miércoles, 25 de febrero de 2015

Titanes y básquet


Después del ligero desengaño del noveno tomo he tardado algo más de la cuenta en retomar la lectura de este superventas. Eso sí, el tomo #10 de Ataque a los Titanes me enganchó de tal forma que esa misma semana me compré los dos siguientes para devorarlos. Menudo frenesí de batallas, de alianzas, de secretos medio-desvelados y de nuevas preguntas. Porque aunque estos tomos han sido mucho más animados que los anteriores, el autor se las apaña para seguir sin responder ni una sola pregunta, más bien añade unas cuantas a la lista.

Se empieza a intuir que los misterios que subyacen la existencia de los titanes son realmente complejos y que hay toda una estructura jerárquica, o varias, implicadas en una intrincada red. Y, en medio de todo este caos, está el ingenuo Eren que lo único que sabe hacer es gritar y lanzar puñetazos al aire. Por un lado creo que es extremadamente cansino pero, por el otro, me cuesta imaginar cómo avanzaría este manga si no tuviese a este tipo de protagonista estereotipado. Aunque, eso sí, lo que distingue la historia no es precisamente un protagonista irreflexivo, buenazo y que ha llegado donde está (más o menos) a base de esfuerzo y sacrificio (o unos cuantos de ellos) sino personajes como Mikasa o Armin (que no dejan de ser prototípicos pero al menos algo más interesantes) que le dan vidilla a la trama.


Aun así, me da algo de miedo qué pasará a partir de ahora. Preveo uno o dos tomos de calma y, con algo de suerte, de alguna que otra explicación (que nos haga poner la cara que tiene Eren en la portada del tomo #15). En especial en lo que se refiere al muro y a Christa. No estaría mal contar alguna cosa de aquellos personajes que se van separando del grupo principal pero imagino que el autor preferirá mantenernos en la ignorancia.

No sé si es porque cada vez estoy más metida en la historia, porque me estoy volviendo tolerante o porque realmente ha mejorado pero le voy pillando el humor extraño a la historia y los últimos tomos hasta puede que me hayan sacado alguna que otra sonrisa.


Y me sigo leyendo los tomos de Slam Dunk de tres en tres (y de cinco en cinco también pero tengo que dosificar un poco en las entradas que total, estoy a punto de quedarme sin tomos para seguir leyendo). Con el inicio de los cuartos de final del campeonato intercolegial de Kanagawa, empieza de verdad este spokon. En primer lugar el Shohoku debe enfrentarse al Shoyo, uno de los favoritos para la final. Después de ser expulsado en todos los partidos anteriores del campeonato, Sakuragi está totalmente obcecado con conseguir destacar en este. Y, aunque le cueste, el caso es que lo consigue. Y, como va siendo habitual en mis comentarios sobre este manga, aplaudo de nuevo a Takehiko Inoue por hacer vencer a Hanamichi dentro de una derrota.

Acto seguido, viene el enfrentamiento contra el Kainan, el vencedor imbatible de Kanagawa. Me hace mucha gracia esa idea de "crecerse ante la adversidad" porque, aunque quizá suene como la típica exageración muy del shônen, creo sinceramente que es algo que ocurre de verdad en muchos ámbitos, no necesariamente deportivos. Haces las cosas con más ganas cuando te suponen un reto y no una obligación, ¿qué pensáis vosotros?

Y ya, hacia el final del tomo #10, parece que el autor quiere virar un poco hacia Rukawa que aunque es un pilar tanto del equipo como de la historia, apenas está desarrollado... Algo que realmente no esperaba es que los partidos se me fueran a hacer tan cortos. De acuerdo que el autor les dedica bastante espacio y que quizá eterniza un poquitín algunos minutos pero la impresión general con la que me quedo al acabar un partido es que ha sido bastante rápido. Supongo que tardo menos en leer un par de tomos de Slam Dunk que en ver un partido de verdad.

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