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lunes, 15 de febrero de 2016

La muchacha salvaje

Conocí a Mireia Pérez gracias al webcómic Caniculadas y hace poco descubrí que fue la ganadora del IV premio de novela gráfica Fnac por lo que en 2011 se publicó su único cómic largo hasta la fecha: La muchacha salvaje #1 Nómada.


¿Qué ocurriría si, en plena prehistoria, una mujer no aceptase ninguno de los roles que se le han impuesto por su género? Una joven de una tribu nómada no deja de defraudar a su padre que, además, es el patriarca de la misma. Cansada de una vida anodina, decide aventurarse en el interior del bosque, una decisión impulsiva que la llevará a conocer otras formas de vida.

La joven protagonista, sin nombre ni voz propia en toda la historia, se revela contra todo lo establecido: ni quiere recolectar ni quiere convertirse en un placer momentáneo para los hombres de la tribu. Prefiere pintar en las paredes de la cueva y cazar. Pero la autora no se va, ni mucho menos, por el camino clásico. La protagonista ni es perfecta ni es responsable ni es siquiera consciente del mundo que la rodea ni de las consecuencias de sus actos, contando con un sentido de la moralidad bastante limitado.


Quiere cazar sí, pero cuando coge por primera vez una lanza, se da cuenta de lo difícil que es usarla. Quiere explorar los alrededores sola pero en cuánto lo hace acaba en manos de miembros de otra tribu. Vamos, las cosas le salen mal, y no porque sea una mujer anacrónicamente feminista sino porque la vida es complicada, para todos. De hecho, sus crueles raptores no son otros que mujeres, que no dudan en humillarla y esclavizarla. Con esto, Mireia evita una dicotomía en la que se cae a menudo en la ficción, ni los hombres son malos ni las mujeres son buenas, ambos géneros tenemos la capacidad de actuar de una u otra forma (gracias a Dios).

Y aún más, la muchacha salvaje no consiente que la monte un cualquiera por las buenas ni tampoco logra seducirla un sucedáneo de príncipe azul sobre un corcel blanco (un barbudo no tan salvaje como los demás acompañado de una rata) pero eso no significa que no pueda o quiera disfrutar del sexo, de la misma forma que no vincula el sexo con el amor. Se trata de una chica de lo más espontánea, que se guía únicamente por sus deseos inmediatos y que solo mira por sí misma. Imagino que este egolatrismo tan marcado iba a evolucionar en los siguientes tomos (esos que promete el #1 del lomo) pero, desgraciadamente, no hay visos de que se publique una continuación...


El dibujo es muy particular, como muy basto, muy dinámico, muy colorido, ¡explosivo! Mireia Pérez se sirve de colores vivos en una exhibición artística casi fauvista. Aunque quizá lo que más sobresalga de esta obra es la expresividad de los protagonistas, en especial de la protagonista que, aunque no pronuncia una sola palabra en todo el tomo, se comunica con increíble facilidad con los lectores.

No sabía qué esperarme cuando le eché el guante a esta novela gráfica y, como suele pasar cuando una va sin expectativas, me ha sorprendido muy gratamente. Me ha gustado más que las breves colaboraciones de Mireia Pérez en el webcómic veraniego ya cancelado, esto me parece muy significativo ya que normalmente suele ocurrir al revés, es relativamente fácil salir bien parada de una tira cómica pero construir una historia larga que aguante el tipo tras más de cien páginas es un hito que la autora supera con creces.

lunes, 1 de febrero de 2016

Dios en persona

Me encontré este título trasteando en algún listado de "mejores cómics" o en algún blog especializado o en ambos quizá. Y más tarde lo encontré en mi cada vez más adorada biblioteca. Empecé a leerlo con unas expectativas muy altas que decayeron un poco ya en la primera página pero que se recuperaron a lo largo de la lectura hasta el punto de que creo que a partir de ahora seré yo una de las contribuyentes a que el hype de Dios en persona siga aumentando.


Dios se presenta en la Tierra sin previo aviso y la opinión pública oscila entre la incredulidad, la conmoción, la devoción y, finalmente, el recelo. Como fenómeno de masas, Dios se convierte a la vez en salvador, en héroe, en ídolo, en escritor... pero también en infame, traidor y villano. El mundo entero se vuelca en un debate milenario sobre si la existencia de Dios puede o no probarse y, en el caso de que así sea, cuáles son sus verdaderos atributos. De lo único de lo que no hay duda alguna es de que todo el mundo tiene en boca a Dios.

Marc-Antoine Mathieu nos presenta un documental que, a posteriori, narra la reencarnación de Dios y todos los efectos colaterales que se derivaron durante su estancia terrenal. Desde los prodigios que realizó para demostrar su divinidad hasta las obras literarias y programas televisivos que se originaron de su inesperada visita. La obra cubre tantas alternativas que no tiene sentido enumerarlas todas aquí, al contrario, prefiero que cada uno las vaya descubriendo en su lectura. Aunque en general he disfrutado mucho de todos los escenarios imaginados por el autor no puedo dejar de comentar que alude al maldito mito de que los humanos utilizamos tan solo un 10% del cerebro, lo cual es falso.

La deformación profesional siempre me acaba
impidiendo disfrutar de ciertas obras
Especial relevancia tiene sin embargo «el juicio», en que millones de personas denuncian al supuesto Dios Todopoderoso por haberles abandonado a su suerte y, por lo tanto, lo culpan de todas las desgracias que han asolado a la humanidad desde que se tiene constancia. Inevitablemente, el juicio se acaba convirtiendo en un debate teológico que el autor ilustra ingeniosamente con citas reales de multitud de pensadores de todas las épocas incluyendo a Descartes, Sartre y Einstein, entre otros.

Este juicio resulta a la vez surrealista y superrealista ya que si bien se trata el tema de forma exagerada, reduciendo la cuestión al absurdo, no deja de resultar un desenlace previsible tanto si atendemos a la sociedad actual como a la de hace dos mil años, en que la primera encarnación de Dios en la Tierra ya fue debidamente juzgada con las consecuencias que todos conocemos.


El esfuerzo que realiza el autor con tal de inventar una personalidad para este Dios es notable, creando un personaje de lo más misterioso, del que nunca llegamos a ver la cara (e ingenia muy buenos recursos para ocultarla sin que resulte aparatoso) y del que nunca sabemos realmente qué se le pasa por la cabeza. Más interesante que el personaje en sí, sin embargo, es la reacción de cuántos le rodean, tanto la de los detractores como la de los fervientes seguidores, entre los que se cuentan oportunistas dispuestos a beneficiarse económicamente de la situación a toda costa.

Quizá sea el humor el que da su toque distintivo a la obra en su conjunto, con continuas alusiones a lo divino y a la religión cristiana tanto en los nombres de periodistas y otros testimonios (insuperable el Matías con su «¡Gracias a Dios, basta con verlo para creerlo!») como en las expresiones hechas, en un juego lingüístico continuo desde la primera hasta la última página.


Si algo he echado en falta en este cómic es una visión más amplia de las repercusiones que tendría un acontecimiento de estas dimensiones ya que, si bien se ilustra muy bien la revolución científico-cristiano-social que tendría lugar, deja totalmente al margen el resto de religiones y no me queda duda de que judíos, musulmanes, budistas, etc. tendrían mucho que decir al respecto. Es más, creo que entrarían en juego intereses políticos en la cuestión pero entonces se perdería totalmente la esencia del cómic.

Como adelantaba antes, Mathieu sobresale no solo en el guión sino también en el dibujo, muy detallado, con un despliegue especialmente rico en el capítulo logos así como en la muestra del cómic perteneciente a las obras derivadas de la reencarnación de dios, que se diferencia claramente del resto de páginas.


En resumen, se trata de una lectura más que recomendable para todo el mundo, de la que creo que disfrutarán especialmente ateos y agnósticos. A pesar de algún que otro batacazo argumental y de la absoluta ausencia de explicación del punto de partida, ha sido una lectura sublime que, sin duda, repetiré.