miércoles, 28 de septiembre de 2016

Memorias de caballeros lujuriosos

También conocida, en las redes, como Memoirs of amorous gentlemen, siendo su título original Bikachō Shinshi Kaikoroku, he decidido adaptar (a mi manera) el título al castellano plagiando el estilo de Filigrana y siguiendo las prácticas editoriales más comunes ya que me parecía que resaltaría más la entrada. Realmente, podrían haber sido memorias de caballeros amorosos o incluso apasionados, pero la naturaleza perversa de todos los personajes (y es que la perversión como concepto es un tema recurrente en las reflexiones de la protagonista) pensé que la opción "lujuriosos" era la que mejor encajaba con esta obra. Evidentemente, tratándose de una obra sobre prostitución, no os recomiendo leerla en el trabajo (ni la historia en sí ni su reseña).


Colette es una prostituta en un burdel de lujo parisino, acostumbrada a presenciar y protagonizar todo tipo de obscenidades y perversiones. Para evadirse de su día a día, escribe todo lo que presencia en el burdel en una libreta que le prestó un autoproclamado autor japonés algo peculiar. Totalmente inmersa en una relación abusiva y tóxica, le da todo su dinero a su amante, que la maltrata física y psicológicamente y que se va con cualquier mujer que le dé dinero siendo Colette poco más que una más de la lista. 

Moyoco Anno se supera manga a manga retratando temas complejos desde su particular punto de vista. De hecho, la prostitución es un tema que ya trató en Sakuran con excelentes resultados y no deja de sorprenderme con los paralelismos entre ambas obras a pesar de la diferencia tanto geográfica como temporal entre una y otra. Si las oiran de Yoshiwara no podían salir del distrito rojo, las prostitutas de Maison Close no pueden salir del burdel; si la clientela en Yoshiwara debía ostentar cierto estatus, los habituales en Maison Close deben ser gente de medios; y, sobre todo, hay un mensaje muy claro: si eres una prostituta, mejor no te enamores.


En los apenas ocho capítulos que hay disponibles por scans (no tengo nada claro si la publicación de Bikachō Shinshi Kaikoroku continua activamente o si es uno de los muchos títulos que añadir a la lista de hiatus indefinido), la mangaka se las apaña para introducir violencia de género (que es absolutamente independiente a la prostitución en sí), maltrato y negligencia infantiles, melancolía romántica que ralla en la depresión, un mínimo de cuatro filias sexuales que desfilan en la delicada línea que separa la originalidad genuina de la perversión repulsiva y menciones más o menos sutiles al safismo.

Puede que uno de los grandes aciertos de la autora en la forma de tratar este sexo mercantilizado es desmitificarlo, hacerlo explícito, mostrar la absoluta desgana y cotidianidad con la que las prostitutas asumen su trabajo (o su rol, como reflexiona Colette) hasta el punto de que se ponen a hablar entre ellas e incluso con los mismos clientes mientras las están penetrando. Todas ellas aparecen inmunes a los deseos más extraños, a las perversiones sin nombre.


Y todo esto con el abrumador estilo de Moyoco Anno y sus característicos ojos que hechizan al lector. Me fascina la cantidad de detalles que es capaz de plasmar en cada viñeta, la diversidad de personajes, las expresiones faciales, los peinados... con el mínimo número de líneas posible, oponiéndose de frente a esa predilección por lo barroco tan habitual en los manga dirigidos a un público mayoritariamente femenino. Eso sí, en cuanto a la narración secuencial, resulta tan caótica como siempre, no es una historia lineal fácil de seguir, va saltando de punto de vista sin aviso, de la trama personal de Colette a los pervertidos-perturbados que desfilan por el prostíbulo, y también en el tiempo, intercalando flashbacks con la trama principal sin tener nunca el lector una referencia clara de cómo pasa el tiempo.

Ocho capítulos he leído de estas memorias y ya me muerdo las uñas a la espera de poder seguir leyendo... No pierdo la esperanza de que alguna editorial se anime con esta inmejorable autora, que se caracteriza por su fructífera producción de joseis (a colación del anuncio pendiente de Ponent) que encajarían a la perfección en el catálogo de tantas ya-no-tan pequeñas editoriales que está apostando por obras más maduras para un público adulto. 

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