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domingo, 10 de junio de 2018

Escarceos animados con Netflix

Hacía mucho que no sacaba tiempo para escribir sobre lo que veo en lugar de sobre lo que leo pero en el último mes he exprimido el contenido animado de Netflix así que quería hacer una entrada recopilatoria con comentarios (¡breves!) de varios títulos que se han añadido recientemente al catálogo en constante actualización de la plataforma.


Creo que el único motivo por el que Kubo y las dos cuerdas mágicas pasó sin pena ni gloria por la cartelera es el no haber estado producida por un gran estudio de animación como Disney/Pixar o Dreamworks. Porque la película es magnífica de principio a fin, con una dosis de drama lacrimógeno muy importante desde la primera escena, pero también de tensión y humor, con un protagonista entrañable cuya habilidad es... ¡¡el origami!! y su final agridulce, moraleja incluida. Una de las victorias de Kubo consiste en incluir un número muy limitado de elementos, con los que el narrador juega a su antojo pero que permiten una estructura clara, lógica y sin puntos ciegos. Si no habíais reparado hasta ahora en este título, abrid Netflix y coged la caja de pañuelos más cercana. Como hacía ya dos años de su estreno, no tenía para nada en mente que se tratase de una película grabada con stop-motion, sólo de pensar en el trabajo que debe de conllevar tamaña hazaña ya se me eriza el vello.


Cambiando totalmente de término, a Aggretsuko le di una oportunidad simplemente porque mi TL quedó inundada de fanarts de la serie en apenas unos días y, realmente, aunque no me hubiese gustado, con diez irrisorios capítulos de tan solo diez minutos de duración no suponía un riesgo demasiado grande. Aggretsuko narra el día a día de una contable japonesa (versión antropomórfica kawaii de una panda roja), Retsuko, que canta heavy metal a escondidas para lidiar con el estrés y la ira que le generan su trabajo y su jefe. Aunque yo fui capaz de controlarme y la serie me duró una semana más o menos no me extraña nada que muchos se entregaran al binge watching de ver la temporada entera del tirón. Si tenéis cierta edad y, por mucho que os pese, ya os podéis considerar adultos, es imposible que no os sintáis identificados con la protagonista y soltéis más de una carcajada con sus ocurrencias. Los capítulos duran un suspiro y saben a poco pero eso no hace que la serie sea menos adictiva, sino todo lo contrario.


Y, una vez metida en esto de las series que no duran ni un estornudo, me recomendaron Over the Garden Wall en el momento justo y me sirvió para paliar parcialmente mi soledad los días que estuve en Múnich. Me es imposible contaros nada de esta serie porque no tiene ningún tipo de sentido hasta el penúltimo episodio y pretender resumir aunque sea con un par de pinceladas generales lo que ofrecen sus capítulos sería incurrir en spoilers. Así que me tendréis que creer cuando os digo que es una maravilla y que también tendréis que añadir-la a la to-watch list. En este caso, el humor y el horror se mezclan sin ton ni son dando como resultado una sucesión anacrónica de malas decisiones, casualidades hilarantes y sinsentidos varios con un desenlace sublime.

Sé que me ha quedado una entrada muy cortita y no creáis que no he sudado para conseguir este nivel de síntesis pero por más que me gustaría dedicar sendas entradas a cada título, no tengo tiempo para explayarme todo lo que querría y ¡prefería hablar un poquito de todos a no recomendar nada en absoluto!

martes, 14 de febrero de 2017

Animación que pega fuerte

Que tenga las reseñas de películas tan abandonadas no significa que haya dejado de acercarme al cine cuando tengo oportunidad. Como acostumbro últimamente y por una mera cuestión de tiempo, voy a comentar las tres películas de animación que vi a lo largo del 2016 de forma breve en una sola entrada.


Sé que es algo paradójico comenzar esta entrada con una película que se estrenó en 2013 pero fue precisamente Kaze tachinu (El viento se levanta) la primera película de animación como tal que vi el año pasado, más o menos por estas fechas de hecho, después de años en mi lista de pendientes (como tantas otras películas de Ghibli que aún a día de hoy no he encontrado el momento para ver...). Esta película es descaradamente japonesa se mire por donde se mire y rezuma esa sensibilidad tan particular de los nipones y, especialmente, de aquellos títulos producidos en el seno del Studio Ghibli. El protagonista es el japonés perfecto, obsesionado con el deber, con la perfección, y cargando sobre sus hombres muchas más responsabilidades de las que en realidad le corresponden, imbuido en una nostalgia sempiterna. Recuerdo que fue bastante decepcionante descubrir que aunque la figura de Jiro Horikoshi existió, lo que se nos muestra en Kaze tachinu no es más que una biografía ficticia: su vida real guarda poco parecido con el protagonista de esta película. De hecho, la intrincada historia de amor entre Jiro y Naoko está basada en una novela autobiográfica de Tatsuo Hori en que el autor narraba su romance con su prometida; es decir, que la película mezcla un personaje histórico con un libro totalmente independiente para darle el dramatismo y poesía que requería el director. Personalmente, no creo que pertenezca a una etapa muy brillante del famoso estudio aunque no deja de ser un visionado interesante.


Me da la sensación de que Zootopia (Zootrópolis aquí en España) ha pasado muy desapercibida entre el público, quizá eclipsada por la anticipación por Moana, a pesar de que creo que es la que está más trabajada a nivel de guión. Irónicamente, hasta me sorprende que se encuentre entre las nominadas a los Óscar aunque supongo que no había mucho dónde escoger (¿hola? ¿Kimi no na wa? Que no la he visto pero con la crítica que tiene...) y, en cualquier caso, dudo mucho que gane. Zootopia nos muestra un mundo poblado por animales antropomórficos, con todos los clichés que se asocian a cada especie pero jugando a la vez con personajes que rompen los estereotipos (hasta cierto punto), en especial la protagonista Judy Hopps que, a pesar de ser coneja, desde muy pequeña decide que quiere ser agente de policía y, por mucho que se rían de ella, persevera en su esfuerzo hasta conseguirlo. Como es de esperar, el principal mensaje de esta película es una crítica hacia la discriminación, fomentando una actitud de tolerancia hacia los que no son como nosotros, extrapolándolo al hablar de especies distintas tradicionalmente enfrentadas como son el zorro y el conejo pero sin dejar de ser una metáfora de los distintos grupos étnicos. Crítica encubierta a parte, vi esta película en la soledad de mi asiento de avión hacia Jakarta, rodeada de pasajeros soñolientos, incapaz de dormirme hasta que terminara y casi me quedé con ganas de revisionarla en el propio vuelo de lo que me gustó. Tiene un poco de todo, humor a raudales (infinitos chistes basados en los infinitos estereotipos sobre animales), crecimiento personal, suspense (creo que ya lo comenté antes pero tiene la mejor trama de las películas reseñadas en esta entrada), y la mejor pareja protagonista que he visto en mucho tiempo.


Con aquello de "segundas partes nunca fueron buenas" siempre en la cabeza, fui al cine con optimismo a ver Finding Dory (Buscando a Dory), animada por el trailer y con el buen sabor de boca que siempre me deja ver Buscando a Nemo. Dory es protagonista indiscutible de una película en la que ni Marlin ni Nemo aparecen apenas estando su "extravío" un poco cogido con pinzas aunque es un punto de partida necesario que le concedemos a los apurados guionistas. En este caso, se trata de una película construida sobre diálogos entrañables y referencias más que sobre un guión bien construido que, de hecho, tiene un despropósito por desenlace. El mayor pilar del largometraje es la propia Dory, sacándole sonrisas al espectador cada vez que abre la boca; sonrisas que se convierten en carcajadas cuando entra en escena su nuevo contrapunto, Hank, todavía más desagradable e hipocondríaco de lo que ya era Marlin. Como ya sucediera con Buscando a Nemo, en esta segunda parte se insiste incluso más en la importancia de cuidar el medio ambiente y respetar todos los seres vivos. Se enfatiza mucho que las instalaciones por las que corretean Dory, Hank, Marlin y Nemo a lo largo de la película no son un acuario sino un centro de recuperación de animales marinos cuyo objetivo último es retornar a los animales que hospeda al océano.


Moana (o Vaiana en España) es la renovada (y mejorada) princesa Disney que, todo sea dicho de paso, reniega de tal denominación. A diferencia de Frozen (una película con un mensaje más que cuestionable, en muchos aspectos), Moana nos muestra una protagonista fuerte, responsable, honesta, con ganas de aprender y de ser autosuficiente, en cuya sabiduría e intuición pueden confiar todos los habitantes de la isla. Me parece muy loable que esté dispuesta a sacrificar sus propios deseos por el bien común a pesar de ser tan joven pero mejor aún es que quiera activamente aprender a navegar para poder hacerse a la mar ella sola, sin tener que depender de nadie. De hecho, es la primera princesa Disney desde Merida a la que no se empareja a lo largo del largometraje y, a diferencia de en Brave, sus padres no parecen tener prisa en buscarle marido porque la tarea como jefa de poblado recae en ella y no en su futuro cónyuge. Tanto en el apartado gráfico como musical, Moana destaca también y, ahora sí, como la mejor película de animación que vi el año pasado. El diseño de personajes y la escenografía son una maravilla mientras que la banda sonora es de aquellas que buscas enseguida en Spotify para escuchar unos cuantos días sin parar. Se nota que le pusieron mucho mimo al estudio de la cultura de la región para representarlo de forma fehaciente en la película. Un trabajo muy bien hecho. Quizá sea el guion su punto débil pero tampoco esperaba que destacara en ese aspecto una película de estas características.