sábado, 30 de noviembre de 2013

El Paseo del Arte

Los que hayáis estado en Madrid ya lo sabréis pero sus museos más grandes y reconocidos (el Prado, el Reina Sofía y el Thyssen Bornemisza) se encuentran agrupados en un espacio muy reducido, justo al lado de Atocha y, en pocos minutos, podéis ir de uno a otro andando. Es por eso que a esta zona se la conoce como El Paseo del Arte.


En mi caso, decidí no ir al Thyssen ya que su entrada es gratuita los lunes de 12 a 16, horario en el que me encontraba en el curso así que me lo dejo pendiente para la próxima vez. A cambio, fui al CaixaForum (como ya os conté en Japonismo) que, de hecho, forma parte del Paseo del Arte porque está prácticamente enfrente del Prado. El Thyssen me lo dejo pendiente para mi próximo viaje (solo lloro un poco porque tenían una exposición de Dalí pero nada, cero tiempo para ver tantas cosas en tan pocos días).


Solo con el Reina Sofía (en el que estuvimos unas tres horas) ya tendría para hacer una sola entrada pero como no quiero torturaros como ya hiciera con el Georges Pompidou de París, he decidido ser algo más sintética esta vez.


El Reina Sofía está dedicado íntegramente al arte del siglo XX y es mundialmente conocido por albergar el gigantesco y sobrecogedor Guernica de Picasso. Dos veces que lo he visto en directo, dos veces que se me ha puesto la piel de gallina. Lo "guay" de ir a verlo ya no es solo caerse de culo con el lienzo (que ocupa toda una pared enorme) sino observar la evolución de bocetos que realizó Picasso hasta decidirse por la composición final. Lástima que sea la sala del Guernica la única en la que no se puede hacer fotos de todo el museo (puedo entender que no quieran que se hagan fotos a ese cuadro en concreto pero ¿qué culpa tienen las decenas de otras pinturas que hay en la sala?).


En cualquier caso, el Reina Sofía es mucho más que el Guernica y cuenta con centenares de pinturas, esculturas y proyecciones en sus 4 plantas. Pata y yo nos limitamos a ver la segunda y la cuarta donde se encuentran las colecciones permanentes. En la segunda pudimos admirar el trabajo de Dalí (insertar aquí un ligero grito de casi fangirl), Miró (está en todas partes este hombre, me pregunto cuántos cuadros realizó a lo largo de su vida) y, en general, de varios surrealistas españoles (me llamó la atención lo centrados que están tanto el Prado como el Reina Sofía en la producción española, es decir, es lógico que abunden mucho las obras españolas pero es que sobre todo en el Reina, era raro ver muchas obras juntas de extranjeros y no es eso lo habitual en otros museos en los que he estado como el Pompidou o el Louvre o el British Museum o no sé, quizá estoy divagando y es solo que nunca me había fijado en las nacionalidades de los artistas de los cuales veía sus obras).


En la cuarta planta había una colección que comprendía manifestaciones artísticas de 1960 a 1980, donde descubrí a Manuel Rivera, Manuel Millares y Antonio Saura. Además de maravillarme con algunos móviles de Calder (quiero uno en mi casa cuando me independice (de imitación claro)) y cositas raras y guays de Antoni Tàpies, Eduardo Chillida y Dubuffet.


AH, y no me olvido del perturbado de José Caballero (está feo hablar mal de los muertos) que tampoco conocía pero cuyos cuadros me dejaron un poco trastornada.

A todo esto, el viernes intentamos ir al Prado porque con el carnet de estudiante universitario se entra gratis PERO no nos dejaron entrar porque nuestros carnets no tenían fecha. Me indigno solo de recordarlo (en serio, ¿vuestros carnets de la uni tienen el año de expedición?¿o de caducidad? es que no dejo de pensar que el carnet te lo dan UNA vez y ya te sirve para toda o casi toda la carrera, me parece tan absurdo que no nos dejaran entrar por eso... maldita mujer de la taquilla). Ante esta perspectiva no nos quedó otra que ir el domingo por la tarde-noche aprovechando que abrían gratis de 17 a 19h. La idea era hacer lo propio en el Reina Sofía de 19h a 21h el sábado pero llegamos una hora antes y nos encontramos con que allí si que nos daban por válidos los carnets sin fecha (menos mal). Si lo llegamos a saber, hubiéramos ido mucho antes...

Estoy enamorada de este cuadro
Así que el domingo estuvimos algo menos de dos horitas en el Prado, haciendo una visita exprés a "lo importante", es decir: las Pinturas Negras de Goya, El jardín de las delicias de El Bosco (y otros de sus cuadros que estaban en la misma sala y vimos un poco de rebote), el Adán y Eva de Durero, varios cuadros de Rubens y de Tiziano y Las Meninas de Velázquez claro. Más los cuadros de Fortuny del martes a última hora.


Mi principal objeto de búsqueda aquí eran las Pinturas Negras, que ya las había visto pero me daba igual porque son demasiado fantásticas como para contentarme con verlas una sola vez. Y aquí es cuando llegó la conmoción: El coloso de Goya ya no es de Goya. Cuando fui a Madrid en 2006 lo era y así constaba en la placa. Análisis posteriores revelaron que no se trata de una obra del famoso pintor sino de uno de sus aprendices/estudiantes/loquesea, que se ve claramente en el trazo y no-sé-qué-más. Creo que aun no he superado el shock. Independientemente del su autoría, sigue siendo un cuadro que me gusta mucho.


Anécdota aleatoria: esa misma tarde Pata y yo habíamos estado hablando sobre mitología grecoromana y sobre lo crueles que eran los dioses y demás. Entonces yo le hablé de Sísifo, condenando a subir una roca gigantesca por la ladera de una montaña por toda la eternidad ya que cuando está a punto de llegar a la cima, la piedra cae rodando hasta el principio y debe volver a empezar. Pata contrarrestó con la historia de Ticio (o Prometeo, muy muy originales no eran), encadenado a una roca y con un par de buitres (o un águila en el caso de Prometeo) comiéndose sus entrañas durante toda la eternidad (una maravilla todo). ¿Y qué nos encontramos al entrar en el Prado? En el pasillo central de la primera planta, a la derecha, se encuentran Ticio y Sísifo, de Tiziano, bordeando una puerta que da entrada a la sala donde se encuentran Las Meninas. Y es una anécdota muy relevante porque son muchos los sadismos de los dioses griegos y fuimos a encontrarnos con los dos que se nos ocurrieron primero el uno al ladito del otro.


Para acabar con la crónica de nuestra visita al Prado no puedo dejar de decir que tienen en marcha una exposición de lo más original y curiosa repartida por todo el museo: Historias Naturales. Gracias a la colaboración con el CSIC y el mncn podéis encontraros desde un esqueleto de serpiente (soy una enamorada de los esqueletos de serpiente) hasta un par de sapos dentro de un frasco como complemento a varias de las obras expuestas. La mayoría están cogidos un poco con pinzas pero a mí me da igual porque le da un toque interesante a la visita y así he tenido mi diminuta dosis de biología entre tanta historia del arte.

Volviéndome al viernes por la tarde, a parte de la exposición de Japonismo, también vimos una del cineasta Georges Méliès.


Sinceramente, nunca me ha interesado especialmente la historia del cine. Fuimos a ver la exposición un poco "porque estábamos allí". Y las grandes conclusiones que sacamos (que creo que Pata y yo compartimos) es que Georges Méliès estaba un poco ido y que tenía un gusto algo psicodélico/macabro/desagradable. Encima, la sala de la exposición era toda negra y se oía una musiquilla surreal y malrrollista con carcajadas siniestras y demás de fondo. Había varios "trucos" de los que se usaban hace más de un siglo para impresionar a los espectadores y, claro, no es que resulten muy impresionantes en pleno siglo XXI.


También se encuentran expuestos varios aparejos como cámaras oscuras y utensilios varios de nombres rarísimos que usaban por aquel entonces para reproducir la perspectiva, el movimiento y demás propiedades de un filme que no estaban presentes en el arte anterior (pintura y escultura sobre todo).

Y... no tengo mucho que decir de Méliès. Solo que me dieron ganas de ver La invención de Hugo, que había un bicho (un selenita creo) rojo/verde que daba algo de grimilla y que todo era muy raro vamos (qué poca seriedad).

Perdonad el caos espacio-temporal de la crónica m(_ _)m
en mi defensa añadiré que el viaje en sí ha sido algo caótico y las entradas solo son un reflejo de ello

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