Koi wa Amaagari no You ni es el título real de este manga pero, sinceramente, creo que la mayoría de vosotros tenéis las mismas nociones de japonés que yo (o sea, ninguna) así que me parecía absurdo poner el título en rōmaji. La siguiente opción era tirar de traducciones oficiales (y extraoficiales) al francés o al inglés pero eso sería incluso más absurdo que la primera opción. «Love is like after the rain» es la traducción más fiel pero en las lenguas románicas chirría tanto que para la licencia francesa lo dejaron simplemente en «après la pluie»... y al final he optado por hacer prácticamente lo mismo en castellano con el añadido, muy sutil, de unos puntos suspensivos a modo de prefijo para intentar representar ese "amor" del título original.
Akira Tachibana tiene 17 años, trabaja en un restaurante familiar por las tardes al salir del instituto, tuvo una lesión que le hizo abandonar el atletismo y está enamorada de su jefe, de 45 años. No puedo añadir nada más a esta sinopsis porque os estaría engañando, ese es todo el argumento de Koi wa Amaagari no You ni. Y, por mucho que se publique en una revista seinen, no os llevéis a engaño, tiene el mismo ritmo que Kimi ni Todoke así que, aunque acumula ya ocho tomos recopilatorios, no ha habido ningún avance significativo en el desarrollo de ningún personaje ni tampoco de las relaciones que se establecen entre ellos.
¿Y una premisa tan simple da para tantos capítulos? No lo dudéis. Jun Mayuzuki se desenvuelve con maestría en una narración muda, visual, con escenas llenas de sutilezas, donde el lector pueda sumergirse en los sentimientos que destilan sus múltiples silencios. Es muy posible que tengan más diálogo los secundarios que la pareja protagonista, formada por la meditabunda Akira y el reflexivo Kondou que, como mucho, se pierde en monólogos internos. Si los silencios están ahí para emocionarnos, los diálogos son para hacernos reír, con múltiples referencias y gags.
Lo de que una estudiante de instituto, menor de edad, se enamore perdidamente de un señor de cuarenta y tantos tacos que, además, está divorciado, tiene un hijo, no ha prosperado nada a nivel profesional, al que se le cae el pelo y, encima, súper ruidoso cuando estornuda (que tengo entendido que en Japón es de muy muy muy mala educación), suena mucho a punto de partida absurdo irreal idealizado. Y lo es pero, a mi parecer, está enfocado de una forma muy acertada, alejándose de lo que podría haber sido más hentai que otra cosa. La gracia de Después de la lluvia es que Kondou es incapaz de procesar la declaración de amor de su subalterna, no entiende qué ha visto en él y en ningún momento se plantea una relación con ella. De ningún tipo que no sea la estrictamente profesional. Como adulto con responsabilidades que es, y con su experiencia amorosa fallida, tiene muy claro que no está para esos trotes y sus pensamientos giran en torno al qué dirán y en cómo huir de la situación hasta el punto que ni siquiera se plantea si siente algo por Akira.
Paralelamente a la (no) relación entre ambos, la autora dibuja pinceladas de la lesión de Akira, de lo que le gustaba correr, de lo importante que era en su vida y de lo vacía que quedó al tener que renunciar al deporte. Es una forma casi poética de contarlo porque nunca nadie habla del tema pero a la vez está muy patente en los múltiples planos a la cicatriz que le quedó tras la operación, con todo lo que eso implica.
En cuanto a los personajes, es muy posible que Akira esté terriblemente mal construida y su amor espontáneo por Kondou es lo único que la sostiene como personaje por lo que, en mi opinión, queda un poco coja como protagonista que se supone que es. Se caracteriza por ser más bien introvertida, muy madura, distinta a sus compañeras de clase aunque luego tiene un montón de pequeños detalles para recordarnos que no deja de ser una adolescente que todavía cree en los amuletos que traen buena suerte en el amor y cosas así. Quizá es también que le falta una amiga del alma para hablar de tonterías típicas de la edad y eso la convierte en un personaje muy distante, difícil de comprender. Justo en el extremo opuesto está Kondou, muchísimo más humano y cercano, con sus reflexiones de señor que debe enfrentarse a la falta de concordancia entre lo joven que se siente y lo viejo que se ve frente al espejo.
Descubrí este seinen gracias a/por culpa de Javi, en una encuesta que hizo vía twitter para sondear el interés de varios manga inéditos por aquí. Me llamó tanto la atención el dibujo que no me pude resistir a la posibilidad de procrastinar... no me arrepiento de mi decisión. Os recomiendo este manga abiertamente si buscáis una lectura sencilla, fluida y divertida. Yo estoy resistiendo la tentación de comprarlo en francés pero si alguien se animase a licenciarlo en España me parece que sería ya incapaz de no caer en la tentación.

















































