domingo, 30 de agosto de 2015

Películas primaverales

A partir de abril tuve que renunciar a lo de ver una película a la semana pero eso no significa que la única que haya visto desde entonces fuese Inside Out.


Encabeza la entrada Don Jon, dirigida, guionizada y protagonizada por Joseph Gordon-Levitt, actor al que puede que le esté siguiendo la pista después de ver Inception y (500) días juntos. De hecho, creo que ese fue el único motivo por el que decidí verla porque ni siquiera sabía de qué iba. Pues bien, me fui a encontrar con un cani y una choni de esos de manual. Jon reparte su tiempo entre el gimnasio, la iglesia, el porno, la limpieza y la discoteca. Así tal cual. Está tan acostumbrado a masturbarse mientras imagina que una de las chicas perfectas de los vídeos porno que tanto le gustan le hacen una mamada que es incapaz de disfrutar con el sexo real. Nunca se cansa de acostarse con una mujer diferente cada noche y siempre escoge a la más atractiva, la que tiene las tetas más grandes, el culo más firme, el maquillaje mejor colocado. Pero lo que realmente le ayuda a desfogarse es masturbarse todos los días, sin fallar nunca a su cita, ni siquiera cuando acaba de acostarse con su último ligue.

Al margen de que discute sin cesar con sus padres y de que su obsesión podría considerarse patológica, su rutina le hace feliz y no tiene ningún problema serio al respecto hasta conocer a Barbara (la choni de la que hablaba al principio).

Aquí Joseph Gordon Levitt se la saca haciendo una crítica bestial de las películas románticas que típicamente gustan tanto a las mujeres porque les hacen llorar, sufrir, suspirar y anhelar romances idealizados de otra época, una que probablemente nunca existió ni existirá más allá de la ficción. Hasta donde yo sé, el actor/guionista/director es un reconocido feminista (o alguien que sabe lo que verdaderamente significa este término porque estoy bastante segura de que todos los hombres que leéis mi blog lo sois también) y en esta película hace un despliegue de feminismo encomiable en que carga contra las mujeres machistas sin ninguna piedad a la par que se jacta de la publicidad machista y de la sexualización y objetificación de la mujer en los medios de comunicación


Desde que se estrenó, el número uno de mi lista de pendientes era Samba, que me brindaba una oportunidad ideal para ir habituándome al francés (con subtítulos claro). Además, Intouchables me encantó en su momento con lo que esperaba bastante de sus directores en este nuevo estreno. Como siempre, las expectativas jugaron en mi contra. Debo confesar que no estaba nada familiarizada con la realidad de los inmigrantes en Francia (a veces parece que España es un desastre para todo y que los países más al norte sean fantásticos y maravillosos pero todos acabamos teniendo los mismos problemas o muy parecidos). No sé hasta qué punto me parece un desperdicio que la película esté enfocada como una comedia cuando, en realidad, todo lo que ocurre es bastante dramático. De acuerdo que el sentido del humor es importante y que tampoco es plan de ir al cine a llorar pero con tanto chiste uno se arriesga a ridiculizar un tema muy serio. El romance... pues no sé, me parece demasiado conveniente. De hecho, diría que toda la película en general es demasiado conveniente, cruzando la raya invisible de lo que yo personalmente considero asumible. Os echaréis unas risas (al menos yo lo hice), si os contentáis o no con el final ya es costa vuestra.


A la semana siguiente de su estreno fuimos a ver la nueva entrega de Avengers, Age of Ultron. Como siempre, entretenida e incoherente a partes iguales. Aún así, y si la evalúo en el contexto de la última tanda de películas de Marvel, creo que prevalece entre todas las demás. Como siempre también, me lo pasé muy bien viéndola, se me pasaron las más de dos horas de rodaje sin darme cuenta. Una de las cosas que me gusta mucho de las películas Marvel es que no suele haber una división clara de "buenos" y "malos". Es decir, es evidente que hay héroes y villanos pero no es un todo o nada. Y la división interna entre los vengadores que, de hecho, se hizo patente desde el principio, es cada vez más evidente, supongo que sentando las bases para la civil war que está por venir (¡el año que viene!). El tema central de esta entrega es precisamente la inteligencia artificial, muy explotada en el mundo cinematográfico, y cómo esta podría interpretar la actualidad mundial y actuar en consecuencia. Al margen del tema de estos robots, que puede estar mejor o peor llevado, mi parte favorita de la película es el hecho de que todos los vengadores deban lidiar con sus miedos más profundos. Además, profundiza en los dos personajes menos explotados hasta ahora de la franquicia: Ojo de Halcón y Viuda Negra, cuyos flashbacks e historias paralelas me sorprendieron para bien; creo que hacían mucha falta. Una película muy disfrutable que deja con las ganas de la siguiente, como siempre.


Recuperando el ritmo de meses anteriores, retomamos las nominadas (y ganadoras) a los Óscar con Still Alice, título muy mal adaptado en España como Siempre Alice (que, en mi opinión, desvirtúa totalmente el mensaje de la película). Si bien la actuación de Julianne Moore como Alice es excelente, la película deja mucho que desear. Nada más comenzar, nos encontramos con síntomas subclínicos de las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer. El diagnóstico aterriza como un meteorito desde la introducción y, como espectadores, asistimos a las reacciones de marido e hijos. Curiosamente, la película (e imagino que el libro en que se basa también) ignora el conflicto que conlleva ser genéticamente diagnosticado con esta enfermedad cuando ni siquiera ha debutado y se centra únicamente en Alice y en su rotunda negación a aceptar lo que le ocurre. Me parece un personaje magnífico, no así su familia, bastante poco comprensiva. Se dan algunas pinceladas de la etiopatogenia del trastorno y de la falta de tratamiento. Es protagonista el conflicto interno de Alice que, a mi modo de verlo, se resuelve de la peor de las maneras dejando un regusto amargo cuando desfilan los créditos. 


De nuevo con los estrenos, pude gozar de la que probablemente sea la mejor película (hasta ahora, que a finales de año empezarán con la maratón de peliculones para los Óscar) de 2015: Mad Max - Fury Road. Estuve mordiéndome las uñas durante semanas después de leer docenas de tweets que la ensalzaban como el mejor filme del año y muchos artistas que la honraban con fantásticos fanarts. Como siempre, tenía cierta inquietud de que el hype fuese injustificado (como en tantos otros casos) pero no, Fury Road es genuina.


No quiero ser repetitiva ni elogiar algo que debería ser la norma y no la excepción pero esta secuela es casi una reivindicación del feminismo y no lo necesitaba para ser un peliculón pero es ambas cosas y es magnífica. Los guionistas juegan con un escenario post-apocalíptico en el que se desarrollan el lavado de cerebro, el monopolio y la esclavitud bajo una tiranía extrema. La película es descarnada, con muchas escenas e implicaciones crueles y sádicas que se suceden una tras otra sin darle un respiro al espectador. Mad Max es una orgía de violencia explícita, persecuciones y pura locura que solo puede dejarte pegado a la silla con la boca abierta durante dos horas. Las distintas tribus, los rituales, los vehículos, las localizaciones, las ropas, las armas, las enfermedades, todo está cuidado hasta el último detalle. Por otro lado, aunque sí es cierto que los principales tiranos son personajes demasiado planos, el resto de personajes vive continuamente en un conflicto interior, donde cualquier elección tiene repercusiones negativas y entran en juego sentimientos más complejos como el orgullo, la ambición, la venganza o el mero instinto de supervivencia. No me quiero alargar más con mi comentario... vedla, merecerá la pena.


Y, aunque no me enorgullezco de ello, contribuí para que Jurassic World se haya convertido en una de las películas más taquilleras de la historia (y subiendo). La trama, por llamarla de alguna manera, es un insulto a la inteligencia de los tele-espectadores. Ni siquiera se molestan en explicar cómo es posible que el parque tirara adelante después de todo lo que ocurrió en las entregas anteriores de la franquicia. Los personajes no tienen ninguna clase de carisma, componen el elenco un crío insoportable, un adolescente retrasado, una de las mujeres más inesperadamente estúpidas, ingenuas y ridículas de la historia del cine, un ecologista con complejo de héroe, un multimillonario inconsciente y demagogo, un señor militar mezquino y tonto y un científico brillante y frío. Son tantos clichés poco desarrollados en tan poco tiempo que uno empieza a temer por su salud mental. Pero ya, si a una le da por autoflagelarse con la rigurosidad científica es harto difícil evitar múltiples bufidos de indignación en la sala (no profundizo en este tema para no hacer spoilers). Por último, añadir que no hace falta haber visto las tres primeras entregas de la franquicia para darse cuenta de que los guionistas no dejan de apelar a la nostalgia colectiva así que puedo entender todos esos récords de taquilla si pienso en lo que representó en su momento Jurassic Park... pero nada más. La película en sí misma no se sostiene por ninguna parte y, de hecho, parece que se recree en la ignorancia y la incoherencia.


Y, ya para terminar, me vuelvo a mi lista de pendientes con un título que ha pasado bastante desapercibido en la cartelera: Nightcrawler. Después de esperar tantos meses para verla mi expectación fue creciendo sin que me diese cuenta y, como suele pasar en estos casos, me ha decepcionado terriblemente. Mi desilusión no me impide reconocer que es una buena película, con un guión interesante y bien hilado. Es solo que esperaba algo mejor. Por un lado, tiene un ritmo demasiado pausado para mi gusto, alargando los minutos de metraje hasta las dos horas. Por el otro, creo que se ha exagerado en exceso la personalidad psicópata del protagonista distanciando mucho al espectador de lo que ocurre y exhibiendo unos diálogos que tanto podría calificar de brillantes como de anodinos. Aun así, la magnífica crítica subyacente, la cínica venta de tragedias ajenas, la manipulación de la verdad en pos de la audiencia y un conjunto de obsesiones enfermizas construyen en su conjunto un filme muy recomendable. Una película curiosa para acabar con esta tanda.

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