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domingo, 29 de julio de 2018

Eres mi mascota

Norma publicó los catorce tomos de Eres mi mascota (Kimi wa Pet) entre junio de 2010 y julio de 2013 convirtiendo así este manga en uno de los pocos y más selectos joseis que hemos tenido el placer de leer en castellano. Curiosamente, parece que ni siquiera la polémica adaptación del título original para su edición española bastó para que se hablara lo suficiente de ella (y eso que está a la altura de célebres ocurrencias de nuestra editorial argentina favorita como Lo nuestro no puede ser tío o Los caprichos de mi amo)  por lo que se trata de una obra que pasó relativamente desapercibida y de la que es difícil encontrar reseñas en la red. A mí me llamaba moderadamente la atención pero en aquella época estaba demasiado ocupada atiborrándome de shôjos de instituto y shonens de hostias como para echarle un ojo. Y, sinceramente, me alegro de haber dejado pasar todos estos años para darle por fin una tan merecida oportunidad a la obra... porque ahora soy yo la que tiene 27 años, igual que Sumire y no creo que hubiese sabido apreciar todas las connotaciones que tiene este manga cuando se publicó originalmente.

A sus 27 años, Sumire Iwaya trabaja como periodista en una gran empresa y sobrelleva el estrés laboral como puede. Después de varios fracasos amorosos propiciados por el complejo de inferioridad de sus parejas previas, se ha propuesto que su hombre ideal tiene que cumplir tres requisitos indispensables: ser más alto, cobrar más y tener más estudios que ella. Poco después de su último desengaño, se encuentra una caja gigante en medio de la calle con un chico joven que no tiene donde caerse muerto y decide llevárselo a casa a cambio de que se convierta en su mascota y, contra todo pronóstico, el chico acepta enseguida. Así es como Sumire recibe a Momo en su casa mientras continúa su búsqueda del futuro marido perfecto.


Antes de empezar a leer este josei, una tiene que aceptar y tragarse la premisa, aunque sea a regañadientes, de que una oficinista de éxito que vive sola estaría dispuesta a meter en su casa a un joven desconocido que se ha encontrado abandonado (¡dentro de una caja!) en medio de la calle como si tal cosa. Si pasamos por alto pues este despropósito, podemos intentar disfrutar de la lectura llena de matices que, contra todo pronóstico, ofrece en realidad Eres mi mascota. Al fin y al cabo, es necesario leer más allá del primer capítulo para conocer a Sumire y preguntarse si la adopción de Momo es tan estrafalaria como parecía en un primer momento.

Sumire tiene una reputación intachable, destaca tanto por su profesionalidad como por su belleza pero, precisamente por ello, le cuesta mucho establecer relaciones con sus compañeros: mientras que los hombres se sienten intimidados, las mujeres la envidian. Por si esto fuese poco, es brutalmente honesta, lo que tampoco le granjea muchos amigos entre sus compañeros de oficina. Desde un primer momento, Yayoi Ogawa expone una serie de problemáticas de cariz eminentemente social que le permiten criticar sin piedad una sociedad retrógrada en que las mujeres brillantes que quieren progresar en el mundo laboral no son, ni mucho menos, bienvenidas. Sumire tiene que aguantar con estoicismo todo tipo de comentarios y afrentas por ser buena en su trabajo. Al borde del burnout, Sumire descubre en Momo un tranquilizante inmejorable.


Sin embargo, la autora le da una vuelta de tuerca más al ahondar en la vida sentimental de ambos, aunque se centra en Sumire. Ya en el segundo capítulo del manga aparece una figura clave para el manga, Hasumi, el primer amor de la protagonista, que se convertirá rápidamente en su pareja. Es aquí donde surge la trama principal de Eres mi mascota, consistente en los esfuerzos de Sumire por tener una relación romántica normal mientras le oculta a Hasumi la mera existencia de Momo.

Honestamente, se trata de una lectura que evoca muchísimos sentimientos y la mayoría son negativos: repulsa, asco, miedo y, sobre todo, consternación, son sólo algunos de ellos. Uno de los temas más escabrosos es la fijación de Sumire por complacer a Hasumi, ya que se obsesiona con llevar a cabo toda una serie de esfuerzos que, por otro lado, él nunca le ha exigido (ni insinuado que sean necesarios) con lo que termina exhausta después de cada cita con él. Para Sumire, ese sobreesfuerzo continuado en el tiempo es normal y se extiende a todos los ámbitos de su vida y su relación incluyendo el sexo. Aunque no es esta una obra con smut (no, lo siento si pensabais que los joseis son, por definición, picantes), sí se presentan múltiples situaciones en que Sumire se siente presionada a mantener relaciones con Hasumi simplemente porque "es lo que toca" y la resginación con la que se suele prestar a ello me parece aterradora.


Al final, los derroteros que toma la trama y cómo se resuelven ciertos entuertos es lo de menos en este manga (no sé si eso habla a favor o en contra de la historia en sí pero es como lo siento) ya que sobresale por la complejidad psicológica de sus personajes y por la capacidad de la mangaka de plasmar en el papel una situación sentimental totalmente imperfecta en la que Sumire se convence a sí misma continuamente de que está enamorada de Hasumi pero es a la vez incapaz de desengancharse de Momo, con el que tiene una relación afectiva irrompible sin ningún tipo de intercambio sexual. Consigue que la lectora se pregunte qué significa exactamente enamorarse o querer compartir la vida con alguien y pone en tela de juicio todos los convencionalismos respecto al amor romántico.


De hecho, tan entretenida está la autora dándole vueltas a la perdiz que, con tal de alargar la obra unos tomos más, va intercalando capítulos o sagas cortas autoconclusivas introduciendo elementos un tanto bizarros intrascendentes para la obra en su conjunto. Estos capítulos son algo anodinos y le restan algunos decimales a la nota global (esa que nunca pongo) del manga pero se le perdonan a Ogawa por su buen hacer en el resto de la historia. De la misma forma, añade desvíos que sí mantienen el nivel general de la obra, y que, de hecho, la enriquecen, referentes a la infancia de Sumire, sus hermanas y, sobre todo, su relación con su mejor amiga Yuri, personaje recurrente que le hace la contrapartida a la protagonista al corresponderse con el ama de casa japonesa ideal. Todos estos personajes femeninos, incluyendo diversas rivales en el amor, le permiten a la autora explorar el tema central de Eres mi mascota, las relaciones románticas adultas, desde muchos puntos de vista distintos.


Insisto mucho en el carácter maduro de la obra ya que plantea muchas cuestiones que se suelen dejar de lado en títulos destinados a un público adolescente como la lucha por tener una buena posición profesional, los problemas de tener un jefe tirano o subordinados indisciplinados, los rifirrafes laborales en general y otros asuntos de la vida privada como la convivencia, el matrimonio (y no, no me valen los alumnos de instituto que se casan al cumplir los 16 o 18 años), el adulterio, la vida en el extranjero y los problemas de salud mental que se desarrollan en ambientes altamente competitivos como la danza contemporánea.

Finalmente, no quería terminar esta reseña sin mencionar que Eres mi mascota es una historia eminentemente humorística con situaciones cómicas por doquier. La mayoría de temas que aborda la mangaka son de lo más dramáticos pero el tono se mantiene distendido en casi todos los tomos. Evidentemente, algo de culebrón hay pero creo que solo me hizo llevarme las manos a la cabeza un par de veces. Yayoi Ogawa juega un poco con el trazo cuando la narración lo requiere mutando su estilo para emular, por ejemplo, el shôjo clásico dando como resultado viñetas hilarantes. 


En las portadas no es tan evidente pero el dibujo me ha recordado una barbaridad al estilo de Moyoco Anno. De hecho, este josei tiene ciertos ecos a Tokio Style (Hataraki Man), un seinen magnífico cuya publicación desgraciadamente se abandonó en que la protagonista también era una mujer adulta, periodista, con problemas románticos debidos a su adicción al trabajo (aunque Hiroko no se agenciaba un adolescente tardío de mascota). Desde aquí hago un llamamiento a todas las editoriales de manga para que sigan apostando por obras cuyas protagonistas sean mujeres adultas con las ideas claras.

Después de todas las decepciones que me he llevado últimamente y, salvando algún que otro detalle que me ha hecho rechinar los dientes, con lo que me cuesta encontrar un manga que me entusiasme, no podría estar más satisfecha con la lectura de Eres mi mascota. Si queréis graduaros de los clichés del shôjo y probar con una obra en que la protagonista no se comporte como una adolescente y tenga alguna aspiración en la vida a parte de que el chico que le gusta se fije en ella, os invito a llorar amargamente ya que Norma descatalogó esta obra hace un par de años y es harto difícil encontrarla a un precio razonable.

domingo, 17 de junio de 2018

Desaparecido

Creo que Desaparecido es un manga que necesita poca presentación. Se trata de un seinen nominado a premios nipones de gran reconocimiento como el Premio Cultural Osamu Tezuka o los Taisho, en tres ediciones consecutivas nada menos. Además, desde que comenzase su publicación en España por Norma Editorial tuvo una gran acogida del público y las redes. Por si todo esto fuese poco, algún que otro rezagado acabó por descubrir, y alabar, la historia tras la inclusión de su versión animada en Netflix. Evidentemente, con estos precedentes, no dudé ni un instante en lanzarme sobre este manga en cuanto tuve la oportunidad (es decir, cuando encontré una oferta decente). Y cuál ha sido mi sorpresa cuando, después de la lectura íntegra de sus ocho tomos en menos de una semana, me he topado con una obra que no me ha gustado ni convencido en ningún momento y me ha parecido mediocre de principio a fin.


Cuando estaba en primaria, Satoru se vio implicado en una serie de secuestros y asesinatos que se atribuyeron a un amigo suyo. Dieciocho años más tarde, sufre unos extraños bucles en los que todo lo que le rodea se repite una y otra vez hasta que detecta la anomalía que los ha originado y la elimina. Sin embargo, cuando el origen del suceso a evitar se remonte a su infancia, el bucle originado le transportará a su pasado, del que tan poco recuerda, en que deberá encontrar al verdadero asesino.

No voy a negar que Desaparecido es una obra con potencial y que algunas de las ideas que introduce Kei Sanbe son lo suficientemente interesantes. Sin embargo, el desarrollo simplista y la superficialidad de todos y cada uno de los personajes me han impedido disfrutar de este manga. Ya desde el principio, Satoru se me antojó como un personaje muy poco creíble. Los revivals del primer tomo son anticlimáticos y están metidos con calzador uno detrás de otro a modo de introducción para que el autor pueda presentar unos conceptos que luego no aprovecha. De hecho, ni siguieran siguen las mismas normas que los que constituyen el grueso de la obra en sí.


Si bien cuando reseñé Sunny alabé la labor de Matsumoto en su retrato de la infancia, Kei Sanbe antepone el guión a cualquier atisbo de realismo en sus personajes infantiles. Teniendo en cuenta que todos salvo el propio Satoru son niños de diez años, sus acciones y, sobre todo, diálogos y elucubraciones no podrían distar más de la mente de un niño de primaria. Todos los personajes tienen que actuar de una determinada forma para encajar como las piezas de un puzzle en la trama tejida por Satoru y lo hacen de una forma tan ridículamente perfecta que el argumento entero se revela inverosímil.

En general, todos los capítulos repiten este patrón de acciones inverosímiles que se suceden para que el protagonista pueda ir avanzando en su plan aunque las casualidades reiteradas y las incongruencias se acumulen sin tregua. Es demasiado fácil adivinar lo que pretende el autor en todo momento por lo que nunca consigue sorprendernos con escenas que pretendían ser impactantes. Aunque el arco final peque, de nuevo, de simplista, me gusta que enlace con todos los arcos previos ya que al menos parece que el autor no dejó nada al azar y tenía el guión entero claro desde el principio a pesar de que haya varios pasajes que parecen totalmente improvisados.


Los tomos están plagados de anodinas conversaciones sobre la amistad, el valor o la determinación. Me imagino al autor obcecado con rellenar páginas de capítulos aleatorios con sermones moralistas que enternezcan el corazón del protagonista y algún lector. Una de las cosas que más me desespera es, precisamente, que aunque el protagonista tenga casi 30 años, se sonroje cuando interacciona con Kayo (niña de 10 años) en el pasado revivido, el autor pone el foco en la búsqueda del asesino y se olvida de cuidar los detalles que harían falta en una obra de estas características.

Aunque ninguno de los múltiples fallos de Desaparecido le llega a la suela del zapato a Airi. Personaje innecesario, olvidable, sin ningún tipo de sentido común. Resulta más madura Kayo a sus 10 años que Airi a sus... ¿16? Creo que el manga ganaría enteros si ella no existiese y aún así al autor le debió de parecer magnífica porque la sostiene con pinzas a cada nuevo arco argumental y la convierte en la clave para resolver el enigma cuando no hacía ninguna falta.


Podría seguir escribiendo otro rato hablando del horror de dibujo, o de la traducción pésima pero creo que con lo dicho ya me he explayado más de lo necesario sobre lo poco que me ha gustado, de principio a fin, este seinen. No entiendo por qué una historia tan mediocre ha logrado tal popularidad y buena acogida entre todo tipo de público...

domingo, 20 de mayo de 2018

Sobre las alas del mundo, Audubon

Por mucho que me guste leer (¡y reseñar lo leído!) como hobby, soy bióloga de formación y vocación ante todo así que no desaprovecho las escasas ocasiones en que se me brinda la oportunidad de fusionar ambos placeres. Hace prácticamente tres años que compartí las maravillas de Primates y unos cuantos meses desde que vi Audubon en el catálogo de novedades de Norma y supe que tenía que leerlo. Como siempre, la biblioteca me permite disfrutar de este tipo de obras caras no solo por su precio sino también por el espacio que ocupan. Y, curiosamente (estas coincidencias nunca dejarán de fascinarme), teniendo el volumen en la torre de lecturas pendientes, ha sido anunciado como uno de los nominados para los prestigiosos premios Eisner así que ya no me quedaba ni una sola excusa para no hincarle el diente de forma inmediata.


Al tratarse de una biografía (con licencias y algo de realismo mágico pero biografía al fin y al cabo) creo que carece de sentido escribir una sinopsis para esta obra. Jean-Jacques (o John James) Audubon fue un naturalista, pintor y aventurero (como él mismo se describía) que dedicó varias décadas de su vida a documentar mediante sus acuarelas la diversidad ornitológica de Estados Unidos en el siglo XIX. Es una tarea que le llevó toda una vida completar y su obra es testimonio de su perseverancia.

Los autores de este cómic, Fabien Grolleau y Jérémie Royer, toman como referencia los diarios de Audubon y su obra pictórica para reconstruir la biografía de este personaje célebre avisando desde un principio de que la realidad se mezcla con la fantasía en varias ocasiones con el fin de que la novela gráfica sea una unidad. Entiendo los fines poéticos de esta decisión pero es algo que me ha complicado la lectura ya que en una biografía no busco que todo encaje a la perfección sino poder formarme mi propia idea del tipo de persona que debió de ser Audubon.


Desde el primer capítulo se hacen evidentes su tenacidad y obsesión enfermizas por las aves y su documentación. No solo quiere conocerlas todas de una forma superficial sino que se interesa en sus hábitos, comportamientos, rutas migratorias e incluso por su alimentación. No se conforma con retratarlas sino que las caza y diseca él mismo para así poder lograr pinturas lo más realistas posibles. No obstante, en una época en que todos los desplazamientos se realizaban a caballo o, con suerte, en barco de vapor, la mera intención de querer documentar la totalidad de especies aviares de todos los Estados Unidos, sin contar siquiera con un mecenas, sería juzgada por muchos por poco más que una insensatez.

No sé si la forma en que los autores retratan su relación con su mujer e hijos dista mucho de la realidad pero, en cualquier caso, Audubon emerge como un personaje odioso, egoista, egocéntrico y desagradecido. Desde la primera viñeta se hace patente que este pintor vivía por y para publicar su obra y que cualquier otro aspecto de la vida familiar quedaba relegado a un segundo plano. Sin preocuparse por administrar sus finanzas, criar a sus hijos o velar por su propia seguridad, se entregó a la tarea sin descanso convencido de tener siempre la razón. Su esposa, estoica, aceptó las circunstancias y animó a su marido a emprender su viaje soñado encargándose ella de todo durante años sin tener apenas noticias de él.


Aunque el protagonista no me haya inspirado ninguna simpatía, me parece loable la labor del artista, que seguro que ha tenido que consultar más de un libro de referencia para poder dibujar las decenas de especies distintas que aparecen en esta obra. No sólo eso sino que también se dedicó a hacer sendas versiones de pinturas originales de Audubon (podría haber recurrido a reproducirlas tal cual como hacían, por ejemplo, en Yo, Asesino pero prefirió el camino difícil). Norma cuenta con muchas biografías en su catálogo pero creo que pocas se prestan tanto al formato cómic. Los paisajes, la vegetación, los animales, están todos tan bien dibujados que casi se nos olvida lo mal que nos cae el protagonista.

Además, hay toda una reflexión de fondo sobre el mantenimiento del equilibro en los ecosistemas y sobre el impacto que tiene la actividad humana sobre la biodiversidad. De nuevo, no sé si Audubon reflexionó sobre este tema en sus memorias pero me parece muy acertado que los autores hayan decidido incluirlo en la discusión de la novela gráfica porque, de esta forma, Sobre las alas del mundo va mucho más allá de su propósito biográfico.


Sin duda, lo que más me ha tocado la moral es una licencia "artística" de los autores en que presentan un encuentro ficticio entre Audubon y Darwin en el que, encima, discuten sobre un hallazgo que no se había producido todavía y que ninguno de los dos pudo discutir en vida. Me desagrada en exceso porque creo que no aporta nada, y me parece una forma infantil de compartir un dato curioso que tiene una relación muy tangencial con la biografía de Audubon.

A pesar de que no comulgo con algunas de las decisiones creativas expuestas a lo largo de la obra, creo que Audubon es una lectura más que interesante que permite acercar a los profanos al método científico de hace un par de siglos.

sábado, 6 de enero de 2018

[Nuevas lecturas] The Ancient Magus Bride

Hace mucho mucho tiempo hice una encuesta en twitter porque de mi wish-list infinita no sabía qué manga empezar. No recuerdo todas las opciones que incluí pero sí que ganó The Ancient Magus Bride por goleada con varios comentarios de personas que conocéis bastante mis gustos que estabais convencidos de que Magus Bride era una obra para mí. Por eso, en el pasado salón del manga, prioricé su compra durante la happy hour y ahora que por fin me he comprado el primer tomo, iba siendo hora de revelar si acertasteis o no con la recomendación.


Chise nació con la capacidad para ver cosas que los demás no podían ver. Huérfana desde muy temprana edad, rechazada por todo el mundo y, finalmente, vendida como esclava en una subasta al mejor postor, acepta con resignación e incluso alegría su nueva vida con Elias, un hechicero a medio camino entre bestia y humano. Nada más acogerla, le revela que su plan es convertirla en su aprendiz y, más adelante, en su esposa también aunque la trata más bien como a una hija...

Me vais a perdonar pero un manga que empieza con un ente de intenciones dudosas que compra a una adolescente (Chise tiene 15 años al empezar el manga) e intenta, deliberadamente, generarle un síndrome de Estocolmo para que que no le haga falta ponerle una correa me ha despertado, como poco, angustia. No tanto por la situación en sí (que, evidentemente, también) sino por lo normalizada que esté. La autora en ningún momento apela al asco o al terror, al contrario, uno de los momentos álgidos del primer tomo es una escena en que Chise revela, ¿con orgullo?, que (ella) es propiedad de Elias, que él la compró, así que, mientras le sea de utilidad (ella a él), tiene un hogar. Y se trata de una escena que tiene la intención de ser conmovedora, de reblandecer el corazón del hechicero y, supongo, el nuestro también.


Chise es una protagonista taciturna, retraída, aletargada, conformista y sin ningún tipo de instinto de supervivencia. A menudo parece un personaje carente de emociones aunque en ciertas ocasiones sí podemos vislumbrar algunas de las más básicas, sobre todo miedo y vergüenza. Aunque la autora no se ensañe mucho con el tema, ha tenido una infancia tristísima y la ausencia de una sola persona que la cuidara con cariño, le ha proporcionado un apego inseguro y ambivalente, con lo que no sabe relacionarse muy bien con los demás pero destila candidez por todos sus poros.

Elias, en cambio, es todo galantería, poder y misterio y esconde a todas luces un pasado tenebroso que espero que sí se nos revele a los lectores más pronto que tarde. Se trata de un hechicero célebre, aparentemente apacible, que bajo la vigilancia de la Iglesia, presta sus servicios a la comunidad. Está rodeado de personajes de todas las razas e intenciones que le lanzan muchas pullas pero que, al final, confían de un modo u otro en él sugiriendo que independientemente de sus pecados y su apariencia, es una buena persona.

Mis personajes favoritos so far ♥
Aunque los pilares de Magus Bride sean el aprendizaje progresivo de Chise mientras se forma para ser hechicera y la evolución de su relación con Elias, lo que encontramos en sus capítulos son historias autoconclusivas aderezadas con mitología celta. Algunas no duran más de un capítulo, otras constituyen arcos un pelín más largos pero, en general, todas las tramas son concisas. Lo que entusiasma a seguir leyendo, es el telón de fondo, los flashbacks prometidos, desentrañar qué son exactamente los sleigh beggy.

El dibujo es un poco tosco y el fanservice descarado me da ganas de cortarme las venas pero tiene bastante personalidad y me recuerda remotamente al arte de Hiromu Arakawa, quizá por las caras más bien anchas y los fondos súper trabajados. Como, en general, es un manga bastante tranquilo y con muchísimas criaturas mitológicas, uno de los principales atractivos de la obra acaba siendo, precisamente, el arte. Algunas de las splash pages son para caerse de culo y me gusta mucho el diseño de todos los seres no antropomórficos.


The Ancient Magus Bride es el claro ejemplo de obra a la que lancé con las expectativas por las nubes y que me ha defraudado bastante. No acabo de cogerle el ritmo a la trama y me cuesta horrores empatizar con Chise o con Elias. Sin embargo, me intriga lo suficiente como para seguir con su lectura y todavía tengo unos cuantos tomos por delante para cambiar de opinión.

martes, 19 de septiembre de 2017

Finalistas Concurso Manga Norma 2017

Desde que abrí el blog me dediqué a hacer un repaso personal a los finalistas del anual Concurso Manga de Norma en sus ediciones de la VI a la IX pero debido al descenso de la calidad de las propuestas de los últimos dos años dejé ese repaso fuera del contenido del blog. Sin embargo, escribo hoy estas líneas precisamente porque estoy gratamente sorprendida con las propuestas recién reveladas como finalistas de la presente edición del concurso. Como siempre, voy con mi top tres:



La primera historia que me llamó la atención por su diseño de personajes, estilo y trama fue esta obra de fantasía con un toque amargo ya desde el principio. Aunque es de mis favoritas por el aura decadente que desprende, reconozco que se trata de un inicio de lo más ambiguo del que difícilmente puede predecirse el rumbo que tomará la historia, lo que la convierte en una apuesta arriesgada. En cualquier caso, destaca por su madurez y creo que se merece aparecer en este top.



En todas las ediciones del concurso hay una mayoría de propuestas inspiradas en los esquemas del shonen o el seinen pero siempre hay una que sigue, en mayor o menor medida, el cánon de las obras de demografía shojo y en esta edición El pescador de estrellas destaca por su calidad y originalidad. Sinceramente, si no fuese porque hay una obra absolutamente excepcional entre los finalistas, habría votado esta propuesta... este concurso me lleva generando frustración por este mismo motivo desde sus primeras ediciones, es una lástima que sólo pueda haber un ganador.

1) Reboot


Reboot es un soplo de aire fresco. La experiencia en el sector de Manu Kuroudi López no puede ignorarse, muy lejos queda aquel primer tomo de Ataraxia que le sirvió de puente para crear una obra excelente a lo largo de la cual fue depurando su estilo hasta conseguir ese grafismo tan característico, con un dominio inmejorable de los efectos en blanco y negro y unas líneas increíblemente limpias y dinámicas. Así, su estilo de dibujo es el más atractivo de entre todas las propuestas, con muchísima personalidad y dominio no sólo de las expresiones faciales sino también de los fondos, con lo que no deja ningún aspecto sin cubrir. Además, la magnífica portada a todo color sugiere que se ha quitado de encima también su asignatura pendiente en su obra anterior. Su protagonista Cisco nos cae bien inmediatamente y se las apaña para presentar muchísimos detalles en muy pocas páginas. No puedo esperar a leer la continuación.

Dejando de lado mi top de favoritos, no quería dejar de comentar otras cosas que me llaman la atención entre los demás participantes. Como todos los años, la mayoría de finalistas pecan por los mismos motivos. Hay una obsesión por escoger Japón como escenario o, al menos, aunque se trate de la más pura fantasía, poner nombres japoneses a los personajes por doquier como sucede en Ryoko o Superior baseball; especialmente flagrante es este último caso en que todos tienen nombre japonés pero se comenta literalmente "no sabemos siquiera si habla español".


Bajo mi punto de vista, otro error común es el de hacer un despliegue artístico en las diez páginas que dictaminan las bases del concurso sin introducir ningún argumento que guíe un poco al lector sobre los pasos que podría seguir la obra, como es el caso, por ejemplo, de Eugenesis. Y, por supuesto, no podían faltar las "inspiraciones" en obras manga de éxito publicadas por la propia Norma Editorial... especialmente el dúo creativo formado por Ohba y Obata que sirven de referentes tanto a nivel argumental como gráfico.


Dicho todo esto, insisto en que estoy asombrada con la calidad en general de casi todos los finalistas, son más de tres las obras que considero dignas de ganar el concurso pero han conseguido colarse en mi top al tratarse de géneros que no me entusiasman como la comedia o el spokon. Con esta entrada abro la veda para volver con energías renovadas a escribir reseñas, últimas lecturas y demás entradas relacionadas con el manga tras un par de meses de parón.

Por si os interesa:
- Repaso a los finalistas de las ediciones de 2011, 2012, 2013 y 2014 (enlace haciendo click sobre cada año)
- Reseña del ganador del VI concurso: El síndrome del hilo enredado, de Lolita Aldea y Miguel Gómez Cabrero

lunes, 10 de julio de 2017

[Nuevas lecturas] Aristocracia Campesina

Hace (muchos) meses que pensaba en hacer una entrada de "últimas lecturas" dedicada, exclusivamente, a reseñar primeros tomos de varios manga. Pero, mientras dejaba la idea relegada a un cajón, llegaron a mis manos todavía más tomos #1 de títulos de los que, una vez leídos, tengo muchas cosas que decir... así que se me ocurrió la locura de reseñar cada uno de ellos en una entrada distinta y, no solo eso, sino que mi intención es publicarlas seguidas a ritmo diario (y no es una trola porque hasta que no las he escrito todas para poder programarlas una detrás de otra, no he publicado la primera; esto ha ido en un claro detrimento de la periodicidad que tanto me había costado conseguir así que, después de todo, parece que fue una muy mala idea pero ahora ya solo queda recoger los frutos de lo sembrado... si es que crece alguno).

Empiezo la semana con un plato fuerte, un manga actualmente en (no) publicación en Japón, obra de una de las mangakas más celebres del panorama actual y con tan solo 4 tomos en su haber: Aristocracia Campesina, de Hiromu Arakawa.


Aristocracia Campesina no es más que una autobiografía que hace Arakawa de su vida en la granja antes de convertirse en mangaka. Todos los que hayáis leído alguna de sus obras ya sabréis que siempre se representa a sí misma como a una vaca y es que la autora se crió en una granja en Hokkaido y estudió en una escuela de capacitación agraria. Exacto, lo mismo que los personajes de Silver Spoon. De hecho, fue el mono que sufro por este último (hace un AÑO que salió el último tomo) que me decidí a leer Aristocracia Campesina y ¡cuál ha sido mi sorpresa al descubrir que es ésta anterior en su publicación (2008) a Silver Spoon (2011)!


Como ya me pasa con todos los tomos hasta la fecha de Silver Spoon, esta primera entrega de Aristocracia campesina me ha servido para aprender un montón de cómo es la vida en la granja (en Hokkaido), con el añadido de que esta vez sé a ciencia cierta (¡casi!) que todo lo que se cuenta es 100% verídico y no simplemente una ficción factible. Hiromu Arakawa me parece ahora una persona aún más entrañable, ojalá aparezca en alguno de los capítulos de Urasawa Naoki no Manben.


Aunque este manga parece que me va a encantar de principio a fin (la mitad ya la ha cumplido), me veo en la obligación de advertiros de que se trata de una autobiografía contada en clave cómica y en un formato que, guardando las distancias, se parece al 4-koma. Así, a pesar de la brevedad del tomo, salta de un tema a otro con agilidad con lo que al terminarlo te das cuenta de que has leído sobre gran variedad de temas incluyendo pero no limitándose a: horarios imposibles, ladrones, osos, leche, patatas y boñigas de vaca, sobre todo muuuuchas boñigas (pun intended). Es muy posible también que no sea la mejor de las lecturas que recomendar a personas vegetarianas o veganas ya que se habla también del sacrificio de animales en la granja (y fuera de ella) aunque así a priori me parece que el trato que dan a los animales allí es bastante más humano que el de aquí... o quizá sólo son prejuicios y desconocimiento de causa.


En múltiples ocasiones la autora se dibuja a sí misma discutiendo los pormenores de la trama con su editora. Son estas metaviñetas de las que más gracia me han hecho porque siempre está la editora escéptica con las batallitas que cuenta la autora o, directamente, indignada por los derroteros que suele tomar hablando a menudo de caca de vaca a pesar de tener bastante éxito entre lAs lectorAs. ¿Y cómo responde Arakawa ante tales juicios? Ignorándola y siendo todo lo escatológica/explícita que puede (¡la ausencia de cromosoma Y no nos impide hablar/leer de mierda!).


Como ya habréis deducido en base a las imágenes que he escogido para ilustrar la entrada, el dibujo de Aristocracia Campesina no tiene absolutamente nada que ver con el grafismo habitual de Hiromu Arakawa. Apenas aparecen personas en el manga ya que los personajes principales son ella misma (versión vaca antropomórfica caricaturesca), su familia (ídem) y los animales (de verdad) de la granja. Para lo que quiere contar, el cómic como medio no es más que un instrumento para dar dinamismo y gracia a las anécdotas, ni mucho menos pretende dibujar grandes fondos o escenas de las que se te quedan grabadas a fuego en la retina. De esta forma, el dibujo es funcional y le permite ir más rápida y, al final, ni por esas puede sacar adelante este manga que sólo lleva 4 tomos recopilatorios desde que lo comenzó en 2008 y que, actualmente, parece estar en pausa indefinida.


Es inevitable que os sintáis timados cuando vayáis a la tienda y busquéis los, tan escasos, tomos multicolores de este manga ya que a pesar de tener un precio estándar (vale, cincuenta céntimos menos de lo estándar) constan tan solo de 112 páginas sin tener ningún extra que justifique su precio. Imagino que se trata de una licencia tan loca, con un público tan nicho, que las tiradas serán irrisorias y había que hinchar un poco (bastante) el precio para amortizar la edición... yo reconozco que es un tomo caro pero me ha gustado tanto que lo pago con placer.

Soy consciente de que me he pasado toda la entrada escribiendo sobre las pegas de Aristocracia Campesina, que si el dibujo, que si el precio, que si es todo humor, que si está en hiatus... pero por cada uno de sus inconvenientes encuentro al menos un punto a favor así que os lo recomiendo con precaución pero con muchas ganas. ¡Entretenido lo es un rato largo!

viernes, 5 de mayo de 2017

Tsubasa: El Secreto de las Alas

No, no voy a hablaros del Tsubasa de CLAMP. Sí, Natsuki Takaya es la autora de Fruits Basket. Y, sí, aunque parezca mentira, Tsubasa: El Secreto de las Alas es un manga (demografía shōjo) que licenció y publicó Norma en España entre julio de 2007 y junio de 2008 (habiéndose publicado en Japón entre 1992 y 1998).

Sí, las portadas son todas así de feas
Por mucho que me apene decirlo, se trata de la típica obra menor que se ha escogido traer antes que otras mejores sólo porque Fruits Basket fue un éxito y así poder decir "de la autora de Fruits Basket" para vender más. Tsubasa grita por todos sus poros que su autora era aún una principiante cuando ideó su historia. El dibujo impersonal y basto refleja que aún le quedaba mucho camino por delante para llegar al estilo suave y preciosista que la caracteriza a día de hoy. El planteamiento de la historia, su desarrollo y también su desenlace denotan la inexperiencia de la autora, que quiso meterse en un berenjenal con un argumento de ciencia ficción que tira hacia lo sobrenatural en un mundo post-apocalíptico muy simplón. Y ni siquiera los personajes se pueden salvar de esta escabechina siendo la protagonista una Mary Sue insoportable, mientras que su contrapartida masculina es una especie de psicópata con personalidad múltiple.

Acabar de leer el primer tomo fue una tortura. Si bien es cierto que la serie va mejorando hasta que decae de nuevo en el último tomo (más o menos), tener que enfrentarme a esos primeros capítulos me hizo replantearme si venderme o no este manga sin haberlo leído siquiera. Pero le tengo demasiado aprecio a Natsuki Takaya por sus obras posteriores como para no darle una segunda oportunidad (y una tercera si hace falta). Para ser justa, muchas de las aparentes carencias al inicio de la historia se acaban revelando como sinsentidos premeditados con una explicación (aunque ésta no me convenza).


Empezando por la infantil, ingenua e impulsiva Kotobuki y terminando en el insensible, despiadado e impasible Raymon, todos y cada uno de los personajes que hacen acto de presencia en este manga son planos y superficiales hasta decir basta. No hay trasfondo ninguno. Está la loca que quiere participar en una bacanal y que va tirando bombas allá donde pasa, está el desalmado malnacido que mata por placer, está el rebelde al que no le importa absolutamente nada y que actúa sin pensar, pero no hay ningún personaje con suficiente desarrollo como para que una pueda ponerse en su lugar e intentar entender sus anhelos.

Solo Kotobuki es fácil de leer en ese sentido desde el momento en que se enamora perdidamente de Raymon y no hace otra cosa que desear estar con él las 24 horas del día, los 7 días de la semana, al más puro estilo shôjo de instituto en que la protagonista conoce el amor por primera vez ("oh, ¡qué manos tan grandes! ¡qué fuerza! ¡es un hombre! ¿qué será esta opresión que siento en mi pecho cuando pienso en él?"). Además, como le sigue ocurriendo en series posteriores, la autora tiene una obsesión que podría catalogarse de enfermiza en emparejar a todos los personajes protagonistas entre ellos con más acierto en unos casos que otros (mucho mejor los enamoramientos fugaces a primera vista y los emparejamientos por conveniencia que la indecencia de dejar a alguien soltero, que ya sabemos que sin pareja no se es feliz).


Tenía muchas ganas de incurrir en spoilers aquí pero como ya he reposado la lectura lo suficiente como para no necesitar hacer terapia vía blog, me limitaré a decir que el intento por hacer ciencia ficción le sale bastante mal a la autora... con muchas situaciones incongruentes y argumentos que querían ser muy elaborados que caen por su propio peso. En definitiva, y aunque me duela, no es una obra que recomiende, ni siquiera a fans de Natsuki Takaya, que alcanzó su zenit con la susodicha Furuba y ya no ha vuelto a crear nada que la alcance.

No quiero acabar esta reseña sin antes romper una lanza a favor de este manga porque, por supuesto, aún y con todas sus carencias no es un despropósito absoluto y tiene algunos detalles que lo salvan de la hoguera. A pesar de que, como personajes independientes, tanto Kotobuki como Raymon resultan insoportables (cada uno a su manera) y aunque su enamoramiento (a dos tiempos) me resulta de todo menos convincente, su relación es entrañable, se respetan mutuamente, y siempre están dispuestos a sacrificarse la una por el otro y viceversa. De la misma forma, y a diferencia de muchas otras historias de este tipo en que se plantean muchas preguntas o incógnitas sin respuesta posible, la autora le reconoce a los lectores el derecho a conocer la explicación de cada uno de los enigmas que planteaba la trama desde el principio. Como decía, se trata de respuestas que pecan por simplistas pero al menos no se trata de una nebulosa difusa fruto de la falta de ideas del autor (qué difícil es encontrar algún manga cuyo final nos satisfaga eh).


Termino la entrada con una reflexión: si hubiese leído este manga con 13 o 14 años estoy bastante convencida de que me habría parecido lo más de lo más (hacia el final se vuelve todo muy turbio) y, quizás ahora, al recordar su primera lectura, me invadiría la nostalgia y sería incapaz de verle todos los errores... Pero creo que no tengo lectores de esa franja de edad en el blog así que me mantengo en no recomendarlo.

martes, 28 de marzo de 2017

Mushi-shi

Como parte de mi programa de recuperación de mangas que compré hace eones de segunda mano, empecé a leer el primer tomo de Mushi-shi por segunda o tercera vez hace cosa de un mes, durante una semana que me tuve que quedar en cama sin poder ir a trabajar por culpa de un resfriado griposo. No se me ocurrió mejor momento para adentrarme en una concatenación de historias de gente enferma.


Como Mushi-shi es una obra eminentemente compuesta por historias cortas, me vuelve a costar escribirle una sinopsis al uso (sé que siempre busco excusas para no escribir sinopsis últimamente). Este manga nos transporta al Japón de hace algunos siglos, a un pasado indeterminado, en el que un maestro de insectos itinerante va viajando a lo largo y ancho del país para ofrecer su ayuda a los habitantes de las aldeas por las que va parando. De la misma forma que todas las formas de vida que conocemos, existen unos seres peculiares, que no son ni animales ni plantas ni hongos, más próximos a la esencia de la vida que ningún otro y que la mayoría de humanos no es capaz siquiera de percibir, son los llamados insectos. Sin embargo, que no los veamos no significa que no tengan influencia sobre nuestras vidas, normalmente negativa, por lo que los maestros de insectos resultan imprescindibles. Ginko es uno de estos maestros, una persona capaz de verlos que ha dedicado su vida a su estudio para ganarse la vida de la única forma que puede, como maestro itinerante. 

No sé si lo he comentado otras veces ya pero nunca me han gustado los manga que se componen de historias autoconclusivas. Y mucho menos aún si son compendios tan largos como éste (10 tomos); de hecho, hay una larga lista de ejemplos en mi haber de intentos fallidos como March Story, Nightmares for Sale o Mi vida con Zenjiro Yamamoto. Sin embargo, Mushi-shi me ha encantado de principio a fin, su autora ha conseguido engancharme en cada una de sus historias y hacerme sufrir con cada uno de sus personajes por mucho que no les dedicara más de 50 páginas. Eso sí, para mi regocijo, de tanto en tanto la autora intercala algún que otro capítulo en que nos muestra a un Ginko joven, inexperto, al que le queda mucho por aprender todavía en el oficio.


En general, las historias de Mushi-shi siempre tienen un deje agridulce, las hay con finales tristísimos y otras en las que la autora muestra algo más de clemencia pero en mayor o menor medida siempre se trata de situaciones amargas en las que los humanos que interaccionan con los insectos salen escaldados. De hecho, parece como si la autora andase con pies de plomo al empezar y se fuera soltando capítulo a capítulo ya que los primeros tienen un aire algo más desenfadado, mientras que hacia el final abundan mucho más los dramas y las situaciones moralmente incómodas. Con esto quiero decir que si en un primer momento los personajes son más o menos inocentes o sus historias personales no van mucho más allá de su interacción azarosa y desafortunada con los insectos, pronto empiezan a aparecer tiranos, asesinos, mujeres abandonadas, madres que no quieren a sus hijos, estafadores...


Yuki Urushibara tiene un estilo de dibujo muy particular, con caras anchas, y un gran talento para representar los cambios fisonómicos sutiles que diferencian sexos y edades distintas. Ese realismo a veces juega en su contra puesto que con tantas decenas de historias cortas es muy difícil crear cientos de personajes que cumplan con el canon (pelo oscuro siempre presente, hombres con pelo corto y mujeres con pelo más o menos largo) y a la vez puedan diferenciarse fácilmente entre sí. Quizá por esto escogió darle una apariencia tan distintiva a Ginko, con el pelo blanco y los ojos verde claro. Evidentemente, un aspecto gráfico de esta obra a destacar es el diseño de los insectos. Tiene gracia que tratándose de una obra eminentemente sobrenatural, estén tan bien hilados estos seres, siendo tan numerosos, tan variados, con sus nichos, sus ecosistemas... es como leer una buena obra de ciencia ficción.

Eso sí, si algo tengo que criticar (negativamente) de este manga es su edición española. La traducción es poco menos que un desastre, hay historias que son bastante difíciles de seguir porque los diálogos no tienen sentido (y si a eso le sumamos la parte fantástica pues apaga y vámonos). En algunos casos se ve claramente que es el típico error de intercambiar el texto de los bocadillos pero partiendo de la base de que en todos los free-talks dotan de género masculino a la autora... me pregunto cuántos matices me habré perdido por una traducción hecha sin muchas ganas.


Otra lástima, que en este caso no creo que sea culpa de Norma sino de la editorial japonesa es que la edición es, lógicamente, en blanco y negro aunque se nota que hay muchas primeras páginas de capítulos que originalmente eran a color. No os quiero llevar a engaño, es esta práctica habitual en el manga, cuando una historia se recopila en tomos, las páginas a color se imprimen siempre en blanco y negro por norma pero en España hemos podido disfrutar de contadas excepciones. En fin, ojalá existiese una edición kanzenban de esta obra, sería de las pocas que compraría sin dudar (y con una traducción nueva por supuesto).

Si veis este título en la biblioteca, o de oferta en alguna tienda especializada (está descatalogado ya) o de segunda mano en el mercadillo... ¡no lo dudéis!

domingo, 14 de febrero de 2016

Barcelona, los Vagabundos de la Chatarra

Tras ver este título en incontables listados de los mejores cómics publicados en España durante el 2015, tenía muy claro que tenía que darle al menos una oportunidad. En un primer momento no me sentí especialmente tentada a catar esta historia porque intuía que no iba a ser precisamente amena. Mi presentimiento se vio cumplido enseguida pero no por ello me ha decepcionado la lectura de esta novela gráfica, al contrario.


Al tratarse de una obra periodística, carece de sentido que escriba una sinopsis. Jorge Carrión y Sagar se recorrieron Barcelona en bicicleta durante un año, adentrándose en el puerto, en los barrios periféricos, en naves okupadas y también en los antiguos Encants que, durante la creación de esta obra, realizaron su mudanza definitiva, entrevistando a inmigrantes sin techo y, a veces, sin papeles, cuya única fuente de ingresos son el cobre y el aluminio que puede recuperarse de los contenedores.

Este cómic no deja de ser un reportaje a pesar de que el noveno arte no sea un medio que se asocie tradicionalmente ni a las obras de no ficción ni, mucho menos, al periodismo de investigación (aunque las autobiografías hace años que se van asentando en el mercado y hay varios autores que están abriendo el camino para hacer del cómic una vía más con la que informar). Sin embargo, guionista y dibujante juegan muy bien sus bazas y se apoyan en los recursos de este medio para acercarnos casi en primera persona al diálogo real de los implicados en el asunto, manteniéndoles en el necesario anonimato sin un esfuerzo consciente.


También se permiten muchas licencias, plasmando en las viñetas sus propias discusiones y cavilaciones entre entrevista y entrevista, llamando siempre a la reflexión objetiva de los hechos. Los Vagabundos de la Chatarra no nos cuentan una historia con introducción, nudo y desenlace, nada más lejos de la realidad, este cómic nos cuenta un problema, un problema que empezó mucho antes de que Jorge Carrión y Sagar empezaran su investigación y que, tristemente, perdurará mucho después de la publicación de la obra. Se trata de una de esas feas verdades que sabemos que están ahí pero en las que preferimos no pensar demasiado mientras no nos toquen directamente.

Si la crisis nos ha afectado a prácticamente todos los españoles, con sus despidos, sus EREs, sus recortes, ¿hasta qué punto puede verse perjudicado el día a día de los inmigrantes que vinieron a ganarse la vida con la construcción? ¿quién no ha visto a ninguno husmeando en un contenedor al lado de casa o del trabajo? Y, sin embargo, nunca van a recibir la atención mediática de la diada de Cataluña (que es, de hecho, el punto de partida de la historia), las elecciones se suceden (tal y como reflejan los carteles electorales plasmados en las viñetas del cómic) pero nunca nadie piensa en ellos.


No estamos hablando de los refugiados de Siria, de niños inocentes que han perdido su hogar sino de hombres que, aunque tampoco tienen techo, han venido aquí por voluntad propia, algunos de ellos cuentan con antecedentes penales en sus países de origen y otros no dudan en tener hijos que no pueden mantener y que, una vez aquí, se ven obligados a infringir la ley para poder subsistir. ¿Podemos increpar a un sin techo por okupar una nave abandonada? ¿Podemos increpar a la policía o al ayuntamiento por desalojarlos de una propiedad privada? La lectura de este volumen evoca todas estas cuestiones y más pero no arroja respuestas ni soluciones, porque tal y como están las cosas, no parece haberlas.

Sagar nos deleita con un grafismo personal y propio, anguloso y abocetado, jugando con el color y deformando la realidad libremente sin que por ello deje de reflejarla con autenticidad. Especial relevancia toman los fondos en un cómic en que el emplazamiento es parte de la historia, para los que conocemos Barcelona, es extremadamente fácil ubicarnos en cada una de las localizaciones a pesar de que, como digo, no se trata de un dibujante que pretenda representar la realidad fotográficamente (lo que se convierte en un soplo de aire fresco para mí).


En resumen, una lectura estimulante que llama a la reflexión y que nos obliga a recordar esa parte deliberadamente ignorada de nuestra sociedad. Sin duda, uno de los mejores álbumes editados a lo largo de 2015.

miércoles, 3 de febrero de 2016

El Fantasma de Anya

Este cómic juvenil me llamaba la atención desde que lo vi por primera vez en una librería e, igual que le ocurrió a Arsénico, la cita de Neil Gaiman en la portada acabo de convencerme para darle un lugar definitivo en mi lista de cómics por leer.


Anya se enfrenta a la adolescencia en todo su esplendor: su única amiga es bastante ceniza, el único chico que le hace un poco de caso es un empollón repelente, el amor de sus sueños sale con una chica que parece una barbie y encima saca buenas notas, esos kilos de más le hacen sudar la gota gorda en educación física y nadie es capaz de decir en voz alta su impronunciable apellido ruso. Es por todo esto que decide saltarse las clases e irse a fumar al parque con tan mala suerte que se cae en un hoyo... ¡en el que hay un esqueleto! Por si la situación no fuese ya bastante espeluznante, de dicho esqueleto emerge el fantasma de Emily, que tras una muerte nada apacible fue incapaz de descansar en paz...

El Fantasma de Anya me ha hecho pensar constantemente en la típica novela juvenil, solo que reconvertida en cómic (un medio que me parece idóneo para esta historia por cierto). La autora aprovecha la premisa sobrenatural para abordar todos los temas típicos del género: falta de autoestima, egocentrismo y egoísmo, inseguridad, amor ciego, inconformismo y una marcada propensión al dramatismo.


En ese sentido Anya se presenta como la típica adolescente, tan típica es que resulta demasiado perfecta en su papel de «adolescente del montón». En general, la lectura de este cómic es muy amena pero no va más allá de la trama del mismo, ni te hace reflexionar ni te emociona. Diría que es una lectura óptima para adolescentes que seguro que la disfrutarían mucho más de lo que lo he hecho yo y que quizá puedan obtener una o dos moralejas como que no se puede abusar de la confianza de los demás, que hay que serle leal a los amigos (si aspiras a conservarlos), que hay que respetarse a uno mismo y que no está de más tratar a la gente con tacto y ser amable sin esperar un beneficio ulterior.

El dibujo es una monada. Muy personal y muy alejado a lo que estoy acostumbrada últimamente, con líneas redondeadas, trazos gruesos y un diseño de personajes infantiloide que es sencillamente encantador. Otra de las características del grafismo son las tonalidades azuladas, más que grises, que le acaban de dar un toque personal a la obra en su conjunto. A pesar de exhibir un estilo tan naif, Vera Brosgol le da un giro de tuerca hacia el nudo y desenlace de la historia, en que consigue escenas bastante terroríficas sin que su estilo se vea por ello desvirtuado, siendo coherente gráficamente de principio a fin.


El Fantasma de Anya es un cómic extremadamente sencillo en su concepción que no satisfará a los lectores más exigentes pero que puede ser la opción ideal para los más jóvenes, que encontrarán un relato trepidante y moralizante.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Crónica salonera (II): Sábado 31

Como todos los años, el sábado fue el día fuerte de salón con las entradas para este día agotadas desde dos semanas antes de que comenzase el evento. Yo llegué poco después de las 10 y me fui a eso de las 20 con lo que estuve casi todo el día ahí metida.


Al entrar, fui directamente a la sala de actos 1 (Fran me había guardado sitio) donde pillé el turno de preguntas de la presentación de novedades de ECC que, por cierto, fue a toda pastilla con todos los anuncios en apenas diez minutos, que es lo que yo tardé en llegar... Podéis encontrar las licencias anunciadas por ECC en cualquier portal de información sobre manga; personalmente, me intriga Chiisakobee, máxime cuando es serie cerrada con cuatro tomitos, ¿la conocíais de antes? ¿me la recomendáis?

Aunque la presentación de ECC terminó a eso de las 10:30 y el encuentro con los fans de Inio Asano no empezaba hasta las 11, nos quedamos calentando la silla para no perder el sitio (y bien que hicimos). Creo que ha sido la primera vez que he ido a un encuentro de este tipo (en otras ediciones he priorizado firmas y presentaciones de novedades o no me he querido quedar por la pésima acústica) y la verdad es que lo disfruté muchísimo. Aunque parezca mentira parece que fui la única persona que retransmitió la "entrevista" vía twitter, supongo que los medios periodísticos tuvieron más que suficiente con sus entrevistas privadas al autor como para tener ningún interés en las preguntas tópicas de los fans...

En cualquier caso, aprovecho que estuve presente para resumiros lo que a mí me pareció más interesante del encuentro. Para empezar, me sorprendió mucho descubrir que Inio Asano debutó creando comedia y que fue su editor de entonces el que le cortó las alas recomendándole otros géneros. Más adelante en la entrevista hizo referencia a este momento como un punto de inflexión en su carrera y como la primera gran decepción y la primera barrera con la que se topó, que le desmotivaron bastante. Pero, con el tiempo, ha llegado a la conclusión de que no vale la pena obsesionarse con los reveses que te da la vida y ese mensaje de superación, de levantarse después de caerse, es el que quiere reflejar (en parte) en sus obras.


Esto creo que ya lo comenté por encima en mi reseña pero Oyasumi Punpun es su manga más personal hasta la fecha, con una importante carga autobiográfica. Le conllevó tal esfuerzo mental que, al terminar, quiso hacer algo lo más alejado posible de sí mismo y así es como nació la tremenda ida de olla que es Dededede. Y, por cierto, el "buenas noches" en el título de Punpun no tiene ningún significado profundo, simplemente se lo sugirió el editor porque Punpun a secas quedaba muy soso y añadirle un ganbare era demasiado cutre. En lo que respecta a su "vida personal" (si es que se la puede llamar así), nos contó que escuchar música le ponía muy nervioso porque sentía que debía terminar las páginas o las viñetas antes de que lo hiciesen las canciones así que ha terminado poniéndose programas radiofónicos destinados a la tercera edad (muchas risas aquí). En cuanto a su tiempo libre (¡que lo tiene!) se dedica a perder el tiempo en internet como el resto de humanos, lo que es un consuelo... ¡aún puedpodéis ser unos genios!


Algo de lo que dijo que me gustó mucho fue que el manga es un medio muy amplio, que se puede enfocar de muchas formas distintas, hay muchas maneras de hacer cómic y él precisamente pretende darle la vuelta a todo y conseguir algo realmente nuevo y original cómo sus experimentos en Punpun. Como se refleja bastante bien en sus obras, uno de sus principales focos de interés es la sociedad japonesa y, en especial, el sector joven de la misma. De hecho, algo que le preocupaba de trasladar sus obras a mercados extranjeros como es el nuestro es que como lectores europeos no fuésemos capaces de entender del todo lo que quiere transmitir pero que así a priori, parece que sí lo entendemos. Y ya para acabar, y en cuánto a los finales de sus obras, dijo que no les da demasiada importancia, el punto álgido lo suele colocar en el medio porque por muchos finales felices que hayamos visto/leído, nunca son finales "de verdad" ya que la historia de los personajes siempre va a seguir más allá del punto en que finaliza una novela por lo que, aunque sean felices en ese instante, probablemente dejen de serlo más adelante (aunque nosotros no podamos saberlo).

Cuando terminó el turno de preguntas, participamos en el clásico piedra, papel o tijeras para intentar conseguir un pack de primeros tomos de Punpun y Dededede firmados por el autor (pero eh, los autores japoneses solo pueden firmar láminas) y, evidentemente, perdí en la primera ronda (y me senté como persona honesta que soy). Hasta las cuatro no comenzaba la "nit temàtica" centrada en yokais ofrecida gratuitamente por el Espai Daruma así que tenía unas horas de margen para hacer las compras del salón. Teóricamente iba a haber aprovechado ese rato muerto para ver las exposiciones y hacer las fotos que no pude hacer jueves y viernes pero, por tercer día consecutivo, olvidé cargar la cámara por la noche así que tuve que dejarlo para el domingo.

Merchandising friki, los fluorescentes del techo y mi mano izquierda
Aproveché este rato para ir por primera vez al Palacio 4, saludar en Mision Tokyo donde Deirdre me ofreció un café impagable (¡gracias otra vez por ayudar a mantener mi nueva adicción!) y subir hasta el rincón más recóndito del palacio a ver la exposición de Star Wars (imposible de fotografiar e incluso de apreciar por un tema de iluminación y reflejos) y recoger mi Sextories #3 (que participé en el crowdfunding que lanzaron por verkami hace unos meses). Sigo sin comprender por qué los colocaron tan alejados del resto del salón en un rincón al que difícilmente se podía llegar si no los conocías de antemano... 

En realidad me regalaron también un condón pero no ha podido salir en la foto
Con mi Sextories (y regalitos adjuntos) en mano, me fui directa a Tomodomo donde Fran huyó despavorido y me quedé charlando con Flors Enversa, Hanaoka, Alina, Taki, Laura y Nerea de todo y de nada. Como ya hicieran el año pasado, me acogieron con los brazos abiertos y hasta me alimentaron. Con toda sinceridad admiro la labor que han llevado a cabo Ana y Alina, montando una editorial de la talla de Tomodomo en tan poco tiempo, con licencias tan potentes, ocupando nichos del mercado manga español totalmente ignorados. Para mi regocijo, los compradores no dejaron de inundar el stand durante el rato que pasé allí.


Después de dar por culo durante un rato que creo que excedió por mucho la hora, ¡no me iba a ir sin comprar todas las novedades! El tomo #3 de orange ya lo reseñé, el tomo único bizarro de Junji Ito es de gatos así que tenía que caer sí o sí y con Senpai... me fié del criterio de Hanaoka, que conoce mis gustos. Ya os contaré qué me parecen cuándo saque tiempo para leerlos.


Además, fue en Tomodomo donde empecé con mi adquisición salonera de fanzines. A la izquierda en la foto podéis ver la nounou, de Taki, que lo vendía por 0,80€ y le dejé veinte súper céntimos de propina como reminiscencia a su época trabajando de camarera. A la derecha, un regalo (que aunque hubiese decidido venderlo habría sido un regalo igual pero es que encima los repartía gratis) muy especial de Hanaoka, que no se olvida de Jose y el encargado... para el alivio de sus fans (entre las que me incluyo claro). Antes de marcharme me recomendaron buenas lecturas y buenas compras en la zona fanzinera, que es a dónde me dirigí después.

Mi primera parada fue en Pussy Crazy, grupo capitaneado por Olaya Valle y Noiry donde compré muy felizmente un spin-off de Underdog y otro de Abogada Soltera, un webcómic que empezó recientemente en la plataforma subcultura. Aproveché la ocasión para poder repetirle a Noiry, esta vez cara a cara, lo mucho que aprecio que tenga la determinación de continuar con Herem y me dijo que tiene pensado sacar un volumen integral que incluya ambos tomos cuando termine la historia así que estoy expectante. Además de los dos fanzines, me obsequiaron con el horario de una mezquita que recibieron por accidente... problemas a los que te expones cuando imprimes a distancia (?).

La lastimica es que no me firmaron los fanzines... T^T
Por indicación de Hanaoka fui también a un stand inmenso que estaba en el mismo lateral del pabellón que el islote de fanzines y el stand de Tomodomo: Pink! Allí se podía encontrar una muestra bastísima de ilustraciones preciosas a modo de postales, pósters y, de hecho, libros de ilustraciones; también tenían cómics. En realidad, pasé por este mismo stand el jueves pero me resistí a la tentación de comprar de todo porque hace años que me di cuenta de que no tiene ningún sentido seguir comprando pósters y merchandising del estilo porque tengo toda la habitación empapelada y ya no me caben más cosas... mal que me pese (en los cómics no me fijé esa primera vez). El caso es que, para mi sorpresa, en ese stand podía encontrar la versión en papel (ya sabéis que soy una esnifa-libros) de Café Amargo (uno más de los webcómics que sigo en subcultura y que aún no he reseñado en el blog) y, mejor aún, ¡a su autora! Así que me compré sin dudarlo el primer tomo de Café Amargo y un cómic autoconclusivo titulado Estrellas de la pampa cuya sinopsis me llamó la atención para bien. Pía fue muy amable y me regaló el librito de bocetos que se puede ver en la foto y las pegatinas. Resulta que eran seis autoras que venían nada más y nada menos que desde Chile... me entero con dos semanas de retraso de que si hubiese hecho preventa de Café Amargo ahora tendría un dibujo en el interior... y la verdad es que me arrepiento de no haberles comprado más cosas. ¡Espero que vuelvan a venir el año que viene!

¡Pegatinas monísimas de regalo!
Pero aún me faltaba una compra fanzinera más, de un cómic en cierto modo experimental del que ya os hablé hace unas semanas: Gochisou, de la mano de cinco autoras noveles de la Escuela Joso que crearon sus historias en Japón. Tanto es así que el tomito se podía comprar tanto en japonés como en español pero ya imaginaréis por qué idioma me decanté yo. La única lástima es que no conseguí ninguna firma... aunque bueno, supongo que era por seguir la tónica austera de este salón.


En parte porque me llamaban bastante la atención Les Nits Temàtiques del Espai Daruma, en parte porque me encanta la mitología, y en parte porque quería hacerle boicot a Planeta, me fui a las cuatro a la charla sobre yokai dirigida por Oriol Estrada y Gerard. La verdad es que casi me quedo sin poder asistir porque en mi inopia general del salón, no me enteré de que había que apuntarse con antelación y ya no quedaban plazas pero, como suele pasar cuando algo es gratis, muchos de los que se habían apuntado no asistieron así que dejaron pasar a los que estábamos esperando "fuera". Empezó Oriol con una introducción general a supersticiones japonesas: no escribas tu nombre en rojo, aléjate del número 4, no dejes clavados los palillos en el arroz de forma vertical... casi todas relacionadas de una u otra forma con la muerte. Acto seguido, le tocó el turno a Gerard, que nos relató el origen del mundo según el sintoísmo para que pudiésemos comprender cuál es el origen mitológico de los yokai. Mientras que Oriol buscaba continuamente la risa y atención de los asistentes (bromas unas más acertadas que otras), Gerard hizo gala de un amplio y denso conocimiento sobre el tema principal de la charla aunque, desgraciadamente, no era tan buen orador y aunque todo lo que dijo fue muy interesante, no dio demasiado tiempo a asimilarlo. Se dedicó a enumerar de forma mecánica yokai tras yokai con una breve descripción de su origen y de sus poderes. De todo lo que dijo (que fue mucho, os lo aseguro) os puedo resumir que las mujeres no tenemos muy buena fama en la mitología japonesa (¡qué inesperado!) y que hay que ir con cuidado con los objetos de la casa en desuso durante muchos (muchos) años.


Quizá lo que me dejó más descolocada fue una suerte de documental de un señor inglés que se fue a Japón para pescar un... kappa. Ahora sé que en los ríos japoneses habita una salamandra gigante que, si te descuidas, te arranca los dedos de la mano de un mordisco. Aunque se supone que estoy tratando de comprar menos y de no empezar nuevos manga... lo cierto es que me dieron muchas ganas de hacerme tanto Nura, el Señor de los Yokai como Kitaro, veremos si acabo cayendo en la tentación.


Como la charla terminó antes de lo previsto, aún me dio tiempo a asistir a la ronda de preguntas a Planeta (apenas ninguna licencia interesante para mí por cierto) y, menos mal, porque así pude ser testigo del zas en toda la boca que le hizo una aficionada al editor Ignasi Estapé. Esta chica se limitó a preguntar si la estrategia de Planeta de sacar los primeros tomos de muchos de sus títulos a 1,95€ (incluyendo Naruto, One Piece, Tegami Bachi, Magi...) pensaban aplicarla también a su amplio abanico de licencias (antiguas, se sobreentiende) shôjo. El quid de la cuestión era que sería una esplendida forma de conseguir nuevos lectores para títulos actualmente parados de forma indefinida (limbo en el que se encuentran Otomen y Llegando a Ti, entre otros) de manera que quizá podría resucitar estos títulos abandonados por la editorial. Sin embargo, Ignasi no la dejó terminar su pregunta asumiendo de forma inmediata que si sugería esto era porque ella misma quería poder comprar estos tomos a precio reducido en un alarde de grosería al que esta lectora le contestó, sin pensar: «no hace falta que vayas tan de sobrado» a lo que muchos de los asistentes a la presentación aplaudimos con fervor. Comparando con el resto, no comprendo de qué narices le puede servir a la cara visible de una editorial despreciar de tal forma a sus lectores. De las licencias de Planeta, solo destaco My Hero Academia (que es la única licencia que podría interesarme).


Acto seguido llegaron Annabel Espada y Óscar Valiente a presentar tomo a tomo todos y cada uno de los títulos que salieron a la venta durante el salón (y durante los dos meses anteriores), algunos libros que lo harían en los meses siguientes, recordaron también licencias ya anunciadas (la secuela de Tokyo Ghoul y Mibu - El Bulli) y anunciaron el ganador de esta edición del concurso manga: Ad Mortem de Blanca Mira y Eduard Balust. Media hora tras el comienzo de la presentación, empezaron con las licencias propiamente dichas, nada más y nada menos que nueve títulos nuevos que podéis consultar en cualquier portal de información. Yo me quedo con Ichiefu, The Ancient Magus Bride, y, por supuesto, la nueva incorporación al catálogo del siempre genial Inio Asano, El fin del mundo y antes del amanecer. No conocía ninguna de las dos primeras pero las historias basadas en hechos reales siempre han sido mi debilidad (en lo que a Ichiefu respecta) y supieron vender muy bien Magus Bride, lo único malo es que esté abierta con tan solo cuatro tomos (la periodicidad va a ser una tortura, como Bride Stories... ya que hablamos de novias).


De la ronda de preguntas destaco que Norma parece tener la determinación de darle otra oportunidad al shôjo, oportunidad que pasa por una encuesta muy curiosa en la que podéis sugerir qué títulos de esta demografía os gustaría ver publicados en España. Yo ya lo he rellenado, mis aportaciones han sido (en este orden) Akagami no Shirayukihime (que seguiré pidiendo hasta que me rinda a su edición francesa), Kami-sama Hajimemashita, Kobayashi ga Kawai Sugite Tsurai!! (porque nunca dejaré de guardarle un poquitín de rencor a Ivrea por haber abandonado a Go Ikeyamada) y Pika Ichi (por aquello de que está ilustrada por Yôko Maki - Baby, my love -, se publicó en la Aria - como el spin-off de Levi de Ataque a los Titanes - y está cerrada con siete tomos). Por supuesto, habría pedido muchísimas otras cosas como, por ejemplo, obras de Miho Obana pero intenté sugerir títulos más comerciales... e ignoré deliberadamente los más famosos como Akatsuki no Yona y Hirunaka no Ryuusei suponiendo que ya los pediría mucha gente... ¿Y vosotros? ¿Qué shôjo queréis que publiquen en España? Me muero de curiosidad a la par que estoy bastante desconectada del panorama manga en Japón así que ¡podéis decirme cuáles son vuestros favoritos en los comentarios!


Por último, vino Leandro a despertarnos con energía, yendo directo al grano, sin parar de hacer bromas. Si Norma anunció 9 nuevos títulos, Ivrea no podía quedarse atrás y arrasó anunciando 10 licencias entre las que se cuentan el best-seller más pedido de los últimos años y que compraré sin dudar, One Punch Man, y uno de los shôjos más en boga en este momento y que también compraré sin dudar claro, Ore Monogatari!!. Es muy posible que caiga también el spin-off de Nisekoi (fue mi pequeña gran decepción de la presentación... por la forma en la que la anunció Leandro parecía que el título que iba a gritar fuese Double Arts... a seguir esperando).



Muy a mi pesar y por cuestiones de movilidad, tuve que marcharme al finalizar la presentación de Ivrea (y me perdí gran parte de la ronda de preguntas que por lo que me han contado fue hilarante, rotación anal a parte) así que me quedé sin escuchar en directo la entrevista de Mision Tokyo a Tomodomo (pero, por suerte, ya está disponible en la web y podéis escucharlo en el reproductor superior). Y hasta aquí el sábado de salón, día intenso como siempre.