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domingo, 5 de agosto de 2018

María lloró sobre los pies de Jesús

Igual que el año pasado, he atracado la biblioteca municipal de cara al mes de agosto augurando que tendré tiempo para leer un poco de todo a pierna suelta (e ignorando también como siempre la torre de lecturas pendientes que ya tenía en casa) así que espero darle un poco de vidilla al blog estas semanas con el pequeño botín que adquirí, antes de que tenga que devolver los documentos prestados. Empiezo pues con María lloró sobre los pies de Jesús, el primer cómic que leo de Chester Brown, autor que, de hecho, ni siquiera conocía.


Tal y como apuntan los subtítulos de la obra, Prostitución y desobediencia religiosa en la Biblia, y Una Novela Gráfica que adapta algunos pasajes bíblicos, María lloró sobre los pies de Jesús ilustra en formato cómic las historias de diversas mujeres que aparecen en la Biblia que, o bien se prostituyeron o bien utilizaron el sexo como medio para conseguir un objetivo. Sin embargo, el autor va mucho más allá explorando fragmentos populares de la Biblia de interpretación compleja como la historia de Caín y Abel, la parábola de los talentos, la del hijo pródigo o, finalmente, la historia de Job.

Durante una primera parte que ocupa más de la mitad de este volumen, se repite un mismo esquema de cuatro viñetas por página, con diálogos concisos, dibujo sencillo y sin florituras, y una gran profusión de viñetas en las que tan solo aparecen citas literales (o no) de versículos concretos de la Biblia. Esta estructura obliga a acelerar el ritmo de lectura con lo que la primera parte del libro se lee a la velocidad de la luz.

Encadenadas sin ton ni son, y a falta de preámbulo para introducir la lógica del autor, las distintas historias parecen escogidas con cierta aleatoriedad aunque se disfrutan igualmente como unidades independientes. La certeza de que nos encontramos ante una adaptación (libre) del libro más leído de todos los tiempos combina a la perfección con una narración directa, sin complejos, de una sencillez y honestidad abrumadoras. A pesar de esa simplicidad inherente al estilo y estructura cuadriculados de la obra, la dilatada trayectoria del autor se hace evidente en su inusitada capacidad para transmitir con muy pocos elementos.

Pero, por supuesto, hay una segunda parte, mucho más breve en extensión pero de lectura mucho más densa, en que el autor se explaya sobre su tema de estudio sin restricción alguna. Es en estas notas donde recae gran parte del atractivo de esta lectura ya que Chester Brown pormenoriza uno a uno cada ínfimo detalle de su narración inicial, explicando todos los puntos en los que se ha desviado de las escrituras oficiales para reflejar su opinión personal. En este prolongado epílogo no sólo divaga sobre sus creencias sino que referencia con profusión a diversos especialistas en el tema, mostrando hasta qué punto es complejo interpretar la Biblia y dando una idea de lo adulterado que podría estar el contenido de la versión actual.


El autor construye y expone sus argumentos con coherencia y meticulosidad, apoyándose en el trabajo previo y poniendo especial énfasis en todos aquellos aspectos que nacen de la más pura elucubración personal permitiendo así a los lectores que se formen su propia opinión sobre el tema. Personalmente, me parecen interpretaciones más que interesantes sobre la Biblia, dándole una vuelta de tuerca a pasajes muy conocidos que le permiten discutir diversos aspectos del cristianismo e incluso poner en duda alguno de sus dogmas centrales.

Si la adaptación bíblica per se es entretenida e incluso instructiva, son las notas (¡y las notas de las notas!) las que para mí hacen de este cómic una lectura indispensable entre lo publicado en los últimos años. Ya ando buscando Pagando por ello: memorias en cómic de un putero en la red de bibliotecas para complementar esta crónica en viñetas sobre las trabajadoras sexuales. 

domingo, 22 de julio de 2018

Voyeurs

Si fuese por la portada de este cómic, nunca le habría echado un ojo a Voyeurs. Refleja el interior de la obra ya que no deja de ser una de sus viñetas ampliada a tamaño cubierta pero, precisamente por eso, pierde su esencia contextual. Se echan en falta las otras cinco viñetas que deberían rodearla y, encima, el zoom despiadado hace que la imagen quede pixelada. Es por eso que comienzo la reseña con dos versiones de la portada, la original y la de la edición de La Cúpula. 


En esta ocasión no redacto sinopsis para la obra puesto que es autobiográfica e incluye pasajes ilustrados del diario personal de la autora entre 2007 y 2010 en que combina la más absoluta cotidianidad con reflexiones existencialistas. Aunque, para mí, Voyeurs haya sido la obra con la que he descubierto a Gabrielle Bell, se trata de una de sus recopilaciones más recientes y que publicó una vez su carrera ya estaba consolidada habiendo ganado ya varios premios. Por lo tanto, sospecho que no es la mejor de las maneras de aproximarse a esta autora aunque, en mi caso, haya saboreado la lectura de cada una de sus páginas.

Me pueden las obras autobiográficas en que sus autoras revelan hasta el detalle más íntimo de su vida (aunque me sienta un poco fisgona) como Alison Bechdel hablando sin complejos de sus relaciones familiares y románticas o Jennifer Hayden en su epopeya contra el cáncer y la vida en general. Sin embargo, Voyeurs se desmarca del género ya que el objetivo de Gabrielle Bell no es contarnos su vida sino vaciar sus miedos e inseguridades en la hoja de papel a base de narrar pequeños detalles de su día a día.


Voyeurs es una lectura opresiva y angustiosa. En mi caso personal, adentrarme en la psique de la autora ha sido una experiencia casi dolorosa que me ha obligado a dosificar su lectura durante varias semanas. Bell se lo cuestiona absolutamente todo: nuestra forma de vida, de consumo, las interacciones sociales, el éxito, el amor y la felicidad. Puede que sea una de las mentes más honestas con las que he topado con numerosas viñetas en las que no duda a la hora de confesar sus dilemas internos sobre cuestiones intrascendentes mientras sus conocidos o amigos discuten pensando que está atenta.

Voyeurs comienza con una breve introducción, que parece diseñada con ocasión de la publicación en papel de la antología,  en que la autora, junto con sus amigos, espía desde una terraza a una pareja en plena acción en el piso de enfrente. Hay alguna otra ocasión en que se hace referencia a ese voyerismo obvio, cuando Gabrielle espía a través de la mirilla conversaciones ajenas. Sin embargo, dejando de lado estas alusiones directas, las pequeñas historias de esta recopilación se caracterizan por el nivel de detalle con el que la autora describe todo tipo de interacciones sociales, desde sus peleas con sus ex-parejas hasta la conversación más banal. Ya que aplica el mismo énfasis para todo tipo de situaciones, transmitiendo la sensación de que es una mera observadora incluso de su propia vida.


Me parecen fascinantes todas las nociones a lo largo de la obra de que no importa todo lo que se consiga a nivel personal o profesional, la felicidad no es algo duradero que sea posible alcanzar. Gabrielle tiene éxito pero se siente un fraude; Gabrielle puede viajar a sitios maravillosos pero termina encerrándose en la habitación; Gabrielle es invitada a fiestas y demás pero no consigue integrarse en la multitud; Gabrielle es una infeliz sempiterna escoja lo que escoja. La precisión con la que describe ciertos intercambios es abrumadora.

Es muy posible que el estilo de dibujo ahuyente a más de uno, con un coloreado plano que no ayuda en absoluto pero os animo de todas formas a darle una oportunidad a una obra excelente. Eso sí, para nada recomendable si estáis de bajón porque a lo mejor termináis por tiraros por la ventana. Por supuesto, al estar formada Voyeurs por varios capítulos más o menos autoconclusivos y algunas páginas que pueden actuar como tiras cómicas algunas veces y como unidades poéticas otras tantas, el nivel es algo desigual pero la mayoría de historias independientes mantiene el nivel.


Esta reseña ha sido posible gracias a la intensa promoción del título llevada a cabo por La Cúpula (hay editoriales que lo hacen tan mal que ahora ya me resulta encomiable cuando veo una que lo hace bien), a su inclusión entre los esenciales de 2017 de la ACDComic y al periodista/blogger desalmado que recibió un (ahora en mi poder) ejemplar de prensa y luego lo abandonó (a cambio de un precio imagino que irrisorio) en el mercat de Sant Antoni para que pudiese encontrarlo yo en el momento idóneo. Voyeurs ha venido para quedarse orgulloso en mi estantería y, más pronto que tarde, le acompañarán sin duda otras obras de la misma autora.

domingo, 6 de mayo de 2018

Poncho Fue

En mi idilio continuado con la biblioteca, Poncho Fue le ha tomado el relevo a I.D. pasando por delante de varios títulos a los que les tengo ganas desde hace meses como Sadbøi o Audubon. En este caso es La Cúpula la que recupera para el mercado español una obra publicada originalmente en Argentina. Cuando salió a la venta hace cosa de un año, recuerdo ver muchas webs hablando de Poncho Fue, con una labor publicitaria muy activa por parte de la licenciataria. Hay una página en concreto, ocupada en su totalidad por una sola viñeta, que vi numerosas ocasiones; en ella se ve a Lu, la protagonista, empujando a Santi, su pareja, mientras grita un monstruoso «¡¡¡BASTA!!!». Fue esa viñeta la que puso a Poncho Fue en mi lista mental de cómics por leer ya que ponía dos cosas de manifiesto: la primera, que esta obra versaba sobre una relación tóxica; la segunda, que no se trataba de un abuso físico franco sino de algo mucho más complejo.


Lu y Santi se conocen, se enamoran, empiezan a salir juntos. Lu y Santi son inseparables, se complementan, son la pareja ideal. Lu y Santi tienen alguna que otra disputa, pero tras cada desencuentro siempre llega una reconciliación. Lu se siente más y más incómoda a cada día que pasa, y el único factor que es capaz de relacionar con su creciente malestar, es su relación con Santi.

Puede que lo que resulte más abrumador de Poncho Fue es su realismo implacable. La propia autora ha hecho público que este cómic bebe en gran parte de sus experiencias personales aunque salta a la vista sin necesidad de aclaraciones. Cada pequeña discusión entre los protagonistas encoge el corazón por su autenticidad. Creo que es difícil haber tenido una relación romántica lo suficientemente larga y no sentirse identificado con al menos un pasaje de la obra. Quizá lo que da más miedo es reconocer actitudes propias tanto en las acciones de Lu como en las de Santi. 


Poncho Fue es un catálogo de prácticamente todas las actitudes tóxicas que pueden tenerse en una relación romántica incluyendo la pasivo-agresividad, el gaslighting, la dependencia y, en general, un abuso psicológico flagrante. Es muy fácil leer al personaje de Santi y calarlo enseguida como un imbécil prepotente con complejo de inferioridad pero más sutil puede resultar en la vida real descomponer la inseguridad y la baja autoestima de Lu que la colocan en una posición tan vulnerable dentro de la relación. 

Puede que lo que más miedo da de las más de doscientas páginas de Poncho Fue sean las efusivas reconciliaciones, las idas y venidas, como si de un acordeón se tratase, de una relación que hace aguas por todas partes pero que no se llega a romper. Lu es muy consciente de que muchos de sus problemas personales tienen su origen en las discusiones con Santi, en sus menosprecios, sus gritos y sus reproches y, sin embargo, se dedica con toda su alma a poner tiritas en una relación que hace aguas por todas partes convencida de que debe seguir con él aunque no tenga muy claro el porqué.


Mucho más allá del guión, Sole Otero despliega sus aptitudes artísticas, experimentando con todas las herramientas que están en su mano: colores, trazo, globos de texto... en ningún momento pretende tener un estilo realista sino todo lo contrario, juega con el tamaño de los elementos para plasmar visualmente todos esos matices que no se pueden escenificar de otra forma. Cuando la pareja discute, Lu se va haciendo cada vez más pequeña conforme se queda sin argumentos, cuando los antidepresivos le quitan la energía y la inunda la desidia, tanto su piel como su ropa se vuelven blancas como el papel, cuando se siente mal, la palabra culpa se enmaraña a su alrededor.


Poncho Fue es una lectura intensa, difícilmente dosificable, angustiosa y que seguro que os hace reflexionar. Al basarse en su experiencia personal y la de sus conocidos, la autora ha sabido fotografiar la naturaleza de las relaciones humanas a la perfección.

viernes, 11 de agosto de 2017

Ladronzuela

Creo que he comentado esto ya muchas veces estos años pero... ¿sabéis esos cómics que tenéis que hojear sí o sí sólo por la portada? Ladronzuela es uno de ellos por supuesto, se trata del típico título que ya tenía en la wishlist de Bookdepository desde antes de que La Cúpula anunciase su publicación en España y, cosa rara, es una de aquellas extraordinarias ocasiones en que la edición española es más barata que la original.


Corrina lleva trabajando en una agencia publicitaria cinco largos años. Lo que comenzó como un trabajo temporal en la gran ciudad para darse tiempo de buscar algo más acorde a sus aspiraciones artísticas, ha terminado por convertirla en una esclava. Poco a poco, va acumulando frustración tras frustración al sumarse la frustración que le genera su trabajo con la incapacidad para salir de su situación. Tal es su nivel de ansiedad, que termina por realizar pequeños hurtos en grandes superficies, no porque lo necesite, simplemente por rebelarse contra un sistema que la hace infeliz todos los días. 

Llegados a este punto ya estaréis preparados para lo que sigue. Sí, toca comparar este título con Casualmente, estando ambas obras protagonizadas por mujeres, jóvenes pero adultas, independientes, en momentos decisivos de su vida en que deben tomar una decisión por sí mismas, destilando sensibilidad por los cuatro costados (no puedo decir femenina porque, oh sorpresa, ¡tanto la historia de Fumiko como la de Corrina están contadas por hombres!), siendo ambos títulos sendas primeras novelas gráficas de cada autor.


Si el tema central de Casualmente era el choque cultural y la muerte del padre, Ladronzuela nos transporta a otra realidad demasiado actual, la crisis existencial tras terminar los estudios en el momento de enfrentarse al mercado laboral. Aunque la forma de contar y enfocar el dilema no tenga nada que ver, no pude evitar las reminiscencias al trabajo de Inio Asano mientras leía este cómic, increíblemente redondo y llevadero teniendo en cuenta que es la obra debut de Michael Cho.

Aún sin tener grandes aspiraciones, Ladronzuela es una historia en que el más mínimo detalle está ahí por algún motivo, el autor no deja ninguna viñeta al azar. Corrina estudió filología inglesa y terminó trabajando en una agencia publicitaria cuyo trabajo le importa un comino, de hecho, hasta cierto punto, se avergüenza de su labor. La ironía de este cómic está en que todos los fondos, tan trabajados, están repletos de vallas publicitarias; en que cuando Corrina llega a casa se encuentra panfletos publicitarios dirigidos a su perfil demográfico; en que en sus escasos momentos de ocio habla con una compañera sobre las aplicaciones para conocer gente en que ella misma debe ofrecerse como un producto más que publicitar.


Así, mientras ella ayuda a grandes compañías a vender sus innecesarios productos, ella es bombardeada para que compre otros productos igualmente innecesarios hasta que, unas páginas más adelante, podemos ver el envoltorio de alguno de ellos en su cubo de la basura. Es este tipo de narración muda, sutil, en un segundo plano, la que me entusiasmó de esta historia que, por lo demás, es bastante simplona.

Con su breve extensión, no llega a las 90 páginas de cómic, el autor apenas puede desarrollar una idea y es el punto de inflexión en la vida de Corrina. El plantel de personajes es por lo tanto muy limitado y poco trabajado, los pequeños robos de Corrina, aunque muy significativos, son casi anecdóticos y la resolución de la trama peca de simplista en exceso.


La edición es perfecta, como decía al principio, única en su especie, lo suficientemente pequeña (no tanto como un tomo manga estándar pero sí minúscula en comparación con un BD o la mayoría de novelas gráficas) como para poder leerla tumbada boca arriba y sin la innecesaria tapa dura de la versión original. El color rosa del bitono de este cómic es perfecto y da un contraste inmejorable a la tinta negra, sin muchos contornos y aun así con un dibujo increíblemente nítido.

Poniéndolo todo en una balanza, no he podido evitar deleitarme con este cómic ya que aborda reflexiones que resuenan con mi estado mental actual así que esta vez quiero ser cauta a la hora de recomendarlo. Si buscáis una obra sencilla, entretenida, que se lee en un suspiro, con una protagonista con la que es muy fácil sentirse identificada y que además tiene un gato que rescató de la calle en casa, no dejéis de darle una oportunidad a Ladronzuela.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Duerme Pueblo

Conocí a Xulia hace tres años, gracias a una ilustración en el artbook Kuro-e, en un salón del manga en que iba vendiendo Sacoponchos en modo mochilero. Desde que leí su historia corta Dos gotas (la primera del Sacoponcho #1), que podéis leer íntegramente en su tumblr, me enamoré de su dibujo, de su originalidad, de su color, de su desparpajo y de su mundo interior (tanto que hasta le hice un encargo para la cabecera del blog). Al cabo conocí también a Núria, con una predilección casi obsesiva por zorros, lobos y, en general, un mundo interior algo más siniestro que el de su compañera, con unas ilustraciones igual de fantásticas. Me he pasado gran parte de estos tres años esperando, leyendo sus Sacoponchos, las aportaciones en el Lis en Fleur, los Nimios, Belice, los retos locos imposibles de hacer un cómic en 24 horas, comprando sus recopilaciones de Inktobers... y por fin tengo en mis manos su primer (primero de muchos espero) cómic editado por una editorial profesional, La Cúpula, que han creado a cuatro manos tanto en lo que se refiere al dibujo como al guión.


Barballo es un pueblo como otro cualquiera, con su iglesia destacando por encima del resto de casas, una población tan pequeña que todos los aldeanos se conocen y viven del cultivo y la caza, y donde ante la más mínima novedad, las habladurías vuelan. Pero entonces, el pueblo duerme y amanece el nuevo día con un cadáver, el primero de una serie de asesinatos nocturnos. ¿Podrán los aldeanos encontrar al culpable antes de que los mate a todos?

Y bien, lo primero que tengo que decir sobre Duerme Pueblo es que tiene dos lecturas contrapuestas: la naif y la del jugador empedernido del juego de cartas en que se basa (¡porque la idea original viene de un juego de cartas!). Yo os puedo reseñar ambas ya que en mi primera lectura del cómic no era consciente de las referencias pero, en realidad, había llegado a jugar a una versión muy desvirtuada del mismo hace años; tan desvirtuada que en mi primera lectura nada me evocó dicho juego así que pensé que la historia de Núria y Xulia era 100% original. Pero entonces, cuando empecé a escribir la (primera) reseña de Duerme Pueblo hice la típica búsqueda en google imágenes con el título de la obra para poder ilustrar mi entrada con algunas viñetas y me fui a encontrar con las cartas del juego original. De golpe, mi percepción de la historia cambió diametralmente.


¿Por qué os cuento todo esto? Porque, honestamente, cuando leí Duerme Pueblo por primera vez, me decepcionó. Después de esperar tanto tiempo a poder leer la primera obra larga de estas autoras, iba con unas expectativas infinitamente altas y poco realistas. En realidad, lo lógico es que todas las breves aportaciones a publicaciones colectivas de corte más surrealista que había leído hasta ahora de ambas autoras no se puedan extrapolar a un cómic largo como este, de más de cien páginas, en el que casi obligatoriamente se tiene que respetar una estructura más convencional como es la de introducción, nudo y desenlace. Publicar en fanzines y autoeditarse permite una libertad infinita para experimentar, improvisar y romper esquemas y es así como uno puede tanto fracasar estrepitosamente como dejar boquiabierto al lector.

Volviendo al cómic que me ocupa en esta reseña, al basarse en un juego de cartas con un reglamento muy específico y rígido, las autoras se ven obligadas a respetar un guión en cierto modo pre-establecido y es inevitable que para el lector no versado en el juego original, los personajes resulten caricaturescos y, por lo tanto, superficiales y planos. Sin embargo, la firma de ambas autoras está por todas partes, introduciendo muchos detalles de su propia cosecha como que el cazador sea en realidad una cazadora o el mismo personaje de Boniato que es el catalizador del argumento entero.


Por esto digo que leer este cómic conociendo el juego o sin conocerlo cambia radicalmente la lectura. La manera en que las autoras exprimen las normas de juego en su propio beneficio es magistral. Todos los personajes juegan su rol, ajenos a la voluntad manipuladora del narrador (o de alguien más), movidos por su historia personal. Aunque tenemos los lobos presentes a plena luz del día, no comprendemos quién es el culpable, las múltiples intrigas y enemistades entre personajes son indescifrables y generan un desconcierto equiparable al de una buena novela negra y no es hasta el último momento que se arroja la luz (u oscuridad) caóticamente. Un caos que viene dado tanto por el giro brusco y casi anticlimático del guión como por la catarsis estética que brinda Núria, artífice de las noches y, por lo tanto, del desenlace. Es aquí cuando las autoras dan rienda suelta al sinsentido, saltándose las normas a la torera, jugando con la confusión, el humor más macabro y las referencias sacadas de contexto.

Si me paso al apartado gráfico la verdad es que la solución que encontraron las autoras para trabajar paralelamente en la misma obra me parece muy adecuada. Xulia se encarga de los días y Núria de las noches. A pesar de sus estilos contrapuestos, la esencia de los personajes se mantiene y el contraste, en lugar de descolocar, se agradece. Durante el día, el azul sustituye al negro, las viñetas están bien delimitadas y las acciones se suceden de forma más o menos lógica. Durante la noche, las páginas parece que se tiñan de tinta negra, todo resulta más macabro y la secuencia se vuelve caótica. Además, me encanta el diseño de personajes en general y, especialmente, el de los lobos.


En definitiva, Duerme Pueblo es un cómic que en su primera lectura me decepcionó y que en su reciente relectura me ha dejado maravillada y con ganas de más partidas... Es más, me gustaría que Xulia y Núria se animaran a diseñar una baraja de cartas para este juego con sus diseños, me lo compraba sin dudar. Esto me hace ser cauta antes de recomendarlo aunque, en lo que no dudo es en animaros a echarle un ojo al menos, apunta maneras este dúo creativo.

domingo, 5 de junio de 2016

Soufflé

Muy animada con su nominación como autor novel y con sus extraordinarias participaciones en el primer número de Voltio, mi última lectura patrocinada por la biblioteca de Mataró ha sido Soufflé, creación de Cristian Robles, por la que desfilan todo tipo de amputaciones, alucinaciones y atrocidades varias.


El soufflé es la droga de moda. Y, como todas las drogas, tiene efectos perniciosos para la salud... aunque sean un poco más extremos e inmediatos de lo habitual, como la pérdida de extremidades u otros miembros. Así, las víctimas de la droga son fácilmente reconocibles por la ausencia de brazos, ojos... perspectiva que no desanima a los más jóvenes a seguir tomando cantidades ingentes de las extrañas bolas amarillas. Es el caso de Daniel, Gross, Andy y Bea, un grupo de amigos que sufrirá las consecuencias del soufflé en sus propias carnes. 

Estoy bastante segura de que hay tantas interpretaciones de Soufflé como personas que lo hayan leído y quizá ninguna se corresponde con la del autor. Para mí, es una especie de metáfora o exageración de la sociedad actual. Invita a la reflexión, si existiese de verdad una droga como el soufflé, ¿la tomaría alguien? La respuesta más obvia es negarlo con contundencia pero claro, si una piensa en los efectos dramáticamente perjudiciales que tienen muchas drogas actuales, legales e ilegales, que toman millones de personas, el asunto se vuelve más pantanoso. Lo único que diferencia el soufflé del cannabis, el tabaco, la cocaína o el alcohol es que los efectos secundarios son evidentes desde el primer o primeros consumos.


Se narra como los distintos personajes destrozan sus vidas por haberse aventurado a tomar la droga y el autor lo enmarca todo en un mundo casi onírico donde pesan más los elementos de ficción pero las peleas embriagadas, los accidentes, la sobredosis, son todas consecuencias que vemos en las noticias de forma regular. Todo ello encarnado por personajes jóvenes, egocéntricos, acomplejados, decepcionados, hastiados que sólo buscan la interacción interpersonal, por tóxica que pueda resultar, con tal de huir de la soledad en pos de sentirse aceptados por otras personas patológicamente idealizadas. No creo que sea trivial que el único personaje adulto (o mayor) que aparece en la historia esté absolutamente perturbado, atormentado por la culpa, y sea el causante de muchos de los problemas que se dan en la cuadrilla de amigos. 

A nivel gráfico es increíble. Cristian Robles tiene un estilo muy particular aunque no me atrevería a decir que reconocible ya que no deja de mutar y sus distintas obras podrían pasar perfectamente como títulos de distinta autoría si hubiese utilizado alias. En Soufflé en concreto se despacha a gusto con la sangre, los gusanos, y una miríada de escenas repulsivas que no os recomiendo leer ni antes ni poco después de haber comido (a no ser que tengáis un estómago de hierro claro). El dibujo es... malrollista, con cierta predilección por las formas geométricas y los engendros amorfos, que se complementan a la perfección en sus páginas. Y todo ello con unos colores y tonos muy bien escogidos que contribuyen a esa sensación de desasosiego continuo.


Sinceramente, no puedo decir que haya disfrutado de la lectura de Soufflé, demasiado sádica y descorazonadora desde la primera página para mi gusto. Sin embargo, estoy segura de que es una historia que hará las delicias de todos aquellos a los que os van las historias más psicodélicas y perturbadoras, con paranoia final incluida (y hasta aquí puedo leer). Eso sí, no me amedrenta para nada que el tema de las drogas no me haya entusiasmado, espero con ganas Mameshiba y aún tengo que echarle el guante a Ikea Dream Makers.

lunes, 16 de mayo de 2016

Voltio #1

A pesar de que estoy intentando gastar menos, a pesar de que no tengo espacio en casa, a pesar de que he tenido muy malas experiencias con antologías, a pesar de lo atrevido (por no decir loco) que es comprarse el primer número de una revista de cómic español cuando acaba de salir... me compré el primer número de Voltio al día siguiente de que saliese oficialmente a la venta.


Y, como siempre me pasa con las antologías, me tienta desglosar cada una de sus colaboraciones en subreseñas pero como ando escasa de tiempo y tampoco se puede sacar el mismo jugo de unas y otras aportaciones (con lo que me quedaría una entrada demasiado desigual), he decidido escribir algo más general y centrarme en lo que más (y en lo que menos) me ha gustado de esta primera entrega.

Si algo en común tienen todas las historias voltaicas es que están más que pasadas de vueltas y, si pensáis haceros con esta revista, debéis tenerlo en mente. Desde hombres con pene en lugar de nariz y treintañeros que aparentan doce años hasta hombres huraños de pocas palabras y maquilladores fúnebres con planes tenebrosos. Cualquier idea, por loca que sea, tiene cabida en esta antología donde autores de la índole más diversa se dan la mano.


Las historias van desde tiras cómicas de una sola página hasta historias cortas de un máximo de 18, algunas incluso con un "continuará en el próximo volumen" que le da definitivamente la sensación de revista a pesar de que su aspecto nos pueda hacer pensar en un cómic al uso o en una antología no continuista. Esto implica que haya dos grandes tipos de historias en Voltio: por un lado, brevísimos one-shots que me hacen pensar en el formato fanzine en los que los autores han aprovechado para dejarse llevar con ideas sueltas que no tienen ningún sentido y que funcionan a la perfección en su naturaleza autoconclusiva; por el otro, tramas más elaboradas que, precisamente por su prometida continuación, son las que menos destacan, el escaso espacio disponible se destina a la presentación de personajes y poco más.

Este dejarse llevar abre la puerta a propuestas que, como esbozaba en el anterior párrafo, hasta ahora eran endémicas de publicaciones underground recluidas hasta ahora a la autoedición. Y, por supuesto, de esta libertad de contenido y continente surgen tanto maravillas como El caso normal de Benjamin Button y el gato rencoroso de Cristian Robles o los espiritistas botánicos de Fran Collado como los constructos estrafalarios de PowerPaola y Alexis Nolla, con un mensaje que no acierto a atisbar y un grafismo que no me atrae en absoluto. Pero lo que intento defender aquí es que si no fuera por esta lotería, por este "voy a dibujar lo que quiera y como quiera", sería imposible crear gozadas visuales de la talla de MoonHead.


Me he encontrado tanto con viejos conocidos (Ana Galvañ, Núria Tamarit), como célebres autores noveles que ya me iba tocando catar (Ana Oncina, Cristian Robles), como absolutos desconocidos para mí (Aroha Travé, Àlex Red, Alex Giménez) y, entre toda esta diversidad, ¿qué se puede encontrar? Pues un poco de todo pero sin dejar atrás un aire entre macabro y patético, con un dibujo bastante experimental que se aleja del canon habitual. Quizás es Ana Oncina la que más se desmarca con un tándem guión/dibujo infantiloide, aunque no por ello menos pasado de vueltas.

En el límite de lo grotesco, encontraréis en Voltio mucha experimentación, con resultados variopintos pero, en su cómputo global, más que satisfactorios si os van las historias alternativas que se desmarcan de las estructuras rígidas. Sólo me queda esperar el segundo número, en el que espero que Ana Galvañ haga algo más a parte de la portada y dónde se sumen a la plantilla otras jóvenes promesas del noveno arte, que hay muchas.