miércoles, 17 de febrero de 2016

Empezando mangas

Inciso: cuando habláis de manga en plural como, por ejemplo, para referiros a distintos títulos, qué palabra utilizáis, manga o mangas?

De un tiempo a esta parte he tenido muchos desengaños con el manga en general, es por eso que cada vez me lo pienso más antes de hacer una compra loca de segunda mano (como las de antaño) y, sobre todo, antes de comprarme un tomo número uno. Sin embargo, las ya no tan pequeñas nuevas editoriales que han entrado en el panorama manga de España, en especial Tomodomo y MW, me han devuelto las ganas de probar suerte (lo que no implica ni que me guste todo su catálogo ni que no me haya llevado ya decepciones, en especial con MW). En esta entrada quiero centrarme, brevemente, en estos mangas que he comenzado recientemente, cuya publicación terminará a lo largo de 2016 (principios de 2017 en el caso de Shonen Note).


El equipo de Tomodomo me compró con las magníficas ilustraciones de Shonen Note mucho antes de que leyera siquiera la sinopsis. Aunque soy una negada absoluta para la música, con Subaru, un manga sobre ballet al que debería dedicarle un espacio en el blog, ya aprendí que no importa lo poco familiarizada que esté una con un tema, si la historia es buena, se disfruta igual.

De forma innata, Yutaka es excepcionalmente bueno en su campo tal y como suelen serlo los protagonistas de los shônen de acción y aventuras con la diferencia de que es un alumno de instituto, muy sensible y más bien poquita cosa con lo que su habilidad más que motivo de orgullo corre el riesgo de convertirse en la semilla de la discordia entre sus compañeros de clase. De esta forma, se aborda la dicotomía talento/mérito en profundidad, ya no solo la visión de la genialidad como origen de envidia y frustración sino también su fugacidad. Desde el primer capítulo se hace patente que la portentosa voz de Yutaka tiene fecha de caducidad, cuando alcance la adolescencia perderá su maravilloso soprano. Este inconveniente vuelve loca a una profesora muy metida en el mundillo de la ópera, obsesionada con contar con la voz de Yutaka antes de que desaparezca.


Eso sí, por muy fuera de serie que sea el pequeño protagonista, Shonen Note no se centra exclusivamente en él sino también en el resto de miembros del coro que, aunque tengan un nivel más amateur, también se merecen un buen número de subtramas.

Si algo llama la atención cuando se pasan las páginas de este manga es su grafismo, con una línea muy clara, y un enorme y detallado repertorio de personajes, todos ellos fácilmente identificables, no importa que su rol sea, al menos a priori, totalmente accesorio. Y, por supuesto, las escenas mudas para la música en la que Yuhki Kamatani nos ofrece un espectáculo sinestésico, como ya anunciaron con su licencia las editoras, que nos hace estremecer. Mención especial a la maravillosa edición, con tomos tamaño B6 (ligeramente más grandes que los tomos estándar) y páginas a color en, al menos, estos dos primeros volúmenes


Cuando se anunció la licencia de Flores Azules, en Listado Manga tuvieron que crear un apartado para el Yuri. Unos días de debate más tarde se acabaron incluyendo en dicha sección los tomos únicos Blue y Miyukichan in the Wonderland pero, siendo honestos, su publicación fue más anecdótica que otra cosa. Dicho esto, me resulta hasta incomprensible que tras tantos años de publicación de manga en España sea esta la primera licencia de un romance entre chicas.

La historia de Flores Azules se desarrolla mayoritariamente en dos institutos femeninos, el Fujigaya y el Matsuoka, muy cercanos el uno al otro. Las protagonistas son Akira y Fumi, dos amigas de la infancia que llevaban años sin verse pero que, a pesar de asistir a institutos distintos, se acaban reencontrando y retomando su amistad al empezar el bachillerato. Mientras que Akira es de lo más espontánea e inocente, Fumi es introvertida y llorona, con lo que se complementan a la perfección. Evidentemente, la homosexualidad y, en general, la orientación sexual, es un tema central de este manga, después de que Fumi le confiese a Akira que es lesbiana y, aún más, cuando una de las nuevas amigas de Akira en su nuevo instituto da a entender que también lo es.


Sin embargo, más que los distintos amoríos que se presentan, para mí son protagonistas las amistades e incluso la reflexión introspectiva de los personajes. Aunque las protagonistas estén ya en bachillerato, o quizá precisamente por eso, quién es o deja de ser la mejor amiga de una o qué otras amigas tiene ésta son una de las mayores preocupaciones de casi todas las alumnas de ambos institutos. Así, los dos primeros tomos de Flores Azules me sugieren que será un manga muy inocente, con una trayectoria tranquila, en que los sentimientos y las dudas son protagonistas. Leí el primer tomo con muchas ganas y, en cambio, me estanqué más con el segundo al no acabar de tragar con la familia de Sugimoto, uno de los personajes más enigmáticos de la obra. Quizá la forma de abordar la homosexualidad me parece poco realista pero puede que me esté dejando llevar (como de costumbre) por mis prejuicios sobre la sociedad japonesa, a la que siempre imagino cargada de tabúes.

Aunque se catalogue como yuri, como ya os podéis imaginar por mi reseña y hasta por las portadas, no aparecen ni por asomo escenas explícitas (que venga Flors Enversa a corregirme si estoy equivocada porque no estoy nada segura pero asocio el término yuri a tintes pornográficos, como un equivalente a lo que sería el yaoi). Edito: mi querida Flors me comunica que yuri y yaoi no son, ni mucho menos, términos equivalentes. Brevemente, mientras que el yaoi contiene escenas sexualmente explícitas entre dos hombres, dibujadas por mujeres y destinadas a un público femenino, el yuri incluye cualquier tipo de publicación en que el romance entre mujeres sea protagonista, independientemente de si hay o no sexo, y está destinado a un público femenino. Por otra parte, aquellos manga que representan relaciones sexuales lésbicas destinadas a un público masculino (y que suelen caracterizarse por una irrealidad muy marcada a todos los niveles posibles) se consideran hentai en lugar de yuri. En cualquier caso, la propia Flors Enversa ha hecho una entrada al respecto en su blog (en catalán), por si os interesa leer más sobre el tema.


Por último, Kids on the Slope es otro manga que he comprado sin tener ni idea ni de su argumento siquiera, guiada por las buenas críticas (en mayor o menor medida, esto aplica a los tres títulos de esta entrada). De nuevo, otro manga en el que la música es protagonista aunque en esta ocasión, en lugar de coristas tenemos a músicos de jazz. De nuevo, lo más destacable de esta historia no es tanto la trama musical sino la riqueza de los personajes. Cambiando totalmente de tercio, Yuki Kodama nos transporta a los años sesenta, a un pueblo costero de Kyushu donde el protagonista, un señorito de familia bien, cerebrito, repeinado y cuatro ojos, no va a poder evitar ser el centro de atención en su nueva clase... para bien y para mal.

Como ocurre con Shonen Note y Flores Azules, aunque los tres títulos tengan una trama principal más o menos lineal, lo que me gusta de Kids on the Slope es su costumbrismo y su tranquilidad. Me interesa lo que les pase a los personajes, simpatizo con el protagonista y no sé adivinar cómo se desenlazará el polígono amoroso. Conocer a Sentaro supone un punto de inflexión en la vida de Kaoru, acostumbrado a vivir con unos familiares fríos y arrogantes que siempre le han impuesto su estrecha visión del mundo.


Como veis, la historia no tiene nada de particular, es el clásico cuento del pájaro enjaulado. Es la narración la que me fascina, al no centrarse en, por ejemplo, la madre fugada de Kaoru o el pasado de Sentaro, cada trama se va desarrollando con coherencia, de forma paralela, sin dejar las grandes revelaciones para el final sino construyendo lentamente pero sin pausa un escenario congruente en que tengan lugar todos los personajes. El caso es que la lectura de sus tomos hace que se me pase el viaje en bus volando mientras se me escapa alguna que otra risa; tal y como lo veo ahora, es muy probable que se convierta en uno de mis títulos favoritos de este 2016.

Quizá alguna de las apuestas acabe saliendo mal pero el caso es que la renovación de autores, géneros y demografías que han traído las editoriales emergentes me han devuelto las ganas de probar suerte y arriesgarme; solo por eso ya me siento agradecida por volver a tener curiosidad en obras totalmente desconocidas para mí en una época en que las editoriales grandes se limitan a licenciar obras de los mismos autores una y otra vez, apostando casi siempre sobre seguro.

¡Y no os olvidéis de la pregunta del principio! ¿manga o mangas?

lunes, 15 de febrero de 2016

La muchacha salvaje

Conocí a Mireia Pérez gracias al webcómic Caniculadas y hace poco descubrí que fue la ganadora del IV premio de novela gráfica Fnac por lo que en 2011 se publicó su único cómic largo hasta la fecha: La muchacha salvaje #1 Nómada.


¿Qué ocurriría si, en plena prehistoria, una mujer no aceptase ninguno de los roles que se le han impuesto por su género? Una joven de una tribu nómada no deja de defraudar a su padre que, además, es el patriarca de la misma. Cansada de una vida anodina, decide aventurarse en el interior del bosque, una decisión impulsiva que la llevará a conocer otras formas de vida.

La joven protagonista, sin nombre ni voz propia en toda la historia, se revela contra todo lo establecido: ni quiere recolectar ni quiere convertirse en un placer momentáneo para los hombres de la tribu. Prefiere pintar en las paredes de la cueva y cazar. Pero la autora no se va, ni mucho menos, por el camino clásico. La protagonista ni es perfecta ni es responsable ni es siquiera consciente del mundo que la rodea ni de las consecuencias de sus actos, contando con un sentido de la moralidad bastante limitado.


Quiere cazar sí, pero cuando coge por primera vez una lanza, se da cuenta de lo difícil que es usarla. Quiere explorar los alrededores sola pero en cuánto lo hace acaba en manos de miembros de otra tribu. Vamos, las cosas le salen mal, y no porque sea una mujer anacrónicamente feminista sino porque la vida es complicada, para todos. De hecho, sus crueles raptores no son otros que mujeres, que no dudan en humillarla y esclavizarla. Con esto, Mireia evita una dicotomía en la que se cae a menudo en la ficción, ni los hombres son malos ni las mujeres son buenas, ambos géneros tenemos la capacidad de actuar de una u otra forma (gracias a Dios).

Y aún más, la muchacha salvaje no consiente que la monte un cualquiera por las buenas ni tampoco logra seducirla un sucedáneo de príncipe azul sobre un corcel blanco (un barbudo no tan salvaje como los demás acompañado de una rata) pero eso no significa que no pueda o quiera disfrutar del sexo, de la misma forma que no vincula el sexo con el amor. Se trata de una chica de lo más espontánea, que se guía únicamente por sus deseos inmediatos y que solo mira por sí misma. Imagino que este egolatrismo tan marcado iba a evolucionar en los siguientes tomos (esos que promete el #1 del lomo) pero, desgraciadamente, no hay visos de que se publique una continuación...


El dibujo es muy particular, como muy basto, muy dinámico, muy colorido, ¡explosivo! Mireia Pérez se sirve de colores vivos en una exhibición artística casi fauvista. Aunque quizá lo que más sobresalga de esta obra es la expresividad de los protagonistas, en especial de la protagonista que, aunque no pronuncia una sola palabra en todo el tomo, se comunica con increíble facilidad con los lectores.

No sabía qué esperarme cuando le eché el guante a esta novela gráfica y, como suele pasar cuando una va sin expectativas, me ha sorprendido muy gratamente. Me ha gustado más que las breves colaboraciones de Mireia Pérez en el webcómic veraniego ya cancelado, esto me parece muy significativo ya que normalmente suele ocurrir al revés, es relativamente fácil salir bien parada de una tira cómica pero construir una historia larga que aguante el tipo tras más de cien páginas es un hito que la autora supera con creces.

domingo, 14 de febrero de 2016

Barcelona, los Vagabundos de la Chatarra

Tras ver este título en incontables listados de los mejores cómics publicados en España durante el 2015, tenía muy claro que tenía que darle al menos una oportunidad. En un primer momento no me sentí especialmente tentada a catar esta historia porque intuía que no iba a ser precisamente amena. Mi presentimiento se vio cumplido enseguida pero no por ello me ha decepcionado la lectura de esta novela gráfica, al contrario.


Al tratarse de una obra periodística, carece de sentido que escriba una sinopsis. Jorge Carrión y Sagar se recorrieron Barcelona en bicicleta durante un año, adentrándose en el puerto, en los barrios periféricos, en naves okupadas y también en los antiguos Encants que, durante la creación de esta obra, realizaron su mudanza definitiva, entrevistando a inmigrantes sin techo y, a veces, sin papeles, cuya única fuente de ingresos son el cobre y el aluminio que puede recuperarse de los contenedores.

Este cómic no deja de ser un reportaje a pesar de que el noveno arte no sea un medio que se asocie tradicionalmente ni a las obras de no ficción ni, mucho menos, al periodismo de investigación (aunque las autobiografías hace años que se van asentando en el mercado y hay varios autores que están abriendo el camino para hacer del cómic una vía más con la que informar). Sin embargo, guionista y dibujante juegan muy bien sus bazas y se apoyan en los recursos de este medio para acercarnos casi en primera persona al diálogo real de los implicados en el asunto, manteniéndoles en el necesario anonimato sin un esfuerzo consciente.


También se permiten muchas licencias, plasmando en las viñetas sus propias discusiones y cavilaciones entre entrevista y entrevista, llamando siempre a la reflexión objetiva de los hechos. Los Vagabundos de la Chatarra no nos cuentan una historia con introducción, nudo y desenlace, nada más lejos de la realidad, este cómic nos cuenta un problema, un problema que empezó mucho antes de que Jorge Carrión y Sagar empezaran su investigación y que, tristemente, perdurará mucho después de la publicación de la obra. Se trata de una de esas feas verdades que sabemos que están ahí pero en las que preferimos no pensar demasiado mientras no nos toquen directamente.

Si la crisis nos ha afectado a prácticamente todos los españoles, con sus despidos, sus EREs, sus recortes, ¿hasta qué punto puede verse perjudicado el día a día de los inmigrantes que vinieron a ganarse la vida con la construcción? ¿quién no ha visto a ninguno husmeando en un contenedor al lado de casa o del trabajo? Y, sin embargo, nunca van a recibir la atención mediática de la diada de Cataluña (que es, de hecho, el punto de partida de la historia), las elecciones se suceden (tal y como reflejan los carteles electorales plasmados en las viñetas del cómic) pero nunca nadie piensa en ellos.


No estamos hablando de los refugiados de Siria, de niños inocentes que han perdido su hogar sino de hombres que, aunque tampoco tienen techo, han venido aquí por voluntad propia, algunos de ellos cuentan con antecedentes penales en sus países de origen y otros no dudan en tener hijos que no pueden mantener y que, una vez aquí, se ven obligados a infringir la ley para poder subsistir. ¿Podemos increpar a un sin techo por okupar una nave abandonada? ¿Podemos increpar a la policía o al ayuntamiento por desalojarlos de una propiedad privada? La lectura de este volumen evoca todas estas cuestiones y más pero no arroja respuestas ni soluciones, porque tal y como están las cosas, no parece haberlas.

Sagar nos deleita con un grafismo personal y propio, anguloso y abocetado, jugando con el color y deformando la realidad libremente sin que por ello deje de reflejarla con autenticidad. Especial relevancia toman los fondos en un cómic en que el emplazamiento es parte de la historia, para los que conocemos Barcelona, es extremadamente fácil ubicarnos en cada una de las localizaciones a pesar de que, como digo, no se trata de un dibujante que pretenda representar la realidad fotográficamente (lo que se convierte en un soplo de aire fresco para mí).


En resumen, una lectura estimulante que llama a la reflexión y que nos obliga a recordar esa parte deliberadamente ignorada de nuestra sociedad. Sin duda, uno de los mejores álbumes editados a lo largo de 2015.

viernes, 12 de febrero de 2016

Pistoletazo de salida para el tercer crowdfunding de Art 88/46

Aunque hace mucho que no hablo de este cómic en el blog, eso no significa ni que haya dejado de leerlo página a página religiosamente ni que haya dejado de gustarme. Hace apenas unos días que finalizó la publicación online del tercer tomo de Art 88/46 por lo que Rata no ha tardado en poner en marcha un crowdfunding de lo más jugoso.


Y es jugoso por muchos motivos: por un lado, aportéis lo que aportéis, todas las recompensas incluyen la edición digital de los tomos 1 y 2, con contenido extra que se irá revelando a lo largo de la campaña (hoy mismo Rata ya ha anunciado la colaboración de los artistas Olaya Valle y SamCube, que pondrán los lápices y pinceles a sendas historias guionizadas por Rata, ampliando el universo de Art); por el otro, podéis adquirir originales por 20 miserables euros (que es una auténtica ganga) ¡e incluso aparecer en el cuarto tomo de Art!

Aunque quizá una de las principales razones por las que me gustaría que el crowdfunding recaudara muchos fondos (a parte de la obvia publicación en papel del tercer tomo) es el objetivo extra que se ha marcado el autor: si la campaña alcanza, no ya los 3000 sino los 3500€, también editará en formato físico Yo, Domobot (otro cómic suyo que podéis leer gratuitamente) y lo enviará sin coste adicional a todos los participantes del crowdfunding.


Para los recién llegados y/o los que anden perdidos, Art 88/46 es un (web)cómic de ciencia ficción, en curso desde hace unos años, que cuenta con más de 300 páginas publicadas gratuitamente tanto en subcultura como en la web personal del autor. Después de dos campañas de crowdfunding o micromecenazgo, Rata ya consiguió editar en papel los dos primeros tomos de este título que, por cierto, podéis adquirir también con la campaña actual.

A estas horas han pasado ya casi dos días desde que se inició la campaña recaudando 1.373€ del objetivo inicial de 3.000€ gracias a 77 mecenas, ¡entre los que me incluyo! Y no podría estar más triste, no me creo que solo haya 77 personas dispuestas a gastar su dinero en el trabajo de Rata porque, sinceramente, es uno de los mejores webcómics en curso que sigo actualmente. Entiendo que al tratarse de una historia densa, a muchos os tire para atrás seguirla digitalmente con una o dos páginas a la semana y, precisamente por eso, os animo a darle una oportunidad ahora, en su edición en papel, que estoy segura de que disfrutaréis.


Como el propio Rata reconoce en el vídeo de presentación del crowdfunding, Art 88/46 es una obra increíblemente ambiciosa. De hecho, es el tipo de obra que jamás habría echado raíces en una editorial pero que él puede desarrollar libremente, sin preocuparse de la longitud ni de si es o deja de ser comercial, gracias a la autoedición. Si os animáis a contribuir, os encontraréis con un cómic de lo más rico, con reminiscencias a Asimov y Tolkien, y un gran abanico de personajes, escenarios y giros de tuerca inesperados (y un dibujo excelente por cierto).

Presentación del 34 Salón del Cómic de Barcelona

Ayer a las 12h tuvo lugar la presentación de la próxima edición del Salón del Cómic de Barcelona, que tendrá lugar en la Fira de Montjuïc del jueves 5 al domingo 8 de mayo. Durante esta presentación se revelaron las principales exposiciones que se exhibirán así como algunos de los invitados internacionales confirmados y, por supuesto, el que siempre es el foco mediático del evento: su cartel.


Como podréis deducir del mismo, uno de los protagonistas del evento será Francisco Ibáñez, padre de los célebres Mortadelo y Filemón, con motivo de su 80 aniversario y como referente que es del tebeo español. Por ello, contará con una exposición que revisa la totalidad de su obra bajo el título de Per molts anys, Ibáñez! o ¡Feliz cumpleaños, Ibáñez! que incluirá más de cien originales. Siguiendo con las exposiciones, Viñetas sobre ruedas pone en su punto de mira los vehículos que aparecen en el cómic: coches, motos y bicis van a convertirse en protagonistas en una exhibición que no solo contará con unos 200 originales sino también con vehículos reales expuestos. También se aprovechó la presentación para recordar que habrá sendas exposiciones para cada uno de los ganadores de los premios del pasado salón, es decir, Las Meninas (mejor obra de autor español), Enrique S. Abulí (gran premio del salón), Miki Montlló (autor revelación) y Thermozero Cómics (mejor fanzine).


Por otro lado, se desvelan algunos de los creadores (dibujantes y guionistas) y editores invitados al certamen (podéis conocer a los ya anunciados en este link) en colaboración con las editoriales Dibbuks, Salamandra Graphic y Norma Editorial. Pero, por supuesto, son muchos los autores por anunciar, tanto nacionales como internacionales, que se irán conociendo en las próximas semanas.


Pero, sin duda, la novedad que más me ha sorprendido de esta edición es la colaboración entre MNAC y Ficomic que va a posibilitar que con la misma entrada al salón del cómic pueda accederse gratuitamente al MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluña), cuya visita os recomendé y os recomiendo encarecidamente. De hecho, yo aprovecharé para volver seguro, y más teniendo en cuenta que esta visita gratuita podrá realizarse del 6 de mayo al 6 de junio.

Y esto es todo ¡por ahora! En los próximos meses iremos conociendo las actividades y talleres, el listado definitivo de autores, sus sesiones de firmas y los nominados a los premios de esta 34 edición.

jueves, 11 de febrero de 2016

Leyendo sobre bullying

Hoy os traigo una entrada de últimas lecturas un poco particular donde en lugar de agrupar los tomos por género, demografía o editorial he preferido centrarme en un tema concreto que está muy en boga últimamente: el bullying o acoso escolar.


A dos tomos del final sigo pensando que A Silent Voice es un manga peligroso. Cuenta la evolución de varios personajes desde la infancia hasta la adolescencia y, conforme lo hace, transmite una serie de mensajes de dudosa interpretación. Por un lado nos muestra a una víctima de acoso escolar, Shôko Nishimiya, que se culpabiliza a sí misma ya no solo del abuso que sufrió en su propia carne sino también de que Sahara se transfiriese de escuela o de que Ishida acabara sufriendo acoso a su marcha. Por el otro, se nos ofrece todo un abanico de alternativas viables de cómo puede acabar un acosador. El propio Ishida, al recibir acoso él también, se dio cuenta de lo que había hecho y acabó, primero, intentando suicidarse y, segundo, construyéndose un curioso escenario en el que cualquier persona es tachada de forma inmediata de su círculo social, vacío, convenciéndose de que nunca va a tener amigos, de que no se los merece y de que quizá no los necesita. En una perspectiva totalmente alejada se encuentran Ueno y Kawai. Ueno reaparece años después dispuesta a seguir haciéndole la vida imposible a Nishimiya, convencida de que todos los problemas del grupo de amigos los ha causado ella. En cambio, Kawai no quiere reconocer el papel que tuvo en el acoso a Nishimiya y, más adelante, a Ishida y no duda en sacrificar a uno de ellos con tal de mantener su estatus social en la clase; es difícil saber hasta qué punto se cree o no sus propias mentiras.


A pesar de que Ishida se siente realmente culpable de lo que hizo, acaba tratando con Nishimiya como si nada y como ella lo permite impulsada siempre por su nula autoestima y su sentimiento de culpabilidad infinita, ambos se quedan estancados sin poder avanzar. Así que, al margen de lo consciente que sea Ishida de sus faltas, prefiere ignorar todo el pasado compartido actuando con cierta hipocresía con tal de conservar el pequeño círculo de amigos que se ha granjeado gracias a Nagatsuka. Pero el caso es que todos los personajes avanzan y se relacionan entre ellos sin procesar lo que ocurrió en la escuela primaria, sin reconocer sus errores unos y sin perdonar (ni condenar) a sus agresores los otros. No hay clausura. No es hasta la catarsis del quinto tomo cuando todos parecen darse cuenta de la situación, sacando toda la mierda de debajo de la alfombra, obligados al fin a enfrentarse a todo lo que ocurrió. Por eso mismo creo que los últimos dos tomos serán cruciales para que se acabe de forjar mi opinión formal sobre A silent voice en función de cómo evolucionen los personajes a partir de este claro punto de inflexión.


Pero esto no es todo, Nishimiya no solo sufre acoso escolar sino que su persona se ve absolutamente menoscabada también en su unidad familiar. Sus familiares paternos directamente la repudian y la abandonan en manos de su madre, sola y embarazada, por el mero hecho de ser sorda. Esta situación endurece en extremo el carácter de la madre de Nishimiya, con muy malas consecuencias en su crianza, de lejos demasiado estricta e inflexible. Incluso Yuzuru, su hermana pequeña, que claramente la aprecia, adora y admira, le corta las alas con un juicio que, en su mente infantil, parece lógico.


Hace poco estuve en la exposición +Humans que se exhibe actualmente en el CCCB (en Barcelona) en la que, entre otras muchas instalaciones, se proyectaba una charla TED de Aimee Mullins, en la que esta atleta y modelo discute los distintos sinónimos aceptados en el diccionario de la palabra discapacitado y lo que éstos reflejan de nuestras sociedad y mentalidad. La madre de Nishimiya no deja de decirle a su hija lo que puede y lo que no puede hacer, incluso su hermana pequeña le reprocha que es inútil que trate de pronunciar las palabras en voz alta y le recomienda que se limite a hablar mediante la lengua de signos. En este sentido, no me gusta que Nishimiya esté acomplejada por su discapacidad pero sí que, a lo largo de los tomos tantos sus compañeros como sus familiares la empoderen, le confieran fuerza para ser quién ella quiera. Podría seguir con este tema pero hasta que no termine el manga no sabré si me gusta o no el mensaje que transmite la autora sobre cómo vivir con una discapacidad.


Como historia sobre acoso escolar, muchos considerarán que A silent voice deja mucho que desear. Sin embargo, si se plantea como una obra sobre cómo asimilar este acoso, la cosa cambia. Nos pueden parecer muy deplorables ciertas actitudes e incluso renegar de la autora por centrarse en trivialidades como ir al parque de atracciones o al karaoke (¡con una persona sorda!) pero creo que refleja muy bien el hecho de que la vida sigue y que, lleves lo que lleves a tus espaldas, ya seas víctima o maltratador, siempre vas a tener que adaptarte a la vida en grupo y, sobre todo, al amor romántico.


Por supuesto, en una entrada sobre bullying no podía faltar Life, también a dos tomos de terminar, al fin, su dilatada trayectoria en este país. Como ya comenté la última vez, debido al ritmo de la historia, no pasa gran cosa en estos dos tomos, en los que el desenlace del manga se va desenredando con lentitud. Keiko Suenobu sigue apurando hasta el final para añadir violencia y desesperación a la trama. A pesar de que deberíamos poder asistir a la merecida caída estrepitosa de Manami, la autora le otorga tal locura que es difícil quedar satisfecha con la lectura de estos tomos. No vemos arrepentimiento, ni sentimiento de culpa, tan solo una obsesión enfermiza por destrozarlo todo, a todos los niveles. Para Manami, si todo su mundo se desmorona, debe quedar reducido a cenizas también para los demás. Esta actitud roza tanto la psicopatía que me desliga del vínculo emocional que pueda tener con ningún personaje. Como ya nos mostró en Limit, Keiko Suenobu escala rápidamente del acoso escolar a la infracción de las leyes más graves dando así el colofón final a 20 tomos de andadura.


Y sé que está muy pillado por los pelos pero por aquello de hacer la entrada más simétrica, me faltaba un tomo por colocar y creo que Princess Jellyfish (Kuragehime), salvando las distancias, encaja muy bien dentro de la temática. De acuerdo que no se puede ver acoso escolar como tal debido a la edad de los personajes pero sí un fenómeno quizá más alarmante como es la discriminación continuada a aquellos que se salen de lo normal más allá de la infancia o adolescencia, épocas en las que la moralidad no está tan definida, sino en plena vida adulta. Porque significa que una vez alcanzada cierta madurez y en una época en la que uno, por norma general, ya ha aprendido a aceptarse a sí mismo tal y como es, la sociedad sigue señalando con el dedo a aquellos que se alejan de lo socialmente adecuado como puede ser tener un trabajo, formar una familia, maquillarse si se es mujer o no ponerse vestidos y pelucas si se es hombre. Hay una reflexión de Kuranosuke en este segundo tomo que me revolvió un poco las tripas: de acuerdo si eres un poco rarita pero asume que, si aspiras a que te tomen en serio, vas a tener que aparentar ser lo que no eres.