sábado, 25 de abril de 2015

The Mentalist (seasons 6 & 7)

Después de tantos años todavía no me puedo creer que haya terminado El mentalista porque es una de esas series que veía en familia desde que estaba en bachillerato. Sin embargo, también reconozco que no se podía estirar más el chicle si se quería mantener la esencia de la serie. En mi línea habitual, me veo incapaz de reseñar estas dos últimas temporadas sin revelar parcialmente un hecho crucial que ocurre a principios de la sexta temporada así que, ya sabéis, spoiler alert (ligero).


Tras el ultimátum de John el Rojo, Jane está decidido a desvelar su verdadera identidad y acabar con su cacería de una vez por todas. Esto meterá a todo el equipo de Sacramento en una vorágine final rozando la ilegalidad que conduzca a Jane, finalmente, frente al asesino de su esposa e hija. ¿Qué ocurrirá tras sobrepasar tal punto de inflexión?

Recuerdo muy bien el principio de la sexta temporada porque después de cinco años nunca imaginé que los guionistas fueran a hacer tal sprint. Fue algo que no habría adivinado nunca, imaginaba una agónica temporada que finalizaría con la revelación final y no fue para nada así. La verdad es que se trata de una sorpresa muy grata, estando acostumbrada a decenas de capítulos de relleno en los que la trama no avanzaba absolutamente nada.

Nunca nos gustó Kim
El problema vino después, con todo el rollo del FBI que, para mí, es la séptima temporada real. Nos olvidamos del rojo con un salto temporal (necesario) de dos años. Los guionistas se inventan de nuevo otra triquiñuela para no meter a Jane en la cárcel. Por primera vez desde que empezó la serie hay una notable renovación de personajes que difícilmente nos van a caer tan bien como el equipo original.

Aquí es cuando volvemos a la rutina de casos de relleno, solo que con un enfoque totalmente distinto al disponer de medios mucho más avanzados que cuando trabajaban en la brigada. Aún así, aparecen ciertos antagonistas con algo de protagonismo para darle cierta continuidad a la serie que va un poco a la deriva tras zanjar el asunto de Red John.


Empieza a haber muchos capítulos con una carga personal elevada (en los que al menos uno de los protagonistas está implicado emocionalmente por uno u otro motivo) y como que esta etapa post-rojo es bastante corta, la verdad es que la estrategia funciona muy bien. Poco a poco y casi sin que nos demos cuenta se van cerrando muchas cosas y se les va dando final a varios personajes que si bien no protagonistas, han sido recurrentes durante varias temporadas.

Uno de los guiños de los guionistas en esta última temporada ha sido regalarnos la vista con Lisbon haciendo el paripé de médium (¡varias veces!) o de cerrar la serie casi como empezó, completando un círculo perfecto.


El problema no lo tengo tanto con las tramas más policíacas sino con las amorosas. De repente parece que todos los capítulos giren de una u otra manera en torno al amor, para convencer a los espectadores de que el final que nos están reservando es congruente, como si así una pudiese olvidar más de cien episodios de un plumazo.


Muchos decían que se venía venir pero a mi me decepcionó enormemente. Me parece muy triste que en todas las series de este corte en las que hay un hombre y una mujer heterosexuales como protagonistas, siempre, siempre, siempre, tengan que acabar liados. Da lo mismo que no haya habido nada más que amistad entre ellos durante años, si la serie se acaba... cursilada al canto.

Aunque claro, si hablamos de cosas que me parecen mal, digamos que no les tengo mucho aprecio a los guionistas que decidieron manipular a ciertos personajes solo para que los protagonistas tomaran una u otra decisión importante... y aquí no puedo decir nada más porque sí que sería un spoiler en toda regla.


A pesar de todo, digamos que con el tiempo he acabado superando estas viles traiciones y que aún y con todas estas ofensas, no puede dejar de darme mucha pena que se acabe El Mentalista porque le tengo/tenía mucho cariño. ¿La recomiendo? Quizá no, quizá la gracia es ver los capítulos semana a semana. Quizá me pesa la nostalgia. Pero casi seguro que yo la vuelvo a ver... antes o después. 

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