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martes, 20 de marzo de 2018

El Juguete de los Niños

Tengo la espantosa costumbre de no releer nunca ningún manga (ni nada en general). Esto se debe principalmente a la ingente cantidad de tomos sin leer (ninguna vez) que tengo en casa... pero hay ciertas obras que guardo con mucho cariño porque las leí justo cuando descubrí que el manga existía como tal. El juguete de los niños es una joya que editó Planeta entre noviembre de 2002 y septiembre de 2003 (no ha llovido ni nada desde entonces eh) y que se publicó originalmente en Japón entre 1994 y 1998. Se trata de la obra más célebre de Miho Obana, una mangaka que goza de un muy merecido reconocimiento en su país natal pero que, desgraciadamente, pasó muy desapercibida en España... y eso que Planeta llegó a publicar dos obras suyas más: Manos Entrelazadas y La casa del agua.


A pesar de su corta edad, a los once años Sana ya es toda una celebridad y se las apaña día a día para compaginar su trabajo como actriz infantil y modelo con las clases en el colegio. Contra todo pronóstico, su mayor reto se materializa en Akito Hayama, un compañero muy problemático, cabecilla de todos los niños de la clase, con el único objetivo de hacerle la vida imposible a la profesora. Su actitud en el colegio choca frontalmente con el carácter abierto y directo de Sana, que no tiene ninguna intención de asistir al sabotaje de sus clases día sí y día también. Pero, ¿cómo hará para pararle los pies a un gamberro como Hayama?

Empecé la relectura con un poco de miedo porque, por muy buen recuerdo que guardase de este manga, el caso es que lo leí cuando tenía entre 13 y 14 años... época en la que, por cierto, me impactó muchísimo. Y la verdad es que en ningún caso esperaba volver a acabar tan satisfecha con una obra que se publicó originalmente hace más de 20 años, ¡ha envejecido sorprendentemente bien! Los shôjos con un componente humorístico de peso no me suelen gustar mucho (capitaneando la lista de lecturas dejadas a medias para siempre jamás obras tan bien valoradas como Instituto Ouran Host Club y Kaichou wa Maid-sama) pero Miho Obana me gana enseguida con su punto de partida tan absurdo ya que, como lectora, lo único que puede hacer una es reírse.


El manga consta de diez tomos, detalle que no le impide a la autora presentar un total de seis arcos argumentales distintos (y correlativos, no se trata para nada de historias paralelas ni tampoco de una obra coral) en que hace sufrir sin piedad a su pareja protagonista. Me maravilla Miho Obana porque es muy resolutiva, exhibe una situación exageradamente dramática que cualquier otro autor podría extender durante tomos y tomos, incluso ser el principal motor argumental de un manga completo pero para Obana no, Obana le dedica tres o cuatro capítulos y a otra cosa mariposa, que si no los lectores aún podrían cansarse.

La mangaka destaca aquí por su habilidad para tratar elementos del más absoluto drama humano con humor. No se salva ningún personaje, todos tienen pasados de lo más dramáticos pero, sin embargo, se sobreponen y siguen hacia delante con optimismo, en especial Sana, la protagonista, que no se deja achantar por nada ni nadie. La autora aborda un sinfín de adversidades y traumas incluyendo el abandono, el maltrato físico, el acoso, la violencia de género, la ideación suicida, la depresión, el abuso de poder... E, insisto, los enfoca siempre desde un ángulo esperanzador, pasando muy rápidamente por la desdicha y centrándose enseguida en las estrategias para afrontar todos esos problemas. Sana se ríe de sí misma constantemente, le quita hierro al asunto y pasa página con ímpetu.


Esto no quita que como autora de shôjo que se precie, tire de ciertos clichés (odiosos) de esta demografía como son los malentendidos. Aunque, por suerte, no abusa (demasiado) de este tipo de recursos (lo suficiente como para hacerme recordar mis entradas de tópicos...), no nos libramos de algún que otro poliedro amoroso ni tampoco de declaraciones de amor que se hacen de rogar mucho más de lo necesario. Todo esto lo compensa con un discurso que se marca la protagonista en que reflexiona sobre el amor y decide que no quiere tener pareja.

Puede que el aspecto en que peor ha envejecido la obra sea en todas esas connotaciones discriminatorias con múltiples comentarios homófobos y sexistas en que es difícil discernir lo que piensa la autora de aquello que pone en boca de sus personajes. En general sale bastante airosa de varias situaciones peliagudas con el desenfado de Sana que, al fin y al cabo, no se adecua a ningún molde preestablecido, rompiendo roles allá por donde pasa, y haciéndose famosa y querida por todos precisamente por eso. Quizá es por la nostalgia que me genera esta obra pero yo prefiero pensar que la autora se limitó a proyectar en El juguete de los niños todos aquellos juicios de valores que podría haber hecho cualquier japonés en la época para que luego pasara Sana con su apisonadora a restarle importancia.


Creo que lo he repetido hasta la saciedad pero Sana es una protagonista brutal. Es fuerte, decidida, espontánea, muy madura para algunas cosas y muy inmadura para otras, desinhibida, valiente, positiva, sincera... Sé que todas las protagonistas tienden a ser entre demasiado buenas o, directamente, perfectas pero Sana es una rara avis. De acuerdo, es demasiado madura para su edad en algunos aspectos, pero es que tiene un aplomo... no se amedrenta ante nada, no tiene reparo en pedir perdón cuando se da cuenta de que ha hecho algo mal, siempre tiene una sonrisa para todo el mundo, es ingeniosa, una no se cansa nunca de leer su última ocurrencia. Pero a la vez, no es para nada perfecta, que sea bondadosa no quiere decir que sea correcta (olvidad la imagen de Mary Sue que empezaba a emerger en vuestra cabeza), al contrario, es malhablada, torpe, egoista y un poco macarra incluso.

Hayama es el contrapunto perfecto para ella, con una infancia difícil, muy mal carácter, la más absoluta incapacidad para relacionarse con los demás, muy pagado de sí mismo, un prepotente que siempre se ha salido con la suya... hasta que conoce a Sana claro. Hayama es un personaje con muchos claroscuros ya que desde el principio tiene la potencialidad de convertirse en un gran antagonista y la evolución del personaje me parece muy interesante. La autora podría haberle llevado por derroteros muy distintos y el hecho de que lo haga madurar manteniendo su esencia me parece muy acertado.


A juzgar por la dirección que toma la trama en numerosas ocasiones diría que Miho Obana es una autora muy sensibilizada con los problemas sociales y psicológicos y que no deja nada al azar en sus historias. Pone mucho énfasis en el impacto emocional que pueden tener ciertas vivencias durante la infancia y aborda diversas formas de lidiar con dichas secuelas psicológicas. A pesar de la duración moderada de la obra, encontraréis desde la más absoluta negligencia hasta la sobreprotección patológica sin olvidar el maltrato infantil franco y los problemas que pueden derivar de cada tipo de crianza.

Esta relectura me ha hecho viajar en el tiempo, ya no solo por los recuerdos de cuando la leí por primera vez sino por la edición, totalmente desfasada. Quince años han pasado desde que saliese el primer tomo a la venta en España, lo que se traduce en una calidad pésima de la edición en todos sus aspectos: traducción, rotulación, impresión... Las páginas están mal cortadas, hay onomatopeyas sin traducir, descuidos que un corrector tendría que haber detectado antes de la impresión, la sinopsis en la contraportada del último tomo es la misma que en el primero... no acabaría nunca. Y algo que me llama mucho la atención, aunque las divisiones entre capítulos distintos son evidentes por las interrupciones en la trama, no hay portadillas. Esto es algo que caracteriza todas las ediciones manga (al menos las de shôjo) de la época y ha hecho que me pregunte si en los noventa no se realizaban portadillas para los capítulos. ¿O puede ser posible que en el momento de editar un manga en España se prescindiera de este material adicional para darle una mayor continuidad a la versión en tomo? Otra reliquia (esta positiva) son los numerosos free-talks que, de hecho, no terminé de leer... tenía demasiadas ganas de seguir con la trama principal como para hacer tantas interrupciones! Pero me reí bastante con los pocos que sí leí. Igual que con las portadas no sé si ya no aparecen en las salidas actuales por decisión editorial o porque ya no existen en la versión original japonesa.


Creo que Miho Obana es una autora peculiar, de esas que supo encontrar su nicho y crear un estilo que le es propio y que permite reconocerla en todas sus obras (y me refiero a algo que va mucho más allá de la estética). El mercado español de manga ha perdido una gran oportunidad al ignorar a esta autora estos últimos años, si supiera italiano me habría comprado todas sus obras ya. En caso de que se os presentara la oportunidad, os animo a comprar esta obra, es una lectura que deja poso.

domingo, 21 de enero de 2018

Marine Blue, el azul que abraza el viento

Ai Yazawa es una de las mejores autoras que he leído. La conocí, supongo que como mucha gente, por su obra magna Nana, un manga que no me canso de recomendar a todo el mundo, ¡y eso que no tiene final...! Más tarde descubrí que aunque Nana sea el punto culminante de su carrera como mangaka, tiene obras maravillosas para dar y regalar: Last Quarter, Paradise Kiss, Historia de un Vecindario... Recientemente, Planeta ha retomado a esta autora publicando su obra longeva más antigua: Marine Blue.


Haruka y Arikawa eran muy buenos amigos en primaria pero, antes de que su relación tuviese tiempo de poder volverse romántica, Arikawa tuvo que mudarse a los Estados Unidos. Desde entonces, una parte de Haruka ha esperado en secreto su regreso... ¡cuál será su sorpresa cuando se lo encuentre años después haciendo surf en la misma playa en que se conocieron!

A Ai Yazawa le encanta el drama. Ninguna de sus obras se salva. Pensé que quizá al ser este manga tan primerizo tendría un toque más dulce pero, nada más lejos de la realidad, Marine Blue es todo un culebrón. Con una estética muy ochentera, Ai Yazawa nos presenta a una señorita bien cuyo único objetivo en la vida es casarse y ser ama de casa y si, de paso, puede hacer que la existencia de todos los que la rodean sea más feliz pues mejor que mejor. Tanto es así que si sospecha que su mejor amiga podría estar enamorada también de Arikawa, decide rechazar sus propios sentimientos con tal de no herir a nadie... Evidentemente esto la hace muy desdichada con lo que se pasa más de medio manga llorando como si no hubiera un mañana (por este y otros motivos).


Para que todo sea todavía más dramático, el primo de Haruka, Ippei, está enamorado hasta las trancas de ella desde siempre y no soporta ver como Arikawa le quita terreno en su (imposible) conquista amorosa. Esto añade todavía más presión a la ya de por sí pusilánime protagonista que no sabe como lidiar con los sentimientos que le profesa Ippei y asiste, impotente, a la competición deportiva entre ambos chicos que, además del premio, parecen disputarse el derecho a ser su pareja. El manga se salva un poco por Rika, una compañera de Arikawa e Ippei que ya había coincidido con la parejita en primaria antes de la mudanza de Arikawa. Es el único personaje con un mínimo de sentido común y de personalidad (tampoco mucho por eso) y en la que se puede percibir el aura tan característica de la que dotará a todas sus obras posteriores la autora.

De la misma manera, hay pequeños detalles salpicados a lo largo de los capítulos que dejan entrever los inicios del sello Yazawa; por ejemplo, el estilismo. Haruka tiene un peinado muy particular que la identifica como protagonista. Esto es algo de lo más habitual en muchos cómics (ni siquiera se trata de algo endémico del manga) pero lo que me llamó la atención en Marine Blue es que se cuelan escenas (irrelevantes para la trama principal) en que se ve como Haruka se arregla. Os parecerá una tontería pero que la autora se tomase la molestia de enseñar que cuando la protagonista está en su casa, se pone unos cacharros en el pelo para que luego le quede el pelo ondulado le da un nivel de realismo a la obra que ya la diferencia de otros títulos del montón.


Lo mismo puedo decir de la que, al final, es la temática principal de la obra: el surf. De nuevo, hay varios detalles que denotan la investigación que hizo Ai Yazawa sobre el tema para poder hablar de este deporte con propiedad. Encontraréis tecnicismos, explicaciones, escenas mudas para que los lectores aprecien las maniobras técnicas y todos los accesorios necesarios para practicar este deporte dibujados con rigor.

Paradójicamente, a pesar de la tonelada de tópicos que se encuentran por doquier entre las viñetas de Marine Blue, se trata de un shôjo adictivo: agradable de leer, fluido y que engancha. Quizá queráis matar a más de un personaje pero, al mismo tiempo, necesitareis saber qué le ocurre. Hacía tiempo que no devoraba así una obra de principio a final. Además, Ai Yazawa no se regodea en la miseria de sus personajes (eso vendría en obras posteriores) ya que compensa el drama (continuo) con mucho optimismo y un final feliz que deje a los lectores satisfechos.


Por todas las limitaciones que ya he comentado, recomiendo Marine Blue a los fans acérrimos de Ai Yazawa y a los amantes de los culebrones con cantidades ingentes de drama gratuito (que me encantaría desgranar con todo detalle pero, ya sabéis, sigo intentando que las reseñas estén libres de spoilers), seguro que lo disfrutarán.

viernes, 10 de noviembre de 2017

El hype de Susurros

Estaba yo escribiendo la segunda parte de la crónica salonera cuando me he dado cuenta de que todo lo que quería discutir sobre un breve comentario de una de las presentaciones de novedades del sábado se estaba comiendo la entrada entera. Total, que al final he decidido que mi divagación se merecía un post independiente para que a quién sólo le interese la crónica propiamente dicha se la pueda saltar.

Os hablo de la presentación de Planeta, en la que se anunciaron 24 títulos distintos, de los cuales el más llamativo (para mí) fue un josei de Youko FujitaniHiso Hiso (título adaptado como Susurros). Es una demografía tan poco explotada en España que no pude evitar sorprenderme por su licencia, sobre todo porque no es un título muy conocido (hasta donde yo sé). Respecto a este título, uno de los editores comentó (minuto 6:25 del vídeo de Mision Tokyo) «esto aún no sabéis lo que es, ya aplaudiréis ya *risas*». Pero como luego no añadieron nada más, Fran acabó preguntando por él en la ronda de preguntas a ver si nos podían vender un poco de qué iba y por qué teníamos que aplaudir. Pues bien, la respuesta que dio la editora me pareció tan tan TAN surrealista que me he dedicado a transcribirla palabra a palabra (para poder analizarla en detalle):


«En el salón del manga pasado creo que alguien de los de Ramen Para Dos (es que son muy identificativos con esas camisetas rosas *risas*) preguntó que si íbamos a traer shôjo protagonizado por chicos que yo pensé rollo de "bueno hombre, shôjo protagonizado por chicos esto es porque tenemos la tendencia a poner etiquetas que a lo mejor pues no corresponden al manga en concreto" entonces, en el caso de Susurros tuvimos la discusión de dónde ponerlo. Porque, si bien el protagonista es un chico, la historia es costumbrista y bastante especial de manera que nos tendía la delicadeza a ponerlo en shôjo pero... ¡o incluso un josei! pero dijimos "no no no, esto no toca, esto es distinto y, si estamos intentando ampliar las líneas y los géneros que tenemos en España pues vamos a intentar clasificar cada cosa en su sitio" Eeeh... es muy tierna, es la historia de un chico tímido algo retraído que tiene un don especial y de repente encuentra un niño con el que comparte ese don. Eeh, para él ha sido un infierno ese don pero para el niño es todo un regalo. Entonces es el proceso de crecimiento, del niño, y el desarrollo de él. Buscadla, que es muy bonita de verdad *risas*»

En caso de que alguien quiera verificar la verosimilitud de mi transcripción, os remito al minuto 33:49 del vídeo subido por Mision Tokyo de la presentación de planeta.


Vayamos por partes. Honestamente, ¿vosotros entendéis algo? Os animo a explicármelo en los comentarios. Aparentemente, la manera de vender un nuevo título al público potencial es rememorando una pregunta de hace un año sobre shôjos con protagonistas masculinos. Total, para luego decir que la pregunta por sí misma no tiene sentido (esto es (MUY) discutible). Qué quiere decir eso de "tendemos a poner etiquetas que no corresponden", ¿que está mal generalizar cuando se habla de demografías? ¿que aunque la "etiqueta" sea shôjo, si el protagonista es un chico, no tiene sentido llamarlo "shôjo" o considerarlo "para chicas"? Fijaos que estoy en la primera frase y ya no entiendo la reflexión.


Seguimos. "Tuvimos la discusión de dónde ponerlo". Esta me hace especial gracia porque da a entender que, como editorial, te puedes permitir el lujo de decidir de qué demografía es lo que has licenciado cuando, para bien o para mal, la demografía no se puede cambiar porque sí, es una etiqueta absurda que deriva únicamente de la revista original de publicación. Como mucho puedes obviarla pero no puedes decidir "dónde ponerlo". Entiendo que esto para Planeta no aplique porque el año pasado anunciaron como si fuesen shôjo un montón de títulos que no lo eran, aparentemente siguiendo el criterio de "la protagonista es una chica" o "el dibujo es cuqui".


"Si bien el protagonista es un chico, la historia es costumbrista y bastante especial". No sé si a estas alturas me notáis ya un punto de histerismo pero es que esto no hace más que degenerar. Me queda claro eso de que si el manga no es ni shonen ni seinen pero el protagonista es un chico tenemos un problema. Pero lo del costumbrismo se me escapa ya del todo porque también está dando a entender que si una historia es costumbrista y especial, pues será shôjo o josei por defecto... A lo que yo me pregunto qué hacemos entonces con ¡Yotsuba! ya que es una de las obras costumbristas más famosas publicadas hasta la fecha en España, está protagonizada por una niña pequeña y ello no le impide ser un shonen.


"Nos tendía la delicadeza a ponerlo en shôjo pero... ¡o incluso un josei! pero dijimos "no no no, esto no toca, esto es distinto" ¿Sabéis lo divertido de esta frase? Que si os fijáis bien, en el vídeo, Susurros se anunció como josei. Así que de verdad que no logro comprender porque la mujer se horrorizó tanto como para negarlo tres veces seguidas. Es más, cuando dijo "esto es distinto", yo me pregunto, ¿distinto a qué? ¿a los otros shôjos? ¿a los joseis? ¿alguien?


"Si estamos intentando ampliar las líneas y los géneros que tenemos en España pues vamos a intentar clasificar cada cosa en su sitio" a lo que yo reflexiono "como estamos intentando ampliar las líneas y los géneros que tenemos en España, hemos decidido tirarnos a la piscina licenciando un josei, que tampoco nos arriesgamos mucho porque está protagonizado por un hombre, a ver si así abarcamos un público más grande pero oye, por lo menos lo hemos clasificado como lo que es... ¡sorpresa! sí, un josei"

Y hasta aquí la entrada porque lo que añadió después se limitó a una sinopsis y a una enfática recomendación que sí estaban más en consonancia con la pregunta original.

miércoles, 14 de junio de 2017

Tegami Bachi

Me compré el primer tomo de Tegami Bachi antes de empezar el blog. Es muy difícil para mí hablar de este manga que he seguido de forma tan irregular debido a la publicación aperiódica de Planeta (no me olvido del verano de 2011 cuando estuve a punto de empezar a comprar este manga en inglés a pesar de tener los tres primeros tomos en castellano, hasta ese punto me enamoré de esta historia). Tegami Bachi es un manga que me cautivó desde el primer tomo, el primer capítulo, la primera página. Todo me gustaba de Tegami Bachi: los personajes, el universo, los sentimientos que evoca cada nuevo arco, los conceptos de letter beedingo, los gaichu, el arte sublime de Hiroyuki Asada. Todo. Durante meses, mantuve una cabecera de este manga en el blog, acompañada de un avatar de Niche, un personaje al que incluso le dediqué una entrada entera cuando apenas empezaba a escribir aquí. Al acabar de leer Tsubasa me lancé a por la relectura de este shonen, devorando ávidamente los quince tomos que ya había leído años atrás, sin poder esperar a llegar a esa cuarta parte restante, cuyo desarrollo desconocía en su totalidad. Quizá vieseis en twitter la tremenda decepción que me causó el capítulo final. Con todo, tiene este manga tantas historias entrañables abarcando la mayoría absoluta de su longitud que no voy a dejarme llevar por lo que me parece un final pésimo.


Amberground se divide en tres regiones concéntricas en función de su proximidad al sol artificial: Akatsuki, Yuusari y Yodaka. Por lo tanto, mientras que Akatsuki está bañada constantemente por la luz del sol, los habitantes de Yodaka viven en la penumbra. Esta división no afecta tan solo a la luz sino que va mucho más allá, existe una jerarquía paralela de índole social por lo que a los habitantes de Yodaka no sólo les falta luz sino también recursos. Por si esto fuera poco, se trata de un mundo infestado por extrañas criaturas que recuerdan a insectos gigantes llamados gaichu que atacan a las personas y les roban el corazón dejando tras de sí poco más que carcasas vacías. Puesto que está estrictamente prohibido pasar de uno a otro distrito, y ya que es tan peligroso desplazarse de uno a otro pueblo debido a la presencia de los gaichu, la única forma de comunicación entre habitantes de ciudades distintas son las cartas, que sólo pueden transportar los "letter bee" o abejas mensajeras. Así que, lo creáis o no, Tegami Bachi es un manga sobre carteros (de alto riesgo).

La historia comienza con el rapto de la madre de Lag, el protagonista, cuando éste apenas tiene siete años. Goose Suede, uno de los mejores letter bee, será el encargado de transportarlo como "carta" hasta Campbell Litus, donde vive su tía Sabrina. Este viaje servirá para que Lag idealice la profesión de letter bee y tome la determinación de convertirse en Head Bee, para así poder entrar en Akatsuki y buscar a su madre. No voy a entrar en más detalles sobre el argumento porque creo que ya he explicado demasiado pero lo que me gustaría transmitir es que Tegami Bachi es, desde el principio y hasta el final, una historia (muy) triste. No solo triste sino, más bien, emotiva hasta el extremo... Prácticamente todos los personajes tienen un pasado trágico, tanto los protagonistas como los secundarios que desempeñan el rol ya sea de destinatario o de remitente, y que cambian de capítulo a capítulo. De hecho, Lag se pasa toda la historia llorando sin parar por todo. Aunque el autor suele optar por enfoques optimistas y finales más o menos felices, las historias suelen ser agridulces como poco y todos cargan, inevitablemente, con recuerdos tristes.


Para mí, dibujazo a parte, el mayor logro de Tegami Bachi son sus personajes y la complicidad entre ellos. Es imposible no cogerles cariño, no empatizar con ellos. Se da mucha importancia a la amistad y la camaradería, todos los capítulos rebosan sentimiento a raudales. El autor también da pie a muchas situaciones cómicas, muchas bromas, los chicos (Lag, Connor y Zazie sobretodo, que tienen entre 12 y 14 años) se pican entre ellos sin parar. No sólo eso sino que se aborda qué es lo que nos hace ser quienes somos, más allá de nuestras experiencias vitales. Si se rasca un poco enseguida despuntan matices de cariz más bien filosófico que subyacen a la lectura rápida. Y Niche. Niche es la contrapartida perfecta para Lag, se lleva todo el protagonismo en muchísimos arcos, es indispensable para la supervivencia del chico, que es todo corazón (literalmente), da toda la chispa y alegría para sonreír y soltar alguna carcajada de tanto en tanto entre tanta lágrima. Son tan maravillosos los personajes que no me importaría leer otros 20 tomos de sus aventuras, más allá de la trama principal, sin importar los enigmas por resolver... sin desmerecer a estos ya que contribuyen a que fuese una tortura tener que esperar varios meses para saber cómo seguía, manteniendo siempre el interés del lector.


El worldbuilding de Amberground se basa en una sociedad moderna en la que el corazón (entendido como el alma, y que solo los letter bee más sobresalientes son capaces de modular para darle algún uso cotidiano) sustituye a la electricidad, en la que las distancias deben recorrerse a pie o en carruaje, en la que no hay desarrollo tecnológico. Si a esto le sumamos la semioscuridad perpetua y la pobreza generalizada de Yodaka, es fácil imaginarse a un pueblo oprimido, formado por gente sencilla sin grandes aspiraciones. Además, todo el país ostenta una férrea creencia religiosa en la Emperatriz, que gobierna Amberground desde Akatsuki. A pesar de ser una figura tremendamente distante y que no parece obrar diferencia alguna en la vida del pueblo, es admirada e idolatrada por todos en lo que sólo puede denominarse como fe. En realidad, tiene Tegami Bachi varias reminiscencias a la religión cristiana, aunque no quiero desglosarlas con detalle para no destriparos la historia. Además, junto con los gaichu, hay varias criaturas (animales y plantas) endémicas de Amberground, completando así la caracterización del mundo creado para la historia de Lag.


La ventaja de haber decidido leer los 20 tomos del tirón es que he podido seguir muy bien la trama y he entendido muchas cosas que pasé por alto en la primera lectura. Ya desde los primeros tomos hay detalles que a priori no tienen mucho sentido pero que encajan a la perfección al final. Y, teniendo en cuenta lo precipitado del mismo, tiene mucho mérito de parte del autor. Se nota que tenía el guión completo en la cabeza ya desde el inicio (e hizo lo que pudo con las limitaciones de espacio impuestas por los rígidos japoneses). Tratándose de un shonen "de luchas" (poco convencionales, pero luchas al fin y al cabo), con un objetivo que alcanzar, llama la atención su extensión moderada de sólo 20 tomos. El manga se divide en dos partes desiguales. La primera, más naif, centrada en el desarrollo de personajes, el planteamiento de preguntas transcendentales a resolver al final y la construcción progresiva del mundo para el lector. Tras un último arco argumental que abarca unos cinco tomos y que culmina con grandes revelaciones en el tomo #15, empieza la segunda parte, (mucho) más breve, en que el autor tiene que hacer un sprint para dar respuesta a todos los enigmas (algunos nuevos) en cinco míseros tomos.

Como curiosidad, todos los tomos cuentan con un apéndice dirigido por el doctor Thunderland que interpela directamente al lector lamentándose por no aparecer todavía en la historia principal y ofreciendo información sobre el mundo de Amberground a modo de glosario.

[ANEXO] Acerca de los personajes femeninos de Tegami Bachi

He estado dándole vueltas a si debía o no comentar de forma específica cuál es el rol de los personajes femeninos en esta historia. Últimamente estoy tan sensibilizada con esto que a veces me da miedo hacer juicios demasiado radicales... pero descubro divertida que hace más de 4 años (cuando le daba mucha menos importancia que ahora al tema) ya me rechinó el papel que tienen las mujeres en general en esta obra así que quizá no esté de más que me explaye un poquitín sobre esto. Para empezar, da la casualidad que todos los bees de la colmena son hombres exceptuando a: Aria, que ya no lo es, que era extremadamente torpe y, al parecer, sólo hacía su trabajo gracias a su dingo, y cuyo principal rol en la historia es el de a) estar enamorada de Goos y b) curar con sus balas de corazón; Lily, una bee que admira a Lag y acaba perdiendo su corazón; Elena, una bee que sólo se menciona en un pequeño arco argumental, apareciendo solo en un par de flashbacks ya que murió siendo muy joven por caerse de un precipicio; y Chiko, que aparece por primera vez en la historia a tres tomos del final, que, por lo tanto, tiene un desarrollo muy limitado, y que es la única bee que sí que hubiera podido tener un rol muy importante en el final precipitado de este manga.

Entre los personajes femeninos con más o menos protagonismo en la trama encontramos a: Silvet, la hermana pequeña y discapacitada de Goos, cuya función principal en la trama es cocinar y sufrir; Ane, cuya relevancia se limita a ser la madre de Lag; Niche, su hermana (que por no tener, no tiene ni nombre) y Lode, tres personajes que no son humanos pero sí claramente femeninos, que tienen roles muy importantes en la trama principal y que, además, son muy fuertes (en todos los sentidos). Las otras mujeres que aparecen en la historia suelen ser destinatarias de las cartas que reparte Lag, normalmente o criadas o jóvenes y bellas sucesoras de buena familia con la salud frágil, sin olvidar niñas huérfanas que puedan servir de interés amoroso para algún bee (varón) que pase por allí. Si hay un elemento común a prácticamente todos los personajes femeninos del manga, en especial los que tienen más protagonismo, es el maldito y endémico fanservice:



Estando como estoy enamorada del diseño de muchos de estos personajes, no voy a criticar al autor ni por machista ni por misógino, no deja de ofrecer un elenco muy variado de personajes de ambos sexos. Además, Niche, que es coprotagonista indiscutible de la historia (por mucho que no sea humana), tiene cuerpo de niña, se comporta como tal, y en ningún momento se insinúa siquiera que pueda tener una relación romántica con Lag; de hecho, la relación de amistad y confianza recíproca entre ambos es poco menos que entrañable. Aunque en general las chicas sean más bien despampanantes, sí es cierto que muchos de los personajes secundarios muestran constituciones mucho más variadas, con chicas larguiruchas, regordetas, mujeres de edad más avanzada... que ya es mucha más variedad de la que se suele encontrar en mangas de esta demografía.


Como veis, tengo un conflicto con este tema y es porque Tegami Bachi me ha gustado mucho y creo que no necesitaba el fanservice para nada. No deja de parecerme estupendo que las mujeres abarquen un rango amplio en lo que respecta tanto a físico como a aptitudes o personalidad pero no consigo quitarme de encima la sensación de que el autor vira más hacia los roles típicamente otorgados a las mujeres, tirando de clichés de mujer florero/mujer pura/mujer enfermiza y, por supuesto, sin ninguna que ocupe un alto cargo en ninguna de las organizaciones que aparecen en el manga. También es cierto que Lag es bastante andrógino y que se hacen múltiples referencias a su feminidad sin que eso lo desmerezca en ningún aspecto y eso, desde luego, es todo un acierto.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Historia de un vecindario

Aunque tenía demasiado recientes los spoilers de las aclas del primer tomo de Paradise Kiss (donde básicamente destripan media trama de Historia de un vecindario, tras haber destripado la otra mitad a lo largo de la propia secuela), tenía también muchas ganas de seguir leyendo las aventuras de Mikako y compañía, aunque fuese retrospectivamente así que no me pude resistir a elegir este manga como siguiente lectura.


A ratos, tras quedar maravillada con un capítulo más de esta obra, me abstraía preguntándome por qué es tan sobresaliente un shôjo de instituto, con sus polímeros amorosos, su protagonista testaruda, su interés amoroso buenazo, los celos, la incapacidad para reconocer que se está enamorado... ¿Qué diferencia Historia de un vecindario de otros shôjos de instituto del montón (si me perdonáis la expresión)? Ai Yazawa es sublime tanto en la presentación como desarrollo como diseño de los personajes. De una a otra obra no deja de alternar entre protagonistas patológicamente responsables, otras que son más buenas que el pan, las inocentes, las caprichosas, las emocionales, las inestables, las gélidas, las espontáneas, las impetuosas... Todas tienen virtudes y defectos y a todas se las termina aceptando tal y como son en una espléndida gala de la diversidad humana.

Mikako es testaruda y decidida pero también tiene una faceta vulnerable, que se esfuerza en ocultar, reticente a llorar en público, a ser sincera consigo misma y con los demás, a confesar sus sentimientos. No tiene mucho éxito entre los chicos por su carácter fuerte y sus arrebatos de ira. Lo que más me gusta de ella es que es una persona muy introspectiva, consciente de sus carencias, que lucha por cambiar, ya no por agradar a su pareja sino porque cree que tanto sus amigos como su madre se merecen que les demuestre su cariño más a menudo.


Pero, como en todas sus obras, por mucho que Ai Yazawa escoja uno de sus múltiples personajes como protagonista de su última obra, dedica casi tanto espacio a desarrollar las relaciones de los secundarios. En este caso, de Yuusuke y Mariko, de Risa y Takeshi (aunque en este caso sea más anecdótico que otra cosa) y de los padres de Mikako. Esto le permite dos cosas: la primera, desarrollar todo tipo de relaciones; ¿la segunda? desarrollar todo tipo de personajes. Encontraréis amores a primera vista, amores de largo recorrido, relaciones que se fundamentan en la atracción sexual más que en la afinidad, relaciones a distancia, primeros amores... De la misma manera, encontraréis chicas muy maduras para su edad, chicas muy infantiles para su edad, chicos pasotas, chicos macarras, y, mi favorita, la personificación de la superficialidad y la promiscuidad femeninas que se reúnen en el personaje de Mariko.

Mariko es, desde el principio, un personaje insoportable. Para los chicos, es un pibón al que conquistar. Para las chicas, es una mujerzuela roba-hombres sin ninguna aspiración. Es muy fácil dejarse llevar por la superioridad moral de la que se considera mujer de bien, como si serlo concediera el derecho automático de poder criticar y prejuzgar a las que no lo son. Es un tipo de personaje que la mayoría de los autores evitan en sus obras o, en el caso de que lo incluyan, será siempre como la mala que se quiere ligar al protagonista, o como un personaje de relleno, al que mirar despectivamente. Pero parece ser que se requiere mucha valentía para meterse en la cabeza de una gal, o de una choni, o de cualquier tipo de persona cuya conducta nos parezca moralmente reprochable sólo porque no se ajusta a nuestro estilo de vida. Sin miedo, Ai Yazawa intenta, y consigue, comprender por qué se comporta cómo lo hace además de evidenciar que no hay ningún argumento sólido para entender como inherentemente negativa su personalidad. Mariko es una chica normal, muy sincera, que da muchísima importancia a las apariencias (como tantas otras personas), dependiente, que no es capaz de liarse con un tío sin vincularse emocionalmente con él, que no es capaz de estar sola, que siempre está sufriendo, que está atrapada en una carrera que no le llena, y que responde siempre con malas maneras cuando se ve amenazada.


Como ya me pasó en Paradise Kiss, me he reído mucho con el diálogo personaje-lector, haciendo meta-referencias constantes a asuntos ajenos a la trama aludiendo directamente a la serialización en una revista de la historia. Personajes quejándose de que no les sacan suficiente, haciendo bromas sobre quién es el protagonista real, el drama de darse cuenta de que ya es el último capítulo y la autora haciendo cameos hilarantes.

Se ríe mucho también de los roles de género. Por un lado, atribuye a las chicas todos los estereotipos femeninos, tanto positivos (responsabilidad, inteligencia emocional) como negativos (tendencia a llorar por todo, dependencia de una figura masculina) pero luego se planta con Mikako y Ruriko, dos mujeres que viven solas desde hace años, independientes, sin complejos, trabajadores y con un carácter firme y duro. En este sentido pone la guinda al pastel cuando Ruriko contrata a Kisaragi como chico para todo, utilizando un guaperas de manual para cocinar y limpiar, tareas que las mujeres de la casa prefieren ahorrarse.


Ai Yazawa no se deja ni una esfera por tocar, abarcando todos los aspectos relevantes de la vida, incluidas la familia y las amistades, en una sola obra que, en ningún momento se hace larga o pesada. De todas formas, la relación amorosa entre Mikako y Tsutomu se posiciona casi siempre en un segundo plano, no hacen grandes avances en su relación y el tema central de toda la obra es la pasión de Mikako por la costura, dando una tremenda relevancia al crecimiento personal ya no mediado por las relaciones interpersonales sino por las aspiraciones y sueños y el sacrificio que uno está dispuesto a realizar con tal de alcanzar sus objetivos. En todo momento queda muy claro que por mucho que quiera a Tsutomu, para ella lo más importante es su sueño y está dispuesta a darlo todo por él. De la misma manera, la autora también ahonda en las aspiraciones del resto de personajes que pocas veces se muestran ociosos: Ruriko, la madre de Mikako, es manga-ka y se pasa noches enteras en vela para llegar a tiempo al plazo de entrega; Mariko, normalmente holgazana, tiene la valentía de abandonar los estudios para dedicarse a aquello que le llena;  Yuusuke, que suele ser un pasota y parece que todo le dé igual, decide volcarse en su talento artístico... y así con todos.


Es curioso como no dejo de identificar referencias veladas a Nana por todas partes, siendo Risa y Takeshi casi prototipos de Nana y Ren, tanto en el físico como en la personalidad, sobre todo teniendo en cuenta que Historia de un Vecindario comenzó su andadura editorial cinco años antes que Nana... De la misma manera, el cuarteto protagonista de No soy un ángel va haciendo apariciones estelares, muy bien encontradas, en varios capítulos de la historia. Ni que decir tiene que la similitud entre Tsutomu (protagonista masculino de Historia de un Vecindario) y Ken (segundón eterno de No soy un ángel que se queda más sólo que la una tras el rechazo de Saejima) es sencillamente magistral.

Ya que hablo de referencias ingeniosas, casi me emocionó que Tsutomu y Mikako alabaran El juguete de los niños, siendo este un shôjo que tanto me marcó cuando apenas comenzaba en el mundo del manga.


Antes de terminar me gustaría ensalzar la edición de Planeta, que licenció la edición Kanzenban, en cuatro gruesos tomos de más de 300 páginas, con bastantes páginas a color. Como Ai Yazawa llena todas sus viñetas de personajes, bocadillos y pequeñas anotaciones en los márgenes cuyo minúsculo tamaño no refleja su importancia (¡no te puedes saltar la lectura de ni uno de ellos!), la lectura de estos tomos se hace eterna (en el buen sentido de la palabra). Y ya sabéis, ningún personaje de relleno está puesto al azar.

Creo que la longitud de esta reseña habla por sí sola. Historia de un vecindario es una obra magnífica, densa, completa, divertida, polifacética, profunda, motivadora, coherente, trabajada, peculiar, diferente... Me tengo que frenar a mí misma para no seguir escribiendo porque la autora ha querido aprovechar cada rincón de cada viñeta para añadir detalles que la enriquecen y, de la misma manera, yo podría dedicar un nuevo párrafo a cada aspecto que aborda la autora, como el bullying, el divorcio, o los trastornos psicosomáticos. Pero estos aspectos los guardo para que los descubráis vosotros mismos con la lectura de esta historia de un vecindario.

viernes, 24 de junio de 2016

Prophecy

Yo fui una de esas pocas personas que sabía de la existencia de Prophecy antes de que Planeta anunciase su flamante licencia. ¿Cómo? Su publicación en el mercado estadounidense coincidió con una época en que me daba por chequear los últimos lanzamientos de Vertical (tras grandes aciertos como Utsubora, uno de esos títulos que adquirí en inglés antes de que MW existiese siquiera, o In Clothes Called Fat) en bookdepository. De hecho, me planteé seriamente comprar este manga en inglés, sólo eran tres tomos... pero no me corría prisa y llegó el anuncio de su licencia en España. Esto me hizo entrar en mi clásico dilema entre gastarme el dineral que cuesta ahora hacerte con una edición USA de un manga o sucumbir al monstruo planetario hacia el que tanto odio profesaba (con tanto shôjo prometido para 2017 podría decirse que les he dado tregua). Y, finalmente, un año después os traigo mis opiniones sobre la lectura de su edición española.


Shinbunshi, o el hombre del periódico, ha comunicado su nueva profecía: darle su merecido a una empresa alimentaria que provocó una intoxicación masiva pero que salió ilesa del incidente debido a un vacío legal. No es ni la primera ni la última profecía de este cariz que sube Shinbunshi a la red y los internautas aguardan con expectación si cumplirá con lo prometido. Debido a la popularidad de este terrorista, el caso rápidamente se deriva al grupo de ciberdelincuencia de la policía metropolitana, liderado por la joven inspectora Yoshino que no acierta a comprender los motivos por los que los criminales atentan contra la ley.

Como quizá hayáis percibido en la sinopsis, por mucho que se trate de un manga de delitos informáticos que emulan el modus operandi de grupos terroristas, no puede decirse que Shinbunshi encaje realmente en ese perfil. En lugar de atacar a los causantes primeros de los problemas que azotan a la sociedad, se centra en los propios ciudadanos, aquellos que valiéndose de las redes y de la impunidad que ofrece el anonimato se dedican a predicar sus mensajes llenos de odio sabiéndose seguros en sus casas. Se recrea así el protagonista en un sentimiento de venganza casi pueril, y penaliza a inconscientes bravucones que no han hecho nada malo, yendo a por los perros ladradores en lugar de a por los mordedores. Es precisamente por este patrón que ni la policía, ni los seguidores ni el propio lector, comprenden cuál es el verdadero propósito del hombre del periódico hasta el final. 


En cuanto al desarrollo de la trama, ya he visto por ahí alguna comparación con Death Note. No porque aparezcan shinigamis ni otros seres sobrenaturales sino por la naturaleza del conflicto entre criminal que cree que su causa es la correcta aunque deba sumergirse en la ilegalidad para defenderla y policía brillante que le va a la zaga. Sí que es cierto que todo el peso de la trama recae en la batalla intelectual entre Shinbunshi y la inspectora Yoshino pero diría que la complejidad de sus estrategias no le llega ni a la suela del zapato a la que orquestó en su momento Tsugumi Ohba. De hecho, me parece que tiene demasiadas lagunas (algunas de las cuales comenta la propia Yoshino en el último tomo lo que no sé si calificar de acierto atrevido o más bien de un irreflexivo acto de tirarse piedras sobre el propio tejado). Evidentemente, la longitud de la obra (tres tomos) es un aviso muy explícito de que, en algún momento, la trama se va a suceder a un ritmo vertiginoso y, como era de esperar, ese momento es el final, en el que la trama se precipita a una conclusión forzada algo decepcionante aunque con un desenlace cerrado que no admite interpretaciones libres, lo cual se agradece.

En lo que respecta a los personajes, me parecen el aspecto menos trabajado de la obra, tirando en todo momento de clichés y de diseños que permitan gags humorísticos que no me han hecho ninguna gracia. Hay un único personaje femenino en toda la obra, una especie de súper mujer que, de alguna forma, se las ha apañado para ser inspectora de la policía a unos tiernos 26 años (que no aparenta), tiene tal determinación por hacer justicia y tal incapacidad para comprender o intentar imaginar qué motivos llevan a una persona a cometer un crimen que casi diría que es una personificación del honor japonés, más que un personaje real. Por supuesto, es muy atractiva (no os preocupéis que el resto del elenco, constituido únicamente por personajes masculinos ya sean otros policías, delincuentes o personas que pasaban por allí, nos lo recuerdan constantemente con comentarios del estilo "qué guapa es"), asertiva y algo kamikaze también presentando su renuncia varias veces por no haber desempeñado su trabajo como debiese (?). Vamos, un estereotipo con patas. A parte de ella, hay unos 6 o 7 personajes importantes entre los que destacar policías que pertenecen al grupo de ciberdelincuencia que parecen no tener ninguna clase de conocimiento informático y unos cuantos asociales sin trasfondo ninguno que no parecen tener ningún reparo en cometer actos atroces y desproporcionados liderados por un desequilibrado con ínfulas de grandeza. Ningún personaje tiene el más mínimo trasfondo así que es imposible establecer un vínculo emocional con nadie.


Sin embargo, le reconozco a Prophecy la acertada crítica social poniendo de manifiesto muchos de los efectos colaterales que ha tenido el acceso global a internet en la sociedad. Las viñetas se nutren de capturas de pantalla en las que tanto pueden aparecer una retahíla de tweets o un montón de comentarios en youtube. Se muestra cómo el anonimato y el efecto de grupo promueven que se digan verdaderas barbaridades llegando a desearle la muerte (literalmente) a personajes públicos. Vivimos en una sociedad en que lo normal es que cuando surge un terrorista o un asesino en serie haya un sector de la población que le ensalce como a un ídolo de masas aplaudiéndole todos sus crímenes. E incluso le da tiempo al autor a meterse con los políticos oportunistas y los medios de comunicación sensacionalistas que manipulan la opinión pública como quieren.

Prophecy tiene tanto virtudes como defectos pero, haciendo balance global, diría que es un manga más que recomendable, con una duración muy apetecible y una trama interesante que os hará pasar las páginas con interés.

lunes, 18 de abril de 2016

Mara

Me veo inevitablemente atraída por aquellos cómics en los que aparece una mujer solitaria no objetificada en portada. Lo de «Akira, Los Juegos del Hambre y Superman entran en colisión» ya me tiraba más para atrás pero pensé que sería una exageración desvirtuada de esas que queda bien poner en portada a modo de reclamo. No he leído Akira (porque soy una hereje no tan adinerada como querría) y lo poco que sé de Superman es por la horrible Man of Steel (y diría que por Batman v. Superman pero para qué engañarnos) pero no esperaba que esa síntesis reduccionista fuera a ser tan acertada. Eso sí, quizá hubiese añadido las evidentes referencias a Wonder Woman y Watchmen (ya puestos...).


Con tan solo diecisiete años, Mara es una ídolo de masas, una imbatible jugadora de voleibol mundialmente conocida. Criada en una suerte de nación comunista, separada de su familia en su más tierna infancia, instruida para ser una herramienta de la nación, un reclamo para los soldados; instigada a entregar todo su ser por el bien de la nación. En medio de la vorágine que crean fans, patrocinadores y enemigos a su alrededor, no parece que tenga tiempo (ni derecho) para preguntarse qué le gustaría hacer con su vida más allá de su deber.

Este cómic nos cuenta la historia de, cómo adelanta su título, Mara. Centrarse exclusivamente en la protagonista permite toda una reflexión introspectiva sobre cómo un único individuo, en este caso una mujer que apenas acaba de dejar atrás la adolescencia, podría desarrollarse al crecer en una sociedad enfermiza o al descubrir unas habilidades sobrehumanas. Precisamente por ello, el contexto en que se desarrolla la historia debería ser esencial para comprender lo que ocurre en la misma; sin embargo, se trata de forma muy superficial y no se llega a profundizar ni en el trasfondo político ni en ningún otro personaje que no sea la propia Mara, restándole enteros a la historia desde el primer capítulo.


Y ni siquiera en esta fijación por seguir a la protagonista que convierte al lector en paparazzi consiguen los autores que la comprendamos ya que lo que se nos muestra es errático, caótico, desordenado e inconexo. Hay demasiadas cosas que desconocemos y los eventos se precipitan de tal forma en el reducido espacio que ofrecen los seis capítulos del cómic que difícilmente se puede empatizar con Mara.

Atendiendo a la fecha de publicación, es inevitable pensar que esta historia bebe de las influencias de Los Juegos del Hambre aunque, curiosamente, no adopta tanto la distopía apocalíptica o la lucha a muerte sino esa obsesión superficial por la imagen sin que importe ni lo más mínimo el individuo en sí. Lo preocupante de que Mara esté tan rota que no pueda dormir es que entonces tendrá ojeras y no saldrá tan favorecida en su próxima entrevista.


Nos encontramos ante un compendio de capítulos que teóricamente fluyen el uno en el siguiente pero la realidad es que cada uno se centra en aspectos absolutamente distintos de la vida de Mara desde un monográfico sobre voleibol hasta un viaje espacial, con muy pocas explicaciones de por medio. Sinceramente, creo que por querer abarcarlo todo el guionista acabó quedándose sin nada más que un par de reflexiones interesantes y una o dos viñetas dignas de enmarcar.

Curiosamente, aunque el arte está muy trabajado (no acabo de ver a qué se refieren los críticos con aquello de que es feísta) me da la sensación de que es correcto en extremo, contribuyendo todavía más a esa lejanía emocional que me produce la historia per se. Nada malo tengo que decir de la edición, muy adecuada, recopilando los seis números originales en un solo volumen con tapa dura, a todo color, con varios bocetos e ilustraciones de artistas invitados a modo de bonus track al final del tomo.


Tiene el cómic americano algo que, incluso en su monumental diversidad, lo aleja de las producciones europeas. La lectura de Mara me ha dejado de lo más indiferente, que es lo último que espero cuando le doy una oportunidad a un cómic así que me temo que no puedo recomendároslo.

domingo, 10 de abril de 2016

La Virgen del burdel

Desde que leyese Preciosa Oscuridad que andaba rastreando otras obras ilustradas por Kerascoët y estaba ya bastante convencida de que Beauté (que teóricamente iba a sacar Spaceman en español aunque no hay noticias sobre el tema desde hace más de un año) sería mi próxima víctima pero entonces me salió al paso (en mi cada vez más adorada biblioteca) La Virgen del burdel y cualquiera se resiste a semejante título.


Como suele suceder entre hermanas, Blanca no comprende del todo a Agathe, a la vez que su hermana mayor la irrita por su despreocupación, la envidia por su belleza y extroversión. Sin embargo, sus pequeñas riñas pronto se verán interrumpidas por el asesinato de Agathe a manos del apodado carnicero del baile. Ciega por la venganza, Blanca no dudará a la hora de ponerse a trabajar en el burdel donde trabajaba la última víctima, a pesar de ser virgen... y no tener ninguna intención de dejar de serlo.

La Virgen del burdel es una de esas obras cuya lectura solo puede compararse con una bofetada insospechada. Como ya me sucediera con Preciosa Oscuridad, se trata de un relato tan sórdido que es difícil no quedar algo traspuesta, especialmente al terminarlo. Tratándose de una historia esencialmente policíaca que, para más inri, está ambientada en un burdel, la censura es sencillamente inexistente: desnudos (femeninos y masculinos también, los penes flácidos también tienen derecho a aparecer en el cómic, gracias), asesinatos sangrientos, sexo explícito, y que no falte la tortura. Los autores se despachan a gusto con sus personajes.


Blanca, más conocida como señorita no-se-toca, es una protagonista maravillosa. Aunque se la presente como una mojigata reprimida, no duda ni un instante en sacrificar sus principios (aunque no su flor) con tal de conseguir justicia para su hermana. Es dura como el acero y aprende rápidamente a lidiar tanto con los clientes como con sus compañeras tras los bastidores, un nido de víboras dispuestas a hacerle la vida imposible por pura envidia.

Policías, políticos, y otros hombres de bien que abogan por la clausura de todos los burdeles de París por su ausencia de moral, se codean en el gran salón del Pompadour a brindar juntos entre prostitutas sin que la ironía les impida disfrutar de su hipocresía. De la misma manera, no importa quién es el asesino y quién la víctima inocente, sino quién tiene dinero y quién no, quién es de clase alta y quién tiene que prostituirse para poder llegar al día siguiente.


Mi parte favorita de La virgen del burdel ha sido la inocente y egocéntrica convicción de Blanca de que el primer degenerado con el que se cruzaba (recordemos, en un burdel) había de ser el asesino en serie. Corazonada tras corazonada, pone bajo su punto de mira a prácticamente todos los hombres con los que se cruza, haciendo gala de una misandria muy pronunciada, actuando sin reflexionar, sin dudar de sus conjeturas ni pensar en las posibles represalias de sus acciones.

Y qué puedo decir del dibujo... Sencillamente espléndido, el dúo artístico de Kerascoët ya me dejó boquiabierta en Preciosa Oscuridad y no esperaba menos en esta ocasión. No decepcionan. Invaden las páginas de pequeñas viñetas cargadas de detalles y personajes. A pesar de la representación simplista y caricaturesca de los mismos, consiguen evocar gran cantidad de emociones tanto en los personajes como en los lectores.


Lo que menos me ha gustado ha sido el final ya que, por mucho que esté magníficamente hilado, pone punto y final a unos personajes que estoy segura de que podrían dar más de sí. ¡La buena noticia es que era en realidad un punto y a parte! Buscando imágenes para ilustrar esta entrada me he topado con las portadas de los tomos tres y cuatro (la edición española recopila los dos primeros volúmenes franceses) los que, aunque no llegaron a editarse en España, mi A2 en francés me permitirán disfrutar en cuánto me los pueda permitir.

A pesar de esta continuación, La Virgen del burdel es una historia autoconclusiva, bien cerrada, cuya lectura, a poco que os haya llamado la atención con mi reseña, estoy casi segura de que no olvidaréis.

jueves, 21 de enero de 2016

Haru Hana

Haru Hana es la obra más longeva de Yuana Kazumi publicada en España; Planeta sacó sus tres tomos de forma mensual en 2006, junto con otras tres obras de la mangaka, en el punto álgido de publicación manga previo a la crisis y a las cancelaciones masivas. Quizá porque se publicó tan rápidamente en medio de todo un boom del mercado manga en España, se trata de un título que ha pasado bastante desapercibido.


Hana es una alumna de instituto originaria de Osaka que acaba de llegar a Tokyo, donde convivirá con su tiránica hermana mayor. A pesar de tratarse de una chica de lo más vivaz, sufre de una terrible afección que le impide interaccionar de forma natural con sus compañeros de clase: cada vez que toca a un chico le sale una terrible urticaria que solo se le pasa cuando bebe té japonés. Nada más llegar a su nuevo instituto tendrá un encontronazo con Haru, un compañero de clase algo déspota y aparentemente mujeriego. Y, cuando pensaba que ya nada podía ir a peor, su hermana le revela que mientras viva en Tokyo deberá trabajar, lo quiera o no, en un negocio algo dudoso regentado por un veinteañero y nada más ni nada menos que Haru. En cuanto descubre su enfermedad, Haru no duda en abalanzarse sobre Hana cada vez que está molesto con ella o que quiere hacerle de rabiar, ¡el infierno de Hana acaba de comenzar!

Como veis, el punto de partida es ridículo como poco. La alergia de Hana se presenta como una de las particularidades principales de la trama a pesar de que no contribuye en ningún momento ni en el punto de partida ni en el desarrollo ni en el desenlace de la misma. Al contrario, es la amnesia de Haru, totalmente absurda también, el motor de la historia, aunque no la desarrolle verdaderamente hasta el último tomo, a toda prisa, desaprovechando los primeros con capítulos autoconclusivos en los que predomina el tono humorístico.


Esta decisión referente al guión se me antoja todo un desperdicio puesto que la posibilidad de que una persona pudiese somatizar su ansiedad ante el sexo opuesto mediante síntomas físicos como la urticaria no me parece descabellada en exceso. De hecho, la autora desarrolla esta alergia relativamente bien: Hana es especialmente alérgica a los chicos guapos (que le generarían más ansiedad), si la tocan estando dormida los síntomas no se manifiestan e incluso cuando consigue mitigarla, hay una persona muy concreta que le provoca respuestas especialmente exageradas. Sin embargo, la autora prefiere utilizar este recurso de forma humorística, no profundiza en el origen de la misma y, encima, acribilla a la pobre Hana con terapia de exposición constante, siendo Haru el torturador por excelencia, como si hacer enfermar a una persona, por muy psicológico que sea su problema, pudiese ser divertido o algo que tomarse a broma.

Por otro lado, no me creo ni a un solo personaje. Que ante un acontecimiento traumático se pierdan ciertos recuerdos es algo normal y diría que hasta habitual, pero el caso de Haru es completamente atípico ya que dependiendo del capítulo no recuerda nada de su infancia o sabe muy bien qué le hizo perder la memoria. Además, sabe dar masajes de forma innata (que, en realidad, esto de los masajes es casi el tema principal de Haru Hana), aparentemente sin que nadie le haya enseñado y lo que es mejor, se dedica a transmitir energía positiva a sus clientes y a hacerles darse cuenta de cuáles son sus verdaderos anhelos y sentimientos así que en realidad, parece que también es un poco psicólogo (todo innato, recuerdo). Todo este asunto es entre psicodélico y homeopático y me ha enervado sobremanera de principio a fin.


Pero, volviendo a la amnesia, aunque es algo que sabemos desde el primer capítulo, no se hace especial énfasis en ello hasta el último tomo en el que, como comentaba, concluye todo de forma precipitada y muy poco realista. Las relaciones entre los personajes no me parecen nada creíbles, ni tampoco sus reacciones ni sus decisiones.

En general, me da la sensación de que se trata de una autora descuidada que se preocupa muy poco de la congruencia de aquello que cuenta. Hana toca esplendorosamente el violín y la incorporan como parte del salón de masajes, como si no les fuese bien antes de que ella llegara o como si ya no necesitasen alguien que limpie; cuando deciden improvisar y ponerse a dar un masaje en cualquier lado, Hana siempre tiene a mano un violín y Shinnosuke aparece con pastel en mano como si surgieran del aire por generación espontánea; aparece sin comerlo ni beberlo un violinista famoso que resulta ser hermano de Shinnosuke y se queda a no hacer nada durante los tres tomos a parte de generar unos celos innecesarios; cuando Haru desaparece, Shinnosuke sabe inmediatamente dónde tienen que ir a buscarlo sin explicación aparente (ni en ese momento ni más adelante). Y así podría seguir toda la entrada pero creo que os hacéis a la idea.


Por si todo esto fuera poco, la trama romántica es previsible casi desde la primera página. Es evidente qué pareja se va a formar, es evidente en qué momento ambos personajes empiezan a sentir "algo más" y es sencillamente desesperante que la protagonista sea incapaz de reconocer sus propios sentimientos hasta el último momento en un movimiento muy típico del shôjo en que la protagonista dedica varios capítulos a preguntarse a sí misma si está o deja de estar enamorada del guaperas borde de turno.

Dicho todo esto, puede que sea el dibujo lo que más me ha gustado de esta obra. Yuana Kazumi tiene un estilo bastante personal que se sale de los cánones habituales del shôjo. Sus dibujos resultan simpáticos y aunque los fondos no son la octava maravilla, diría que están por encima de la media a la que nos tiene acostumbrados esta demografía. Me han gustado también las ropas y los peinados y, en especial, el diseño del personaje de Hana que es una verdadera chica del montón (y no un patito feo que se convierte en cisne).

En resumen, estoy bastante decepcionada con la lectura de manga y no recomiendo su lectura a nadie porque no la considero enriquecedora ni entretenida en ningún sentido. Quizá si lo hubiese leído cuando me inicié en el mundillo hubiese podido disfrutar más su lectura pero a estas alturas no le veo el atractivo y me sorprende sobremanera su licencia.