domingo, 1 de julio de 2018

Shangri-La

De entre las decenas de novedades que salen a la venta cada mes, decidí hojear Shangri-La porque lo había visto en varios de esos listados de «lecturas imprescindibles» del 2017. Tras encontrarme con personajes antropomórficos en el espacio exterior me obcequé con leer este BD y lo reservé enseguida en la biblioteca.


Scott lleva a cabo una investigación secreta para Tianzhu Enterprises, la compañía que monopoliza el consumo y dicta el destino de la última colonia humana en un futuro en que la Tierra ha dejado de ser habitable. Asume su rol en la estación espacial y obedece sin rechistar aunque muchas de las órdenes recibidas hagan recelar a sus compañeros, miembros de una célula rebelde que se opone a los designios de los altos mandos de Tianzhu.

Las más de 200 páginas de Shangri-La aúnan desde elementos recurrentes de la hard sci-fi hasta ese augurio fatalista del devenir de la humanidad que encontramos tan a menudo en las ficciones contemporáneas, sin olvidar la crítica social inherente a toda obra de ciencia ficción que se precie. El autor consigue esta combinación a base de reciclar las ideas principales de Wall·E, Los Juegos del Hambre y algún que otro capítulo de Black Mirror.


Mathieu Bablet se aprovecha del carácter post-apocalíptico de su obra para presentar una sociedad demente donde el consumismo líquido se ha apoderado de los habitantes de la última colonia humana en el espacio. El autor ataca sin piedad nuestra actual sociedad de consumo con escenas poco sutiles en que presenta evidentes contradicciones. En las primeras páginas encontramos a Scott ofuscado por las quejas de los rebeldes, alegando que la raza humana jamás ha sido tan libre; sus palabras se enfrentan directamente al fondo de la viñeta en la que aparecen dos soldados uniformados con sendas armas de fuego preparadas para disparar al menor aviso.

La obra entera parece una gigantesca oda a los males del primer mundo: machismo, racismo, capitalismo. Y, sin embargo, a pesar de que es una lectura entretenida, tuve la sensación constante de estar leyendo algo incongruente. Los anuncios gigantescos de los productos de Tianzhu no venden otra cosa que sexualización descarada y objetificación del cuerpo de la mujer pero la sociedad de la estación espacial no parece en absoluto machista. Tan solo aparece una violación de forma secundaria, en segundo plano, innecesaria, como metida con calzador en una pequeña viñeta para dar algo de dramatismo añadido en el punto álgido de la obra. Pero aún me sorprendió más la ausencia de niños y ancianos en la estación, a los que tampoco se menciona en ningún momento; hace siglos que la humanidad se vio obligada a mudarse al espacio exterior pero las únicas personas que aparecen en Shangri-La son adultos jóvenes y animoides.


Es precisamente el concepto de animoide el que da riqueza a la obra en su conjunto, la hace más original y tiene un desarrollo bastante imprevisible que le permite al autor ampliar su crítica social, aunque en última instancia también lo considero desaprovechado. Pero es cuando el autor intenta saltar a una trama de ciencia ficción dura que el argumento entero de Shangri-La flaquea y se tambalea. Una mezcla imposible de biología y física liderada por energúmenos con delirios de grandeza autodenominados científicos me enerva hasta límites insospechados. Nunca comprenderé por qué siempre se degrada a los investigadores en la ficción, como si tuviésemos ni una pizca de humanidad.

Visualmente, desde luego, Shangri-La es una delicia. No se trata de un autor que destaque ni por el diseño de personajes ni por la composición de viñetas y, sin embargo, domina el uso del color y nos brinda panorámicas que quitan el hipo. Shangri-La destaca sin duda por sus escenarios, tanto dentro como fuera de la estación y es una de esas obras en las que vale la pena detenerse algunos minutos de más en varias escenas, ignorando la trama y disfrutando de todos los pequeños detalles que le dan una profundidad inusitada al cómic.


No quiero terminar la reseña sin recalcar que se trata de un volumen editado en tapa dura, con 224 páginas a color y de dimensiones titánicas (24x32 cm) ya que estas características encarecen la edición (28€) pero, sobre todo, aumentan el peso del volumen, para mí el mayor handicap a la hora de leer esta historia. ¡Tenedlo en cuenta a la hora de hacerle un hueco en vuestras estanterías!

En definitiva, Shangri-La es una excelente elección si buscáis un cómic de ciencia ficción con una trama que deja poso y que entretiene a partes iguales. No me extraña que se colara en tantas listas de lecturas recomendables publicadas durante el año pasado. 

2 comentarios:

  1. parece interesante pero... ¡no me ha quedado claro del todo si te ha convencido o no!

    me tira un poco para atrás eso que dices que cuando se pone en plan hard scifi tambalea el argumento... pero si lo veo en la biblioteca le daré una oportunidad, que pocos cómics de ciencia ficción conozco XD

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    1. Soy una especialista en hacer reseñas y que luego nadie sepa si me ha gustado la obra en cuestión o no =P

      Pues es que es un poco lo de siempre, cosas muy bien y cosas no tan bien. Yo de ti le echaría un ojo pero no iría con las expectativas súper altas tampoco.

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