracias, Blacksad parece que quiere tomarse un tiempo para sí mismo en lugar de volver a la bulliciosa Nueva York al acabar su último trabajo. Un viaje en coche por el sur es una oportunidad inmejorable para relajarse y aislarse del resto del mundo pero parece ser que su mala suerte le persigue allá dónde va. Así es como ladrones y asesinos se cruzarán, como siempre, en su camino trayendo consigo nuevos rompecabezas para el desdichado detective.

Voy a empezar por el título. De forma evidente, Amarillo es el color del tomo, de las tapas, de la portada; el título. Amarillo es el llamativo color del cadillac que debe llevar Blacksad hasta Tulsa. Amarillo es también el nombre de la ciudad (que he buscado en google maps y existe, pensaba que era una invención) dónde comienza la turbulenta historia de Chad. Amarillo es, en definitiva, dorado como las referencias a Meadow Gold y Gold Medal. Amarillo de la prensa amarilla que lidera Aaron P. Lange. Y, por último, Amarillo como un color que puede asociarse tanto a la felicidad como a la cobardía.


Me paso a la ambientación. Desde Tulsa (Oklahoma) a Raton (Nuevo México) pasando por Amarillo (Texas) y finalizando en Chicago (Illinois), viajando en coches prestados, con una banda de motoristas, en tren y hasta haciendo autoestop, nuestros protagonistas recorren casi sin quererlo la famosa Ruta 66 en un homenaje a las road movies o películas de carretera.

Y aunque el viaje sea a la vez parte de la historia y ambientación, el argumento nos lleva a otros lugares donde los autores dan rienda suelta a su universo antropomórfico. ¿Mi favorito? El circo sin duda. No se me ocurre un lugar mejor para explayarse y recrearse como creador de personajes basados en animales que un circo. Así los orangutanes hacen de acróbatas, los gorilas de "hombres" forzudos, los koalas de payasos y las serpientes de encantadores. Aquí cada viñeta es un overbooking de feriantes que seguro que requirieron horas de diseño de personajes y no los pocos segundos que se tarda en leer sus bocadillos (cuando los hay).


Por primera vez desde que Blacksad iniciara sus pesquisas hace trece años, los autores nos dejan entrever de forma fugaz algo de información acerca de la familia del detective prometiendo así con esta pequeña incógnita la existencia de, al menos, un sexto número que continúe la historia del gato negro.

Una duda que me ha asaltado, curiosamente, por primera vez en este quinto volumen es qué sucede con todas las parejas (que, aparentemente, son muchas) interraciales ya que todo tipo de animales de especies distintas parecen capaces de establecer lazos pero no sé si puede haber fruto de su relación y, si lo hubiera, deberían haber aparecido ya muchos híbridos en tomos anteriores... ¿serán estériles? ¿viables?

Viva los chistes racistas
Dándole vueltas al universo de Blacksad me pregunto si habrá alguna ciudad submarina para los peces u hombres pez. Hasta ahora abundan los mamíferos aunque aparecen múltiples aves y reptiles y, aunque ahora mismo no recuerde ninguno, supongo que algún anfibio habrá también.

Y, si consigo apartarme del apartado puramente gráfico de este cómic, de la ambientación, de la estética, de los entresijos de su universo... aun queda un apartado vital: el argumento. En ese sentido parece mentira que en tan solo 54 páginas ocurran tantísimas cosas adornadas con tantos guiños y con sus respectivos finales coherentes y definitivos. Por un lado está Chad, un escritor atormentado; por el otro está Neal, un abogado hiena tanto literal como figuradamente; y, como no podía ser de otra manera, la femme fatale de la ocasión es Luanne, una gata joven y misteriosa que trabaja en el circo.


Así es como los autores nos presentan un ovillo de hilos revueltos que, poco a poco, van desenrollando hasta colocar a cada personaje dónde le corresponde en su inusitado final. Una palabra para definir este tomo sería, quizá, poético. Tiene varias frases para enmarcar, mis favoritas: "Los buenos no llevamos pistola, Ray, porque sabemos que siempre acaban disparándose" y "Nunca creas nada que salga de la boca de un tipo que pone precio a sus palabras". Que me gusten no significa que esté de acuerdo con ellas pero me han encandilado ambas.

Dicho todo esto ya no se me ocurre qué más añadir para convenceros de que os iniciéis con el universo de Blacksad y, si ya lo habéis hecho, no sé a qué esperáis para comprar Amarillo.

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