martes, 25 de agosto de 2015

Patata

Para variar un poco, hoy vengo a hablaros de un webcómic activo que, por difícil que parezca de creer, se actualiza con regularidad. Patata comenzó como parte del reto MeInDiCo'15, en el que los autores participantes se proponían publicar una página de cómic diaria durante el mes de marzo. Gurrupurru cumplió con el total preestablecido de 30 páginas el 1 de abril pero, para entonces, ya se había encariñado lo suficiente de su nueva obra como para no estar dispuesto a colgar los lápices ahí. A día de hoy, hay ya 80 tiras publicadas repartidas en 9 capítulos y la historia, lejos de degenerar, es cada vez más interesante.


Penélope vagabundea por un desierto sinfín en un mundo arrasado del que parece la única superviviente. Un buen día, se encuentra con Patata, una especie de híbrido entre humano y pájaro, con alas y patas de pato. Al principio, la ignorará convencida de que es producto de su fantasía pero pronto empatizará con su soledad, que ambas comparten y que pueden ayudar a mitigar la una a la otra.

Cualquier cosa que diga de este webcómic no le va a hacer justicia porque está impregnado de una dulzura que es difícil de reflejar en una reseña. Aunque el autor nos sitúe en un mundo post-apocalíptico, Patata es una historia íntima donde adquieren especial relevancia los sentimientos, anhelos y arrepentimientos de las protagonistas. Por lo tanto, el lector se encontrará conversaciones casuales sobre qué es la soledad o qué puede motivar a una persona a seguir viviendo (o a dejar de hacerlo). Otro tema recurrente es el de la maternidad aunque, por encima de todo, diría que Patata es un cómic sobre amistad y confianza.


Y, como siempre, los personajes de Gurrupurru se caracterizan por una mezcla entre inocencia e inusitada introversión que le da un toque especial (extra) a esta historia. Hasta el momento, las protagonistas y únicos personajes del webcómic son Penélope y Patata: ambas comparten una soledad inconmensurable pero la primera lidia con ella con estoicismo y pragmatismo mientras que la segunda la afronta con un optimismo algo delirante.

En cuanto al arte, en esta ocasión el cómic está teñido de una tonalidad sepia que muta a tonos azules para los flashbacks y a un color espectacular para los sueños. Como podéis ver en las viñetas que he utilizado para ilustrar la entrada, el estilo de Gurrupurru es sencillo e infantiloide, pero el grosor de las líneas no le impiden dotar de detalles a sus páginas y, en especial, de expresiones muy bien caracterizadas que evocan de forma sobresaliente alegría, tristeza, preocupación, interés, enfado... Encuentro el dibujo mucho más refinado que en El artista y la musa.

Pene es muy buen personaje pero Pata se la come todo su protagonismo
A poco que os llame la atención, yo de vosotros no dudaría en darle una oportunidad. Se lee en un santiamén y está disponible gratuitamente en subcultura. Eso sí, yo no puedo esperar a que Gurrupurru se anime a editarlo en papel... es de esas historias que no me importa pagar un pico a cambio de poder añadirlas a la estantería.

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